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Lecturas y Liturgia del 30 de Junio de 2015

Lecturas del Martes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA ;http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_119.mp3


Martes, 30 de junio de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (19,15-29):

En aquellos días, los ángeles urgieron a Lot: «Anda, toma a tu mujer y a esas dos hijas tuyas, para que no perezcan por culpa de Sodoma.»
Y, como no se decidía, los agarraron de la mano, a él, a su mujer y a las dos hijas, a quienes el Señor perdonaba; los sacaron y los guiaron fuera de la ciudad.
Una vez fuera, le dijeron: «Ponte a salvo; no mires atrás. No te detengas en la vega; ponte a salvo en los montes, para no perecer.»
Lot les respondió: «No. Vuestro siervo goza de vuestro favor, pues me habéis salvado la vida, tratándome con gran misericordia; yo no puedo ponerme a salvo en los montes, el desastre me alcanzará y moriré. Mira, ahí cerca hay una ciudad pequeña donde puedo refugiarme y escapar del peligro. Como la ciudad es pequeña, salvaré allí la vida.»
Le contestó: «Accedo a lo que pides: no arrasaré esa ciudad que dices. Aprisa, ponte a salvo allí, pues no puedo hacer nada hasta que llegues.»
Por eso la ciudad se llama La Pequeña. Cuando Lot llegó a La Pequeña, salía el sol. El Señor, desde el cielo, hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega con los habitantes de las ciudades y la hierba del campo. La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal. Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado con el Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la vega, y vio humo que subía del suelo, como el humo de un horno. Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la vega, arrasando las ciudades donde había vivido Lot, se acordó de Abrahán y libró a Lot de la catástrofe.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 25,2-3.9-10.11-12

R/. Tengo ante los ojos, Señor, tu bondad

Escrútame, Señor, ponme a prueba,
sondea mis entrañas y mi corazón,
porque tengo ante los ojos tu bondad,
y camino en tu verdad. R/.

No arrebates mi alma con los pecadores,
ni mi vida con los sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,
y su derecha está llena de sobornos. R/.

Yo, en cambio, camino en la integridad;
sálvame, ten misericordia de mí.
Mi pie se mantiene en el camino llano;
en la asamblea bendeciré al Señor. R/.


Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (8,23-27):

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!»
Él les dijo: «¡Cobardes! ¡Qué poca fe!»
Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario

Martes, 30 de junio de 2015
EN VIENTO Y EN TORMENTA

Introducción

Evangelio.
Tenemos que reconocer la presencia del Señor y seguir confiando en él cuando las tormentas rugen dentro de nosotros y a nuestro alrededor, en nuestro mundo, y nos amenazan con tragarnos y hacernos gritar: “Señor, ¿dónde estás?” Pueden ser las tormentas de la tentación, las dudas, los miedos y temores relacionados con nuestra fe, la amenazada lealtad. Los vientos de cambio también pueden ser como ruidosos huracanes que sacuden la barca de la Iglesia, antes de que podamos alcanzar las aguas tranquilas de una Iglesia renovada. El Señor está ahí, no deberíamos tener miedo.

 Colecta
Señor Dios nuestro: Tu Hijo Jesucristo calmó nuestras vacilaciones con palabras de reprensión: “¿Por qué tienen ustedes miedo, hombres de poca fe?” Haz que esa débil fe crezca robusta en nosotros. Cercióranos plenamente de que tú estás con nosotros en tu creación, en la oscuridad y en la noche, en el viento huracanado y en la tormenta, incluso en las profundidades de la muerte; porque tú eres el Dios que dijo: “Yo soy el que soy; y estoy ahí para ustedes”, ahora y por los siglos de los siglos.

