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Lecturas y Liturgia del 15 de Noviembre de 2015

Lecturas del Domingo de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA    http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_296.mp3

Domingo, 15 de noviembre de 2015
Primera lectura
Lectura de la profecía de Daniel (12,1-3):

Por aquel tiempo se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 15,5.8.9-10.11

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (10,11-14.18):

Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio, diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a lo que van siendo consagrados. Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Marcos (13,24-32), del domingo, 15 de noviembre de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Marcos (13,24-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 33º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Domingo, 15 de noviembre de 2015
DOMINGO 33 – TIEMPO ORDINARIO

1.Esperanza en un Mundo Nuevo
2.Mi Plan para Ustedes es PAZ.

Saludo (Ver la antífona de entrada)
El Señor nos tranquiliza hoy:
“Para ustedes tengo designios de paz y no de aflicción
Me invocarán y yo les escucharé
y les devolveré a su hogar.”
Que el Dios de la paz y la esperanza esté con ustedes.

Introducción por el Celebrante

1. Esperanza en un Mundo Nuevo
Algunas partes de la Sagrada Escritura, como las lecturas de hoy, hablan de calamidades y desastres, como signos de un mundo viejo ya que se desmorona, y de Jesús que viene como juez. La televisión de hoy y otros medios de comunicación traen a nuestros hogares los desastres, la violencia y el sufrimiento del mundo entero; y la gente se pregunta: ¿A dónde nos va a llevar todo esto? Estos son para nosotros hoy signos de que el mundo en el que vivimos está en decadencia, pero no deberíamos pasar por alto los signos positivos: deseos y esfuerzo de paz y de un mundo más justo, razonable y unificado, el derrumbe de tiranías a diestra y siniestra. Éstos son como brotes de nuevas ramas en un árbol, signos de esperanza en un mundo nuevo que está creciendo, y de esperanza en la venida de Dios entre nosotros, su pueblo. Celebremos esa esperanza en esta eucaristía.

2. Mi Plan para Ustedes es PAZ
La liturgia de hoy nos habla del juicio de Dios y del fin de los tiempos. Sólo Dios sabe cuándo y cómo llegará el fin. Pero sí sabemos ciertamente: que el tiempo final ha comenzado ya con Cristo, cuando se hizo uno de nosotros en su humanidad, murió y resucitó de entre los muertos. Con él en medio nosotros vivimos ahora nuestra fe sin temor, incluso en los sufrimientos de la vida, con la firme esperanza de que el amor y la justicia de Dios triunfarán y de que Cristo completará en nosotros, cuando Dios quiera, lo que intentamos construir al confiar en él. Porque somos gente de esperanza en un Dios que nos ama y nos salva. Expresemos esta esperanza en esta eucaristía.

Acto Penitencial
Si tenemos miedo, nuestro amor es todavía débil.
Pidamos perdón al Señor
por no haber guardado vivas nuestra esperanza y vigilancia.
(Pausa)
Señor Jesús, tú vendrás con gran poder y gloria.
Guárdanos del miedo y del desasosiego.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú vas a reunir un día a tus elegidos
desde los confines de la tierra.
Guárdanos siempre fieles y vigilantes.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú estás cerca, esperándonos a la puerta
para hacernos entrar a tu fiesta.
Guárdanos en tu amor.
R/ Señor, ten piedad de nosotros

Ten misericordia de nosotros, Señor,
perdona nuestros pecados,
y haznos comprender
qué cercano e íntimo estás a nosotros.
Y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Pidamos confianza en Dios y en su futuro esperanzador.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de tu Hijo nos aconsejaste
no preocuparnos por el día o la hora
en que el viejo mundo acabará,
porque sólo tú conoces cuándo sucederá.
Abre nuestros ojos a las señales de la venida de Jesús
y haz que lo veamos ya ahora caminando a nuestro lado.
Guárdanos fieles en esperanza
y vigilantes en nuestro amor a ti
y en nuestro interés y preocupación por los hermanos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Dan 12,1-13): Dios Resucitará a Sus Fieles
A los judíos fieles, disgustados por las persecuciones, el profeta les anuncia un mensaje de esperanza: Dios les salvará a ustedes. Incluso si pierden su vida, Dios les dará vida eterna.

Segunda Lectura (Heb 10,11-14.18): El Único Sacrificio de Cristo Nos Salva
Al ofrecer su sacrificio de una vez para siempre, Jesús venció al pecado y recibió el poder de vivir la vida de Dios.

Evangelio (Mc 13,24-32): Vean los Signos de la Venida del Señor
Con misteriosas palabras, Jesús habla de la difícil venida de su reino realizado completamente en este mundo. Jesús lo llevará a perfecto cumplimiento en nosotros.

Oración de los Fieles
Oremos con la mayor confianza al Dios de paz y esperanza, que nos espera al final del camino de la vida, y digamos:
R/ Señor, en ti confiamos.
Por la Iglesia, para que el nuevo Pueblo de Dios proclame con confianza y alegría su fe inquebrantable en la vida eterna y en la dimensión eterna de todo lo que hacemos, roguemos al Señor. R/ Señor, en ti confiamos.
Por los cristianos de todo el mundo, para que, por su compromiso audaz por la justicia y la paz, logren unir a todos juntos en una comunidad de fe y esperanza, y para que por su entrega a los otros preparen el camino para la completa venida de Cristo, roguemos al Señor. R/ Señor, en ti confiamos.
Por los que temen a la muerte, a la edad avanzada, o a los problemas y sufrimientos de la vida, por la gente desalentada o desesperada, para que aprendan a confiar en Dios y para que nosotros sepamos apoyarles y estar a su lado, roguemos al Señor. R/ Señor, en ti confiamos.
Por esta nuestra comunidad, aquí y ahora reunida, para que sirvamos de inspiración los unos para con los otros, por nuestra fe viva y nuestra firme esperanza, y para que por nuestro amor y servicio el Señor viva en medio de nosotros, roguemos al Señor. R/ Señor, en ti confiamos.
Señor, Dios de la vida y de la muerte, no sabemos la hora de tu venida, pero estamos seguros de que tu amor no nos va a fallar. Guárdanos vigilantes en esperanza, y ayúdanos a acogerte ahora en los hermanos, para que tú nos acojas un día en tu casa eterna para siempre.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
En este pan y en este vino nos ofrecemos
y estamos disponibles para ti.
No pedimos una vida sin riesgos ni problemas,
sino el valor de entregarnos a tu proyecto
de justicia y fraternidad para el mundo.
Cuando nos sintamos desanimados
porque esta misión sobrepase nuestras fuerzas,
recuérdanos que tu Hijo Jesús está con nosotros
para llevar tu reino a buen término,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
La plegaria eucarística habla de nuestra resurrección para la vida eterna y de nuestra entrada en la gloria de Cristo, cuando venga a nuestro encuentro definitivo. Después de la consagración aclamamos a Cristo como el Señor a quien aguardamos en esperanza.


Invitación al Padre Nuestro
Dios es nuestro Padre que nos salva.
A él nos dirigimos con toda confianza en oración
con las mismas palabras de Jesús. R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos plena confianza en tu futuro glorioso.
No permitas que retrasemos tus planes.
No permitas tampoco que nos volvamos amargos ni escépticos
cuando tu promesa de armonía, fraternidad y justicia
tarda en hacerse realidad,
sino más bien guarda vivo en nosotros el sueño
de que aun gente frágil y débil puede llevar a cabo tu proyecto,
mientras aguardamos con gozosa esperanza
la segunda venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor, Cordero de Dios
que se sacrificó a sí mismo de una vez para siempre
para reunirnos a todos juntos como Pueblo de Dios.
Dichosos nosotros invitados
a participar en esta santa Cena
que nos prepara para la fiesta eterna
en el reino de Dios.
R/ Señor, no soy digno…

Oración “Quédate con nosotros”

Esta paráfrasis de un texto de la oración de la noche de la liturgia de las horas la podrían rezar todos, si está impresa en la hojita parroquial, o bien un líder la lee despacio y de forma meditativa. El sacerdote concluye con la Oración después de la Comunión.

