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Lecturas y Liturgia del 3 de Diciembre de 2015

Lecturas del Jueves de la 1ª semana de Adviento

MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/I_07.mp3

Jueves, 3 de diciembre de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (26,1-6):

Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 117,1.8-9.19-21.25-27a

R/. Bendito el que viene en nombre del Señor

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R/.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21.24-27):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 1ª semana de Adviento

Jueves, 3 de diciembre de 2015
DIOS, NUESTRA ROCA (Is 26,1-6; Mt 7,21.24-27)

Introducción
Primera Lectura. La Primera Lectura procede de un encarte en el libro de Isaías, que seguramente fue escrito en un período posterior. Habla del juicio de Dios y de la victoria de Dios sobre las “ciudades del pecado”. Pero Jerusalén, comunidad de Dios, ciudad de Dios, permanecerá. Los que son fieles a Dios pueden fiarse de él. Él es fiel y sólido como una roca.
Evangelio. Los que aceptan el llamado retador de las palabras de Jesús, viviendo como discípulos, están edificando sobre roca. Esto se realiza tanto en el discípulo individual, como en la comunidad de la Iglesia.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Para los que confían en ti
y viven el evangelio de tu Hijo
tú eres una roca sólida, segura y fiable.
Que nuestra fe no se tambalee
en las tormentas y tensiones de nuestro tiempo,
antes bien, danos el valor de vivir,
de un modo coherente y radical, según creemos,
para que como Jesús cumplamos tu voluntad
y vivamos en tu amor
ahora y por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que la gente encuentre en la fe y el amor de nuestras comunidades cristianas el apoyo necesario para ser fieles a Dios y entregados solidariamente los unos a los otros, roguemos al Señor.
Para que los que sufren sigan poniendo su confianza en Dios y encuentren fortaleza en Cristo crucificado, roguemos al Señor.
Para que nosotros aprendamos a confiar y a fiarnos los unos de los otros como hermanos en Cristo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Acepta este pan y este cáliz
como signos de que, con tu Hijo,
deseamos fiarnos de ti y contar siempre contigo.
Danos el Espíritu de tu mismo Hijo,
para que no seamos arrastrados
por cualquier novedad o moda pasajera.
Guarda, profundamente arraigadas en ti,
nuestra fe, confianza y esperanza,
y ayúdanos a vivir en consecuencia
movidos siempre por tu amor;
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Gracias por hablarnos con las palabras y obras de tu Hijo,
y por fortalecernos con su cuerpo y con su sangre.
Danos la sabiduría de una fe tranquila y sólida
que nos haga vivir coherentemente como creemos
y que nos mueva a apoyarnos y ayudarnos unos a otros
mientras caminamos juntos hacia ti.
Y que podamos dar un poco de solidez y certeza
a los que, entre nosotros, vacilan y buscan sinceramente.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Construyamos nuestra casa sobre roca. Edifiquemos nuestra vida sobre el Señor y su Evangelio, y nunca nos sentiremos decepcionados, ya que Dios nos ama y está con nosotros.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.



Comentario al Evangelio del 

Juan Lozano, cmf
Querido amigo/a:

¿Qué hace Dios? Invitar a la alegría. En muchas culturas sentarse a la mesa es símbolo de alegría, pues expresa el sentido de fraternidad y de fiesta; en ella uno repone fuerzas disfrutando de los alimentos y conversa de manera distendida disfrutando de la compañía. De hecho, no hay festejo que se precie que no venga acompañado de una buena comida o una buena cena: un cumpleaños, una boda, un aniversario…

Las lecturas de hoy nos muestran dos banquetes donde el Señor quiere compartir con nosotros el alimento de la vida. No son banquetes privados ni exclusivos, sino universales, pues todos están invitados. En el primero Isaías así lo refleja: preparará para todos los pueblos […] un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera. Un banquete lleno de alegría, de salvación, donde no hay tristeza, donde todos están contentos, como en las fiestas auténticas. Un banquete que simboliza la salvación de todos, precisamente por esto último es un banquete de inmensa alegría, porque están todos, porque no se ha quedado nadie fuera. En el segundo banquete, Jesús da de comer a la multitud después de sanar todo tipo de dolencias. Una multitud que, de nuevo, simboliza la diversidad de condiciones sociales y razas. Comieron todos hasta quedar satisfechos. De nuevo, todos; nadie queda excluido.

En los países del llamado “primer mundo”, celebraremos la Navidad con demasiadas comidas y cenas: comidas de empresa, de amigos, de familia… En ocasiones son celebraciones con excesivo derroche, exageradas comidas. Tan excesivas que cuando terminan las fiestas, no faltan los reclamos publicitarios de gimnasios y dietas de adelgazamiento para corregir los excesos. Ojalá nuestros excesos fuesen no de calorías, sino de alegría, de gozo, de fraternidad. Quizá de estos dones estamos más anémicos y de ellos nos quiere saciar Dios. Este es su banquete, esta es su invitación. Pero para que este gozo sea pleno, al menos tienen que estar todos invitados. Una mesa donde falten hermanos, nunca disfrutará de una alegría auténtica. ¿Quizá por ello nos cuesta ser felices de verdad? ¿A quién podría invitar a mi mesa?

Vuestro hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.
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