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Lecturas y Liturgia del 23 de Agosto de 2015

Lecturas del Domingo 21º del Tiempo Ordinario - Ciclo B


MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_188.mp3

Domingo, 23 de agosto de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Josué (24,1-2a.15-17.18b):

En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: «Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.»
El pueblo respondió: «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 33,2-3.16-17.18-19.20-21.22-23

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra fe sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará. R/.

La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (5,21-32):

Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres corno Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Juan (6,60-69), del domingo, 23 de agosto de 2015
0
Lectura del santo evangelio según san Juan (6,60-69):

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 21º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Domingo, 23 de agosto de 2015
DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo B)
1. ¿Estás de mi Lado?
2. Hemos Tomado una Opción por Cristo
3. La Iglesia, aunque no Perfecta, por Dentro es Bonita

Saludo (Ver Segunda Lectura):
Cristo amó a su Iglesia;
Se entregó a sí mismo por ella
para hacerla santa y sin mancha;
l nos alimenta, y cuida de nosotros.
Que su amor y su paz estén siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante (Tres Opciones)

1. ¿Estás de mi Lado?
Después del Concilio Vaticano II muchos se sintieron afectados por las ideas más profundas con respecto al evangelio y a la fe, que el Espíritu había dado a su Iglesia: la mayoría de estos nuevos enfoques e ideas eran el resultado de un estudio teológico y bíblico más profundo, o simplemente eran un descubrir de nuevo verdades descuidadas u olvidadas. Para la mayoría, la renovación después del Concilio fue como un respirar profundo de aire fresco; pero, por el contrario, algunos tristemente se marcharon de la Iglesia. No podían digerir el cambio; no tenían espacio para el crecimiento de su fe. -- Hoy Jesús nos pregunta también a nosotros: ¿Puede crecer tu fe? ¿Me eliges a mí y a mi Iglesia o te aferras a tus propias ideas? ¿Estás de mi lado? Él nos invita, persuasivo: Elíjeme a mi, opta por mí, crece en fe y en amor hacia mí.

2. Hemos Tomado una Opción por Cristo
Desde que recibimos el bautismo pertenecemos a Cristo, como a nuestro Señor y Salvador, también como nuestro hermano. ¿Hemos experimentado alguna vez nuestra elección bautismal como una opción consciente y personal por Cristo? Nuestra presencia aquí en la eucaristía implica que sí la hemos experimentado así. ¿Confirmamos y reafirmamos esa opción personal por Cristo en nuestro vivir cristiano de cada día, en nuestras relaciones de amor, justicia y perdón con todos los que nos rodean? Cuando nuestra fe entra en crisis, ¿renovamos conscientemente nuestra opción y decimos: “Señor, ¿a quién acudiremos? Tú eres el Señor de mi vida.”

3. La Iglesia, aunque no Perfecta, por Dentro es Bonita.
¿Por qué permanecemos en la Iglesia, a pesar de que constatamos esos defectos que saltan a la vista, tanto en sus estructuras como en sus miembros? A mí, personalmente, me gustaría responder: Porque también veo sus numerosas cualidades y su profunda belleza. La Iglesia me trae su mensaje de vida, y especialmente, veo al Señor presente en ella. Es mi Iglesia, porque encuentro allí en ella a mi Señor. Él está presente aquí en la eucaristía, y también lo está en la comunidad. Y, por otra parte, reconozco que es una Iglesia en marcha y, por lo tanto, no puede ser todavía totalmente perfecta. Para mí la Iglesia no tiene que ser perfecta, porque es una Iglesia compuesta de frágiles seres humanos (fieles y líderes) que luchan y se esfuerzan, y, por lo tanto, el Señor está ahí trabajando en ella.


Acto Penitencial (Dos opciones: 1 y 1-2)

1.
Tenemos que reconocer con vergüenza
que con frecuencia nos hemos preferido a nosotros mismos,
nuestros intereses, ideas y bienestar
más que los de Dios y del prójimo.
Pidamos perdón al Señor.
(Pausa)
Señor Jesús, tú pones ante nosotros lo bueno y lo malo,
tu evangelio y nuestros modos humanos de vida
y nos mandas elegir entre los dos.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú te pones delante de nosotros,
a ti mismo y a tus mensajes de vida
y nos preguntas: ¿Tú también quieres abandonarme?
Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú pones delante de nosotros
el pan de vida de la eucaristía, y nos dices:
”Tomen y coman todos de él”.
Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor:
Sabemos que tú nos aceptas y nos perdonas.
A la inversa, danos la gracia
de aceptarte a ti con todo nuestro corazón;
y llévanos a la vida eterna.

