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Lecturas y Liturgia del 14 de Junio de 2015

Lecturas del XI Domingo del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_98.mp3

Domingo, 14 de junio de 2015

Primera lectura
Lectura del Profeta Ezequiel (17,22-24):

Esto dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel; para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 91,2-3.13-14.15-16

R/. Es bueno darte gracias, Señor

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad. R/.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios. R/.

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad. R/.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta de san Pablo a los Corintios (5,6-10):

Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio segúnn Marcos (4,26-34):

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.»
Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra.»
Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Palabra del Seño, del domingo, 14 de junio de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,26-34):
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha.»
Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra.»

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del XI Domingo del Tiempo Ordinario

Domingo, 14 de junio de 2015
UNDÉCIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

Paciencia: Estas son Simientes Solamente.
Cuando el Labrador Duerme
Saludo (Ver Ef 3:20-21)
“Gloria al Padre, cuyo poder actúa en nosotros
y que puede realizar infinitamente más
de lo que pedimos o imaginamos.
A él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús.”
Que este Señor Jesús esté siempre con ustedes.
R/ Y con tu espíritu.

Introducción por el Celebrante

1. Paciencia: Éstas Son Solo Semillas
Vivimos en un tiempo en el que se espera siempre eficiencia y resultados inmediatos. Pero una planta o un árbol necesita tiempo para crecer; y las relaciones humanas no pueden construirse, ni nuestros problemas resolverse, de la noche a la mañana. También la gente necesita tiempo para crecer y cambiar. Afortunadamente, Dios es paciente con nosotros. Pero nosotros debemos ser pacientes unos con otros y, con la ayuda de Dios, permitir a los demás, a la Iglesia, al Reino de Dios de justicia, amor y paz, el tiempo necesario para crecer. Nosotros justamente podemos solo sembrar la semilla y, a continuación, esperar con confianza. Si sembramos buena semilla, ciertamente crecerá. Jesús nos asegura que brotará y que dará fruto.

2. Mientras el Labrador Duerme
Después de preparar la tierra con todo cuidado, ¿qué puede hacer el labrador una vez que ha sembrado la semilla? No puede hacer más que azadonar y arrancar las malas hierbas. Y luego esperar pacientemente hasta el tiempo de la cosecha. Jesús sembró la semillas de amor y justicia, pero los resultados se mantienen pobres. Sin embargo nosotros perseveramos pacientes, como Dios es paciente, y no nos rendimos. El Reino florecerá. Mientras tanto, cada uno de nosotros es una semilla, con poder para crecer. Tengo que llegar a ser un árbol y hacer crecer las ramas en las que otros pueden encontrar abrigo y protección. Con la ayuda de Dios debo llegar a ser un árbol que limpia el aire sofocante de forma que otros puedan respirar y vivir.
Con Jesús le damos ahora gracias a Dios por ser tan paciente con nosotros, y le pedimos que sepamos ser pacientes también con nosotros mismos.

Acto Penitencial
Con demasiada frecuencia hemos sido impacientes
con nosotros mismos, con los otros, con nuestro mundo.
Que el Señor sea paciente con nosotros y nos perdone.
(Pausa)

Señor Jesús: tú nos concedes a cada uno
tiempo para madurar en nuestra fe:
Señor, ten piedad de nosotros.
R / Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús: tú das a tu Iglesia tiempo
para crecer en unidad y en espíritu de servicio.
Cristo, ten piedad de nosotros.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús: tú das a nuestro mundo tiempo
para crecer en paz y justicia:
Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Sé paciente con nosotros, Señor, y perdónanos
todos los pecados que hemos cometido contra ti
y contra los otros, nuestros hermanos.
Llévanos en esperanza a la vida eterna. R/ Amén.

Colecta
Oremos para que demos tiempo a la semilla para crecer.
(Pausa)
Controla, Señor, nuestra impaciencia
cuando tratamos de imponer
tu verdad, tu justicia y tu paz
sobre una Iglesia y un mundo
quizás no dispuestos todavía para acogerlas.
Que en nuestro desaliento e impotencia
aprendamos a aceptar
que todo verdadero crecimiento viene de ti.
Nosotros solo podemos sembrar la semilla,
y tú la haces brotar y crecer
hasta llegar a ser un gran árbol
que nos posibilite dar abrigo y cobijar a todos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. R/ Amén.

Primera Lectura: Un Pequeño Retoño es Suficiente para Dios (Ez 17:22-24)
Del pequeño Resto de Israel, Dios hará surgir para sí un nuevo pueblo.

Segunda Lectura: Confiamos en el Señor (2 Cor 5:6-10)
En las tensiones de una vida vivida desde la fe, un cristiano se esfuerza por vivir cercano a Cristo, preparándose para el encuentro definitivo con el Señor.

Evangelio: Una Minúscula Semilla llega a Ser un Gran Arbusto (Mk 4:26-34)
Dios es activo y dinámico, a pesar de las apariencias. Su palabra dará fruto. A pesar de sus humildes comienzos, el Reino de Dios sobrepasará todas ls expectaciones.

