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Lecturas y Liturgia del 31 de Octubre de 2015

Lecturas del Sábado de la 30 Semana Tiempo ordinario

MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_276.mp3

Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,1-2a.11-12.25-29):


¿Habrá Dios desechado a su pueblo? De ningún modo. También yo soy israelita, descendiente de Abrahán, de la tribu de Benjamín. Dios no ha desechado al pueblo que él eligió. Pregunto ahora: ¿Han caído para no levantarse? Por supuesto que no. Por haber caído ellos, la salvación ha pasado a los gentiles, para dar envidia a Israel. Por otra parte, si su caída es riqueza para el mundo, es decir, si su devaluación es la riqueza de los gentiles, ¿qué será cuando alcancen su pleno valor? Hay aquí una profunda verdad, hermanos, y, para evitar pretensiones entre vosotros, no quiero que la ignoréis: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que entren todos los pueblos; entonces todo Israel se salvará, según el texto de la Escritura: «Llegará de Sión el Libertador, para alejar los crímenes de Jacob; así será la alianza que haré con ellos cuando perdone sus pecados.» Considerando el Evangelio, son enemigos, y ha sido para vuestro bien; pero considerando la elección, Dios los ama en atención a los patriarcas, pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 93,12-13a.14-15.17-18

R/. El Señor no rechaza a su pueblo

Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que enseñas tu ley,
dándole descanso tras los años duros. R/.

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón. R/.

Si el Señor no me hubiera auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia, Señor, me sostiene. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,1.7-11):

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor

Liturgia viva del 

CONOCE TU LUGAR: EL DEL SERVICIO
(Rom 11,1-2. 11-12. 35-29; Lc 14,1.7-11)

Introducción
Año I. Si un amigo en quien confiamos nos sale desleal, nos sentimos gravemente heridos y nos resulta casi imposible permanecerle fieles. Con Dios no sucede así. Él permaneció siempre fiel a Israel, aun cuando casi todo el pueblo, excepto un pequeño resto, le abandonó. Sin embargo, los judíos conservan un papel en los planes de Dios, al facilitar la entrada de las naciones paganas a la fe en Jesús, por encima del posible exclusivismo de un solo pueblo.
Evangelio. Nuestro Señor nos invita a su mesa. Él sabe que tenemos defectos, que le hemos ofendido a él mismo y a otros, por el mal que hemos hecho y el bien que hemos omitido. Aun sabiendo quiénes y cómo somos, Dios todavía nos ama y nos invita como a amigos a sentarnos con él a su mesa. Participemos humildemente en su banquete eucarístico y pidámosle que nos haga más acogedores de los humildes, de los que cometen errores, y de los pobres.

Oración Colecta
Oh Dios, Padre nuestro, que alzas a los humildes:
Tu Hijo Jesús vino a nuestro mundo
como el siervo de todos
y tuvo especial cariño por los desvalidos y desamparados.
Con él, haz que sepamos respetar y apreciar
a los débiles, los indefensos y los humildes,
y aceptar ser contados entre ellos.
Disponnos para ayudarles
y para buscar la ayuda que ellos puedan darnos,
pues tú también has derramado
tu misericordia sobre nosotros,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Señor, en nuestro mundo los poderosos son respetados y los humildes son despreciados. Recuerda y bendice a los humildes. Por eso te decimos: R/ Escúchanos, Señor.
Señor, en muchos de nuestros hogares, hay enfermos, ancianos, débiles, personas solas, que son desatendidos y abandonados. Recuerda y bendice a todos ellos y a todos los que sufren. Por eso te decimos: R/ Escúchanos, Señor.
Señor, muchos niños y muchos ancianos sin hogar tienen solamente la calle donde vivir y dormir. Recuérdalos a todos, bendícelos y alivia sus penas con la solidaridad de sus hermanos. Por eso te decimos: R/ Escúchanos, Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú no tienes en cuenta la pobreza de nuestros corazones
y nos has dado un puesto de honor
a la mesa de tu Hijo.
Junto a él vamos a participar del pan de vida
y del vino de salvación.
Que aprendamos de él a vivir al servicio de todos,
para que un día puedas reservarnos un puesto,
por humilde que sea,
en el banquete de la fiesta eterna,
junto al mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Aquí estamos ante ti como huéspedes,
invitados a tu mesa por tu Hijo Jesucristo.
Te damos gracias porque él nos ha aceptado
sin juzgarnos ni condenarnos,
a pesar de que nuestra fe es de ojos turbios
y frecuentemente cojeamos y caemos
cuando intentamos seguirle.
Disponnos también a aceptar en nuestra vida,
como amigos y huéspedes, a los pobres y a los débiles,
justamente como tú nos has aceptado a nosotros
en Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Si queremos que Jesús el Señor viva entre nosotros, solamente hay un lugar que nos cuadra bien: el último lugar, el puesto de la gente que sabe cómo servir. No hay lugar para pretender vanidosamente lo que en realidad no somos.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes.


