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Lecturas y Liturgia del 2 de Agosto de 2015

Lecturas del Domingo 18º del Tiempo Ordinario - Ciclo B


MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3   http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/1801T0B.mp3

Domingo, 2 de agosto de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Éxodo (16,2-4.12-15):

En aquellos días, en el desierto, comenzaron todos a murmurar contra Moisés y Aarón, y les decían: «¡Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto! Allí nos sentábamos junto a las ollas de carne, y comíamos hasta hartarnos; pero vosotros nos habéis traído al desierto para matarnos a todos de hambre.»
Entonces el Señor dijo a Moisés: «Voy a hacer que os llueva comida del cielo. La gente saldrá a diario a recoger únicamente lo necesario para el día. Quiero ver quién obedece mis instrucciones y quién no.»
Y el Señor se dirigió a Moisés y le dijo: «He oído murmurar a los israelitas. Habla con ellos y diles: "Al atardecer comeréis carne, y por la mañana comeréis hasta quedar satisfechos. Así sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios."»
Aquella misma tarde llegaron codornices, las cuales llenaron el campamento; y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Después que el rocío se hubo evaporado, algo muy fino, parecido a la escarcha, quedó sobre la superficie del desierto.
Los israelitas, no sabiendo qué era aquello, al verlo se decían unos a otros: «¿Y esto qué es?»
Moisés les dijo: «Éste es el pan que el Señor os da como alimento.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 77

R/. El Señor les dio un trigo celeste

Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder. R/.

Dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste. R/.

Y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido. R/.
Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (4,17.20-24):

En el nombre del Señor os digo y encargo que no viváis más como los paganos, que viven de acuerdo con sus vanos pensamientos. Pero vosotros no conocisteis a Cristo para vivir de ese modo, si es que realmente oísteis acerca de él; esto es, si de Jesús aprendisteis en qué consiste la verdad. En cuanto a vuestra antigua manera de vivir, despojaos de vuestra vieja naturaleza, que está corrompida por los malos deseos engañosos. Debéis renovaros en vuestra mente y en vuestro espíritu, y revestiros de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se manifiesta en una vida recta y pura, fundada en la verdad.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Juan (6,24-35), del domingo, 2 de agosto de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Juan (6,24-35):

En aquel tiempo, al no ver allí a Jesús ni a sus discípulos, la gente subió a las barcas y se dirigió en busca suya a Cafarnaún.
Al llegar a la otra orilla del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les dijo: «Os aseguro que vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros. No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Ésta es la comida que os dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.»
Le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para que nuestras obras sean las obras de Dios?»
Jesús les contestó: «La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado.»
«¿Y qué señal puedes darnos –le preguntaron– para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: "Dios les dio a comer pan del cielo."»
Jesús les contestó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo! Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.»
Ellos le pidieron: «Señor, danos siempre ese pan.»
Y Jesús les dijo: «Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 18º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Domingo 18 del Tiempo Ordinario
Nuestra Hambre de Jesús
Pan Partido para un Mundo Nuevo


Saludo (Ver Evangelio de hoy)
Hermanos: Hemos estado buscando alimento perdurable,
el verdadero pan del cielo, Jesús mismo.
Los que creen en él jamás tendrán sed.
Que Jesús nuestro Señor sea siempre
nuestro alimento y nuestra bebida de vida,
y que él esté siempre con ustedes.
R/ Y con tu espíritu

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)
Nuestra Hambre de Jesús
Jesús nos confronta hoy con esta pregunta: “Por qué me estáis buscando?” ¿Por qué buscamos nosotros a Dios, a Jesús? ¿Es únicamente por las cosas que él nos da? -- Recibimos mucho de Dios, es cierto, pero ¿buscamos a Jesús por él mismo, por lo que significa para nuestras vidas? Él es quien da sentido a nuestra vida y quien nos dice cómo podemos seguir creciendo como hermanos y hermanas suyos. Y él nos pide también que aprendamos de él a darnos a los demás, para llegar a ser, por nuestra entrega, como comida y bebida los unos para los otros. Pidámosle que nos enseñe cómo.
Pan Partido para un Mundo Nuevo
Hoy en día hay muchos millones y millones que padecen de hambre. Pero ¿es solo de pan, o de arroz o de su alimento básico? Como cristianos tenemos que preocuparnos por el problema del hambre en el mundo, pero no deberíamos olvidar la tremenda hambre espiritual, que anhela respeto de la dignidad personal y de los valores humanos, de justicia y de paz. Hay Alguien que vino a vivir entre la gente para satisfacer las más profundas hambres del hombre y se hizo a sí mismo pan para la vida del mundo. Es Jesús, el Señor, que está aquí en medio de nosotros. Si creemos en él y le seguimos en su camino de entrega de sí mismo, podemos trabajar por medio de él y con él para llevarle, a un mundo hambriento, el alimento eficaz que sacie toda clase de hambre.
 
