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Lecturas y Liturgia del 4 de Agosto de 2015

Lecturas del Martes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3   http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/17_7_TO.mp3

Martes, 4 de agosto de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de los Números (12,1-13):

En aquellos días, María y Aarón hablaron contra Moisés, a causa la mujer cusita que había tomado por esposa.
Dijeron: «¿Ha hablado el Señor sólo a Moisés? ¿No nos ha hablado también a nosotros?»
El Señor lo oyó. Moisés era el hombre más sufrido del mundo.
El Señor habló de repente a Moisés, Aarón y María: «Salid los tres hacia la tienda del encuentro.»
Y los tres salieron. El Señor bajó en la columna de nube y se colocó a la entrada de la tienda, y llamó a Aarón y María.
Ellos se adelantaron, y el Señor dijo: «Escuchad mis palabras: Cuando hay entre vosotros un profeta del Señor, me doy a conocer a él en visión y le hablo en sueños; no así a mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos. A él le hablo cara a cara; en presencia y no adivinando, contempla la figura del Señor. ¿Cómo os habéis atrevido a hablar contra mi siervo Moisés?»
La ira del Señor se encendió contra ellos, y el Señor se marchó. Al apartarse la nube de la tienda, María tenía toda la piel descolorida, como nieve. Aarón se volvió y la vio con toda la piel descolorida.
Entonces Aarón dijo a Moisés: «Perdón, señor; no nos exijas cuentas del pecado que hemos cometido insensatamente. No la dejes a María como un aborto que sale del vientre, con la mitad de la carne comida.»
Moisés suplicó al Señor: «Por favor, cúrala.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 50,3-4.5-6.12-13

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-36):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

Martes, 4 de agosto de 2015
CAMINANDO SOBRE LAS AGUAS
(Año I. Num 12:1-13; Mt 14:22-36)

Introducción
El profeta Jeremías primeramente recuerda al pueblo sobre el castigo por su infidelidad, pero después abre las perspectivas para una bella restauración, cuando Israel sea de nuevo pueblo de Dios y Dios sea su Dios.

Evangelio. El simbolismo de la narrativa del evangelio es muy fuerte. El agua embravecida del mar representa al mal, que traga a la gente. Jesús, el Señor, es más fuerte. Él invita a los discípulos y a la Iglesia entera a arriesgarse, desde la fe, a seguirle. La fe es insegura por sí misma; tenemos que pasar a través de las tormentas de la vida entre la fe y el temor. Pero el Señor está ahí, invisible, asegurándonos: ”Soy yo; Yo estoy con ustedes. No teman.”

Colecta
Señor Dios nuestro:
Estamos constantemente tensos
entre el miedo y la fe
mientras peleamos con el viento y con las olas
que amenazan nuestra fidelidad al evangelio.
Señor, danos la gracia de saber aceptar
que la fe nunca es humanamente segura
ni adquirida de una vez para siempre.
Hazla crecer en nosotros día a día,
para que no seamos pusilánimes y timoratos
sino que sigamos resuelta y coherentemente a tu Hijo,
Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
Por la Iglesia, cuando tiene que pasar por momentos difíciles de persecución, de ridículo o conflicto interno, para que, a pesar de todo, siga confiando en el Señor, roguemos al Señor.
Por los cristianos acosados por dudas interiores o que tienen que afrontar difíciles decisiones de conciencia, para que vean la mano salvadora que Jesús bondadosamente les tiende, roguemos al Señor.
Por la gente que tiene que hacer trabajos peligrosos, para que el Señor los proteja siempre, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú quieres cerciorarnos
de que estás tan cercano a nosotros
por medio de Aquél que es nuestro alimento y bebida,
tu Hijo Jesucristo.
Por él danos poder
para caminar por el tormentoso camino de la fe
y asumir los riesgos del amor,
para que sepamos superar nuestros miedos
y hacer de su palabra consoladora
el fundamento de nuestra vida y de nuestro trabajo,
ahora y hasta el fin de los tiempos.

