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Lecturas y Liturgia del 13 de Diciembre de 2015

Lecturas del Domingo de la 3ª semana de Adviento

MISA DEL DIA http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/01_ADV_3_C.mp3

Domingo, 13 de diciembre de 2015
Primera lectura
Lectura de la profecía de Sofonías (3,14-18a):

Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén. El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás. Aquel día dirán a Jerusalén: «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.»

Palabra de Dios

Salmo
Is 12,2-3.4bed.5-6

R/. Gritad jubilosos:
«Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel»

El Señor es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R/.

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R/.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel.» R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (4,4-7):

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Lucas (3,10-18), del domingo, 13 de diciembre de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Lucas (3,10-18):

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.

Palabra del Señor
Liturgia Viva del Domingo 3º de Adviento - Ciclo C
Domingo, 13 de diciembre de 2015
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

Llamados a Estar Siempre Alegres
Comiencen de Forma Sencilla, por lo Pequeño

Saludo (Ver Segunda Lectura)
No hay que tener miedo ni que preocuparse,
porque el Señor quiere que ustedes sean felices,
y él está cerca de ustedes.
Que su paz y alegría esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)

1. Llamados a Estar Siempre Alegres
Con demasiada frecuencia estamos o nos sentimos tristes. En este Tercer Domingo de Adviento la liturgia nos habla precisamente de Dios como el Señor de la danza. El Señor se siente feliz por venir a nosotros: “Él danzará con gritos de alegría por ustedes, como en un día de festival”. Para el Señor, el estar con nosotros es una auténtica fiesta. ¿Es una fiesta también para nosotros el estar con él? Abrámonos a la alegría de la venida y de la presencia duradera del Señor entre nosotros. Él viene a nosotros con su paz, su amor y su perdón, no solamente en la gran fiesta de Navidad, sino en cada eucaristía y cada día, cuando estamos dispuestos a hacer crecer en nosotros y en nuestro mundo el amor y la paz de Dios.

2. Comencemos de Forma Sencilla, por lo Pequeño
Cuando la tarea de llevar a cabo lo que debemos hacer excede ciertamente nuestras fuerzas y nuestra capacidad, ¿qué podemos hacer? Cuando el problema es demasiado amplio como para poderlo abarcar -como p. ej., la injusticia y violencia en el mundo, la falta de amor, la división entre la gente- ¿qué podemos hacer nosotros, gente sencilla y de a pie? Podemos comenzar de forma sencilla, actuando con responsabilidad en nuestro propio pequeño rincón, con la gente que nos rodea, y haciendo bien todo lo que tenemos que hacer. Éste es el consejo de Juan el Bautista a los que se acercan a él para la conversión. Esto es lo que tienen que hacer: acelerar la venida del Salvador. Esto es quizás todo lo que nosotros podemos hacer para traer hoy a Cristo a nuestro mundo.

Acto Penitencial
La alegría del Señor se vuelve tangible para nosotros también
cuando Dios nos reconcilia consigo mismo
con el perdón que él siempre nos ofrece.
(Pausa)

Señor Jesús, tú eres un Dios cercano a nosotros,
y por eso nos atrevemos a decir:
Guárdanos en tu amor.
R/ Señor, ten piedad de nosotros

Cristo Jesús, sintiéndote cercano e íntimo a nosotros,
ya no hay mal al que temer.
Guárdanos en tu gozo y alegría.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú nos pides que seamos felices
y que no vivamos ya más preocupados,
porque tú estás cerca de nosotros.
Guárdanos en tu paz.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Dios que vives en medio de nosotros,
sana nuestros miedos causados por el pecado,
otórganos la alegría de tu perdón
y llévanos a la vida eterna.


Oración Colecta (Dos Opciones)

1. Llamados a Estar Siempre Alegres
Oremos para que sepamos acoger con alegría
a Cristo y a su Evangelio, su Buena Noticia.
(Pausa)
Oh Dios, fuente de toda felicidad:
Tu Hijo Jesucristo nos trajo,
a nosotros y a todos,
noticias alegres de su perdón y de su vida.
Nuestros corazones permanecen inquietos
hasta que encuentren descanso y paz en ti.
Que tu alegría sea nuestra alegría.
tu amor nuestro amor;
que tu aceptación de nosotros nos lleve
a acoger a nuestros hermanos.
Que, con Jesús en medio de nosotros,
nuestras comunidades sean felices
y que sean como un anticipo,
aun en medio de pruebas y sufrimiento,
de la alegría eterna que tú nos has preparado.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.

