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Lecturas y Liturgia del 26 de Agosto de 2015

Lecturas del Miércoles de la 21ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3 http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_192.mp3

Miércoles, 26 de agosto de 2015
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2,9-13):

Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de lo leal, recto e irreprochable que fue nuestro proceder con vosotros, los creyentes; sabéis perfectamente que tratamos con cada uno de vosotros personalmente, como un padre con sus hijos, animándoos con tono suave y enérgico a vivir como se merece Dios, que os ha llamado a su reino y gloria. Ésa es la razón por la que no cesarnos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros, los creyentes.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 138,7-8.9-10.11-12ab

R/. Señor, tú me sondeas y me conoces

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. R/.

Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha. R/.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,27-32):

En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 21ª semana del Tiempo Ordinario

Miércoles, 26 de agosto de 2015
¡HIPOCRESÍA, NO!
(1 Tes 2:9-13; Mt 3:27-32)

Introducción
Dichosos nosotros si podemos decir, con San Pablo, que no hemos hecho nada solo para agradar a la gente, sino que nuestro único propósito es agradar a Dios y cuidarse delicadamente de la gente.
Evangelio. Probablemente estamos de acuerdo con la fuerte condenación de Jesús de la hipocresía de los fariseos. Pero la hipocresía nunca murió: todavía la tenemos aquí con nosotros hoy. El encalar y blanquear las tumbas es moda hoy todavía, y desde una corrupción inicialmente individual ha penetrado y se ha extendido en la sociedad misma. Los errores del estado, y los de la Iglesia también, son encubiertos. Se pasan por alto y en silencio las injusticias y la explotación, o bien se las condena en términos tan generales que incluso los opresores están de acuerdo con la condena. Cerramos nuestros ojos, y nuestras conciencias se quedan tranquilas, porque pensamos que no participamos ni contribuimos al mal que continúa activo y destructor. Nuestras acciones no están a la altura ni de nuestras palabras ni de nuestra fe.

Oración Colecta
Oh Dios justo y misericordioso:
Tú conoces lo que hay en nosotros.
Perdónanos, por que con frecuencia estamos tan ocupados
que no tenemos tiempo para pararnos, mirar atrás
y ayudar a los que se sienten demasiado cansados
para seguir adelante.
Perdónanos porque muchas veces
condenamos a los demás
sin haber intentado comprenderles.
Que la justicia, la misericordia y el servicio
no sean asunto exclusivo de otros
sino que sean nuestra preocupación y nuestra vida,
motivados por aquél que nos dijo
que teníamos que buscarle y acogerle en los otros,
Jesucristo nuestro Señor
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Intenciones
Por los que dan testimonio de la verdad, para que el Espíritu Santo ponga en su boca las palabras sabias y justas, roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que sepamos hacer nuestro trabajo y cumplir nuestra misión en la vida con toda conciencia y con todo celo, roguemos al Señor.
Por todos nosotros que celebramos la eucaristía, para que Jesús, el Señor, nos haga personas auténticas y dignas de confianza, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo pagó con su vida
porque no pudieron convencerle
de abandonar su propósito
de hacer al pueblo verdaderamente libre en ti;
pero tú le resucitaste a una vida nueva y eterna.
Al unirnos a él ahora en su sacrificio,
haznos sinceros y comprometidos con él,
en honestidad y en verdad, cueste lo que cueste,
para que podamos superar sin temor
la prueba de tu escrutinio
y vivir en tu luz,
ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Las palabras de Jesús que hemos oído hoy
eran duras y dirigidas no solamente a otros,
sino también a nosotros,
para que las pongamos en práctica.
Por la fuerza de esta eucaristía
ayúdanos a vivir coherentes con nuestra fe
y a ser honestos con nosotros mismos y con los demás.
Haz que no solamente hablemos de paz y amor,
sino que seamos de verdad hombres y mujeres de paz
y constructores de comunidad por el amor
en y por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: ¡No cedamos nunca ante la tentación de intentar aparecer ante los demás mejor de lo que somos, hasta intentando quizás, de alguna manera, impresionar al mismo Dios!
Pidamos humildemente su bendición. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.



Comentario del Miércoles de la 21ª semana del Tiempo Ordinario

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!»
+ Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué
(Manresa, Barcelona, España)
Hoy, como en los días anteriores y los que siguen, contemplamos a Jesús fuera de sí, condenando actitudes incompatibles con un vivir digno, no solamente cristiano, sino también humano: «Por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad» (Mt 23,28). Viene a confirmar que la sinceridad, la honradez, la lealtad, la nobleza..., son virtudes queridas por Dios y, también, muy apreciadas por los humanos.

Para no caer, pues, en la hipocresía, tengo que ser muy sincero. Primero, con Dios, porque me quiere limpio de corazón y que deteste toda mentira por ser Él totalmente puro, la Verdad absoluta. Segundo, conmigo mismo, para no ser yo el primer engañado, exponiéndome a pecar contra el Espíritu Santo al no reconocer los propios pecados ni manifestarlos con claridad en el sacramento de la Penitencia, o por no confiar suficientemente en Dios, que nunca condena a quien hace de hijo pródigo ni pierde a nadie por el hecho de ser pecador, sino por no reconocerse como tal. En tercer lugar, con los otros, ya que también —como Jesús— a todos nos pone fuera de sí la mentira, el engaño, la falta de sinceridad, de honradez, de lealtad, de nobleza..., y, por esto mismo, hemos de aplicarnos el principio: «Lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie».

Estas tres actitudes —que podemos considerar de sentido común— las hemos de hacer nuestras para no caer en la hipocresía, y hacernos cargo de que necesitamos la gracia santificante, debido al pecado original ocasionado por el “padre de la mentira”: el demonio. Por esto, haremos caso de la exhortación de san Josemaría: «A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo»; tendremos también presente a Orígenes, que dice: «Toda santidad fingida yace muerta porque no obra impulsada por Dios», y nos regiremos, siempre, por el principio elemental y simple propuesto por Jesús: «Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’» (Mt 5,37).

María no se pasa en palabras, pero su sí al bien, a la gracia, fue único y veraz; su no al mal, al pecado, fue rotundo y sincero.
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