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Lecturas y Liturgia del 2 de Diciembre de 2015

Lecturas del Miércoles de la 1ª semana de Adviento

MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/adviento2007/1_3_AD.mp3

Miércoles, 2 de diciembre de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (25,6-10a):

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor.
Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,29-37):

En aquel tiempo, Jesús, bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él. Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los echaban a sus pies, y él los curaba. La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y dieron gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.»
Los discípulos le preguntaron: «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?»
Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»
Ellos contestaron: «Siete y unos pocos peces.»
Él mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, dijo la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete cestas llenas.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 1ª semana de Adviento

Miércoles, 2 de diciembre de 2015
PAN PARA LOS POBRES
(Is 25,6-10; Mt 15,29-37)

Introducción
Para Isaías el signo peculiar de los tiempos mesiánicos es que, por medio del Mesías, Dios dará a su pueblo abundancia de alimento y de bebida. El pueblo anhela la vida y la paz. Los prisioneros quieren quedar libres, los ciegos quieren ver, los hambrientos quieren pan. Pero también, así mismo, el pueblo tiene hambre de consuelo, amistad, perdón, entendimiento, aceptación, justicia, amor. Estos deseos serán colmados cuando Jesús, el Mesías, llegue. Él dará alimento al pueblo hambriento. --- Y nosotros sus discípulos, tenemos también que satisfacer el hambre de los hermanos, porque él quiere actuar por medio de nosotros.

Oración Colecta
Oh Dios y Padre de todos:
Tú sabes cómo la gente siente hambre y sed
de verdad, de amor y de aceptación.
Si nosotros te aceptamos y creemos en ti
vemos cómo nuestra más profunda confianza y nuestras aspiraciones
son colmadas por ti,
cuando trabajamos por la venida de tu reino.
Haz que la copa que tú escancias para nosotros
rebose y se desborde sobre todo tu pueblo,
para que todos te alaben ahora
y por los siglos de los siglos. Amen.

Intenciones
Para que la gente en todas partes del mundo tenga los ojos abiertos para ver y aliviar el hambre y las miserias de sus hermanos, roguemos al Señor.
Para que nosotros no solo demos pan o arroz a los hambrientos, sino también amor, respeto y justicia, roguemos al señor.
Para que el Señor nos ayude a respetarle y a venerarle a él por el alimento que nos da, que nos hace personas más valiosas, roguemos al señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre de todos:
Jesús está en medio de nosotros
y nos prepara su banquete eucarístico
con el pan y el vino de su total donación y entrega.
Que este santo banquete nos colme con su Espíritu
y nos forme como personas que viven no sólo para nosotros mismos,
sino, como Jesús, para los demás,
aun cuando el costo sea penoso.
Que esto sea hoy nuestra ofrenda para ti,
por Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
El Señor a quien estamos esperando, Jesús, tu Hijo,
ha estado ya ahora con nosotros.
Nos ha saciado con el exquisito pan de vida
y con el vino alegre de sí mismo.
Que él nos ponga de nuevo en pie,
para que, fortalecidos con su cuerpo y con su sangre,
vayamos a los pobres, a los cojos y a los débiles de nuestro tiempo
para darles el alimento de nuestra comprensión,
nuestra acogida y nuestro amor,
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos el signo de que Jesús, el Mesías, está presente en su pueblo es que los hambrientos son nutridos y alimentados. --- Entre nosotros, hoy ¿les damos alimento a los hambrientos? ¿Nos preocupamos por los hermanos necesitados, y les ayudamos en su necesidad?
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.


Comentario al Evangelio del 

Juan Lozano, cmf
Querido amigo/a:

¿Qué hace Dios? Invitar a la alegría. En muchas culturas sentarse a la mesa es símbolo de alegría, pues expresa el sentido de fraternidad y de fiesta; en ella uno repone fuerzas disfrutando de los alimentos y conversa de manera distendida disfrutando de la compañía. De hecho, no hay festejo que se precie que no venga acompañado de una buena comida o una buena cena: un cumpleaños, una boda, un aniversario…

Las lecturas de hoy nos muestran dos banquetes donde el Señor quiere compartir con nosotros el alimento de la vida. No son banquetes privados ni exclusivos, sino universales, pues todos están invitados. En el primero Isaías así lo refleja: preparará para todos los pueblos […] un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera. Un banquete lleno de alegría, de salvación, donde no hay tristeza, donde todos están contentos, como en las fiestas auténticas. Un banquete que simboliza la salvación de todos, precisamente por esto último es un banquete de inmensa alegría, porque están todos, porque no se ha quedado nadie fuera. En el segundo banquete, Jesús da de comer a la multitud después de sanar todo tipo de dolencias. Una multitud que, de nuevo, simboliza la diversidad de condiciones sociales y razas. Comieron todos hasta quedar satisfechos. De nuevo, todos; nadie queda excluido.

En los países del llamado “primer mundo”, celebraremos la Navidad con demasiadas comidas y cenas: comidas de empresa, de amigos, de familia… En ocasiones son celebraciones con excesivo derroche, exageradas comidas. Tan excesivas que cuando terminan las fiestas, no faltan los reclamos publicitarios de gimnasios y dietas de adelgazamiento para corregir los excesos. Ojalá nuestros excesos fuesen no de calorías, sino de alegría, de gozo, de fraternidad. Quizá de estos dones estamos más anémicos y de ellos nos quiere saciar Dios. Este es su banquete, esta es su invitación. Pero para que este gozo sea pleno, al menos tienen que estar todos invitados. Una mesa donde falten hermanos, nunca disfrutará de una alegría auténtica. ¿Quizá por ello nos cuesta ser felices de verdad? ¿A quién podría invitar a mi mesa?

Vuestro hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.
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