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Lecturas y Liturgia del 5 de Septiembre de 2015

Lecturas del Sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/22_Sab_TO.mp3

Sábado, 5 de septiembre de 2015
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,21-23):

Antes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, Dios os ha reconciliado para haceros santos, sin mancha y sin reproche en su presencia. La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. En el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui nombrado su ministro.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 53,3-4.6.8

R/. Dios es mi auxilio

Oh Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mi con tu poder.
Oh Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R/.

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,1-5):

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano.
Unos fariseos les preguntaron: «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?»
Jesús les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros.»
Y añadió: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sábado de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Sábado, 5 de septiembre de 2015
LA LEY TIENE QUE SERVIR AL PUEBLO

Introducción

Evangelio. Un signo frecuente de inseguridad que observamos en la gente es que busca seguridad interior precisamente en las leyes y tradiciones. Cuanto más insisten en las leyes e intentan doblegar al pueblo a las mismas leyes, mayor es su inseguridad. Se supone que las leyes son para el servicio de la comunidad, no al revés. Las leyes nunca tienen que convertirse en una obstrucción o una cortina entre Dios y el pueblo. No son algo absoluto en sí mismas, sino servidoras de la gente.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Jesús, tu Hijo, vino no para abolir la ley
sino para cumplirla con las dimensiones del amor.
No permitas que los mandamientos y las reglas de conducta
se interpongan entre ti y nosotros, tu pueblo,
sino que nos dirijan suavemente,
como buenas educadoras,
hacia ti y hacia nuestro prójimo;
y enséñanos a ir más allá de la ley
con generosidad y amor servicial.
Haznos libres con la libertad que nos trajo
tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
Para que los cristianos perciban los mandamientos como puertas hacia la libertad contra el pecado y contra el mal, y como medios para servir a Dios y a los hermanos, roguemos al Señor.
Para que los legisladores en todo el mundo elaboren leyes que sean humanas y que sirvan al bien de todos en la comunidad, roguemos al Señor.
Para que todos nosotros busquemos seguridad interior en el amor a Dios y en el servicio a los hermanos, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de estos signos de pan y vino,
que son dones tuyos para nosotros y fruto de nuestro trabajo,
nos ponemos totalmente a tu disposición.
No permitas que busquemos falsa seguridad interior
solo observando la letra de la ley,
sino ayúdanos a buscar la inseguridad y el riesgo
de entregarnos a ti y a tu pueblo,
como hizo Jesús, tu Hijo,
que contigo y con nosotros vive ahora
y esperamos que viva siempre,
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
En esta eucaristía hemos celebrado
el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo.
Él siguió la ley del corazón
e hizo del amor el corazón de todas las leyes.
Que el pan de vida de tu Hijo,
que acabamos de recibir en comunión,
haga nuestro amor inventivo y creador
para el servicio de los hermanos.
Ayúdanos a seguir las directivas
de nuestra conciencia y de nuestro corazón
en el Espíritu de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Cristo nos ha liberado; por él somos libres. No renunciemos a esta libertad adhiriéndonos servilmente a prácticas externas y a tradiciones que no reflejan el evangelio.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.



Comentario al Evangelio del 

Conrado Bueno, cmf
La libertad de los hijos de Dios

Mirad la diferencia. Desde los inicios, la Iglesia contempló el domingo como el gran día, Pascua semanal, día de la Resurrección de su Señor. Y sacó las consecuencias: es día de alegría, de festejos y de descanso (“de descanso”, en tiempos lejanos y alejados de las conquistas sociales, como el descanso semanal). Y, en el centro, la Eucaristía, la Misa Mayor para todos. Pero llegan los leguleyos, los de corazón estrecho, varados en sus minucias, y corrompen el proyecto de Dios y de la Iglesia. A la alegría le ponen adjetivos, “alegría espiritual”; fuera lo que ellos juzgan cosas del mundo. Para el descanso se empieza a distinguir trabajos serviles, trabajos liberales; y a una pobre madre de familia numerosa le entran escrúpulos porque tiene que aprovechar un tiempo del domingo para tener a punto la ropa de los suyos. ¿Y la Eucaristía? Más que gozarse en una comunidad que celebra la muerte y el triunfo de Jesús, salvación para todos, comienza la casuística de si esta obligación de atender a un enfermo me quita la obligación “del precepto”, de si he llegado “al evangelio” para queno haya pecado mortal; y no digamos nada de los tiempos del ayuno desde la medianoche anterior. (Sí, ya sé que estas cosas se han ido modulando hacia maneras menos tajantes, pero se intentaba ejemplificar).

Jesús es, a la vez, “Señor del sábado” y exquisito cumplidor de la ley del sábado: acude puntualmente, cada sábado, a la sinagoga, para orar y escuchar la Palabra. Cuántas veces comienza la narración de los milagros con la expresión “al salir Jesús de la sinagoga”. El sábado era para los judíos el día más importante, día de descanso, de culto, de festejo popular. Pero llegaron los intransigentes, exageradores en extremo de la ley, que se enfadan porque los discípulos cometían el gran pecado de tomar unas espigas del camino para matar el hambre. Jesús les responde desde el mismo campo de los intolerantes: pero si el mismo David y los suyos comieron panes sagrados, reservados a los sacerdotes, en un momento de necesidad.

Cuidemos el sábado, respetemos la ley, conservemos la tradición. Pero huyamos de las exageraciones particulares que maltratan al hombre para el que fue constituido el sábado. No nos inventemos leyes y normas (con nombres de orden, de religión, de seguridad, de “la verdad”, etc.) que deterioran la imagen de Dios en los hombres. Que la norma no devore al hombre.

En general, para la vida cotidiana de la familia, del trabajo, de la comunidad eclesial, no seamos fáciles en dar vueltas a las minucias, sin importancia. Nuestro diccionario llama a estos con términos muy expresivos: quisquillosos, puntillosos, meticulosos, nimios, picajosos, chinches, tiquismiquis, etc., etc. No lo olvidemos: ir en contra del hombre es ir contra Dios (aunque digamos que “defendemos a Dios”).

Pero, sobre todo, celebremos bien el domingo. Vivimos bien la Eucaristía del domingo: en comunidad, la Palabra de Dios nos habla, Cristo muerto y resucitado se hace presente y lo sentimos, nos sentamos a la mesa del vino nuevo, oramos, en comunión, por todos, y salimos nuevos. Así, solo así, lejos de toda nimiedad, con grandeza de corazón, alabaremos -libres, más libres- a Dios y amaremos de verdad a todos.
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