2 y 3.
Pidamos al Señor que nos perdone
por nuestras dudas y vacilaciones
y por nuestra tibieza en nuestros esfuerzos para seguirle.
(Pausa)
Señor, ¿a quién iremos,
pues tú tienes el mensaje de vida eterna?
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, ¿a quién iremos,
si tú vienes con nosotros
en nuestro cansado caminar a través de la vida?
Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ¿a quién iremos,
si tú estás aquí en medio de nosotros
con tu amor y tu paciente perdón?
Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdónanos todos nuestros pecados.
Danos una fe viva, movida por el amor;
y llévanos a la vida eterna.


Oración Colecta
Roguemos a Dios que nos dé valor
para serle siempre fieles.
(Pausa)
Oh Dios, siempre fiel a la Alianza,
en las opciones que tenemos que hacer cada día
danos el valor para optar siempre
por tu Hijo y su estilo de vida,
y permanecer muy cercanos a él.
Bendice la ruta difícil
que a veces tenemos que tomar
sin ver siquiera a dónde nos lleva.
Líbranos de tomar decisiones poco entusiastas
que muestran que no tenemos suficiente fe.
Que aceptemos todas las consecuencias de nuestra opción.
Y guárdanos siempre fieles a tu Alianza y a tu amor
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Jos 24:1-2ª, 15-17, 18b): El Pueblo de Dios escoge al Señor.
El pueblo de Dios es consciente de que debe su libertad y su país, la Tierra Prometida, al amor liberador de Dios. Los hebreos deciden ligar su destino al de Dios y servirle fielmente.

Segunda Lectura (Ef 5:21-32): La Alianza Matrimonial
En el matrimonio, los cónyuges se eligen el uno al otro para un amor y fidelidad de por vida, y se entregan mutuamente como Cristo se entregó a sí mismo a la Iglesia.
Evangelio (Jn 6:60-69): ¿Me eliges a mí?
Las inquietantes preguntas de Jesús enfrentan a los apóstoles con la necesidad de una opción radical. Muchos le abandonan. Pedro, hablando aparentemente en nombre de todos los apóstoles, expresa su fe firme en el Señor.

Oración de los Fieles
Oremos a Dios, nuestro Padre en el cielo, que es la fuente y el que da sentido a nuestras vidas, y digámosle: R/ Señor, que venga a nosotros tu reino.
- Para que el evangelio del Señor siga impactando e interpelando a los ministros consagrados de la Iglesia (obispos, sacerdotes y diáconos) como un mensaje siempre nuevo, y que lo proclamen con convicción y con nuevo ardor, roguemos al Señor.
- Para que los que han sido elegidos para servir al Señor, en el sacerdocio o en la vida consagrada, continúen entregándose con alegría y fidelidad a Dios y a su pueblo, roguemos al Señor.
- Para que los que en matrimonio se han prometido fidelidad el uno al otro sigan creciendo en el amor y sean reflejo claro del amor de Dios por su Iglesia, roguemos al Señor.
- Para que ninguno de nosotros vayamos tras falsos dioses por cobardía, indiferencia o superficialidad; y para que no seamos egoístas buscando servirnos a nosotros mismos, sino que aprendamos a vivir para los demás, roguemos al Señor.
- Para que los que no encuentran sentido a su vida descubran un Dios a quien amar y adorar, gracias al testimonio vivo de fe, esperanza y amor que ven plasmado en las comunidades cristianas, roguemos al Señor.

Señor Dios y Padre nuestro, tú nos has escogido como pueblo tuyo. Guárdanos fieles a tu amor, viviendo en libertad y confianza, para que tú seas nuestro Dios ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
La muerte de Jesús, tu Hijo,
fue el precio que tú pagaste por nuestra libertad.
En estos signos de pan y vino que te ofrecemos
l se nos da de nuevo
como nuestro alimento y bebida de vida.
Por su fuerza, queremos ir hacia ti y hacia los hermanos
como carne y sangre entregadas para otros,
movidos por la fe y la esperanza en tu reino
que durará firme para siempre,
por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Alabamos a Dios por habernos elegido en Cristo
para formar su pueblo santo.
Alabamos también a Dios en nombre de todas las criaturas.


Invitación al Padre Nuestro
Dios nos ha elegido para ser su hijos e hijas.
Con Jesús, reconocemos su amor
y acudimos a él como a nuestro Padre: R/ Padre Nuestro...

