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Lecturas y Liturgia del 21 de Junio de 2015

Lecturas del Domingo 12º del Tiempo Ordinario - Ciclo B


MISA DEL DIA ;http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_107.mp3

Domingo, 21 de junio de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Job (38,1.8-11):

El Señor habló a Job desde la tormenta: «¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: "Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas"?»

Palabra de Dios

Salmo
Salmo responsorial Sal 106,23-24.25-26.28-29.30-31


R/. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano. R/.

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto;
subían al cielo, bajaban al abismo,
el estómago revuelto por el marco. R/.

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar. R/.

Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
en gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres. R/.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,14-17):

Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Marcos (4,35-40), del domingo, 21 de junio de 2015
0
Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,35-40):

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.»
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!»
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 12º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Domingo, 21 de junio de 2015
Con Jesús en la Tormenta
No tengan miedo
Saludo (Ver Segunda Lectura)

Nos apremia el amor de Cristo.
Él murió por todos,
para que los que viven,
ya no vivan para sí
sino para el que murió
y resucitó por nosotros.
Que el Señor Resucitado
esté siempre con ustedes.
R/ Y con tu espíritu.
Introducción por el Celebrante

1. Con Jesús en la Tormenta

“¿Dónde estás, Señor, cuando sufrimos?” “¿Por qué duermes, Señor, cuando tu Iglesia sufre?” “¿Por qué hay tanto mal en el mundo?” Estos son con frecuencia nuestros clamores cuando nos sentimos amenazados por las olas de la desgracia, del sufrimiento y de la maldad? Y la respuesta del Señor es justamente otra pregunta, seguida de una alentadora respuesta: “¿Por qué tienen ustedes tanto miedo?” “Yo estoy con ustedes. Crean en mí, confíen en mí.” En esta eucaristía expresamos nuestra confianza de que con el Señor podemos superar todas las pruebas y todo mal.

2. No Tengan Miedo

Hoy en día mucha gente siente miedo. Nuestro tiempo se siente muy inseguro por tantas causas: guerras, violencia, crisis económicas y morales. Parece que, para muchos, las cosas y la vida cambian demasiado rápido. Y la Iglesia --tanto sus líderes como sus miembros--se siente también con frecuencia inquieta y miedosa. Parece como si Dios estuviera lejos, como un Dios que duerme, un Dios que parece indiferente a nuestros miedos y ansiedades. ¿Dónde está nuestra fe? Volvámonos a él, que viene de viaje con nosotros, y, si es preciso, despertémosle, a él, Jesús, nuestro Señor y hermano, que está aquí entre nosotros.

Acto Penitencial
Pidámosle al Señor, nuestro Emmanuel, “Dios-con-nosotros”, que nos perdone nuestra falta de confianza en él y que ordene a las olas del miedo en nosotros que estén tranquilas y que nos dejen en paz.

(Pausa) Señor, tú mandas a nuestras olas del miedo a permanecer tranquilas cuando nos sacuden violentamente. R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú acudes en auxilio de tu Iglesia y la libras de la angustia y el temor cuando tus fieles ponen toda su confianza en ti. R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, nos alegramos, agradecidos, por la calma y sosiego interior que nos das cuando creemos en ti. R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Perdóna, Señor, nuestra falta de fe, y ayúdanos a ponernos confiadamente en tus manos. Confiando plenamente en ti, llévanos hacia adelante, hacia la paz de la vida eterna. R/ Amén.

Colecta
En las tormentas de la vida, roguemos
por una ilimitada confianza en el Señor.
(Pausa)
Oh Dios fuerte y poderoso:
Cuando clamamos a ti en las tempestades de la vida,
danos seguridad de que tú te preocupas
y de que estás con nosotros,
aun cuando parezca que estás ausente.

Que nuestra fe permanezca pacífica y serena
y se haga más profunda en cada prueba.
Haz que sigamos creyendo
que las olas te obedecen
y que, estando a tus órdenes,
los poderes del mal
no pueden dañarnos.
Quédate con nosotros por medio de tu Hijo,
Jesucristo, nuestro Señor,
R/ Amén.

Primera Lectura: Dios Habla desde el Corazón de la Tempestad (Job 38:1,8-11)
Las respuestas de Dios a Job, cuando éste le implora en sus sufrimientos, son: “Fíjate en
mi poder y confía en mí, aun cuando no entiendas”.

Segunda Lectura: Ahora Todo es Nuevo (2 Cor 5:14-17)
El amor de Cristo nos mueve hacia adelante, pues en él hemos llegado a ser totalmente
nuevos y renunciamos a nuestra vieja conducta.

Evangelio: Pero ¿Quién es Éste? (Mc 4:35-41)
El miedo hace tambalear la débil fe de los discípulos cuando experimentan serio peligro.
También a nosotros nos pregunta Jesús: “¿Por qué tienen miedo? ¿Por qué es tan débil
su fe?”

Oración de los Fieles
Dios es nuestra luz y nuestra seguridad. Expresemos nuestra confianza en él y roguemos por todos los que viajan con nosotros en la vida. Digámosle: R/ Señor, en ti de verdad confiamos.

-Por la Iglesia de Jesús, para que su fe y amor no vacilen en las dificultades y tormentas de nuestro tiempo, oremos. R/ Señor, en ti de verdad confiamos.

-Por los que dudan en su fe y tienen miedo de afrontar el futuro, para que Dios les dé fuerza y valor, y que nosotros les ayudemos a renovar su esperanza. R/ Señor, en ti de verdad confiamos.

