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Lecturas y Liturgia del 14 de Noviembre de 2015

Lecturas del Sábado de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA    http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/32_7_TO.mp3

Sábado, 14 de noviembre de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de la Sabiduría (18,14-16;19,6-9):

Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable, desde el trono real de los cielos al país condenado; llevaba la espada afilada de tu orden terminante; se detuvo y lo llenó todo de muerte; pisaba la tierra y tocaba el cielo. Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes, cambió radicalmente de naturaleza, para guardar incólumes a tus hijos. Se vio la nube dando sombra al campamento, la tierra firme emergiendo donde había antes agua, el mar Rojo convertido en camino practicable y el violento oleaje hecho una vega verde; por allí pasaron, en formación compacta, los que iban protegidos por tu mano, presenciando prodigios asombrosos. Retozaban como potros y triscaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 104,2-3.36-37.42-43


R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su virilidad.
Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y entre sus tribus nadie tropezaba. R/.

Porque se acordaba de la palabra sagrada
que había dado a su siervo Abrahán,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con gritos de triunfo. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."»
Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sábado de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

Sábado, 14 de noviembre de 2015
ORACIÓN INSISTENTE
(Sab 18,14-16; 19,6-9; Lc 18,1-8)

Introducción
Para el Pueblo Hebreo, su salvación a través del Mar Rojo y su marcha a través del desierto fueron como una nueva creación. Dios los protegió y los condujo a la libertad. ---Esto nos recuerda cómo nuestro “paso” a través de las aguas salvadoras del bautismo nos ha recreado como el nuevo Pueblo de Dios.
Evangelio. Lucas ha debido pensar en los que oran, y luego piensan que Dios no actúa cuando ellos le suplican. Hay también un tono escatológico en las palabras de Jesús para que la demora en la venida del reino no nos desaliente. De todos modos, nuestra oración debería ser siempre insistente y llena de confianza.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Sabemos que eres nuestro Padre amoroso,
que nos esperas, y que estás atento a nosotros
en cada momento de nuestras vidas.
Que nuestra oración te llegue hoy a ti
como un aliento de esperanza y un grito de confianza
que brotan de la pobreza de nuestros corazones.
Y si alguna vez tienes que denegar nuestra plegaria
cuando pedimos cosas inconvenientes o inútiles,
danos lo que realmente necesitamos
y guarda viva nuestra confianza
de que tú eres bueno y cariñoso con nosotros
ya que nos amas en Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.

Intenciones
Por los ministros de la Iglesia consagrados, que sean hombres y mujeres de oración, y conscientes de las palabras del Señor, “Sin mí no pueden ustedes hacer nada,” roguemos al Señor.
Por todos los que buscan a Dios, para que entren en un diálogo con él, rogando desde el fondo del corazón para que descubran cómo pueden vivir su vida cristiana, roguemos al Señor.
Por todos los cristianos, para que nuestras oraciones por los pobres y los que sufren nos comprometan más seriamente a proporcionarles justicia, a aligerar sus pesadas cargas y a restaurar su dignidad como personas, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú no puedes ignorar nuestra oración
si tenemos confianza total en ti.
Que el Espíritu Santo aquí ahora entre nosotros
nos mueva a orar confiada e insistentemente.
Que él clame desde nuestros corazones
y te llame, con nosotros, “Padre nuestro”,
por medio de aquél que se ofrece a si mismo
y nos ofrece a nosotros a ti,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Junto con Jesús hemos alzado nuestras manos
en oración hacia ti, nuestro Dios de vida.
Con Jesús seguimos confiando en ti.
Así pues, escúchanos, también en nuestras penas y luchas,
cuando estemos desalentados
y andemos a tientas en la oscuridad,
pues creemos que tú nos amas
y quieres que encontremos la felicidad,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Habríamos de guardar en nuestra mente que la oración no consiste justo en pedir favores para cada uno de nosotros personalmente, sino, además de la alabanza y acción de gracias a Dios, en interceder para el bien de otros, para el bien de la comunidad. Razón de más por la que esa oración habría de ser insistente.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres Pérez, cmf

El sentido de lo que es justo o injusto parece que está inscrito en nuestro corazón. Es algo que se sitúa más allá de las leyes y más allá de los jueces. Los jueces generalmente no hacen más que aplicar las leyes escritas. Pero nosotros sabemos que, demasiadas veces, las leyes escritas no son justas. Y su aplicación no realiza la justicia sino la injusticia porque sirven a los intereses de unos pocos. Son muchas veces las que nos sale del alma decir “No es justo”, “No hay derecho”.

Sin duda que Jesús tuvo una experiencia parecida. Quizá incluso más que nosotros porque en aquellos tiempos los poderosos estaban todavía menos sujetos por las leyes que en los tiempos actuales y eso de la democracia brillaba más bien por su ausencia. La pobreza era rampante y la opresión de los ricos y poderosos estaba al orden del día. Aquel mundo se parecía, más incluso que el nuestro, a un “sálvese quien pueda”. Jesús, casi con toda seguridad, siendo de la pobre y marginal Galilea, siendo un artesano que pertenecía a la clase baja, tuvo que experimentar la arbitrariedad con que gobernaban los poderosos, tanto los romanos como los judíos de clase alta. Vio y padeció la injusticia, en sus propias carnes y en las de sus amigos, familiares y conciudadanos.

Pero su confianza en Dios, en su Padre, en su “Abbá”, iba más allá de toda duda. Mucho más allá, por supuesto, de lo que era su experiencia de vida. Quizá fue esa misma experiencia de la injusticia lo que le hizo confiar más aún en Dios. ¡No era posible que el Padre dejase abandonados a sus hijos e hijas! Si así fuese, si los dejase tirados y abandonados a la vera del camino, no habría que llamarle Padre ni Dios ni nada parecido. Dios, por serlo, tiene que estar necesariamente del lado de los que sufren, de los que padecen injusticia, de los que les ha tocado la peor suerte en este mundo. Las Bienaventuranzas –conviene leerlas de vez en cuando– van de eso precisamente, de que Dios no va a dejar a sus hijos tirados. No es cuestión de recordar aquí las muchas parábolas y abundantes milagros de Jesús en los que se ejemplifica la realidad del Dios que salva, levanta, integra y hace justicia a los que sufren injustamente. Desde la parábola del buen samaritano hasta el milagro del ciego de nacimiento, sentado y abandonado a la vera del camino.

Mantengamos esta fe. Nuestro Dios es así, justo por que sí. Aunque a veces nos parezca que su justicia es muy lenta, que nos ha abandonado, que no nos hace caso. Él es nuestra única esperanza. Y la fuerza y motivación y gracia y amor necesarios para seguir luchando, para mantener bien alta la cabeza y gritar a los poderosos: “No hay derecho” y dar la mano al que sufre para levantarlo. Como haría Jesús.
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