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Lecturas y Liturgia del 7 de Junio de 2015

Lecturas del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo


MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/09_7_TO.mp3

Domingo, 7 de junio de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Éxodo (24,3-8):

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: «Haremos todo lo que dice el Señor.»
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.»
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 115

R/. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (9,11-15):

Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (14,12-16.22-26):

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?" Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Domingo, 7 de junio de 2015
FESTIVIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

* Mi cuerpo y mi Sangre para Ustedes
* La Sangre de la Alianza

Saludo (Ver Segunda Lectura)
Cristo vino al mundo,
y por su propia sangre
nos adoptó como hijos en el amor de Dios,
por medio de una nueva y eterna Alianza.
Que él nos guarde unidos con Dios
y esté siempre con ustedes. R/ Y con tu espíritu.

Introducción por el Celebrante

1. Mi Cuerpo y mi Sangre para Ustedes
Admiramos grandemente a hombres y mujeres que dedicaron sus vidas para el bien de otros e incluso estuvieron dispuestos a morir por ellos. Esto es precisamente lo que celebramos siempre que nos congregamos juntos para la eucaristía. Celebramos la vida y la muerte de Jesús por nosotros; pero también celebramos su resurrección, porque él está vivo aquí entre nosotros, en su Iglesia, en nuestro mundo. Pero cuando hacemos lo que él nos mandó -“Hagan esto en conmemoración mía”-, tenemos que aprender a entregarnos a nosotros mismos a Dios y a los hermanos, como Cristo se entregó. En esta eucaristía él quiere regalarnos esta disposición interior.

2. La Sangre de la Alianza
Muchos cuerpos son destrozados hoy por el uso de la fuerza bruta y de la tortura; se derrama mucha sangre de gente inocente y de niños. La violencia lleva al odio y a más violencia. Hoy, en esta fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, oiremos de Alguien cuyo cuerpo quebrantado nos trajo paz, y cuya sangre derramada nos trajo el perdón y el amor de Dios. “Este es mi cuerpo entregado por ustedes. Esta es mi sangre de la Alianza eterna.” Cada eucaristía nos trae un mensaje de esperanza de que el amor de Dios está con nosotros ahora y para siempre. Demos hoy gracias al Padre por el gran regalo de Jesús Eucaristía

Acto Penitencial






Una pregunta: ¿Nos comprometemos a hacer el bien a los demás, incluso cuando el coste es alto? Examinémonos ante el Señor.
(Pausa)

Señor Jesús, tú dijiste: “Esto es mi cuerpo, este soy yo mismo que se entrega por ustedes.” Señor, ten piedad de nosotros. R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, tú dijiste: “Esta es mi sangre de la Alianza derramada por ustedes y por todos” Cristo, ten piedad de nosotros. R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú dijiste: “Este es mi cuerpo para la vida del mundo. Quien lo coma posee la vida eterna”. Señor, ten piedad de nosotros. R/ Señor, ten piedad de nosotros

Señor, ten misericordia de nosotros, y por la eucaristía concédenos el perdón de todos nuestros pecados y llévanos a la vida eterna. R/ Amén.

Colecta

1. Mi Cuerpo y mi Sangre para Vosotros

Oremos para que podamos ofrezcer esta eucaristía
con la misma actitud de entrega de Jesús.
(Pausa)
Señor Dios nuestro,
tú no aceptas nuestros lánguidos sacrificios
a no ser que nos comprometemos a ti
y a cada uno de nuestros hermanos
Aquí estamos ante ti sin otro sacrificio
que el de tu querido Hijo Jesucristo,
que derramó su sangre por amor.
Cólmanos con su Espíritu
para que también nosotros
vivamos para ti y para los hermanos
con un amor generoso y altruista
que une a todos, ama a todos, sirve a todos.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

2. La Sangre de la Alianza

Oremos a Dios para que le encontremos a él en su Hijo Jesús.
(Pausa)
Oh Dios vivo de la Alianza,
nos has escogido para hacernos para siempre
como parientes tuyos de sangre
y hermanos y hermanas unos de otros
por medio de la sangre de Jesús, tu Hijo.
Que te encontremos y nos unamos fuertemente a ti
por medio de aquél que es nuestro alimento de unidad
y nuestra bebida de alegría,
Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
R/ Amén.

Primera Lectura /Ex 24,3-8)
Como Parientes de Sangre de Dios Dios escoge para sí un pueblo y comparte su destino. Lo une a sí mismo con lazos como de sangre, comiendo y bebiendo con ellos.

Segunda Lectura (Heb 9:11-15)
El Nuevo Pueblo de Dios en la Sangre de Cristo Derramando su sangre por nosotros, Cristo ha hecho transfusión de vida nueva al pueblo de Dios. Ahora somos capaces de ser libres del pecado y de ser fieles a Dios con fidelidad duradera.