-Por los marineros y demás gente del mar, para que el mismo mar, del que ellos viven y donde luchan y faenan, les sea tranquilo en tormentas y generoso en pescado; también rogamos por todos los que viajan, para que puedan llegar a su destino sanos y salvos, oremos: R/ Señor, en ti de verdad confiamos.

-Por la comunidad de naciones, para que todos los pueblos vivan en paz y armonía, oremos: R/ Señor, en ti de verdad confiamos.

-Por nuestras comunidades cristianas, para que todos vayamos creciendo en fe confiada en Jesús, el Señor, y para que su amor nos mueva siempre a vivir generosamente los unos para los otros, oremos: R/ Señor, en ti de verdad confiamos.

Señor, Dios nuestro, ¿por qué habríamos de sentir miedo, convencidos como estamos de que tu Hijo Jesús está con nosotros? Danos su paz y que dure para siempre. R/ Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Padre de bondad: A través de estos sencillos signos de pan y vino nos ponemos confiadamente en tus manos junto con Jesús, tu Hijo. Haznos con él disponibles para aceptar todas las cosas por ti y buscar tu voluntad en todo lo que hacemos, porque sabemos que nos amas y nosotros, por nuestra parte, también te amamos en Cristo Jesús, nuestro Señor. R/ Amén.





Introducción a la Plegaria Eucarística
Jesús se puso en manos de su Padre en la vida y en la muerte. Con él agradecemos al Padre por responder a nuestra confianza en él.

Introducción al Padre Nuestro

Con Jesús, nuestro Señor, oremos con su oración de confianza a Dios nuestro Padre.

Líbranos, Señor
Líbranos de todos los males, Señor,
pero sobre todo del mal del pecado.
Reaviva nuestra fe
y que ella nos traiga tu paz.
protégenos de todo temor y ansiedad,
y danos valor y esperanza
para que podamos construir tu mundo nuevo
-nuevos cielos y nueva tierra-
mientras nos preparamos para la gloriosa venida
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

Al Partir el Pan
Jesús tomó el pan, lo partió,
y por medio de él
compartió todo su ser con sus amigos.
Del mismo modo
nosotros partimos ahora el pan de vida
para unirnos todos en Jesús
y para aprender de él
a compartir unos con otros
todo lo que somos y tenemos .

Oración después de la Comunión.
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía tu Hijo Jesús
nos ha dirigido palabras de ánimo
que disipan nuestros miedos.
y nos ha dado su pan de vida
que nos da fuerza y vigor.
Te pedimos, Señor,
que sepamos afrontar con fe y esperanza
las tormentas de las pruebas de la vida,
ya que estamos convencidos
de que Jesús está con nosotros,
aunque no veamos su mano que nos guía.
Que él permanezca siempre con nosotros
y nos conduzca, sanos y salvos,
al puerto de su Casa en el cielo;
porque él es nuestro Señor
por los siglos de los siglos. R/ Amén.

Bendición
Esta eucaristía ha sido para nosotros
una celebración gozosa
en la que hemos recibido ánimo y confianza,
que han disipado nuestros miedos.
Dios nos lo ha asegurado:
“Hasta en los días más oscuros de la vida
no hay nada que temer.
Yo estoy contigo.
Afronta la vida y sus problemas.
Yo te voy a llevar a un puerto seguro.
Confía en mí.”
Que Dios todopoderoso
les conceda a ustedes
esta fe inquebrantable.
Y que a todos les bendiga:
El Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo,
R/ Amén.

Podemos ir en la paz de Cristo. R/ Demos gracias a Dios

Comentario del Domingo 12º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)
«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»

Hoy -en estos tiempos de «fuerte borrasca»- nos vemos interpelados por el Evangelio. La humanidad ha vivido dramas que, como olas violentas, han irrumpido sobre hombres y pueblos enteros, particularmente durante el siglo XX y los albores del XXI. Y, a veces, nos sale del alma preguntarle: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38); si Tú verdaderamente existes, si Tú eres Padre, ¿por qué ocurren estos episodios?

Ante el recuerdo de los horrores de los campos de concentración de la II Guerra Mundial, el Papa Benedicto se pregunta: «¿Dónde estaba Dios en esos días? ¿Por qué permaneció callado? ¿Cómo pudo tolerar este exceso de destrucción?». Una pregunta que Israel, ya en el Antiguo Testamento, se hacía: «¿Por qué duermes? (…). ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia?» (Sal 44,24-25).

Dios no responderá a estas preguntas: a Él le podemos pedir todo menos el porqué de las cosas; no tenemos derecho a pedirle cuentas. En realidad, Dios está y está hablando; somos nosotros quienes no estamos [en su presencia] y, por tanto, no oímos su voz. «Nosotros -dice Benedicto XVI- no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia. En ese caso, no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos sólo a su destrucción».

En efecto, el problema no es que Dios no exista o que no esté, sino que los hombres vivamos como si Dios no existiera. He aquí la respuesta de Dios: «¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?» (Mc 4,40). Eso dijo Jesús a los apóstoles, y lo mismo le dijo a santa Faustina Kowalska: «Hija mía, no tengas miedo de nada, Yo siempre estoy contigo, aunque te parezca que no esté».

No le preguntemos, más bien recemos y respetemos su voluntad y…, entonces habrá menos dramas… y, asombrados, exclamaremos: «¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Mc 4,41). -Jesús, en ti confío!
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