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Lecturas y Liturgia del 8 de Noviembre de 2015

Lecturas del Domingo de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA ; http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/09_7_TO.mp3

Domingo, 8 de noviembre de 2015
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes (17,10-16):

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»
Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»
Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»
Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."»
Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 145,7.8-9a.9bc-10

R/. Alaba, alma mía, al Señor

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (9,24-28):

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecia sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Marcos (12,38-44), del domingo, 8 de noviembre de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44):
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

Domingo, 8 de noviembre de 2015
DOMINGO 32 (Ciclo B)
En las Manos de Dios
El Pobre Sabe cómo Compartir
Saludo (Ver Salmo Responsorial)
Alaben al Señor
que da pan a los hambrientos
y endereza a los que ya se doblan.
Es él quien guarda a los peregrinos
y sustenta al huérfano y a la viuda.
Que este Dios de amor esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante

1. En las Manos de Dios
¿Hasta qué punto nos atrevemos nosotros, cristianos, a vivir en las manos de Dios? Como cristianos, ¿no debería ser esa nuestra marca registrada, “denominación de origen”, juntamente con el amor de unos para con otros? --- Se supone que amamos tanto a Dios que confiamos en él completa y absolutamente, sin condiciones, sin miedo ni vacilación. Ése fue el estilo de vida de Jesús, quien vivió totalmente en las manos de su Padre. Incluso en su muerte humillante en la cruz pudo exclamar: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Aun siendo nosotros tímidos y débiles, ofrecemos ahora, con Cristo nuestro Señor, nuestra confianza al Padre y le confiamos también todos nuestros seres queridos.

2. Los Pobres Saben cómo Compartir
Para algunos es algo sorprendente y alentador el ver cómo muchos pobres se ayudan unos a otros, cómo comparten lo muy poco que tienen y cómo lo hacen sin alardear, discreta y espontáneamente. ¿No habría de ser esto para todos nosotros una invitación a la conversión, a mayor generosidad? Esto hace que el pobre se convierta así en benefactor, el que recibe en donante, el indigente en persona rica a los ojos de Dios. ¿Dónde nos encontramos nosotros? ¿Sabemos cómo dar, con confianza en Dios y en los hermanos? Unámonos a Cristo en su sacrificio, en la eucaristía y en la vida, porque él se dio totalmente a nosotros.

Acto Penitencial
Dios ha sido generoso con nosotros, pero nosotros con frecuencia hemos sido tacaños con otros a la hora de compartir nuestro amor y nuestras cosas. Pidamos perdón a Dios y a los hermanos por nuestro egoísmo.
(Pausa)
Señor Jesús:
Tú llamaste dichosos y bienaventurados a los pobres de espíritu,
y con tu estilo de vida nos enseñaste el camino.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús:
Tú te entregaste totalmente a los otros:
con tu vida, tu muerte, todo lo que eres.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús;
Tú tomaste sobre ti nuestras faltas y pecados y nos enriqueciste con tu propia vida.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor, perdona y elimina todo nuestro egoísmo, haznos generosos como tú lo fuiste.
Y llévanos a la vida eterna. Amén

Oración Colecta
Pidamos a Dios profunda confianza en él.
(Pausa)
Oh Dios bondadoso,
que tienes un corazón de padre y de madre:
Tú te preocupas por los pobres.
Por eso, otorga justicia a los oprimidos
y da alimento a los hambrientos.
En tu Hijo Jesús nos has mostrado
cómo hay que dar, no de lo que nos sobra,
sino dándonos totalmente a nosotros mismos.
Confunde nuestros cálculos mentales
y cambia nuestros intereses personales
por un compartir generoso,
para que nuestra forma de dar
se parezca a la tuya, sin contar nunca el coosto.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Primera Lectura (1Re 17,10-16): Dio lo Último que Tenía
En tiempo de hambruna, una viuda pagana da sus últimas provisiones al profeta Elías porque éste se lo pide en nombre de Dios. Ambos, el profeta y la viuda, confían que Dios proveerá.

Segunda Lectura (Heb 9,24-28): Cristo se Sacrificó por Todos
Cristo ofreció a Dios no dones artificiales, hechos por mano humana, sino que se dio a sí mismo sin medida. Por esto su sacrificio, ofrecido de una vez para siempre, tuvo suficiente poder para salvarnos.

Evangelio (Mc 12,38-44): Ella Ofreció Todo lo que Tenía para Subsistir
Mientras otros daban lo que les sobraba, la pobre viuda dio todo cuanto tenía para sobrevivir. Fue más generosa que nadie.

Oración de los Fieles

Oremos a Dios, nuestro Padre generoso, que ama a los débiles y humildes, y roguemos por todos los que son realmente pobres. Y digamos: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.

