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Lecturas y Liturgia del 4 de Diciembre de 2015

Lecturas del Viernes de la 1ª semana de Adviento

MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/I_08.mp3

Viernes, 4 de diciembre de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (29,17-24):

Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»
Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 26,1.4.13-14

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,27-31):

En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando: «Ten compasión de nosotros, hijo de David.»
Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?»
Contestaron: «Sí, Señor.»
Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe.»
Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado con que lo sepa alguien!»
Pero ellos, al salir, hablaron de él por toda la comarca.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 1ª semana de Adviento

Viernes, 4 de diciembre de 2015
LOS CIEGOS VERÁN
(Is 29,17-24; Mt 9,27-31)

Introducción
En este tiempo de espera, el Adviento, la Palabra de Dios nos da una visión de esperanza. Los poderosos que confían en su propio poder político y en sus alianzas se derrumbarán y serán aplastados, pero los pobres, sordos, ciegos, o sea, los que todavía creen en la presencia y en la acción de Dios en el mundo, verán la salvación. Así lo promete Isaías en nombre de Dios.
Cuando celebramos la eucaristía, profesamos nuestra fe de que Dios, de hecho, comienza, en Jesús, el cumplimiento de su promesa. Él restaura la visión de los ciegos, porque creen. Dios mismo se ha entregado a sí mimo al mundo por medio de Cristo Jesús.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú eres nuestra luz y nuestra ayuda.
A pesar de nuestras limitaciones y ambigüedades,
ponemos toda nuestra confianza en ti.
Sabemos que somos débiles,
pero aun así sabemos también que nuestras debilidades
pueden ser constructivas.
Nos percatamos de que el pecado no está muerto en nosotros,
pero también de que los pecadores pueden servirte.
Somos mortales, pero podemos vivir con la muerte
como una dimensión de la vida,
pero nunca como obstáculo final.
¡Oh Dios, ayúdanos a vivir contando con estas realidades,
con fe y esperanza,
en Jesucristo nuestro Señor!

Intenciones
Pidamos al Señor que seamos siempre alegres y llenos de esperanza, viviendo siempre en el amor de Dios.
Para que aprendamos a ver, más allá de los males de nuestro tiempo, los numerosos signos de bondad, solidaridad y compasión entre los hombres, roguemos al Señor.
Para que sepamos admirar y apreciar todo lo bueno, bello y verdadero en el mundo que nos rodea, roguemos al Señor.
Para que seamos sensibles y sepamos percibir las necesidades de los otros, aun las silenciadas y escondidas, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, en quien plenamente confiamos:
En este pan y en este vino eucarísticos
celebramos la memoria sagrada de tu Hijo.
Él nos ha mostrado en su propia vida
que los obstáculos contra la vida y el amor
no pueden superarse sin esfuerzo y sufrimiento.
Por medio de él, consérvanos esperando en ti
y en el futuro mejor que nos prometes
para los hombres y para el mundo.
Y danos la certeza de que preparas para nosotros
un banquete y una fiesta de alegría
que durará por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
En las sombras y luchas de la vida,
confiadamente te pedimos
que el cuerpo y la sangre de tu Hijo
sea para nosotros como un vislumbre de luz
de que tú estás presente en nuestro mundo,
y de que tú no te desesperas por tu pueblo.
Ayúdanos a crecer en la nueva humanidad de tu Hijo,
para que nos atrevamos con todo y esperemos todo,
y nos entreguemos generosamente a los otros y a ti,
que eres nuestro Dios y Padre
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Que Dios abra nuestros ojos para que podamos mirar nos con ojos de fe a nosotros mismos y a este nuestro mundo. Entonces esperamos que pocos espacios quedarán oscuros en nuestra vida. Que Dios toque los ojos de nuestros corazones y nos bendiga.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.


Comentario al Evangelio del 

Juan Lozano, cmf
Querido amigo/a:

No hay peor ciego que el que no quiere mirar. Y digo “mirar” y no “ver”. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define “ver” en su primera acepción como: percibir algo material por medio del sentido de la vista. Y mirar como: dirigir la vista hacia algo y fijar la atención en ello. Lo que quiero resaltar es que “mirar” es un verbo mucho más activo que “ver”. Para mirar no basta con ver, sino que además, se requiere fijar la atención. Pues bien, para ser un buen seguidor de Jesús, hay que mirar. El Adviento nos invita a mirar. Necesitamos re-aprender el arte de la mirada. Mirar una puesta de sol, el vuelo de una pluma, la sonrisa de un anciano… y aprender a mirar lo que no se ve a simple vista.

El hombre y mujer contemporáneo padece una obsesión y justificación que lo persigue angustiosamente: “no tengo tiempo”. En una vida acelerada y estresada como la urbana se hace muy difícil la mirada contemplativa; donde no hay una mirada serena no puede haber una comprensión verdadera, y donde la incomprensión es grande, suelen nacer la mayoría de nuestros conflictos, malentendidos con los demás, suspicacias y susceptibilidades. Si no hay tiempo para mirar, ¿cómo va a haber tiempo para mirar a Dios? Creo que este es el drama de muchos hombres y mujeres: no poder encontrarse con Dios (tener experiencia de Él) porque no lo ven y no lo ven porque no se han parado a mirarlo ni en sí mismos, ni en los demás, ni en los más pequeños, ni en la creación…, ni en ninguna parte. Sin la mirada profunda no puede nacer la comprensión del mensaje ni, en consecuencia, la fe.

La Palabra de hoy nos invita a curar nuestras cegueras: sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos - leemos hoy en el profeta Isaías-. Y en el evangelio de Mateo, Jesús realiza la curación de los dos ciegos. Ver para mirar, ver para creer. Mira en este Adviento más allá de las apariencias, mira con atención, mira a tu interior –que es donde más nos cuesta dirigir la mirada-; mira con detalle, mira con calma, mira con ojos nuevos, mira al desconocido, mira al que no te ve con buenos ojos, mira con profundidad, aguanta la mirada, mira con dulzura, mira con fuerza, mira con amor, mira a lo alto… y verás a Dios.

Hoy queremos que Jesús cure nuestras cegueras para que miremos más allá. Hoy gritamos con los ciegos del evangelio: ¡Ten compasión de nosotros, hijo de David!

Vuestro hermano en la fe.
Juan Lozano, cmf.
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