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Lecturas y Liturgia del 25 de Agosto de 2015

Lecturas del Martes de la 21ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA    http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_191.mp3

Martes, 25 de agosto de 2015
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2,1-8):


Sabéis muy bien, hermanos, que nuestra visita no fue inútil. A pesar de los sufrimientos e injurias padecidos en Filipos, que ya conocéis, tuvimos valor –apoyados en nuestro Dios– para predicaros el Evangelio de Dios en medio de fuerte oposición. Nuestra exhortación no procedía de error o de motivos turbios, ni usaba engaños, sino que Dios nos ha aprobado y nos ha confiado el Evangelio, y así lo predicamos, no para contentar a los hombres, sino a Dios, que aprueba nuestras intenciones. Como bien sabéis, nunca hemos tenido palabras de adulación ni codicia disimulada. Dios es testigo. No pretendimos honor de los hombres, ni de vosotros, ni de los demás, aunque, como apóstoles de Cristo, podíamos haberos hablado autoritariamente; por el contrario, os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 138,1-3.4-6


R/. Señor, tú me sondeas y me conoces

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,23-26):


En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 21ª semana del Tiempo Ordinario

Martes, 25 de agosto de 2015
UNA BUENA COMUNIDAD CRISTIANA (Año I. 1 Tes 1:1-5, 8b-10; Mt 23:13-22)

Introducción

La sola razón por la que estamos ahora juntos aquí es porque creemos en Dios y en su Hijo Jesucristo; porque por el Espíritu Santo esperamos las promesas de Dios nuestro Padre y el futuro al que Jesucristo nos conduce; y porque estamos unidos, por el Espíritu de amor que nos lleva a amar a Dios y a los hermanos.
Estas son las señales de una buena comunidad cristiana, por las que Pablo alaba a sus cristianos de Tesalónica, que fue la primera fundación cristiana en Europa (en la actual Salónica, en Grecia). La Primera Carta a los Tesalonicenses es también el primer documento del Nuevo Testamento, escrito en el año 51 de la era cristiana.
Que ojalá la fe, la esperanza y el amor sean características que nos identifiquen a nosotros y a todas nuestras comunidades cristianas.

Evangelio. Cuando nos aferramos a la letra de la ley sin preocuparnos por su espíritu, fácilmente nos convertimos en hipócritas, quizás sin darnos cuenta del todo; lo mismo cuando en el nombre de la tradición le quitamos a la ley toda vida, o peor todavía: cuando hablamos lindas palabras, pero actuamos de manera diferente. Por ejemplo, cuando hablamos de pobreza, comunidad, o diálogo, pero vivimos en gran estilo, a lo rico, o fallamos en comunicarnos cálidamente con los otros, de persona a persona. Tales contradicciones son la suerte no solo de los Escribas y Fariseos del tiempo de Jesús: Con frecuencia están también aquí con nosotros.


Oración Colecta
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú sueñas en que seamos el cuerpo visible de tu Hijo.
Danos una fe fuerte y profunda,
como una luz en la tiniebla
que nos ilumine a nosotros y a nuestros prójimos,
estén lejos o cerca.
Que la esperanza nos sostenga
en nuestro caminar hacia ti y hacia los hermanos,
y líbranos siempre del desaliento.
Que el Espíritu Santo nos enlace juntos
en un amor fiel y leal
que esté siempre dispuesto
a excusar, a confiar, a esperar,
y, venga lo que venga, a aguantar con firmeza,
a causa de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
- Por la comunidad de la Iglesia, para que nuestros líderes nos inspiren con su fe, y para que nosotros llevemos la paz y la alegría de Dios a un mundo que vive en urgente necesidad de esperanza y amor, roguemos al Señor.
- Por nuestra comunidad nacional, nuestro país, para que donde estemos divididos haya reconciliación, y que tanto el pueblo como sus líderes, crean firmemente y trabajen sin descanso por un futuro mejor basado en la justicia, en el respeto a la dignidad de las personas y en la paz, roguemos al Señor.
- Por nuestras comunidades de religiosos y religiosas, para que sus miembros se acepten, se respeten y se enriquezcan mutuamente; y que esto redunde en un mejor servicio a la Iglesia y al evangelio, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Con fe llena de confianza
te presentamos estos dones de pan y vino.
Unidos a nuestro Señor Jesucristo
nos ofrecemos a ti;
te presentamos especialmente
nuestra buena disposición para servir
y nuestro fuerte deseo
de ser cada vez más como él.
Acepta nuestra ofrenda,
por medio del mismo Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Acabamos de celebrar el misterio de fe
de Jesucristo nuestro Señor.
Que siga viviendo él
en nuestros corazones y en nuestra conducta,
y nos marque con su amor, un amor sin fronteras,
para que pueda él crecer en nosotros
y para que nosotros construyamos esperanzados
tu reino de justicia y de paz,
que durará por siempre, por los siglos de los siglos.

