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Lecturas y Liturgia del 11 de Julio de 2015

Lecturas del Sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3 

Sábado, 11 de julio de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (49,29-32;50,15-26a):


En aquellos días, Jacob dio las siguientes instrucciones a sus hijos: «Cuando me reúna con los míos, enterradme con mis padres en la cueva del campo de Efrón, el hitita, la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré, en Canaán, la que compró Abrahán a Efrón, el hitita, como sepulcro en propiedad. Allí enterraron a Abrahán y a Sara, su mujer; allí enterraron a Isaac y a Rebeca, su mujer; allí enterré yo a Lía. El campo y la cueva fueron comprados a los hititas.»
Cuando Jacob terminó de dar instrucciones a sus hijos, recogió los pies en la cama, expiró y se reunió con los suyos.
Al ver los hermanos de José que había muerto su padre, se dijeron: «A ver si José nos guarda rencor y quiere pagarnos el mal que le hicimos.»
Y mandaron decirle: «Antes de morir tu padre nos encargó: "Esto diréis a José: Perdona a tus hermanos su crimen y su pecado y el mal que te hicieron". Por tanto, perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre.» José, al oírlo, se echó a llorar.
Entonces vinieron los hermanos, se echaron al suelo ante él, y le dijeron: «Aquí nos tienes, somos tus siervos.»
Pero José les respondió: «No tengáis miedo; ¿soy yo acaso Dios? Vosotros intentasteis hacerme mal, pero Dios intentaba hacer bien, para dar vida a un pueblo numeroso, como hoy somos. Por tanto, no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros hijos.»
Y los consoló, hablándoles al corazón. José vivió en Egipto con la familia de su padre y cumplió ciento diez años; llegó a conocer a los hijos de Efraín, hasta la tercera generación, y también a los hijos de Maquir, hijo de Manasés; los llevó en las rodillas.
José dijo a sus hermanos: «Yo voy a morir. Dios cuidará de vosotros y os llevará de esta tierra a la tierra que prometió a Abrahán, Isaac y Jacob.»
Y los hizo jurar: «Cuando Dios cuide de vosotros, llevaréis mis huesos de aquí.» José murió a los ciento diez años de edad.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 104,1-2.3-4.6-7


R/. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,24-33)


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario

Sábado, 11 de julio de 2015
EN LAS MANOS DE DIOS
(Año I. Gen 49:29-33; 5º:15-26; Mt 10:24-33)

Introducción
Año I. “No tengan miedo”, les dijo José a sus hermanos. Él les perdonó, al percatarse de que su propio sufrimiento pasado causado por ellos, fue providencialmente como la semilla del futuro del pueblo de Dios.
Evangelio. “No tengan miedo”, dice tres veces Jesús a sus discípulos. Aun cuando, como él, sean perseguidos, y aparentemente fallen en su misión, están en las manos de Dios. Dios se preocupa y cuida de los suyos. No se puede construir el reino de Dios sin cruces y sin sacrificios, y sin ser rechazados por un mundo que quiere crear su propio futuro prescindiendo de Dios.

Colecta
Oh Dios, creíble y digno de toda confianza:
Tú estás presente con nosotros en todo,
incluso en nuestras miserias,
y te preocupas y cuidas de los tuyos.
Haz más profunda nuestra confianza en ti
y haznos miedosos de una sola cosa:
de llegar a ser instrumentos del mal.
Al contrario, haznos mensajeros
de la buena noticia
de que el mal y la maldad pueden ser vencidos
y de que tu justicia y bondad prevalecerán.
Danos fe firme y sana confianza
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Por la Iglesia, para que, libre de cualquier miedo paralizante, tenga valor y audacia, nacidos de la fe, para dar testimonio de las exigencias del evangelio. Roguemos al Señor.
Por los que presiden las celebraciones litúrgicas, para que tengan un profundo sentido de la santidad de Dios y, al mismo tiempo, una conciencia clara de sus propios defectos y limitaciones. Roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que nunca tengamos miedo a los que nos amenazan o ridiculizan a causa de nuestra fe, mientras vivimos plenamente confiados en Dios, que nos lleva en la palma de su mano. Roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre digno de confianza:
Tu Hijo Jesucristo se comprometió
a luchar contra el mal
a riesgo de ser perseguido,
y fue víctima de su propia lucha.
Mientras nos encontramos con él aquí
a través de estos signos de pan y vino,
que él nos ayude a entender más claramente
que el discípulo no está por encima de su maestro,
y, por lo tanto, que no podemos hacer realidad su reino
sin ser desgarrados y rechazados por este mundo.
Padre: Nosotros confiamos en ti
por Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, justo y santo:
Hemos participado gozosamente
en la mesa de tu Hijo,
y estamos dispuestos a compartir
su vida y su misión.
Danos la gracia de no tener nunca miedo
y de ser intrépidos, como Jesús.
Ayúdanos a estar plenamente convencidos
de que nuestra vida y nuestra muerte
están en tus manos,
y de que nuestras cruces y sacrificios
llevan en sí las semillas de alegría y felicidad eternas.
Danos esta fe firme y esta inquebrantable fortaleza
por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: No tengamos miedo de profesar y de vivir con valentía nuestra fe. Confiemos en el Señor que nos apoya con su fuerza. Que Dios todopoderoso nos fortalezca y nos bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que esta bendición permanezca para siempre.



Comentario al Evangelio del 

Alejandro Carbajo, cmf
Queridos amigos, paz y bien.

No es muy agradable el panorama que se nos presenta hoy tampoco. Ayer se nos enviaba como ovejas en medio de lobos, y hoy se nos promete la palma del martirio. No es algo que esté hecho para todos, lo de ser mártir, digo. Es un don de Dios. En 2010 se estrenó una película, De dioses y hombres, sobre un grupo de monjes que fueron martirizados en Argel por causa de su fe. Toda la película muestra la evolución y la lucha por la que van pasando los monjes, desde el miedo y el rechazo, las ganas de escapar, hasta la serena aceptación de la voluntad de Dios. Eran personas consagradas, que se habían entregado ya una vez a Cristo, y fueron fieles hasta el final. Como nuestros Beatos Mártires Claretianos de Barbastro.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Toda la semana hemos estado reflexionando sobre la fe, y cómo la fe influye en nuestra vida, nos sana o nos permite seguirle, a pesar de todas nuestras debilidades.

Todo lo que sucede en nuestra vida sirve para los planes de Dios, si lo aceptamos y lo meditamos en el corazón, como María. Lo bueno, se acepta rápidamente. Lo malo, con más dificultad. Y Jesús avisa con claridad: Dios cuida de nosotros, está cerca, incluso cuando sufrimos. Porque Él sufrió lo indecible, para nuestra salvación y la de todos los hombres.

Saber dar gracias en la prosperidad, y saber ser fuertes en la adversidad. Eso es lo que debemos pedir, dar gracias cuando todo va bien. Y pedir, cuando algo va mal. Hoy es un buen día para recordar a todos los fieles que sufren por causa de su fe. Recemos por ellos, para que puedan sentir el consuelo de Cristo en el sufrimiento, y ser fieles, a pesar de todo.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.
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