2. Comiencen de Forma Sencilla, por lo Pequeño
Pidamos el valor y fortaleza
para hacer bien lo que tenemos que hacer en la vida.
(Pausa)
Oh Dios siempre fiel:
Danos el valor de acoger a tu Hijo
compartiendo lo que tenemos,
haciendo bien lo que es recto y justo,
y extendiendo la paz en torno a nosotros.
Que tu Hijo Jesús nos bautice
con el Espíritu Santo y con su fuego,
para que él nos renueve con su amor
y que nuestros corazones se desborden de alegría
porque Cristo vive entre nosotros.
Te lo pedimos en el nombre del mismo Jesús el Señor.

Primer Lectura (Sof 3,14-18a): El Señor vendrá en Medio de Ustedes
A un pueblo rodeado de enemigos, el profeta anuncia: “El Señor les va a perdonar y les traerá alegría. Vivirá en medio de ustedes y les renovará con su amor”.

Segunda Lectura (Flp 4,4-7): Alégrense, el Señor Está Cerca.
Los cristianos deberían estar siempre alegres, dice San Pablo. Su alegría debe ser contagiosa, porque el Señor está siempre cerca de ellos.

Evangelio (Lc 3,10-18): ¡Acciones y Gestos concretos!
Esperamos y nos preparamos para la venida del Señor haciendo bien las cosas de cada día que nuestro llamado exige, especialmente con referencia a los otros.

Oración de los Fieles
Si hay demasiada poca alegría entre nosotros, quizás sea porque no somos suficientemente cristianos… Pidamos al Dios de toda alegría que podamos vivir siempre en su alegría y en su paz, y digamos: R/ Señor, tú eres nuestra alegría.
Por la Iglesia, es decir, por todos nosotros, para que proclamemos siempre el evangelio como Buena Noticia de gran alegría, como mensaje de liberación y esperanza para todos, roguemos al Señor.
R/ Señor, tú eres nuestra alegría.
Por el mundo frío de hoy, el mundo de los negocios, de la gestión y producción, el sub-mundo del consumismo, con su dosis tremenda de manipulación e injusticia, para que entre nosotros de nuevo se preste atención a las personas y se recupere el sentido de la justicia, de la alegría y la celebración, roguemos al Señor.
R/ Señor, tú eres nuestra alegría.
Por los pobres y los que sufren, para que les demos no solo lo material que necesiten, sino que les llevemos el calor de nuestro amor y la alegría de la esperanza, roguemos al Señor.
R/ Señor, tú eres nuestra alegría.
Por los cristianos del mundo entero, dondequiera que estemos, para que aprendamos a guardar nuestra serenidad en las pruebas -que son parte de la vida-, y para que veamos que las cosas de este mundo tienen sólo un valor relativo, roguemos al Señor.
R/ Señor, tú eres nuestra alegría.
Y por todos nosotros, para que tengamos sentido del humor, que seamos capaces de reírnos a nuestra propia costa, y que gocemos también de sentido de gratuidad, que nos capacite para hacer cosas gratis y por la pura alegría de servir a los hermanos, roguemos al Señor.
R/ Señor, tú eres nuestra alegría.
Señor Dios nuestro: Tú nos has traído libertad por medio de Jesús, tu Hijo. Queremos vivir en tus manos como personas libres, y gozando de gran alegría. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios de vida y felicidad:
Tu Hijo Jesús consiguió la alegría de su resurrección
a través de doloroso sufrimiento y de la muerte.
Con él queremos aceptar
las tensiones y el dolor de nuestra vida
sin perder nuestra paz interior;
poseer cosas materiales sin apego interior;
y amar desinteresadamente
aun sin experimentar completa satisfacción personal.
Que seamos capaces
de querernos a nosotros mismos sin olvidarnos de los demás,
de trabajar por el futuro
aun sin cosechar resultados apetecidos en el presente,
y, por fin, encontrar a Cristo aun sin conocerle perfectamente.
Todo esto quiere ser nuestra ofrenda a ti,
esperando nos proporcione tu alegría y felicidad
por los siglos de los siglos. Amén.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Jesús, el Señor, está muy cerca de nosotros aquí en esta eucaristía. Oremos y ofrezcámonos con él para que le descubramos también muy cercano en nuestros hermanos y en los acontecimientos de cada día.