Señor, te pedimos por tu Iglesia. Presérvala de la tentación del poder y de las riquezas. Y así te decimos: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Señor, te pedimos por todos los gobernantes y oficiales públicos.Presérvalos de la tentación de la avaricia, de la corrupción y del abuso de poder. Y así te decimos: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Señor, te pedimos por los huérfanos y las viudas. Líbralos de la desesperación; y a nosotros haznos atentos a su necesidad de amor, compasión y de ayuda generosa y eficaz. Y así te decimos: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Señor, te pedimos por todos los pobres que se sienten inseguros por el día siguiente. Que sepamos llevarles seguridad y amor. -- También por los ricos, para que sepan abrir su corazón y sus manos dadivosas para compartir generosamente. Y así te decimos: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Señor, te pedimos por esta nuestra comunidad. Haznos lo bastante generosos para compartir no sólo desde nuestra abundancia, sino también, cuando sea necesario, desde nuestra pobreza. Y así te decimos: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Señor, traemos ante ti también nuestras intenciones personales (Momento de silencio).Y así te decimos: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Padre, sabemos que nos amas y cuidas de nosotros con la ternura de una madre. Te confiamos todos nuestros afanes y preocupaciones. Sé generoso con nosotros y, como tú, haznos generosos con los demás, por el poder de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre amoroso:
En estos signos de pan y vino
celebramos cómo Jesús, tu Hijo,
se dio a sí mismo de una vez para siempre,
para que nosotros vivamos, amemos y seamos libres.
Danos la gracia de aprender de él
a no preguntarnos
cuánto podemos aportar sin que nos duela,
sino que sea él nuestra fortaleza
para que sepamos dar lo mejor de nosotros mismos
y para responder generosamente a su voz
que nos grita, pidiendo ayuda, a través de cualquier necesitado.
Concédenoslo, Dios Padre, por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Demos ahora gracias y alabanza a Dios nuestro Padre por Jesús,
que se entregó totalmente a sí mismo
para que nosotros viviéramos y fuéramos capaces de amar.

Invitación al Padre Nuestro
Dios sabe lo que necesitamos, porque él es nuestro Padre.
Le rogamos con la confianza de Cristo Jesús. R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz, que procede de vivir en tus manos
y de descubrir tu presencia
en nuestros hermanos necesitados.
Por tu gran misericordia,
líbranos del miedo de tener que entregarnos a nosotros mismos,
mientras esperamos con alegría la vida y salvación
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. R/ Tuyo es el reino…


Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Cordero de Dios
que se sacrificó a sí mismo para el perdón de nuestros pecados
y para compartir su vida con nosotros.
Dichosos los pobres y hambrientos,
porque el Señor los invita a su mesa
para darse a sí mismo a ellos. R/ Señor, no soy digno…



Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre misericordioso:
Tu hijo vino a nosotros
para colmar con tus dones a los pobres,
conscientes de su propia vaciedad,
y les llamó dichosos y bienaventurados.
Ayúdanos a descubrir
que nosotros también somos realmente pobres:
en fe, en confianza y en amor generoso.
Quédate cerca de nosotros por medio de tu Hijo,
para que nos hagamos disponibles para todos
y compartamos lo mejor de nosotros mismos
sin ninguna exhibición vanidosa,
sino con obras calladas de amor y servicio,
como lo hizo Jesús, tu Hijo,
que vive contigo y con nosotros
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hemos celebrado el sacrificio de Jesús. Él dio todo lo que tenía y lo que era –todo su ser— para llevar a los otros vida y felicidad.
Marchemos ahora a nuestra vida cotidiana, para ser verdaderamente cristianos, es decir, personas semejantes a Cristo; que no contemos nunca el costo de nuestra donación y entrega..
Que Dios todopoderoso les bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Podemos ir a compartir gratuita y generosamente unos con otros
lo que somos y tenemos, todo regalo de Dios.

Comentario del Domingo de la 32ª semana del Tiempo Ordinario

«Todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba»
Pbro. José MARTÍNEZ Colín
(Culiacán, México)
Hoy, el Evangelio nos presenta a Cristo como Maestro, y nos habla del desprendimiento que hemos de vivir. Un desprendimiento, en primer lugar, del honor o reconocimiento propios, que a veces vamos buscando: «Guardaos de (…) ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes» (cf. Mc 12,38-39). En este sentido, Jesús nos previene del mal ejemplo de los escribas.

Desprendimiento, en segundo lugar, de las cosas materiales. Jesucristo alaba a la viuda pobre, a la vez que lamenta la falsedad de otros: «Todos han echado de lo que les sobraba, ésta [la viuda], en cambio, ha echado de lo que necesitaba» (Mc 12,44).

Quien no vive el desprendimiento de los bienes temporales vive lleno del propio yo, y no puede amar. En tal estado del alma no hay “espacio” para los demás: ni compasión, ni misericordia, ni atención para con el prójimo.

Los santos nos dan ejemplo. He aquí un hecho de la vida de san Pío X, cuando todavía era obispo de Mantua. Un comerciante escribió calumnias contra el obispo. Muchos amigos suyos le aconsejaron denunciar judicialmente al calumniador, pero el futuro Papa les respondió: «Ese pobre hombre necesita más la oración que el castigo». No lo acusó, sino que rezó por él.

Pero no todo terminó ahí, sino que —después de un tiempo— al dicho comerciante le fue mal en los negocios, y se declaró en bancarrota. Todos los acreedores se le echaron encima, y se quedó sin nada. Sólo una persona vino en su ayuda: fue el mismo obispo de Mantua quien, anónimamente, hizo enviar un sobre con dinero al comerciante, haciéndole saber que aquel dinero venía de la Señora más Misericordiosa, es decir, de la Virgen del Perpetuo Socorro.

¿Vivo realmente el desprendimiento de las realidades terrenales? ¿Está mi corazón vacío de cosas? ¿Puede mi corazón ver las necesidades de los demás? «El programa del cristiano —el programa de Jesús— es un “corazón que ve”» (Benedicto XVI).

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