Oración después de la Comunión
Dios todopoderoso:
Tú nos invitas por medio de Jesús, tu Hijo,
a abandonar nuestra tímida seguridad
y a caminar con él a través de las aguas
en entrega generosa a ti y a nuestro prójimo.
Aun cuando no veamos su mano
tendida hacia nosotros y agarrando la nuestra,
danos la suficiente fe para estar seguros
de que con él venceremos
y construiremos tu futuro en nuestro mundo tan humano,
hasta que nos lleve, a través de las dificultades, hacia ti,
Dios nuestro por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: El Señor nos ha dicho: “¡Ánimo, soy yo! No tengan miedo”. Él está con nosotros en nuestras luchas; nunca nos va a abandonar.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.




Comentario al Evangelio del 

José María Vegas, cmf
“Soy yo, no tengáis miedo”

El Evangelio de hoy empieza y termina con el encuentro de Jesús con las multitudes. Al principio, Jesús se queda con la gente a la que ha dado de comer “para despedirla”. Se ve que no se trataba de una despedida “al por mayor”, sino personal y que requería su tiempo, por lo que retrasa su partida y envía por delante a los apóstoles. Al final, Jesús vuelve a encontrarse con las masas que acuden a Él cargadas de enfermedades. En medio de estos dos encuentros se sitúa, por un lado, su oración en soledad, y, por el otro, el episodio de los discípulos en la barca con viento contrario.

Podemos entender este enmarque como una llamada a la Iglesia, la barca de los discípulos de Jesús: al trato personalizado, a la oración, y también a que no se cierre en sí misma ante los vientos contrarios que la zarandean. Es verdad que esta barca tiene muchos problemas, con frecuencia navega en medio de las olas encrespadas, amenazada con irse a pique. Pero si está en medio del mar y afrontando esos peligros es porque Jesús la ha enviado. La Palabra de Cristo es siempre una llamada a salir de sí, ponerse en camino, afrontar riesgos. Pero, en medio de la tempestad, existe la tentación de centrarse sólo en sí, en la propia salvación, viendo fantasmas que nos hacen gritar de miedo. A veces las tempestades son internas, como las envidias, los celos y las luchas por el poder, de que nos habla la primera lectura: son lepras que desfiguran el rostro de la Iglesia y requieren una oración de sanación. Entonces es fácil olvidar que, pese a los peligros, estamos en misión, enviados por el Señor, y asistidos y acompañados por Él. Jesús, retirado en la soledad de la oración, nos enseña con su ejemplo que el valor para afrontar los vientos contrarios se adquiere en el trato con Dios, que fortalece nuestra fe. “Tener fe” no es un estado inamovible.

La fe es una dimensión viva que puede crecer o disminuir, fortalecerse y debilitarse. Pedro tuvo la fe para lanzarse al mar encrespado, pero no la suficiente para caminar por las aguas: le pudo más el temor que la confianza. Su fe necesitaba crecer y fortalecerse de la mano del Maestro, el que nos salva de las tormentas y los fantasmas, amaina los vientos y nos lleva a buen puerto. La peligrosa travesía, en todo caso, no ha sido en vano: nos ha recordado, en primer lugar, que debemos estar siempre en camino, asumiendo riesgos; en segundo lugar, que ese estar en camino tiene un sentido de misión y de servicio: el Señor nos manda por delante para dar de comer a los hambrientos, anunciar el Reino de Dios (la presencia de Cristo) y sanar a los enfermos; por fin, el mismo camino y los peligros afrontados han fortalecido la fe de los discípulos, que en la calma tras la tempestad pudieron confesar “realmente eres Hijo de Dios”. Esa confesión de fe es la respuesta a las palabras de Jesús, el centro de toda la narración, y que debemos aprender a escuchar continuamente: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”

Cordialmente
José María Vegas cmf
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