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Lecturas y Liturgia del 13 de Septiembre de 2015

Lecturas del Domingo de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/2401TOB.mp3

Fuente: ciudad redonda.org

Domingo, 13 de septiembre de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (50,5-9a):

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Palabra de Dios


Salmo
Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9
R/. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.

Amo al Señor, porque escucha mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco. R/.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.» R/.

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó. R/.

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol Santiago (2,14-18):

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Marcos (8,27-35), del domingo, 13 de septiembre de 2015
0
Lectura del santo evangelio según san Marcos (8,27-35):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus díscípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.»
Él les prohibió terminantemente decirselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

Palabra del Señor

Liturgia del Domingo de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Domingo, 13 de septiembre de 2015
Saludo (Ver el Salmo Responsorial)

Confiamos en el Señor, que nos libera de la muerte eterna,
que está a nuestro lado en la tristeza y aflicción,
y que guarda nuestros pies para no tropezar.
Que el Señor esté siempre con ustedes.
R/ Y con tu espíritu.

Introducción por el Celebrante

A. ¿SEGUIMOS A JESÚS?

¿Qué es lo que andamos buscando en la vida? Buena salud, felicidad en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestra fe, buenas relaciones con nosotros mismos, con la gente y con Dios. Cuando Jesús nos dice hoy que tenemos que seguirle cargando las cruces que nos encontramos en la vida, ¿aceptamos eso como discípulos de Jesús hoy? ¿Lo tomamos como parte de nuestra fe o bien decimos: "Señor, cualquier cosa..., pero ésta no"? Jesús nos asegura: "Quien pierda su vida por mí, la encontrará, la salvará." --- Preparémonos para el encuentro con el Señor; él nos va a dirigir su palabra salvadora.

B. ¿CONOCEMOS A JESÚS?

Al recitar el Credo profesamos: "Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor." Afirmamos que conocemos quién es él, nuestro Señor y Salvador. Pero ¿le conocemos realmente? Para conocerlo profundamente no solamente tenemos que escuchar lo que él dice, sino conocer cómo vivió y murió, dándose totalmente al Padre y a los hombres. Pero ni eso es suficiente: debemos seguir sus huellas entregándonos sin reservas ni condiciones a Dios y a los hermanos. Entonces conoceremos a Jesús por experiencia personal y profunda.


Acto Penitencial

A. ¿SEGUIMOS A JESÚS?
Normalmente, tenemos miedo a la cruz.
Pidamos perdón al Señor
Por no haber aceptado siempre nuestras cruces.
(Pausa)


Señor Jesús, tú sufriste fuertemente, sobre todo en la cruz, y nos pides tomar nuestras cruces siguiéndote a ti. Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, a ti te eliminaron dándote muerte y nos pides que perdamos nuestra vida por ti. Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú resucitaste al tercer día y nos prometes que encontraremos vida contigo. Señor, ten piedad de nosotros.

Señor, perdona todos nuestros pecados, sálvanos del mal y de la muerte y llévanos a una vida plena y eterna. R/ Amén.

B. ¿CONOCEMOS A JESÚS?

Conoceríamos mejor al Señor si le siguiéramos más y mejor en su amor, que se olvida de sí mismo.
Pidámosle a Jesús que nos perdone de nuestro egoísmo.
(Pausa)

Señor Jesús, tú eres la verdad, tú eres nuestra vida;
los que esperan en ti nunca quedarán defraudados.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú eres el Ungido enviado por el Padre, que te has entregado totalmente a nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú eres nuestro camino, y nos dices que nos hemos de amar unos a otros como tú nos has amado.
Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor, cúranos de nuestra superficialidad y ayúdanos a seguirte generosamente mientras nos llevas a la vida eterna. R/ Amén.

Oración Colecta

A. ¿SEGUIMOS A JESÚS?

Pidamos a Dios que nos enseñe
a cargar nuestras cruces con Jesús.
(Pausa)
Señor Dios, confianza y esperanza nuestra:
Tú nos has hecho para la felicidad.
Cuando la buscamos por medio de gloriosos sueños
de prosperidad, éxito y ausencia de sufrimiento
ayúdanos a afrontar las realidades duras de la vida real.
Que sepamos aceptar la insegura oscuridad
de la humildad y el sufrimiento
como el precio a pagar por la luz y la alegría.
Enséñanos el camino de tu Hijo Jesucristo,
que murió por propia y libre voluntad
para que nosotros tengamos nueva vida
y seamos definitivamente felices.
Te lo pedimos en el nombre
del mismo Jesús, el Señor. R/ Amén.

B. ¿CONOCEMOS A JESÚS?

Pidamos que nuestro conocimiento de Jesús
llegue a ser muy profundo y personal.
(Pausa)
Oh Padre, lleno de amor:
Hoy tu Hijo Jesús nos pregunta
quién es él, qué significa él para nosotros.
Ayúdanos a llegar a conocerle personalmente
participando de su propia vida de entrega hasta el fin
y de su servicio generoso y desinteresado,
incluyendo su cruz.
Que lleguemos, pues, a ser sus amigos
sintiéndole como vida de nuestra vida,
y con él seamos siervos, unos de otros,
y siervos tuyos, nuestro Dios viviente.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén

Oración de los Fieles

Oremos a nuestro Dios de vida y amor, que nos ha creado para ser felices, que aprendamos a afrontar las responsabilidades y dificultades de la vida, y digamos: R/ Señor, escucha el clamor de tu pueblo.

- Por la Iglesia, para que no sienta vergüenza de predicar a Cristo crucificado y de ser ante el mundo humilde y modesta como él, roguemos al Señor.

- Por las víctimas de injusticia y de pobreza, para que nosotros tengamos el valor de alzarnos en su favor y llevarles justicia y amor, roguemos al Señor.

- Por los rezagados en la vida, por la pobre gente que "no cuenta" a los ojos del mundo, para que no sean inhumanamente pisoteados por los grandes y poderosos, roguemos al Señor.

- Por los inadaptados a la vida, por aquellos cuyas ideas o conducta no compartimos, para que sepamos respetarlos y tener un corazón grande y un amplio espacio para ellos, roguemos al Señor.

- Por los enfermos y discapacitados, para que saquen fuerza espiritual al saber cuán cerca están del Señor Sufriente, y que nosotros tengamos la sensibilidad y delicadeza de visitarlos frecuentemente y de cuidar cariñosamente de ellos, roguemos al Señor.

Señor Dios nuestro: Las cruces de este mundo son nuestras, ya que Cristo es nuestro. Hazlas tuyas también, Señor, para hacérnoslas más livianas, ya que Cristo cargó su cruz por todos nosotros, él que es Hijo tuyo y Señor nuestro por los siglos de los siglos. Amén.

Oración sobre las Ofrendas

Padre nuestro, que estás en el cielo:
Tu Hijo Jesús se entrega a sí mismo por nosotros
en los signos de pan nutritivo
hecho de granos de trigo triturados,
y de espumoso vino que da alegría
procedente de uvas exprimidas.

Con este alimento y bebida de vida
danos la mentalidad y actitudes de tu Hijo,
para que sepamos morir a nosotros mismos
por tu amor y por el de nuestros hermanos.
Que éste sea el mejor sacrificio que te ofrecemos
por medio de Jesucristo, nuestro Señor. R/ Amén.

Introducción a la Plegaria Eucarística

Demos gracias y alabanza al Padre por habernos salvado y liberado por el sufrimiento y resurrección de Jesús. Ahora nos unimos a él en su mismo sacrificio. Que él nos dé la fuerza necesaria para cargar nuestra cruz en los sacrificios que se nos presentan en la vida de cada día.


Introducción a la Oración del Señor, el Padre Nuestro

Con las palabras de Jesús, nuestro Salvador, pidamos al Padre del cielo el pan eucarístico, que nos da fuerza y vigor para poder seguir sus pasos : R/ Padre nuestro....

Líbranos, Señor

Líbranos, Señor, de todos los males,
y de nuestro miedo a entregarnos generosamente
a ti y a todos los que tú amas.
Danos la actitud y el valor
para vencer y superar
la realidad del sufrimiento de la vida,
aceptándolo, y transformándolo
en un regalo de amor y fidelidad,
en la ruta que nos lleva a la gloriosa venida
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino...

Invitación a la Comunión

Este es el Cordero de Dios
que voluntariamente aceptó el sufrimiento y la muerte
para quitar el pecado del mundo.
Dichosos nosotros, invitados a tomar parte en este sacrificio,
y así participar también un día de su vida de resucitado.
R/ Señor, no soy digno.



Oración después de la Comunión

Señor Dios nuestro:
Te damos gracias
Por dirigirnos tu palabra de vida
y sustentarnos con el pan de la eucaristía,
pan de fortaleza.
Envíanos al mundo para que todos nos ayudemos
a llevar nuestras cruces
y compartamos mutuamente nuestras alegrías.
Que no solamente admiremos a tu Hijo
por haber cargado animosamente su cruz,
sino que le sigamos en el camino doloroso
que nos lleva a la vida y a la gloria.
Concédenoslo por el mismo Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén

Bendición

Hermanos: Jesús no se desentendió ni se escapó de las dificultades y sufrimientos propios de su misión en su vida.
Que Dios nos dé a todos la misma lealtad y fortaleza para cumplir nuestra propia misión como seguidores de Jesús.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Vayamos juntos, como hermanos, por el camino de Jesús, el Señor. R/ Demos gracias a Dios

El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario del Domingo de la 23ª semana del Tiempo Ordinario

Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

A lo largo de los siglos los pintores, músicos, poetas, escritores, escultores y sobre todo teólogos, han intentado dar respuesta a la pregunta de: ¿quién es Jesús? Se le ha dado todo tipo de títulos y la historia en occidente se cuenta a partir de su nacimiento. Hoy vuelve la pregunta en este texto: “¿quién dice la gente que soy yo?”. Este evangelio del domingo podemos dividirlo en dos partes: en la primera, Jesús nos dice quién es él y cómo debemos pensarlo. En la segunda, él mismo indica quién somos nosotros en cuanto seguidores suyos.

“Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros Elías, y otros, uno de los profetas”. Antes, sus paisanos habían contestado: “el hijo del carpintero”, sus familiares: “está fuera de sí”, los fariseos: “es un poseso y endemoniado”. Hay, como hoy, opiniones para todo: el Hijo de Dios, un revolucionario, un mito que no existió, un gran hombre, un líder, un reformador social, algo cósmico… Las respuestas son de una variedad desconcertante. Así era ya en tiempos de Jesús, por eso la pregunta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”.

Es la gran pregunta, porque puede suceder que sigamos a Jesús sin saber a quién seguimos y que llevemos su nombre sin saber que significa. Pedro dice: “Tú eres el Mesías” y en nosotros suena como frase aprendida: “Tú eres el Hijo de Dios”, “El Cristo”, “el Salvador” y otras formulas que utilizamos para definirle y que en ocasiones poco nos implican. La pregunta es personal y también comunitaria y la respuesta nos la da el mismo Jesús: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. “Se lo explicaba con toda claridad”, nos dice Marcos. Nos muestra un camino de dolor, de cruz, de rechazo; bastante lejos de lo que Pedro y nosotros deseamos.

“Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo, Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!”. Jesús le indica que en su imaginación ha construido algo que corresponde a sus deseos, pero no a la realidad de lo que Él es. Nuestra fe está siempre en peligro de quedarse en una pura confesión de palabra y dejar fuera la realidad desagradable. El plan de Dios sobre mi vida no suele coincidir con mis ideas y si coincide demasiado, sospecha. Ser discípulo de Jesús significa seguir su camino, no los propios deseos. No significa buscar la cruz, sino aceptarla, ni esperar ser perseguido; estas son consecuencias que vendrán si le seguimos con coherencia.

En la segunda parte del texto evangélico, Jesús no se dirige sólo a los apóstoles, sino a todos los que quieran seguirlo y nos marca el camino: “Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”. Negarse a sí mismo, cargar con la cruz, perder la vida… es una invitación: “El que quiera”. Hay diversas maneras de encarar la pregunta inicial: “Y vosotros ¿quién decís que soy?”. El cristiano sacrifica todo, renuncia a todo, por la libertad de amar sin medida. La cruz ya está en nuestra sociedad y en nosotros, pero nadie nos podrá cargar con ella.

Debemos arriesgar y tomarla nosotros mismos, si no la tomamos, seguiremos en el egoísmo, no podemos dar una respuesta neutral y prudente en la que uno no se incluya. Si la tomamos quizás muramos en ella.

Difícil decisión, podemos leer ahora toda la primera lectura de Isaías y como él dice: “no echarnos atrás”, “mirad, mi Señor me ayuda”. Seguimos al Siervo; no es tan fácil, no sólo de palabra sino con las obras, dar respuesta a ciertas preguntas.omentario del Domingo de la 23ª semana del Tiempo Ordinario
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