Quédate con nosotros, Señor,
cuando llega la noche y el sol se acuesta.

Quédate con nosotros y con nuestros hermanos.
Quédate con nosotros en la noche de nuestro día,
al atardecer de la vida, al anochecer del mundo.

Quédate con nosotros con tu amor y ternura,
con tu palabra y tus sacramentos,
con tu consuelo y bendición.

Quédate con nosotros cuando llega a nosotros
la noche de la aflicción y del temor,
la noche de la duda y de la tentación,
la noche de la muerte dolorosa.

Quédate con nosotros y con todos los que son tuyos
en tiempo y eternidad. R/ Amén.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios de esperanza:
Nos has salvado en el pasado,
nos das a tu Hijo en el presente,
y nuestro futuro está en tus manos;
sin embargo, tú nos lo confías a nosotros también.
Como fruto de esta eucaristía,
ayúdanos a buscar ese futuro
como reto para ser creadores
y para edificar un mundo mejor, un mundo nuevo,
por el poder de Jesucristo,
que completará y perfeccionará tu trabajo en nosotros
y que vive contigo y también con nosotros
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: No tendríamos que esperar con temor y temblor
la plena venida de Cristo,
sino más bien con confianza y esperanza.
Dios no nos acecha
para sorprendernos en un momento de debilidad,
ya que él es un Dios que nos ama y nos salva.

Tampoco hemos de esperarlo con pasividad,
ya que nos ha dado un mundo
que tenemos que transformar y edificar como nuevo,
asentado en la justicia, la amistad y la paz.

Es ciertamente una tarea
que está por encima de nuestras fuerzas,
pero que podemos llevar a cabo
si como comunidad vivimos el evangelio.
Para ello imploramos que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Podemos ir en paz, como pueblo de esperanza que confía en el Señor.

Comentario al Evangelio del 

«Él está cerca»
Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez
(Rubí, Barcelona, España)

Hoy recordamos cómo, al comienzo del año litúrgico, la Iglesia nos preparaba para la primera llegada de Cristo que nos trae la salvación. A dos semanas del final del año, nos prepara para la segunda venida, aquella en la que se pronunciará la última y definitiva palabra sobre cada uno de nosotros.

Ante el Evangelio de hoy podemos pensar que “largo me lo fiais”, pero «Él está cerca» (Mc 13,29). Y, sin embargo, resulta molesto —¡hasta incorrecto!— en nuestra sociedad aludir a la muerte. Sin embargo, no podemos hablar de resurrección sin pensar que hemos de morir. El fin del mundo se origina para cada uno de nosotros el día que fallezcamos, momento en el que terminará el tiempo que se nos habrá dado para optar. El Evangelio es siempre una Buena Noticia y el Dios de Cristo es Dios de Vida: ¿por qué ese miedo?; ¿acaso por nuestra falta de esperanza?

Ante la inmediatez de ese juicio hemos de saber convertirnos en jueces severos, no de los demás, sino de nosotros mismos. No caer en la trampa de la autojustificación, del relativismo o del “yo no lo veo así”... Jesucristo se nos da a través de la Iglesia y, con Él, los medios y recursos para que ese juicio universal no sea el día de nuestra condenación, sino un espectáculo muy interesante, en el que por fin, se harán públicas las verdades más ocultas de los conflictos que tanto han atormentado a los hombres.

La Iglesia anuncia que tenemos un salvador, Cristo, el Señor. ¡Menos miedos y más coherencia en nuestro actuar con lo que creemos! «Cuando lleguemos a la presencia de Dios, se nos preguntarán dos cosas: si estábamos en la Iglesia y si trabajábamos en la Iglesia; todo lo demás no tiene valor» (Beato J.H. Newman). La Iglesia no sólo nos enseña una forma de morir, sino una de forma de vivir para poder resucitar. Porque lo que predica no es su mensaje, sino el de Aquél cuya palabra es fuente de vida. Sólo desde esta esperanza afrontaremos con serenidad el juicio de Dios.
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