 Acto Penitencial
Pidamos ahora al Señor que perdone nuestros pecados; que esta eucaristía nos acerque más a él y suscite en nosotros sus mismos sentimientos y su mentalidad.
(Pausa)
Señor Jesús, pan de vida, tú nos alimentas con tus palabras de vida. Señor, ten piedad de nosotros. R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, pan de vida, tú te das a ti mismo en la eucaristía como comida y bebida. Cristo, ten piedad de nosotros. R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, pan de vida, tú nos pides que por nuestra entrega nos convirtamos, los unos para los otros, en alimento y comida,. Señor, ten piedad de nosotros. R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, en tu bondad perdona nuestros pecados y susténtanos con tu cuerpo y con
tu sangre en nuestro caminar hacia la vida eterna. R/ Amén.

Colecta
Pidamos a Dios nuestro Padre que Jesús sea para nosotros pan de vida.
(Pausa)
Señor, Dios de vida:
Tenemos hambre de felicidad y de vida eternas
y de ver cumplidas todas nuestras esperanzas.
Sacia todas nuestras hambres
por medio de tu Hijo Jesucristo, nuestro pan de vida.
Y, cuando él nos haya colmado de sí mismo,
que nos guíe y fortalezca
para que sepamos proporcionar a un mundo que espera
el alimento de reconciliación y alegría
que solo tú puedes dar cabalmente.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor. R/ Amén.

Primera Lectura (Ex 16:2-4, 12-15): Dios Alimenta a su Pueblo.
En su marcha hacia la Tierra Prometida, el Pueblo de Dios de Israel tiene que aprender a confiar en Dios. Él se cuida de ellos y les da el maná como señal de su cuidado, cada día.
Segunda Lectura (Ef 4:17, 20-24): Llegar a Ser Nuevos en Cristo
Los cristianos no deberían dejarse llevar ya más ni por sus caprichos ni por deseos de inmediata gratificación personal, porque han llegado a ser nuevos en Cristo.
Evangelio (Jn 6:24-35): Yo Soy el Pan de Vida
Los judíos tienen hambre y ansían el pan. Jesús les dice que le busquen a él, Jesús mismo, que es el verdadero pan bajado del cielo. Él se les va a dar a sí mismo.

Oración de los Fieles (Dos opciones)

1. Tenemos Hambre de Jesús
Reunidos aquí en el nombre de Jesús nuestro Señor, traemos ante él las necesidades de su pueblo y todas las clases de hambre del mundo entero. Digámosle suplicantes:
R/ Señor, sé el alimento y la vida del mundo.
Por la Iglesia, para que sus líderes y ministros alimenten al pueblo de Dios con el sólido y sustancioso alimento del Evangelio, roguemos al Señor.
Por los millones de hombres y mujeres que hoy, en el mundo, no tienen bastante para comer y son demasiado pobres para llevar una vida realmente humana, para que los que viven en bienestar muestren auténtica compasión para con ellos. Compasión que les mueva a trabajar para que todos tengan una vida más decente y humana, roguemos al Señor.
Por los cristianos divididos, para que pronto podamos partir juntos el único pan del único Señor, Jesús, roguemos al Señor.
Por todas las comunidades cristianas, para que aprendamos a apreciar el tremendo valor de la eucaristía y sacar de ella la fuerza espiritual para entregarnos a nuestros hermanos, cercanos y lejanos, roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que cada eucaristía en la que participamos se convierta en un encuentro real con el Cristo vivo; que él sacie nuestra hambre de cosas perdurables y nos ayude a amarnos más unos a otros, roguemos al Señor.
Señor Jesucristo, sé nuestro pan de vida, en la eucaristía; pero también sé la luz y la vida de todos los que te buscan, y el cumplimiento y alegría de todos los que te han encontrado. Permanece con nosotros ahora y por siempre. R/ Amén.