Comentario al Evangelio 

Queridas amigas y amigos:

El evangelio de hoy parece centrarse en la humildad como culmina el relato. Pero Jesús no define ni describe esta virtud. Sirviéndose de parábolas dibuja con honda sencillez su perfil. Partamos del hecho de que, a cada uno, se nos valora y clasifica por lo que hacemos, por lo que parecemos, por lo que decimos y por la manera en que lo decimos. Jesús se fija en lo primero –la conducta externa- para ofrecer tres enseñanzas concatenadas sobre la humildad.

La humildad de aceptar el propio lugar. La humildad va referida a la opinión que tenemos sobre nosotros mismos y sobre los demás. Es una facultad que nos permite reconocer cuál es nuestro verdadero lugar y situarnos en él. Es una forma de autoconocimiento (conocernos) que desemboca en la autoaceptación (amarnos). Observamos, no obstante, que hay algo en lo que cada persona supera a todas las demás. Por tanto, todos merecemos el primer puesto y, a la vez, nadie lo merece. Ese principio evita tanto la autoglorificación como el autodesprecio.
La humildad de ocupar el último puesto. En algún lugar de nuestro ADN llevamos inscrita la tendencia indómita a ser los únicos o, cuando no, los primeros. El primer puesto es un imán que seduce y arrastra a costa de lo que sea. Lo vemos todos los días en el mundo de la política, del deporte, de la economía, de la vida académica... y de la misma familia, o de la comunidad cristiana. La existencia de envidias y complejos lo muestran fehacientemente. Pues bien, Jesús nos enseña a afrontar esa tendencia y a ocupar “nuestro” lugar con dos máximas: Una es activa: ceder el primer lugar a otro, dejar que sea otro quien ocupe el primer lugar. La segunda es pasiva: dejar que otros nos indiquen nuestro verdadero lugar. Para ello hay que conjugar el verbo “bajar”. Como dijo bellamente el poeta: «Baja y subirás volando / al cielo de tu consuelo, / porque para subir al cielo / se sube siempre bajando».
La humildad de ocupar el primer puesto. Los primeros puestos son muy apetecibles; pero también peligrosos. No debemos idealizar las cosas. Esos lugares llevan aparejadas muchas preocupaciones y embrollos. Por esa razón muchos se mantienen alejados de los primeros puestos. Tal actitud puede ser catalogada como prudente, pero no necesariamente como cristiana por el egoísmo que suele esconder. El amor a Dios y al prójimo deben llevarnos a sacrificar humildemente la propia paz cuando se nos requiere para un servicio abnegado y difícil. De hecho muchos quieren mandar, pero son muy pocos los que con un corazón magnánimo se muestran disponibles para lavar humildemente los pies de los hermanos, como hizo Jesús. Hoy como siempre, los primeros puestos exigen una sobredosis de humildad.
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