Intercesiones Generales
La minúscula semilla necesita tiempo para llegar a ser una planta. Es el Señor quien da la fuerza para crecer. Oremos a Dios y digamos:
R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

Que la diminuta chispa de fe, todavía viva en los corazones de muchos que abandonan la Iglesia, no se apague totalmente, sino que crezca de nuevo y sea una luz brillante que les guíe a Dios y a sus hermanos, oremos: R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

Que la tímida semilla de paz, sembrada en tantas partes del mundo en guerra, crezca de nuevo en un esfuerzo floreciente de diálogo, humildad y mutuo entendimiento, para que podamos ver con gozo el fin de las guerras y los conflictos civiles, oremos: R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

Que nuestras escuelas implanten en los corazones de nuestros jóvenes la semilla de la fe y del amor generoso y servicial, y que el Señor bendiga a los educadores que colaboran en esta tremenda tarea, oremos: R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

Que los misioneros sigan sembrando la semilla de la alegre Buena Noticia del Señor en nuestro mundo, que con frecuencia se muestra indiferente y hostil al evangelio, oremos: R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

Que las personas inspiradas por el Espíritu de Dios no se desalienten ni se cansen de sembrar la semilla de la justicia y del amor en comunidades y entre las naciones, oremos: R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

Que las semillas del compartir y de la unidad sigan creciendo en nuestras comunidades cristianas, hasta que lleguen a ser un solo corazón y una sola mente en el Señor, que las reúne en esta mesa de la eucaristía, oremos: R/ Señor, que venga a nosotros tu Reino.

Señor, sé paciente con nosotros, y da a las semillas que tu Hijo ha plantado en nuestros corazones el tiempo y la fuerza para crecer, y para alcanzar un día la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre paciente y todopoderoso:
traemos ante ti estos frutos: el pan y el vino,
que han crecido de pequeñas semillas de trigo
y de pequeños brotes de la vid.
Por el poder de tu Espíritu
ellos se convertirán en el cuerpo y sangre de Jesús,
tu Hijo entre nosotros.
Que la semilla de su vida y de su mensaje
dé mucho fruto en nosotros, tu pueblo,
y nos haga ser el cuerpo místico de Cristo para el mundo,
Y que la confianza y la esperanza crezca entre nosotros. R/ Amén.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Demos gracias al Padre porque se ha hecho compañero nuestro en nuestra historia humana por medio de Jesucristo su Hijo.

Invitación a la Oración del Señor, el Padre Nuestro
Con Jesucristo oremos en esperanza
para que el Reino de Dios venga a nosotros
aunque nos parezca lento su crecimiento. R/ Padre Nuestro...

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males,
especialmente del pecado y del desaliento.
Danos tu clase de paz, justicia y amor,
ya que la nuestra está demasiado marcada
con soberbia y egoísmo.
Mantén nuestra esperanza
y garantízanos que,
siguiendo tu propio calendario,
llevarás un día a buen término
el trabajo que has comenzado en nosotros,
mientras esperamos con alegría
la venida final de nuestro Salvador, Jesucristo. R/ Tuyo es el Reino...

Invitación ala Comunión
Este es Jesucristo, nuestro Salvador,
la semilla sembrada entre nosotros
que murió, pero que resucitó de entre los muertos.
Dichosos nosotros al poder recibirle ahora en comunión
y crecer cristianamente por medio de él. R/ Señor, no soy digno...

Oración después de la Comunión
Al mirar nuestros esfuerzos
y la obra de Dios en nosotros,
lo que necesitamos es paciencia,
junto con un sentido de humilde modestia.
Nuestros esfuerzos ciertamente no son inútiles,
pero cuando intentamos hacer
el trabajo de Dios o de su Reino
tenemos que recordar y respetar siempre
que Dios es el protagonista y primer agente en todo esto:
él planta, él hace crecer, él recogerá la cosecha.
Pero él espera también
que nosotros colaboremos seriamente con él.
Que el Señor les bendiga a ustedes por esta tarea:
el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. R/ Amén.

Podemos ir en la paz del Señor
y que nuestra esperanza en él nos sostenga siempre.
R/ Demos gracias a Dios.







Comentario del XI Domingo del Tiempo Ordinario

Comentario: Fr. Faust BAILO (Toronto, Canadá)
El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra

Hoy, Jesús nos ofrece dos imágenes de gran intensidad espiritual: la parábola del crecimiento de la semilla y la parábola del grano de mostaza. Son imágenes de la vida ordinaria que resultaban familiares a los hombres y mujeres que le escuchan, acostumbrados como estaban a sembrar, regar y cosechar. Jesús utiliza algo que les era conocido —la agricultura— para ilustrarles sobre algo que no les era tan conocido: el Reino de Dios.

Efectivamente, el Señor les revela algo de su reino espiritual. En la primera parábola les dice: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra» (Mc 4,26). E introduce la segunda diciendo: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios (…)? Es como un grano de mostaza» (Mc 4,30).

La mayor parte de nosotros tenemos ya poco en común con los hombres y mujeres del tiempo de Jesús y, sin embargo, estas parábolas siguen resonando en nuestras mentes modernas, porque detrás del sembrar la semilla, del regar y cosechar, intuimos lo que Jesús nos está diciendo: Dios ha injertado algo divino en nuestros corazones humanos.

¿Qué es el Reino de Dios? «Es Jesús mismo», nos recuerda Benedicto XVI. Y nuestra alma «es el lugar esencial donde se encuentra el Reino de Dios». ¡Dios quiere vivir y crecer en nuestro interior! Busquemos la sabiduría de Dios y obedezcamos sus insinuaciones interiores; si lo hacemos, entonces nuestra vida adquirirá una fuerza e intensidad difíciles de imaginar.

Si correspondemos pacientemente a su gracia, su vida divina crecerá en nuestra alma como la semilla crece en el campo, tal como el místico medieval Meister Eckhart expresó bellamente: «La semilla de Dios está en nosotros. Si el agricultor es inteligente y trabajador, crecerá para ser Dios, cuya semilla es; sus frutos serán de la naturaleza de Dios. La semilla de la pera se vuelve árbol de pera; la semilla de la nuez, árbol de nuez; la semilla de Dios se vuelve Dios».
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