GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO
Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA





SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger


Más en mi youtube

MANUALIDADES-SANTOS-etc
ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

Lecturas y Liturgia del 8 de Agosto de 2015

Lecturas del Sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_168.mp3

Sábado, 8 de agosto de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Deuteronomio (6,4-13):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales. Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres –a Abrahán, Isaac y Jacob– que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás hasta hartarte. Pero, cuidado: no olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a él sólo servirás, sólo en su nombre jurarás.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 17,2-3a.3bc-4.47.51ab

R/. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza

Yo te amo, Señor;
tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca,
mi alcázar, mi libertador. R/.

Dios mío, peña mía,
refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,14-20):
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: «Señor, ten compasión de mi hijo, que tiene epilepsia y le dan ataques; muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.»
Jesús contestó: «¡Generación perversa e infiel! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: «¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Les contestó: «Por vuestra poca fe. Os aseguro que si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

Sábado, 8 de agosto de 2015
AMA AL SEÑOR CON TODO TU CORAZÓN
(Dt 6:4-13; Mt 17:14-20)

Introducción
La bella Primera Lectura de hoy es el “Shema Israel”, “Escucha, Israel”, llamado según las primeras palabras del pasaje. Es un texto recitado por todo judío piadoso tres veces al día, o al menos una vez por la mañana, incluso hasta hoy. Este texto nos dice cómo Dios es un Dios liberador, quien gratuitamente ha hecho mucho por su pueblo. ¿Qué otra cosa debería hacer el pueblo, objeto del amor de Dios, sino responder con su amor y expresar esto con la fidelidad, lealtad y obediencia a sus mandamientos? Aunque el afecto no forma todavía mucho parte del Antiguo Testamento, al menos no podemos decir que es una era de solo ley y miedo.

Colecta
Señor, tú solo eres nuestro Dios.
Por medio de tu Hijo Jesucristo nos has sacado
de la esclavitud y de la oscuridad del pecado
para darnos una participación en tu propia vida y amor.
Gracias, Señor Dios nuestro, por tu generosidad.
Ayúdanos a compartir libremente
todo lo que somos y tenemos
sin pedir nada a cambio,
e inspira todas nuestras obras y trabajos
con el amor que tú siempre nos has manifestado
en Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que, unidos a toda la gente que cree profunda y sinceramente en Dios, nosotros también le amemos con toda nuestra mente y corazón, roguemos al Señor.
Para que los padres y abuelos de nuestras familias transmitan a sus hijos y nietos su viva fe en Dios, roguemos al Señor.
Para que constantemente sepamos dar sinceras gracias a Dios por todo lo que nos ha dado graciosa y gratuitamente, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro,
Hemos elaborado este pan y este vino
del trigo y de las uvas
que crecen y maduran en nuestros campos.
Tú te afanaste con nosotros
para que se convirtieran
en nuestro pan de cada día
y en nuestra bebida de alegría.
Danos ahora en ellos a Jesús, tu Hijo predilecto,
para que él sea el alimento que nos sustente
y la bebida que nos alegre en tu reino,
mientras él nos lleva hacia ti,
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de Jesús, tu Hijo,
nos has hablado a nosotros, tu pueblo,
y le hemos escuchado.
Lo hemos disfrutado sabrosamente
como nuestro alimento y bebida.
Te estamos agradecidos, y te amamos
por todo lo que nos has dado
y, más aún, por lo que tú eres:
nuestro Dios vivo que nos ama.
Acepta nuestros sentimientos de gratitud
y la garantía de que queremos servirte fielmente
junto con tu siervo siempre fiel y leal:
Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: “Escucha, Israel.” Escuchen también, cristianos. Nosotros
también profesamos con fe firme que el Señor es nuestro Dios, solo él. Y
queremos amarle con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda
nuestra fuerza.
Que Dios todopoderoso esté con ustedes y les bendiga, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, y que esta bendición permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del 

José María Vegas, cmf
El Señor, nuestro Dios, es solamente uno

La fe es hoy el centro de la Palabra de Dios. El conocido y hermoso texto del Deuteronomio, la “Shemá Israel” expresa la fe del Pueblo judío en el único Dios, que tiene tanta importancia que debe estar continuamente presente en la mente de los creyentes, y hacer todo lo que sea posible para recordarlo. El recuerdo de esta unicidad de Dios no está amenazado sólo por divinidades de los pueblos circundantes, sino también por esos bienes que se convierten en nuestros ídolos, cuando nos va bien en la vida y nos olvidamos del único Dios que puede salvarnos. A veces ciertas desgracias que amenazan nuestra vida de raíz y ante las que las seguridades materiales de nada sirven, nos obligan a volvernos a Dios e implorar de Él la salvación. El evangelio de hoy nos pone ante una de estas situaciones. Un padre angustiado ve cómo su hijo está poseído por una fuerza maligna que le impide vivir con autonomía y sentido. Después de probar todo tipo de remedios sin éxito, finalmente recurre a Jesús, por medio de sus discípulos (recordemos que en el momento de acudir a la ayuda de los apóstoles, Jesús se encontraba en el monte Tabor, con Pedro, Juan y Santiago). Los discípulos habían de hecho recibido del Maestro el poder de curar y expulsar demonios. Pero por motivos que desconocemos, en este caso, no habían tenido éxito. Jesús reacciona con una ira que nos desconcierta, pero, finalmente, cura al niño. Parece que la reacción de Cristo tiene que ver con la falta de fe de los discípulos y, posiblemente, del que solicita ayuda. Y es que, cuando acudimos a Dios sólo en situación de necesidad, lo hacemos, posiblemente, por un déficit de fe, acuciados sólo por los problemas para los que no encontramos solución. Queremos signos y favores para creer, en vez de creer como una apertura incondicional y confiada por la que permitimos entrar a Jesús en nuestra vida cotidiana, y no sólo “cuando nos hace falta”. Por parte de los discípulos, la poca fe se refiere, posiblemente a la falta de confianza en que la autoridad de Jesús, de la que nos ha hecho partícipes, actúa realmente en nosotros y nos habilita para sanar los espíritus afligidos por toda clase de males. Olvidamos con frecuencia que, además de la predicación del Evangelio y el perdón de los pecados, Jesús nos ha dado poder para sanar enfermedades (sobre todo, del alma, tantas veces profundamente herida de tantas maneras) y para expulsar demonios que nos amargan la existencia. El que ejerzamos tan poco estas posibilidades tan presentes en los Evangelios, ¿no será un índice de nuestra falta de fe?

Cordialmente
José María Vegas cmf
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified