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Lecturas y Liturgia del 17 de Septiembre de 2015

Lecturas del Jueves de la 24ª semana de Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_220.mp3

Fuente: ciudad redonda.org

Jueves, 17 de septiembre de 2015
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4,12-16):


Nadie te desprecie por ser joven; sé tú un modelo para los fieles, en el hablar y en la conducta, en el amor, la fe y la honradez. Mientras llego, preocúpate de la lectura pública, de animar y enseñar. No descuides el don que posees, que se te concedió por indicación de una profecía con la imposición de manos de los presbíteros. Preocúpate de esas cosas y dedícate a ellas, para que todos vean cómo adelantas. Cuídate tú y cuida la enseñanza; sé constante; si lo haces, te salva ras a ti y a los que te escuchan.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 110,7-8.9.10


R/. Grandes son las obras del Señor

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R/.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible. R/.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (7,36-50):


En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»
Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»
Él respondió: «Dímelo, maestro.»
Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»
Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»
Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.»
Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»
Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Palabra del Señor

Liturgia del Jueves de la 24ª semana de Tiempo Ordinario

Jueves, 17 de septiembre de 2015
ENCUENTRO DE PERDÓN


Introducción
En la antigüedad, uno se consideraba supuestamente maduro no antes de los cincuenta años. Timoteo debía tener unos treinta solamente cuando Pablo le escribió su primera carta. Pablo le aconseja desarrollar el carisma que ha recibido en su ordenación, por medio de la imposición de las manos. Timoteo tiene que ser un maestro de la palabra de Dios y su vida debe dar testimonio de su fe.
Evangelio. Una mujer de mala reputación aparentemente merecida, se acerca a Jesús y muestra de forma más bien extravagante que algo en ella clama por una clase de amor más puro del que había experimentado hasta ahora en su vida. Su encuentro con Jesús en fe y amor le llevó al perdón, para escándalo de los buenos judíos, religiosos practicantes. --- Para nosotros también, el encuentro de Jesús con nosotros es siempre un encuentro de perdón.

Oración Colecta
Oh Dios, Padre, lleno de paciencia y amor:
Tú enviaste a tu Hijo en medio de nosotros
para sanar lo que está roto y herido.
Él, con su bondad, tocó profundamente nuestro corazón
y no rompió la caña aplastada.
Perdona, Padre, nuestros pecados.
Que tu Santo Espíritu continúe en nosotros
el trabajo de nuestra conversión
y haznos pacientes y comprensivos
tanto con los que nos quieren
como con los que nos fallan o rechazan.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que la comunidad de la Iglesia, pueblo de Dios, sea para todos una fuente de paz, de perdón y de reconciliación, y de nuevas oportunidades para el mañana, roguemos al Señor.
Para que seamos respetuosos y amables al juzgar a otros, conscientes de que cada uno de nosotros necesita también perdón, roguemos al Señor.
Para que en nuestras familias y comunidades estemos atentos al bien y a las cosas buenas que constantemente se hacen, y no nos desalentemos por nuestras faltas y defectos, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has invitado a encontrarnos con tu Hijo
y a ofrecer con él el sacrificio
que perdona nuestros pecados.
Dispón nuestro corazón para perdonar a los otros
como tú nos perdonas
y para participar, en la mesa eucarística de tu Hijo,
del pan de unidad y reconciliación.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.


Oración después de la Comunión
Oh Padre misericordioso:
En esta eucaristía
tu Hijo Jesús nos ha dicho a nosotros también:
“Tus pecados te son perdonados”
y ha compartido con nosotros la comida que nos reconcilia.
Que todo esto profundice más nuestro amor hacia ti
y nos disponga a extender una mano de perdón y de paz
a los que nos han ofendido
y a los que nosotros mismos hemos herido.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo el Señor.