Bendición
Es bueno oír la gozosa alabanza que Pablo da a la fervorosa iglesia de Tesalónica, una buena comunidad cristiana. ¡Ojalá nuestra comunidad mereciera semejante alabanza!
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.




Comentario del Miércoles de la 21ª semana del Tiempo Ordinario

«Purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura»
Fr. Austin NORRIS
(Mumbai, India)
Hoy tenemos la impresión de “pillar” a Jesús en un arrebato de mal humor —realmente alguien le ha hecho sentir molesto. Jesucristo se siente incómodo con la falsa religiosidad, las peticiones pomposas y la piedad egoísta. Él ha notado un vacío de amor, a saber, echa en falta «la justicia, la misericordia y la fe» (Mt 23,23) tras las acciones superficiales con las que tratan de cumplir la Ley. Jesús encarna esas cualidades en su persona y ministerio. Él era la justicia, la misericordia y la fe. Sus acciones, milagros, sanaciones y palabras rezumaban estos verdaderos fundamentos, que fluyen de su corazón amoroso. Para Jesucristo no se trataba de una cuestión de “Ley”, sino que era un asunto de corazón…

Incluso en las palabras de castigo vemos en Dios un toque de amor, importante para quienes quieran volver a lo básico: «Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios» (Miq 6,8). El Papa Francisco dijo: «Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia... Recordemos al profeta Isaías, cuando afirma que, aunque nuestros pecados fueran rojo escarlata, el Amor de Dios los volverá blancos como la nieve. Es hermoso, esto de la misericordia».

«¡Purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!» (Mt 23,26). ¡Cuán cierto es eso para cada uno de nosotros! Sabemos cómo la limpieza personal nos hace sentir frescos y vibrantes por dentro y por fuera. Más aun, en el ámbito espiritual y moral nuestro interior, nuestro espíritu, si está limpio y sano brillará en buenas obras y acciones que honren a Dios y le rindan un verdadero homenaje (cf. Jn 5,23). Fijémonos en el marco más grande del amor, de la justicia y de la fe y no nos perdamos en menudencias que consumen nuestro tiempo, nos empequeñecen y nos hacen quisquillosos. ¡Saltemos al vasto océano del Amor de Dios y no nos conformemos con riachuelos de mezquindad!

«Purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura»
Hno. Lluís SERRA i Llançana
(Roma, Italia)
Hoy, Jesús toma una clara actitud de denuncia: «¡Ay de vosotros (...)! ¡Ay de vosotros (...)!» (Mt 23,23.25). Su objetivo son los maestros de la Ley y los fariseos, que representan a las clases poderosas porque ejercen sobre el pueblo un dominio espiritual y moral. ¿Cómo pueden orientar a la gente si son “guías ciegos”? Su ceguera reside en la incoherencia de observar escrupulosamente los pequeños detalles, que tienen su importancia, y dejar de lado las cosas fundamentales, como la justicia, el amor y la fidelidad. Tienen cuidado de su imagen, que no corresponde con su interior, lleno de «rapiña y codicia» (Mt 23,25). Curiosamente, Jesús emplea términos relativos a aspectos económicos.

El Evangelio de hoy constituye una invitación a que las personas y los grupos más relevantes de las comunidades cristianas, es decir, sus guías, hagan un examen de conciencia. ¿Respetamos los valores fundamentales? ¿Valoramos más las normas que a las personas? ¿Imponemos a los demás aquello que no somos capaces de cumplir nosotros mismos? ¿Hablamos desde la suficiencia de nuestras ideas o desde la humildad de nuestro corazón? Como decía Helder Cámara: «Quisiera ser un charco de agua para reflejar el cielo». ¿Ve la gente en sus pastores hombres de Dios, que distinguen lo accesorio de lo fundamental? La debilidad merece comprensión, la hipocresía provoca rechazo.

Al escuchar el Evangelio de hoy podemos caer en una trampa. Jesús dice a los maestros de la Ley y a los fariseos que son hipócritas. También los había sinceros. Nosotros podemos pensar que este texto se puede interpretar actualmente para los obispos y sacerdotes. Ciertamente, como guías de las comunidades cristianas, tienen que estar atentos para no caer en las actitudes que Jesús denuncia, pero hay que recordar que todo creyente —hombre y mujer— puede alojar en su interior un “fariseo ciego”. Jesús nos invita: «Purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura» (Mt 23,26). La espiritualidad tiene las raíces en el interior del corazón.
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