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor,
de toda servidumbre del pecado y del mal,
y perdónanos nuestras infidelidades.
Haznos libres para servirte a ti y a los hermanos
en un clima de amor y de justicia,
mientras aguardamos con gozosa esperanza
el crecimiento de tu reino entre nosotros
y la venida gloriosa de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Porque tuyo es el reino...

Al Partir el Pan (A. Schilling)
Partimos el pan de Jesucristo.
Él mismo fue partido y roto por gente como nosotros.
Mucha felicidad y esperanza
están siendo partidas y compartidas por la gente.
Compartimos el pan de Jesucristo,
porque él ha compartido primero su vida con nosotros.
Cuando cada uno de nosotros
partimos y compartimos nuestro pan y nuestra vida con otros,
mucho queda curado y sanado.

Invitación a la Comunión
Este es nuestro Señor Jesucristo,
Cordero de Dios, que dijo:
”Los que comen mi carne y beben mi sangre
tienen la vida eterna en sí mismos.”
Dichosos nosotros si podemos decirle a él:
“Señor, ¿a quién iremos?
Tú tienes palabras y mensaje de vida eterna.”


Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
En respuesta a tu amor,
te hemos escogido a ti en el bautismo
como a Dios de nuestras vidas.
Por la fuerza de esta eucaristía
ayúdanos a renovar día a día
este compromiso hacia ti y hacia tu reino.
Que tu Hijo Jesús construya con nosotros
una comunidad de servicio y de paz,
y aun cuando se vaya realizando demasiado lentamente
asegúranos que a su debido tiempo, tu tiempo,
la semilla dará su fruto
que durará para siempre,
por los siglos de los siglos.

Bendición
Tenemos experiencia en la vida
de que tenemos que hacer muchas opciones.
Cuando se trata de materias importantes
nuestra primera consideración debería ser siempre:
¿Qué quiere Dios de mí, qué quiere que haga?
A la luz del evangelio, ¿qué decisión debería yo adoptar?
La elección no es siempre ni fácil ni clara.
Que el Señor les dé a ustedes luz y valor
para elegir siempre lo mejor según el evangelio;
y que él les ame y les bendiga abundantemente:
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Podemos ir en paz y hacer de cada acción de vida una opción por el Señor.
R/ Demos gracias a Dios.

El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario del Domingo 21º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna»
Rev. D. Miquel VENQUE i To
(Barcelona, España)
Hoy, el Evangelio nos sitúa en Cafarnaúm, donde Jesús es seguido por muchos por haber visto sus milagros, en especial por la multiplicación espectacular de los panes. Socialmente, Jesús allí tiene el riesgo de morir de éxito, como se dice frecuentemente; incluso lo quieren nombrar rey. Es un momento clave dentro de la catequesis de Jesús. Es el momento en el que comienza a exponer con toda claridad la dimensión sobrenatural de su mensaje. Y, como que Jesús es tan buen catequista, sacerdote perfecto, el mejor obispo y papa, les deja marchar, siente pena, pero Él es fiel a su mensaje, el éxito popular no lo ciega.

Decía un gran sacerdote que, a lo largo de la historia de la Iglesia, han caído personas que parecían columnas imprescindibles: «Se volvieron atrás y ya no andaban con Él» (Jn 6,66). Tú y yo podemos caer, “pasar”, marchar, criticar, “ir a la nuestra”. Con humildad y confianza digámosle al buen Jesús que queremos serle fieles hoy, mañana y todos los días; que nos haga ver el poco sentido evangélico que tiene discutir las enseñanzas de Dios o de la Iglesia por el hecho de que “no los entiendo”: «Señor, ¿a quién iremos?» (Jn 6,68). Pidamos más sentido sobrenatural. Sólo en Jesús y dentro de su Iglesia encontramos la Palabra de vida eterna: «Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6,68).

Como Pedro, nosotros sabemos que Jesús nos habla con lenguaje sobrenatural, lenguaje que hay que sintonizar correctamente para entrar en su pleno sentido; en caso contrario sólo oímos ruidos incoherentes y desagradables; hay que afinar la sintonía. Como Pedro, también en nuestra vida de cristianos tenemos momentos en los que hay que renovar y manifestar que estamos en Jesús y que queremos seguir con Él. Pedro amaba a Jesucristo, por eso se quedó; los otros lo querían por el pan, por los “caramelos”, por razones políticas y lo dejan. El secreto de la fidelidad es amar, confiar. Pidamos a la Virgo fidelis que nos ayude hoy y ahora a ser fieles a la Iglesia que tenemos.
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