Invitación al Padre Nuestro
Con la mayor confianza y alegría
roguemos a nuestro Padre del cielo
con las palabras de Jesús.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor de todos los males
y concédenos tu paz en nuestros días.
Líbranos de preocuparnos negativamente sobre el futuro,
y danos cada día una fresca provisión de alegría.
Ayúdanos a hacer bien la tarea y misión
que nos has asignado en la vida
y a compartir nuestra alegría con los hermanos,
mientras esperamos con gozosa esperanza
la venida de nuestro Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Este es Jesús, el Señor, que dijo:
“Que no se perturben sus corazones.
Ustedes están tristes ahora,
pero les veré de nuevo
y entonces sus corazones se colmarán de alegría.
Nadie les arrebatará esa alegría”.
Dichosos nosotros,
invitados al banquete de alegría del Señor.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú has refrescado nuestra esperanza y alegría
en esta eucaristía, santa cena de tu Hijo.
Ayúdanos a buscar la alegría y la felicidad
no en la propia satisfacción personal,
ni en las cosas de este mundo,
sino en nuestros hermanos y en ti,
siendo siempre humanos y afables con todos
compartiendo generosamente con ellos,
y haciendo bien todas las cosas.
Haz que cada día sea nuevo para nosotros
y digno de vivirse
gracias a la presencia entre nosotros
de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Nosotros tenemos nuestro cupo de problemas y preocupaciones, como cualquier otra persona humana. Sin embargo, gracias a nuestra confianza en Dios y a la tranquilizadora certeza de que el Señor está siempre cercano a nosotros, conservamos nuestra serenidad y nuestra alegría.
Que nuestro gozo cristiano sea contagioso, reforzado con la bendición del Señor.
Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del 

«Viene el que es más fuerte que yo»
Cardenal Jorge MEJÍA Archivista y Bibliotecario de la S.R.I.
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy la Palabra de Dios nos presenta, en pleno Adviento, al Santo Precursor de Jesucristo: san Juan Bautista. Dios Padre dispuso preparar la venida, es decir, el Adviento, de su Hijo en nuestra carne, nacido de María Virgen, de muchos modos y de muchas maneras, como dice el principio de la Carta a los Hebreos (1,1). Los patriarcas, los profetas y los reyes prepararon la venida de Jesús.

Veamos sus dos genealogías, en los Evangelios de Mateo y Lucas. Él es hijo de Abraham y de David. Moisés, Isaías y Jeremías anunciaron su Adviento y describieron los rasgos de su misterio. Pero san Juan Bautista, como dice la liturgia (Prefacio de su fiesta), lo pudo indicar con el dedo, y le cupo —¡misteriosamente!— hacer el Bautismo del Señor. Fue el último testigo antes de la venida. Y lo fue con su vida, con su muerte y con su palabra. Su nacimiento es también anunciado, como el de Jesús, y es preparado, según el Evangelio de Lucas (caps. 1 y 2). Y su muerte de mártir, víctima de la debilidad de un rey y del odio de una mujer perversa, prepara también la de Jesús. Por eso, recibió él la extraordinaria alabanza del mismo Jesús que leemos en los Evangelios de Mateo y de Lucas (cf. Mt 11,11; Lc 7,28): «Entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan Bautista». Él, frente a esto, que no pudo ignorar, es un modelo de humildad: «No soy digno de desatarle la correa de sus sandalias» (Lc 3,16), nos dice hoy. Y, según san Juan (3,30): «Conviene que Él crezca y yo disminuya».

Oigamos hoy su palabra, que nos exhorta a compartir lo que tenemos y a respetar la justicia y la dignidad de todos. Preparémonos así a recibir a Aquel que viene ahora para salvarnos, y vendrá de nuevo a «juzgar a los vivos y a los muertos».
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