2. Pan Partido para un Mundo Nuevo (Del Congreso Eucarístico de Lourdes, 1981)
En memoria de tu Siervo Jesús, que partió para nosotros el pan de su amor y derramó por nosotros la sangre de su vida, y que ha hecho del servicio mutuo, del compartir y la solidaridad los signos de un mundo nuevo, te rogamos, Dios Padre nuestro, que envíes el aliento de tu Espíritu sobre nosotros, mientras decimos:
R/ Que tu nuevo mundo venga a nosotros.
Que venga el mundo nuevo; que llegue el día en que los pobres ya no se vean en necesidad ni se sientan rechazados por la sociedad; que venga el mundo nuevo, cuando todos tengan suficiente alimento para comer. Que lleguen los días en que todos tengan un corazón de pobre según el evangelio. Roguemos al Señor.
Que venga el mundo nuevo cuando la gente no viva ya más de pan material solamente, sino de la palabra de su Dios. Que lleguen los días en que los hombres no se callen ya más ni enmudezcan con temor, sino que abran sus corazones para alabar a su Dios. Roguemos al Señor.
Que venga el mundo nuevo cuando todos sean llamados y acogidos como hijos de Dios. Que lleguen los días en que la misericordia se muestre a todos, porque habrá justicia, prosperidad y paz Roguemos al Señor.
Que lleguen los días en que ya no haya más ni odio, ni rencor ni guerras; días en que los pequeños y los débiles no sean ya más despreciados, sino que puedan ser tratados como verdaderos hermanos y hermanas, viviendo en paz y trabajando todos por la misma paz y por el bienestar. Roguemos al Señor.
Padre de bondad: Danos la gracia de que el Espíritu de Jesús viva en nosotros, para que tu mundo nuevo vaya tomando forma en nosotros y siga creciendo progresivamente. Esta es nuestra súplica hoy, por mediación de Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Para este banquete de acción de gracias
traemos ante ti pan y vino,
regalos que tú mismo nos has dado.
Ellos expresan nuestra vida, con sus luchas.
Te pedimos que se conviertan en signos vivos
de la presencia entre nosotros de tu Hijo,
de modo que él nos sustente
en nuestro viaje a la vida y a la gloria eternas
y nos disponga a entregarnos con él
por la vida y felicidad de todo tu pueblo.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. R/ Amén.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Con un solo corazón y una sola voz alabemos y demos gracias al Padre porque a través
de Jesucristo ha dado sentido a nuestras vidas y nos ha prometido una vida y alegría sin fin.

Invitación al Padre Nuestro
Con las palabras de Jesús, nuestro pan de vida, pidamos a nuestro Padre del cielo
que nos dé siempre su pan, el de la eucaristía: R/ Padre nuestro...

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz en nuestros días.
Haznos nuevos de mente y de espíritu,
créanos de nuevo a tu imagen y semejanza
y aliméntanos con el pan de vida
mientras esperamos con alegre esperanza
la venida gloriosa de Aquél
que nos llevará a tu felicidad eterna,
nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino...

Al Partir el Pan
El pan que ahora partimos
es el pan de vida destinado a ser compartido por todos.
Fortalecidos con este alimento
trabajemos esforzadamente
para que nadie permanezca ni hambriento ni sediento.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, el Señor, el verdadero pan del cielo
que sacia toda clase de hambre.
Él nos dice ahora: “Yo soy el pan de vida
Quien viene a mí ya no tendrá más hambre;
quienquiera que crea en mí no tendrá más sed.”
Dichosos nosotros invitados a este banquete de salvación.
R/ Señor, no soy digno...

