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Lecturas y Liturgia del 28 de Septiembre de 2015

Lecturas del Lunes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_235.mp3

Lunes, 28 de septiembre de 2015
Primera lectura
Lectura de la profecía de Zacarías (8,1-8):

En aquellos días, vino la palabra del Señor de los ejércitos: «Así dice el Señor de los ejércitos: Siento gran celo por Sión, gran cólera en favor de ella. Así dice el Señor: Volveré a Sión y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén se llamará Ciudad Fiel, y el monte del Señor de los ejércitos, Monte Santo. Así dice el Señor de los ejércitos: De nuevo se sentarán en las calles de Jerusalén ancianos y ancianas, hombres que, de viejos, se apoyan en bastones.
Las calles de Jerusalén se llenarán de muchachos y muchachas que jugarán en la calle. Así dice el Señor de los ejércitos: Si el resto del pueblo lo encuentra imposible aquel día, ¿será también imposible a mis ojos? –oráculo del Señor de los ejércitos–. Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país de occidente, y los traeré para que habiten en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios con verdad y con justicia.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 101,16-18.19-21.29.22-23

R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,46-50):

En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante.
Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»
Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir.»
Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Lunes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

Lunes, 28 de septiembre de 2015
COMO NIÑOS (Año I. Zac 8,1-8; Lc 9,46-50)

Introducción
Año I. El capítulo de hoy de Zacarías es una añadidura a su profecía, escrita posteriormente por sus discípulos. Nos describe la restauración del “Resto”, con gente fiel, jóvenes y ancianos, en las calles de Jerusalén, y Dios viviendo en medio de ellos.
Evangelio. Tenemos que ser como niños, pero no pueriles... Somos hijos de Dios, pero no bebés inconscientes. Tenemos que ir creciendo constantemente hasta la madurez de Cristo, para ir rehaciendo nuestra unidad, nuestro centro, con la ayuda del Espíritu.

 Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesucristo se convirtió en hijo del pueblo.
Él hizo de los niños el símbolo privilegiado
del verdadero discípulo adulto.
Danos la gracia de tener
la apertura y receptividad de un niño:
humilde, auténtico,
y abierto a tu amor y a tus dones,
ya que solo así llenarás nuestro vacío
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Por los que consideramos los “más grandes” en la Iglesia (el papa, los obispos, los sacerdotes) para que sepan servir con gran entrega y sin despreciar o menospreciar a los más débiles, pobres y heridos en la vida, roguemos al Señor.
R/ Señor, en ti confiamos.
Por los poderosos de este mundo, para que se preocupen de los derechos humanos y de la dignidad y el bienestar de sus encomendados, especialmente de los más débiles, pequeños y destituidos, roguemos al Señor.
R/ Señor, en ti confiamos.
Por los que trabajan en oficios bajos y rehuídos por la sociedad; por los que trabajan en oficios peligrosos para la salud o para la vida; por los que trabajan cuidando a ancianos o a discapacitados, para que nosotros les apreciemos a ellos y a sus trabajos, y que el Señor les proteja y ayude, roguemos al Señor.
R/ Señor, en ti confiamos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios:
Venimos ante ti con nuestra humana sabiduría:
seguros de nosotros mismos, sofisticados, mundanos.
Danos la gracia de percatarnos, Señor,
de que tenemos que aceptar tu sabiduría,
la sabiduría de confianza y sencillez,
la sabiduría que nos es difícil de aceptar plenamente,
la sabiduría de Jesús crucificado.
Solamente así estaremos listos para aceptar
a un Dios que se hizo hombre y habita entre nosotros,
Jesucristo, nuestro Salvador y nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Somos tus hijos y tú eres nuestro Padre.
Que todos nosotros crezcamos
hasta la plena madurez de Jesucristo,
pues éste es, Padre, tu deseo:
que mantengamos hacia ti la apertura del niño,
pero que alcancemos la adultez plena
de Cristo Jesús, Dios como tú,
sin embargo Hijo fiel y totalmente humano.
Él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Recordemos lo que nos ha dicho el Señor: “Quien acoge a un niño en mi nombre me acoge a mí”. Amemos a los niños y aprendamos de ellos; olvidemos la competición ridícula para llegar a ser el más grande y el mejor.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.



Comentario del Lunes de la 26ª semana del Tiempo Ordinario

Carlos Latorre, cmf
Queridos amigos:

¿Por qué los seres humanos somos tan sensibles y deseos de sobresalir por encima de los demás y de llamar la atención? Se dice, y es verdad, que el demonio siempre nos tienta por nuestro lado más débil. Con la mano sobre el pecho pidamos al Señor que nos dé humildad y sencillez y un corazón “católico”, que no excluya ni tenga en menos a nadie.

En el evangelio de hoy encontramos dos instrucciones. La primera tiene que ver con la forma de entender el reino de Dios. Es una realidad en la que ya no cuentan los títulos, la posición social y los puestos burocráticos.

La segunda instrucción está en relación con los que predicaban y realizaban milagros en nombre de Jesús, pero no pertenecían al grupo de sus discípulos.

Los amigos que rodeaban a Jesús y sus apóstoles también sufrieron los arañazos del vicio de una envidia disimulada: “los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante”. Llevaban ya bastante tiempo viviendo con Jesús, pero todavía no habían llegado a entender su forma de ser y los objetivos de su predicación y de sus muchos milagros.

Una y otra vez Jesús les enseña que la acogida de toda clase de personas y la humildad deben ser la máxima norma de todo discípulo suyo. Por eso la comunidad cristiana no se puede construir sobre el orgullo, buscando medrar y ser más que los demás. Leemos estas palabras que en su sencillez son una lección de mucha actualidad: “Jesús cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante.»

Las palabras del apóstol Juan no encajan con la actividad tan abierta, católica, de Jesús. Nadie tiene la exclusividad en la lucha contra los poderes del mal, pues lo único importante es que el reino se abra camino. Esta actitud de Jesús nos demuestra que Él es mucho más abierto que muchos a que a sí mismos se consideran y se llaman católicos. Nadie que haga el bien puede ser molestado sólo porque «no pertenece a los nuestros», ya que hacer el bien es lo propio de todo ser humano. Dios, su amor, su misericordia, su paternidad, son más grandes que cualquier grupo o comunidad de cualquier denominación.

La palabra de Dios es la verdad precisamente porque nos enseña el camino que nos lleva a la salvación, a la vida eterna donde todos sus hijos nos reuniremos en torno a nuestro Padre y disfrutaremos de su compañía. Dios es un Padre que quiere ver a todos sus hijos reunidos en casa.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero Claretiano.

Fuente: http://www.ciudadredonda.org/
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