Evangelio (Mt 24:12-16, 22-26)
La comida de Nuestra Alianza Jesús renueva la Alianza con nosotros cuando comparte su cuerpo y su sangre en cada celebración eucarística. Intercesiones Generales –

Oración de los fieles

Oremos con la máxima confianza a Dios nuestro Padre, porque nos ha elegido a nosotros como sus socios en la vida; hechos libre por la sangre de su Hijo. A cada petición responderemos:
R/ Señor, hazte cercano a nosotros, tu pueblo.

Por el Papa, por los obispos y sacerdotes, para que sepan dar a su pueblo no solamente el pan de la palabra de Dios y el pan de la Eucaristía, sino también el pan de sí mismos, roguemos.
R/ Señor, hazte cercano a nosotros, tu pueblo.

Por todas la Iglesias cristianas, para que un día puedan llegar a la auténtica unidad en torno a la mesa eucarística del Señor, roguemos.
R/ Señor, hazte cercano a nosotros, tu pueblo.

Por las naciones que tienen más abundancia de bienes, en alimentos y en recursos humanos, para que consideren como una tarea de justicia el compartir generosamente con otros pueblos que tienes menos y el ayudarles a seguir adelante en la ruta del desarrollo humano y económico, roguemos.
R/ Señor, hazte cercano a nosotros, tu pueblo.

Por nuestras comunidades cristianas, para que los ricos y los pobres, los de alto nivel social y los de nivel bajo, arrendatarios y propietarios de tierras, patronos y obreros, participen en igualdad en la eucaristía y lleguen a ser responsables los unos de los otros en un fuerte convenio de justicia, amor y paz, roguemos.
R/ Señor, hazte cercano a nosotros, tu pueblo.ç

Por todos nosotros, para que la eucaristía llegue a ser cada vez más la fuente de nuestra fuerza y unidad y de nuestro compromiso mutuo, roguemos.
R/ Señor, hazte cercano a nosotros, tu pueblo.

Señor, Dios Padre, hazte efectivamente cercano a nosotros. Sigue nutriéndonos con el cuerpo y la sangre de tu Hijo, de tal forma que crezcamos hacia la vida eterna, ahora y por siempre. R/ Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro, tú te haces presente
dondequiera que haya hombres y mujeres que te acojan
y te permiten ser uno de ellos.
Danos la gracia de encontrarte a ti en tu Hijo.
Que él sea hoy para nosotros nuestro pan de fidelidad
y el vino de vida y alegría,
para que tú seas nuestro Dios y nosotros seamos tu pueblo,
ahora y por siempre. R/ Amén.



Introducción a la Plegaria Eucarística

En la siguiente plegaria eucarística expresemos nuestra gozosa gratitud al Padre por danos a Jesús en la Eucaristía. Esta es la manera maravillosa de Dios de estar hoy con nosotros, su pueblo querido.

Introducción a la Oración del Señor, el Padre Nuestro

Antes de recibir el Pan de Vida,
bendigamos al Padre por su bondad
y recemos la oración de la mesa
que el Jesús mismo nos enseñó: R/ Padre Nuestro...

Líbranos, Señor

Líbranos, Señor, de todo mal
por Jesucristo, el Cordero de Dios,
que derramó su sangre por nosotros.
Únenos en el cuerpo y la sangre de tu Hijo
como al pueblo que tú has elegido como tuyo.
Prepáranos para la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino...

Oración después de la Comunión

Oh Dios, Padre nuestro,
tú nos has unido a ti mismo
por el cuerpo y sangre de tu Hijo
en un destino común.
Acepta nuestra acción de gracias
y, ya que somos uno en tu Hijo,
haznos compartir los unos con los otros
el pan de nosotros mismos
y escanciar entre todos
el vino del sano compañerismo y de la esperanza;
así podremos peregrinar juntos hacia ti
como hermanos y hermanas de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos. R/ Amén.

Bendición

Nuestro Señor encontró una forma maravillosa
de permanecer siempre a nuestro lado
y acompañarnos en el camino de la vida.
El se hizo carne y sangre, en la Eucaristía.
Encontremos también nosotros caminos
para apoyarnos unos a otros en días oscuros
y para alegrarnos juntos en días luminosos.
Y que Dios vaya siempre y totalmente con ustedes
y les bendiga:
el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. R/ Amén
Podemos ir con el Señor
y acompañarnos unos a otros
como hermanos y amigos en la vida.
R/ Demos gracias a Dios.

Comentario del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

CorpusChristi es el nombre latino de una fiesta que se celebró por primera vez en el jueves siguiente a la fiesta de la Santísima Trinidad en el año 1247. El Papa Urbano IV, elegido en 1261, hizo extensiva la fiesta a toda la Iglesia mediante la Bula Transiturus de hoc mundo el 11 de agosto de 1264 desde la ciudad de Orvieto, Italia, en cuya iglesia se guardan hasta hoy los corporales ensangrentados por la hostia consagrada en aquel año.

