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Lecturas y Liturgia del 26 de Junio de 2015

Lecturas de hoy Viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA ;http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3    http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/0612TO.mp3

Viernes, 26 de junio de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (17,1.9-10.15-22):

Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció el Señor y le dijo: «Yo soy el Dios Saday. Camina en mi presencia con lealtad.»
Dios añadió a Abrahán: «Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones. Éste es el pacto que hago con vosotros y con tus descendientes y que habéis de guardar: circuncidad a todos vuestros varones.»
Dios dijo a Abrahán: «Saray, tu mujer, ya no se llamará Saray, sino Sara. La bendeciré, y te dará un hijo, y lo bendeciré; de ella nacerán pueblos y reyes de naciones.»
Abrahán cayó rostro en tierra y se dijo sonriendo: «¿Un centenario va a tener un hijo, y Sara va a dar a luz a los noventa?»
Y Abrahán dijo a Dios: «Me contento con que te guardes vivo a Ismael.»
Dios replicó: «No; es Sara quien te va a dar un hijo, a quien llamarás Isaac; con él estableceré mi pacto y con sus descendientes, un pacto perpetuo. En cuanto a Ismael, escucho tu petición: lo bendeciré, lo haré fecundo, lo haré multiplicarse sin medida, engendrará doce príncipes y haré de él un pueblo numeroso. Pero mi pacto lo establezco con Isaac, el hijo que te dará Sara el año que viene por estas fechas.»
Cuando Dios terminó de hablar con Abrahán, se retiró.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 127,1-2.3.4-5

R/. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,1-4):

En aquel tiempo, al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.»
Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.»
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 26 de junio de 2015
UN CORAZÓN COMPASIVO

Introducción

Primera Lectura Dios renueva sus promesas con Abrahán.

Evangelio: Inmediatamente después del Sermón de la Montaña, Mateo nos narra una serie de milagros de Jesús. El primero de ellos es el evangelio de hoy: la curacíón de un leproso. Jesús había hablado con poder, ahora actúa con poder; Jesús había hablado de la ley del amor, ahora él mismo lo pone en práctica en un acto de ayuda compasiva a un marginado y proscrito. Tengamos presente que en la Biblia la lepra está unida muy de cerca al pecado, y que es como un signo físico del mismo pecado. Honremos a nuestro Señor, Jesús. en su compasión y perdón.

Colecta
Señor Dios, Padre nuestro: Tu Hijo Jesús nos reveló tu amor, compasivo y sanador. Que su presencia aquí en medio de nosotros nos llene con su poder de compartir las miserias de nuestro prójimo. Que nuestras palabras sean como bálsamo sobre heridas abiertas en sus corazones y que nuestras acciones traigan curación a todos los que nos rodean. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.

Intenciones
Con todos los que buscan perdón y reconciliación, clamamos a ti, Señor; y con todos los que han encontrado perdón y que también saben perdonar, te damos gracias, Señor.
R/ Señor, escucha nuestra oración.
Con todos los rechazados y excluidos por sus comunidades, clamamos a ti, Señor; y con todos los que acogen a sus hermanos y restauran su dignidad, te alabamos, Señor.
R/ Señor, escucha nuestra oración.
Con todos los que ocultan con soberbia sus sufrimientos, clamamos a ti, Señor; y con todos los que los comparten humildemente con los demás y los inspiran, te alabamos, Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro: Tú eres bueno para con nosotros. Con estos dones de pan y vino te ofrecemos ahora el sacrificio de Jesús que con su muerte nos otorgó tu perdón. Reconcílianos contigo y con los hermanos y sigue limpiándonos de la lepra de la soberbia y de la dureza de corazón, que desfiguran en nosotros el rostro de Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.




Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro: Tu Hijo Jesús nos ha hablado a nosotros con palabras y acciones de curación. Él ha respondido con el don de sí mismo a nuestra súplica de perdón y de nueva esperanza en nuestra vida. Haznos a nosotros capaces también de tender bondadosamente nuestras manos a los que penan y padecen, y de tocarlos con nuestro amor. Y que nuestra ayuda compasiva alcance sobre todo a los afligidos, marginados y excluidos de este nuestro frío mundo. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Bendición
Puesto que hemos pecado, nosotros también deberíamos acercarnos a Dios para decirle: “Señor, tú puedes limpiarme”; él está muy dispuesto a hacerlo, porque nos ama y repetidamente nos sana. -Ojalá nosotros también sepamos curar y fortalecer a los hermanos que nos rodean. Con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Comentario al Evangelio del 

Eguione Nogueira cmf

Estimados hermanos y hermanas en Cristo: ¡Paz y bien!
El relato evangélico de la curación del leproso se desarrolla en tres momentos: la solicitud de ayuda del enfermo, la respuesta de Jesús y las consecuencias de la curación. Ante la petición humilde y confiada del leproso, Jesús responde con gestos y palabras: “Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio.»” (Mt 8,3). Jesús no se sitúa a una distancia de seguridad sino que se expone al contagio. Toca al leproso. Si el mal es contagioso, el bien también lo es. Y esa fue la consecuencia que produjo ese tocar al leproso: Jesús no se contagió de la lepra que excluía sino que contagió al leproso con la cura de la compasión.

Unos cuantos siglos más tarde, san Francisco de Asís repitió el mismo gesto cuando se encontró con un leproso. Entre las muchas experiencias que pasó en su juventud, el encuentro con el leproso, aunque no fue un momento fácil, fue el que tuvo más influencia en el proceso de su conversión. Llegar a tener el coraje de acercarse a los leprosos, de tocarlos, de cuidarlos, fue sin duda el punto culminante de un largo camino de transformación en la vida del joven de Asís. Él mismo lo relata en su testamento: “Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo” (Testamento 1-3). Francisco aprendió a tocar con amor la carne sufrida y excluida de los leprosos.

Muchas veces la Iglesia pone obstáculos en la vida de las personas, excluyéndolas de la participación plena en la vida de la Iglesia por tener “lepras morales”. En el Evangelio de hoy vemos que Jesús no sólo deja que un leproso se le acerque. Jesús además le toca, toca su misma vida, transformándola del todo. Para Jesús no hay barreras sanitarias, morales, éticas ni religiosas. Porque el amor rompe todos los muros que nos separan.

Pidamos este día la gracia de romper las barreras que nos distancian de los demás y que aprendamos a tocar la carne dolorida de tantos hermanos y hermanas que padecen la lepra de la indiferencia y la marginación.
¡Que tengan un buen día!
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