Bendición
Hermanos: Jesús nos ha dicho a nosotros también su palabra de perdón,: “Tus pecados te son perdonados.” Que se pueda decir también de nosotros que en nuestra vida y conducta mostramos un gran amor, tanto a Dios como a nuestro prójimo.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario del Jueves de la 24ª semana de Tiempo Ordinario

«A los pies de Jesús, comenzó a llorar»
Mons. José Ignacio ALEMANY Grau, Obispo Emérito de Chachapoyas
(Chachapoyas, Perú)
Hoy, Simón fariseo, invita a comer a Jesús para llamar la atención de la gente. Era un acto de vanidad, pero el trato que dio a Jesús al recibirlo, no correspondió ni siquiera a lo más elemental.

Mientras cenan, una pecadora pública hace un gran acto de humildad: «Poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume» (Lc 7,38).

El fariseo, en cambio, al recibir a Jesús no le dio el beso del saludo, agua para sus pies, toalla para secarlos, ni le ungió la cabeza con aceite. Además el fariseo piensa mal: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora» (Lc 7,39). ¡De hecho, el que no sabía con quién trataba era el fariseo!

El Papa Francisco ha insistido mucho en la importancia de acercarse a los enfermos y así “tocar la carne de Cristo”. Al canonizar a santa Guadalupe García, Francisco dijo: «Renunciar a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús; amar la pobreza, para poder amar más a los pobres, enfermos y abandonados, para servirles con ternura y compasión: esto se llama “tocar la carne de Cristo”. Los pobres, abandonados, enfermos y los marginados son la carne de Cristo». Jesús tocaba a los enfermos y se dejaba tocar por ellos y los pecadores.

La pecadora del Evangelio tocó a Jesús y Él estaba feliz viendo cómo se transformaba su corazón. Por eso le regaló la paz recompensando su fe valiente. —Tú, amigo, ¿te acercas con amor para tocar la carne de Cristo en tantos que pasan junto a ti y te necesitan? Si sabes hacerlo, tu recompensa será la paz con Dios, con los demás y contigo mismo.

«Tu fe te ha salvado. Vete en paz»
Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell
(Agullana, Girona, España)
Hoy, el Evangelio nos llama a estar atentos al perdón que el Señor nos ofrece: «Tus pecados quedan perdonados» (Lc 7,48). Es preciso que los cristianos recordemos dos cosas: que debemos perdonar sin juzgar a la persona y que hemos de amar mucho porque hemos sido perdonados gratuitamente por Dios. Hay como un doble movimiento: el perdón recibido y el perdón amoroso que debemos dar.

«Cuando alguien os insulte, no le echéis la culpa, echádsela al demonio en todo caso, que le hace insultar, y descargad en él toda vuestra ira; en cambio, compadeced al desgraciado que obra lo que el diablo le hace obrar» (San Juan Crisóstomo). No se debe juzgar a la persona sino reprobar el acto malo. La persona es objeto continuado del amor del Señor, son los actos los que nos alejan de Dios. Nosotros, pues, hemos de estar siempre dispuestos a perdonar, acoger y amar a la persona, pero a rechazar aquellos actos contrarios al amor de Dios.

«Quien peca lesiona el honor de Dios y su amor, su propia dignidad de hombre llamado a ser hijo de Dios y el bien espiritual de la Iglesia, de la que cada cristiano ha de ser piedra viva» (Catecismo de la Iglesia, n. 1487). A través del Sacramento de la Penitencia la persona tiene la posibilidad y la oportunidad de rehacer su relación con Dios y con toda la Iglesia. La respuesta al perdón recibido sólo puede ser el amor. La recuperación de la gracia y la reconciliación ha de conducirnos a amar con un amor divinizado. ¡Somos llamados a amar como Dios ama!

Preguntémonos hoy especialmente si nos damos cuenta de la grandeza del perdón de Dios, si somos de aquellos que aman a la persona y luchan contra el pecado y, finalmente, si acudimos confiadamente al Sacramento de la Reconciliación. Todo lo podemos con el auxilio de Dios. Que nuestra oración humilde nos ayude.
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