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre amoroso:
En el pan partido aquí para nosotros
reconocemos a Quien es la luz de vida,
Jesucristo, tu Hijo.
Danos siempre este pan;
que la eucaristía sea nuestro “pan de cada día”,
que resulta más sabroso cuando se comparte
con los que padecen cualquier clase de hambre.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. R/ Amén.

Bendición
Hermanos: El Señor mismo nos ha dicho hoy: “No trabajen por el alimento que perece, sino por el alimento que da vida.” Busquemos, pues, en nuestra vida al Señor y sus cosas de valor eterno: integridad, justicia y amor.
Que éste sea nuestro camino hacia Dios y hacia nuestros hermanos y hermanas, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. R/ Amén.

Podemos ir, como pueblo renovado por Cristo, en justicia y santidad. R/ Demos gracias a Dios.

Comentario al Evangelio del 

Queridos hermanos:

El domingo pasado vimos como Jesús alimentó a más de cinco mil hombres y después huyó cuando pretendían hacerlo rey. La multitud lo sigue y lo encuentra en Cafarnaúm, le preguntan: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”, como diciendo: ¿por qué nos abandonaste ayer?, es éste muchas veces nuestro lamento. Y Jesús responde: “Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros”. El texto nos quiere abrir a otra realidad, la del Pan de Vida: “Yo soy el pan de vida”.

“Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre”. ¿Por qué debemos trabajar?: por lo eterno que es lo profundo, contrapuesto a lo superficial; lo auténtico contrapuesto a lo falso; lo que vale y es por sí mismo, opuesto a lo que es y vale por su relación con otras cosas. Somos conscientes que en un mundo dominado por lo material, lo perecedero, lo de usar y tirar incluso en el amor, lo perdurable y eterno parece inútil, pues, lo que se busca, son resultados prácticos y tangibles: el enfermo quiere ser curado, el paralitico andar, el hambriento ser saciado, el sin techo casa, el solitario compañía… todos buscamos beneficios palpables, soluciones inmediatas.

Jesús se niega a ser considerado como un mero repartidor de pan, (cuantas cosas podríamos cuestionarnos sobre nuestra acción social o sobre la actividad de nuestras Cáritas), Él sabe que el ser humano tiene necesidad de un bienestar material, y, sin duda, hay que luchar para que todos y cada uno lo tengan, pero eso no es suficiente. Se trata de un problema de dignidad humana, se trata de dar Vida sin apellidos, que se traduce en el compartir y la solidaridad, (es el gesto de la multiplicación). Por eso: “Éste es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado” y en lo que Él predicó y significó: el Reino.
Creer es interpretar nuestra vida desde Cristo, es ser capaz de jugárselo todo por su palabra, reconociéndolo como lo absoluto, lo que vale la pena. Para estar dispuesto a esto podemos preguntarnos: “¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto”, y tú, ¿qué nos das? La tarde anterior también ellos habían comido hasta hartarse, y con esta pregunta queda claro que no se dieron cuenta de nada. No descubrieron que Jesús en su propia persona era el mejor signo de que Dios les estaba dando la vida.

Se lo explica: No fue Moisés quien les dio el pan en el desierto, sino Dios, porque toda la vida viene de Dios y ese era el signo de que toda la vida viene de Dios. Tendremos que reconocer aquello de aquel predicador que no dejaba de repetir: ¡tenemos que poner a Dios en nuestras vidas!, a lo que el Maestro le dijo: ya está en ellas, lo que tenemos que hacer es reconocerlo. Seguimos sin entender: “Danos siempre de ese pan”, ¡pero bueno, no te has enterado!: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed”. San Juan nos está guiando por el largo y oscuro camino de la fe. Somos buscadores del pan de la vida, no necesitamos milagros para ver dónde está la vida, basta ver a Jesús. Jesús es el milagro de Dios, el signo de su presencia.

Más adelante nos dirá Juan, que Jesús vino: “para que tengamos vida y vida en abundancia” (Jn 10,10), o como decía San Irineo de Lyón: “la gloria de Dios es que el hombre viva”. Aspiramos a la vida plena para nosotros y para los más necesitados, una vida que en ocasiones empezará por partir y compartir el pan en cada mesa, en cada casa, y terminará en el altar de la Eucaristía.
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