Intenciones
Por la Iglesia de Jesucristo, para que su fe y amor no se tambaleen en las dificultades y tormentas de nuestro tiempo. Oremos.
Por marineros y pescadores, para que el mar les sea tranquilo y apacible, y generoso en captura de pescado; también por todos los que viajan por mar, para que puedan alcanzar su destino sanos y salvos. Oremos.
Por nosotros mismos, para que nunca tengamos miedo, ya que sabemos con certeza que Jesús está con nosotros, y así nos mantengamos serenos y en paz. Oremos.

Oración sobre las Ofrendas
Hemos preparado este pan y este vino para acoger a tu Hijo que se hace presente en medio de nosotros. Que sepamos reconocer su presencia y seguir fiándoos de él en nuestros éxitos humanos. Pero que ningún éxito, por grande que sea, nos induzca a olvidar que sin Jesús no podemos hacer nada, y que este mundo es creación tuya y que podemos ser totalmente humanos solamente en Cristo Jesús, que vive y vivirá contigo y con nosotros por los siglos de los siglos.



Oración después de la Comunión
Padre de nuestro Señor Jesucristo: ¿En qué otro deberíamos confiar sino en Jesús, nuestro Dios-con-nosotros? Que él navegue con nosotros para retar y hacer frente a las olas y enfrentarnos al corazón de la tormenta. Que, cuando él está con nosotros, aunque aparentemente dormido, no tengamos miedo de comprometernos con tu mar, de remar mar adentro, porque estamos seguros de que Jesús nos llevará a tu puerto seguro de justicia y de paz, él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición.
“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Confiémonos de todo corazón al Señor. Con él podemos vencer todas las dificultades. Que Dios todopoderoso les bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres Pérez, cmf

Las dos lecturas de hoy tienen un movimiento de salida, de dejar el lugar donde se está para buscar otro mejor, para superar una dificultad o una amenaza, como en la primera lectura o para seguir a Jesús, como en el Evangelio. En los dos casos se emprende un camino que, como todos los caminos, es siempre incierto. Conocemos el presente, el lugar donde tenemos ahora los pies. Pero el futuro, allá donde apoyaremos mañana los pies, es desconocido. Por eso mismo también es amenazante. En el camino te puedes encontrar con tormentas que ponen en peligro tu vida.

La tentación es pensar que como en casa no se está en ningún sitio. Hay problemas y amenazas. Hay incomodidades. Hay cosas que no nos gustan. Pero es nuestra casa. En ella está el lugar donde nos sentimos cómodos. Es nuestra peculiar zona de confort. No porque todo sea bueno. Sino porque todo es conocido. Y sabemos a qué atenernos. Lo que nos asusta es precisamente lo desconocido. Lo que nos hace sentirnos incómodos es la incertidumbre ante lo que se nos puede venir encima.

Lot en la primera lectura y los discípulos en el Evangelio no tienen más alternativa que confiar. Lot se ve obligado a dejar atrás todo lo que tenía. Y debía tener mucho porque unos cuantos capítulos antes Abraham y él se tuvieron que separar porque sus innumerables rebaños no podían estar juntos. Se quitaban el pasto unos a otros. Pero en la prisa de salir de Sodoma no debieron tener más que el tiempo justo para coger lo mínimo. El futuro se presentaba incierto y lleno de pobreza. Iba a tener que comenzar de nuevo desde cero. Sólo desde la lejanía comprendió que quedarse habría significado la muerte. Al salir retuvo lo mejor que tenía: la vida.

Los discípulos están en las mismas. Seguir a Jesús les ponía en peligro. Había tormentas en el lago. Y también se levantaban tormentas en la sociedad que iban a terminar con Jesús. Ellos mismos estaban en peligro. Sólo mucho tiempo después (pasada la pascua de Jesús y el pentecostés del Espíritu) entenderían que el viaje había valido la pena y que no seguir a Jesús habría sido como elegir la muerte.

Toda una invitación a cada uno de nosotros para tomar las riendas de nuestra vida, dejar nuestra zona de confort y lanzarnos a la aventura de seguir a Jesús con nuestra confianza puesta en él.
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