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Lecturas y Liturgia del 28 de Junio de 2015

Lecturas de hoy Domingo de la 13ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA ;http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_116.mp3

Domingo, 28 de junio de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de la Sabiduría (1,13-15;2,23-24):


Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.

Palabra de Dios

Salmo
Salmo responsorial 29


R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8,7.9.13-15):

Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad. Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Marcos (5,21-43), del domingo, 28 de junio de 2015
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Lectura del santo Evangelio según san Marcos (5,21-43):

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.
Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda, su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que, había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio le la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»
Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿quién me ha tocado?"»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.
Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.
Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).»
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 13º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Domingo, 28 de junio de 2015
1.Dios es Pro-Vida
2.La Vida es Victoriosa Saludo

Hermanos: Estamos ahora reunidos en el nombre de Jesús: Él era rico, pero se hizo pobre por nuestro bien, para hacernos ricos desde su pobreza. Él nos trajo vida y salvación. Que su gracia y su vida estén siempre con ustedes. R/ Y con tu espíritu.

Introducción por el Celebrante

1. Dios es Pro-Vida La muerte y la enfermedad son los dos grandes enemigos de la vida. Casi todos nosotros las tememos. Somos gente Pro-Vida. . ¿Estamos convencidos de que Dios es también Pro-Vida, de que él es enemigo de la muerte? Incluso el Antiguo Testamento nos asegura: “Dios no hizo la muerte”. La resurrección de Jesús es la prueba de que la muerte ha sido vencida en su raíz. La muerte es la puerta hacia la vida. En esta eucaristía expresamos nuestra fe: creemos en Jesús como el Señor de la vida.

2. La Vida es Victoriosa Casi todos nosotros tenemos miedo a la muerte, y nos cuesta mucho abordarla desde la fe. La vida es un lindo regalo de Dios, pero es frágil y quebradizo. Le enfermedad es una anticipada y normal participación de la muerte, y la muerte nos llega como una realidad inevitable. ¿Cómo podemos reconciliar esto con nuestra fe en un Dios que nos ha creado para vivir? No siempre vemos claro, pero al menos sabemos esto: Desde que Cristo resucitó de entre los muertos, la muerte ha sido vencida; la muerte no es el final.--- Pedimos a Jesús aquí y ahora, en la eucaristía, que nos toque con su poder de vida.

Acto Penitencial
Busquemos ahora el perdón del Señor: el pecado ha sido para nosotros la peor enfermedad y la peor muerte que hemos provocado en nosotros mismos. (Pausa)

Señor Jesús, al morir por nosotros, derrotaste a la muerte de una vez para siempre, resucitando de entre los muertos: Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tu eres el dador de vida: Les devolviste la salud a los enfermos y hasta resucitaste a los muertos. Cristo, ten piedad de nosotros.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú eres el defensor de la vida: Curaste a los heridos por el pecado y les devolviste su esperanza y confianza. Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Que el Señor, que venció al pecado, nos libre de todos nuestros pecados, nos restaure a la plenitud de la vida y nos lleve a la vida eterna.
R/ Amén.

Colecta 
Oremos al Dios de los vivos (Pausa) Padre de todo lo que alienta y vive: Tu Hijo Jesucristo tocaba a los enfermos y se curaban y vivían. Que él nos tome de su mano y nos resucite del pecado y del desaliento. Que en esta eucaristía él nos toque con su cuerpo y con su sangre y nos renueve y fortalezca de nuevo para que vivamos su vida y vayamos a ti por su mismo camino. Que él nos toque con la llama de su amor para que nuestro amor, a su vez, pueda reanimar a otros, especialmente a los pobres y a los que sufren. Todo esto te lo pedimos por Cristo, muestro Señor. R/ Amén.

Primer Lectura:

El Dios de la Vida nos hizo inmortales. (Sab 1:13-15; 2:23-24) Dios nos creó para vivir; fue el pecado el que introdujo la muerte en el mundo. Pero Cristo hará que la vida triunfe sobre la muerte.

Segunda Lectura: Compartir y ser solidario en la Iglesia. (2 Cor 8:7,9,13-15) Las iglesias locales más pudientes y con mayor bienestar deben ayudar a las más pobres, siguiendo el ejemplo de Jesús, que se hizo pobre para enriquecernos a todos.

Evangelio: Jesús posee el poder de dar vida. (Mc 5:21-43 o Mc 5:21-24, 35-43) El poder de resurrección está obrando activamente en Jesús: regenera a los enfermos y los integra a una vida más plena, e incluso devuelve los muertos a la vida.

Oración de los Fieles
Creemos en un Dios que nos creó para la vida, para vivir. Con toda confianza presentémosle todos los sufrimientos y enfermedades del mundo y de la Iglesia, pueblo de Dios. Repitamos después de cada petición:
R/ Señor de la vida, escucha nuestra oración.

Para que la Iglesia continúe con compasión el ministerio de curación de Jesús, que conforte a los enfermos, libere a los oprimidos y proteja a los pobres y débiles. Oremos: R/ Señor de la vida, escucha nuestra oración.

Para que en este mundo nuestro, que malvive con hambre de alimento material y también de valores espirituales, las iglesias y naciones afluyentes compartan generosamente con los que tienen menos y viven en angustiosa necesidad. Oremos:
R/ Señor de la vida, escucha nuestra oración.