Aunque la fiesta del Corpus Christi instaurada por Urbano IV no incluye procesión sino Oficio de las Horas y Misa, muy pronto la devoción popular empezó a celebrarla con especial fervor y alegría. Los primeros indicios de la “procesión de Corpus” se encuentran hacia el 1279 en Colonia y luego en Augusta en 1305, ambas en Alemania. Al comienzo se trataba de llevar en procesión el copón, baso donde se guardan las hostias consagradas, después de la misa o el mismo cáliz o copa donde se consagra el vino; muy pronto surgió la necesidad de exponer la hostia consagrada y así se usa el ostensorio que servía para exponer las reliquias de los santos; y, finalmente, la custodia como se usa hoy.

Vamos a la Palabra de Dios de esta importante solemnidad.

En la primera lectura, del libro del Génesis, el primer libro de nuestra Biblia, se nos ofrece un breve relato del encuentro de Abrahán, que había vencido a los cuatro reyes que tenían cautivo a su hermano Lot, con Melquisedec, rey de Salem que el salmo 76, 3 junto a toda la tradición judía y muchos Padres de la iglesia identifican Salem con Jerusalén. Lo verdaderamente importante es el ofrecimiento de “pan y vino, pues era sacerdote del Dios Altísimo” que este misterioso sacerdote rey hace a Dios a nombre del vencedor Abrahán. Esta breve referencia ha llevado a descubrir una figura del sacrificio eucarístico y también se ha aplicado al sacerdocio de Jesucristo como en la Carta a los Hebreos 7.

Otro elemento a destacar es la bendición que es una palabra eficaz e irrevocable que, aun pronunciada por el hombre, transmite el efecto de lo que ella expresa ya que es Dios quien bendice. También el hombre bendice a Dios cuando alaba su grandeza y su bondad. En este texto están los dos aspectos de la bendición bíblica: a Dios que “entregó a tus enemigos en tus manos”. En realidad la victoria es “del Dios Altísimo” aunque el favorecido es Abrahán.

En el salmo 109 se resaltan las prerrogativas del Mesías como su realeza universal y su sacerdocio perpetuo “según el orden de Melquisedec”. En Cristo se cumple literalmente este oráculo del salmo: es el Rey Universal y el Sacerdote Eterno.

La segunda lectura de hoy está tomada de la primera carta a los Corintios. Ésta fue escrita alrededor de la Pascua del año 54 desde Éfeso por el apóstol Pablo. Nuestro texto se inscribe en el tema de la “Cena del Señor” que los corintios celebran con algunas dificultades. Para corregirlos, señala lo recibido del Señor y no por revelación especial. Y la sustancia de lo recibido de los apóstoles es coincidente con lo que nos narra san Lucas 22, 19 – 20. Es la esencia de la eucaristía “hacer memoria de lo que hizo el Señor”, es anuncio de la muerte del Señor “hasta que venga” al final de los tiempos. La misa será siempre “de Cristo y de su Iglesia” y no obra de un grupo o de una persona como el sacerdote.

El evangelio de San Lucas nos relata una única multiplicación de los panes como acontece en el evangelio de San Juan; Marcos y Mateo nos relatan dos. Es uno de los últimos episodios de Jesús en Galilea en la perspectiva de San Lucas. El relato se inicia señalando tres acciones que Jesús hace a favor de la multitud: acogía a la gente, les habla del Reino de Dios y curaba a los que necesitaban. Cada una de estas acciones pone de manifiesto la identidad más profunda de Jesús, esa misma que ignora Herodes que se pregunta “¿Quién es, pues, éste de quien yo oigo tales cosas?”(Lc 9, 9) y la respuesta de Pedro “El Cristo de Dios”(Lc 9,20).

Jesús enseña porque es la manifestación visible y definitiva de la Palabra de Dios. Es la Verdad que los hombres buscan y anhelan incesantemente. Es el Maestro que anuncia el Reino de Dios, esa realidad nueva que es su propia persona y mensaje.

Jesús sana, no sólo el alma sino también el cuerpo, es decir, la persona total. Es el médico que ha venido para los que están enfermos, condición que nos iguala a todos sin excepción. La lepra servirá para expresar mejor la realidad más profunda del pecado que está en el corazón de cada uno. Nos sana o salva o redime de la raíz de todo mal, el pecado.

Jesús da de comer, es decir, nos enseña a compartir el don del pan. Vienen a nuestra memoria las referencias al Antiguo Testamento: como Moisés alimentó al pueblo en el desierto con el maná, Jesús nos alimenta con un nuevo maná que es el mismo, su persona. Elías y Eliseo dieron de comer, ahora Jesús los supera porque en Él se cumplen las promesas de Dios al pueblo.

Ciertamente el centro del relato es Jesús quien toma la iniciativa y acepta la poca cantidad de panes y peces que disponen los discípulos. Siempre será así. Jesús “pronunció sobre ellos la bendición levantando los ojos al cielo, los partió y se los fue dando a los discípulos para ellos los sirvieran a la gente”. La Eucaristía es aprender a compartir la vida entera con los más necesitados.

Un saludo fraterno. Fr. Carlos A. Espinoza Ibacache, O. de M.
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