Para que el personal de la salud, doctores y enfermeros(as), y todos los que se cuidan de enfermos y discapacitados tengan un gran respeto por la vida y se sientan positivamente inspirados para cumplir su su misión, tan humana y tan cristiana. Oremos:
R/ Señor de la vida, escucha nuestra oración.

Oremos también para que la fe y esperanza de los enfermos y moribundos sean firmes, ancladas en nuestro Señor Jesucristo, que es la resurrección y la vida; que con él sepan aceptar sus sufrimientos con paciencia; y, cuando llegue el momento, sepan aceptar la muerte como paso a la vida definitiva. Oremos:
R/ Señor de la vida, escucha nuestra oración.

Para que en nuestras comunidades cristianas nos sintamos responsables y serviciales los unos de los otros, tratándonos como el Señor nos trata, con afectuosa solicitud; y que nos podamos enriquecer mutuamente con los buenos dones de mente y de corazón. Oremos:
R/ Señor de la vida, escucha nuestra oración.

Oh Dios, a ti debemos nuestra existencia; de ti nos viene todo lo bueno; ayúdanos a vencer a la muerte y al mal, por medio de Jesucristo nuestro Señor.
R/ Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios, Padre todopoderoso, acepta los dones de pan y vino que ahora confiadamente traemos ante ti y transfórmalos con el poder del Espíritu Santo; que se conviertan para nosotros en pan y vino de resurrección y de vida. Por medio de este sacramento cámbianos en un pueblo de alegría y esperanza, que vayamos juntos por el camino de la vida siguiendo fielmente a Jesucristo, nuestro Señor. R/ Amén.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Oremos a nuestro Padre celestial con la plegaria de Jesús, que se hizo pobre para enriquecernos a todos y entregarnos su vida: R/ Padre nuestro...

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de las fuerzas del mal que oscurecen de negro nuestra vida: como guerras y odio, miedo y violencia, y el último enemigo, la muerte. Que el poder de Cristo resucitado obre eficazmente en nosotros para que podamos vencer al pecado y caminar juntos con alegría y esperanza hacia nuestro encuentro permanente con aquél que venció a la muerte, Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. R/ Porque tuyo es el reino...

Invitación a la Comunión
Este es Jesucristo, el Señor, quien un día dijo: “Yo soy la resurrección y la vida.” Dichosos nosotros invitados a comer el pan de vida que nos sustenta y que nos asegura la vida eterna. R/ Señor, no soy digno...

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre todopoderoso: nos acabas de dar ahora el cuerpo y la sangre de tu Hijo como fuente del poder transmisor de vida. No nos permitas dejar improductivo este regalo, sino más bien ayúdanos a usarlo como una fuerza alentadora para levantar a los hermanos que comparten vida con nosotros, y construir juntos un mundo de reconciliación, compasión y justicia. Y ojalá que así la vida de Jesús resucitado obre ya en nosotros ahora, hasta que nos resucites en el último día por medio del mismo Jesucristo, nuestro Señor. R/ Amén.


Bendición
Hemos partido pan con el Señor y recordamos sus palabras: “Los que comen mi carne y beben mi sangre tienen la vida eterna y yo los resucitaré en el último día.” Dios quiere que vivamos; y Jesús nutre esa vida con el alimento de su mismo cuerpo. ¡Ah! Pues somos los vivientes, vivamos esta vida a tope y que el Dios todopoderoso les bendiga a todos ustedes el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo. R/ Amén. Pueden ir en la paz del Señor y compartan unos con otros su paz y su poder curador..
R/ Demos gracias a Dios.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario del Domingo 13º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Comentario: Fray Valentí SERRA i Fornell (Barcelona, España)
«Solamente ten fe»

Hoy, san Marcos nos presenta una avalancha de necesitados que se acerca a Jesús-Salvador buscando consuelo y salud. Incluso, aquel día se abrió paso entre la multitud un hombre llamado Jairo, el jefe de la sinagoga, para implorar la salud de su hijita: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva» (Mc 5,23).

Quién sabe si aquel hombre conocía de vista a Jesús, de verle frecuentemente en la sinagoga y, encontrándose tan desesperado, decidió invocar su ayuda. En cualquier caso, Jesús captando la fe de aquel padre afligido accedió a su petición; sólo que mientras se dirigía a su casa llegó la noticia de que la chiquilla ya había muerto y que era inútil molestarle: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» (Mc 5,35).

Jesús, dándose cuenta de la situación, pidió a Jairo que no se dejara influir por el ambiente pesimista, diciéndole: «No temas; solamente ten fe» (Mc 5,36). Jesús le pidió a aquel padre una fe más grande, capaz de ir más allá de las dudas y del miedo. Al llegar a casa de Jairo, el Mesías retornó la vida a la chiquilla con las palabras: «Talitá kum, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’» (Mc 5,41).

También nosotros debiéramos tener más fe, aquella fe que no duda ante las dificultades y pruebas de la vida, y que sabe madurar en el dolor a través de nuestra unión con Cristo, tal como nos sugiere el papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi (Salvados por la esperanza): «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito».
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