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Lecturas y Liturgia del 30 de Diciembre de 2015

Lecturas del 30 de Diciembre. Feria de Navidad

MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/I_46.mp3

Miércoles, 30 de diciembre de 2015
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,12-17):


Os escribo, hijos míos, que se os han perdonado vuestros pecados por su nombre. Os escribo, padres, que ya conocéis al que existía desde el principio. Os escribo, jóvenes, que ya habéis vencido al Maligno. Os repito, hijos, que ya conocéis al Padre. Os repito, padres, que ya conocéis al que existía desde el principio. Os repito, jóvenes, que sois fuertes y que la palabra de Dios permanece en vosotros, y que ya habéis vencido al Maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo –las pasiones de la carne, y la codicia de los ojos, y la arrogancia del dinero–, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 95,7-8a.8b-9.10

R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.

Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda. R/.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,36-40):

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del 30 de Diciembre. Feria de Navidad
Miércoles, 30 de diciembre de 2015
ABIERTOS AL MISTERIO DE DIOS
(1 Jn 2,12-17; Lk 2,36-40)
Introducción

Dar gracias a Dios por la liberación que él nos trae en y por medio de su Hijo Jesús es el corazón de cada celebración eucarística. Aquí decimos: “Demos gracias al Señor, nuestro Dios”. Con la profetisa y anciana Ana, expresemos nuestra gratitud al Señor nuestro Dios por nuestra liberación, y alabémosle de todo corazón.
Con demasiada facilidad, como dice San Juan en la Primera Lectura, perdemos nuestro corazón entregándolo al mundo; seguimos sus maneras mundanas de pensar y de obrar. Pidamos al Señor que nos perdone.

Oración Colecta
Oh Dios, Padre todopoderoso:
Tú inspiras a gente humilde y fiel
a reconocer a tu Hijo
y a acogerlo como el Salvador
que trajo libertad y vida a su pueblo.
Que nosotros también reconozcamos y acojamos a Jesús
en todo lo que es pequeño y humilde
y, con él y como él, crezcamos en sabiduría y gracia
hasta la madurez que tú sueñas para tus hijos e hijas,
de modo que alcancemos la estatura plena de Jesús.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.

Intenciones
Por los padres y madres, para que den a sus hijos la sana libertad para que sean y se realicen ellos mismos, y para que crezcan como cristianos maduros y responsables, roguemos al Señor.
Por los jóvenes, para que lleguen a amar profundamente a Cristo y para que la visión y el evangelio del mismo Jesús echen profundas raíces y crezcan fuertes y robustos en ellos, roguemos al Señor.
Por los niños chiquitos, para que lleguen a descubrir y a amar a Dios a través de su experiencia del amor de sus padres, roguemos al Señor.
Por todos nosotros, hijos e hijas de Dios, para que sepamos buscar su voluntad en todo lo que hacemos y formar comunidades en las que nos preocupemos, con amor y solidaridad, los unos por los otros, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Por medio del alimento y bebida de la eucaristía
--cuerpo y la sangre de tu Hijo--,
calma nuestra hambre y sacia nuestra sed
de todo lo que es bueno a tus ojos.
En este ofertorio, nos ofrecemos a nosotros mismos
juntamente con tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.




Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Aquí en la eucaristía
tu Hijo Jesús nos ha ofrecido su victoria y liberación
para vencer el mal en este mundo,
en nosotros y en nuestro alrededor.
Disponnos para recibir siempre con gratitud
la vida y la luz de Jesús
y para seguir sus huellas,
porque él es nuestro Señor
por los siglos de los siglos.

Bendición
Los ancianos, Ana lo mismo que Simeón, mujeres lo mismo que hombres, con frecuencia perciben los misterios de Dios con una perspicacia que avergüenza a los teólogos y poseedores de títulos académicos. Eso lo aprenden por medio de la oración y de la reflexión.
Que el Señor bendiga a estos sabios ancianos.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos nosotros y permanezca para siempre.


Comentario del 30 de Diciembre. Feria de Navidad

«Alababa a Dios y hablaba del Niño a todos»
Rev. D. Joaquim FLURIACH i Domínguez
(St. Esteve de P., Barcelona, España)

Hoy, José y María acaban de celebrar el rito de la presentación del primogénito, Jesús, en el Templo de Jerusalén. María y José no se ahorran nada para cumplir con detalle todo lo que la Ley prescribe, porque cumplir aquello que Dios quiere es signo de fidelidad, de amor a Dios.

Desde que su hijo —e Hijo de Dios— ha nacido, José y María experimentan maravilla tras maravilla: los pastores, los magos de Oriente, ángeles... No solamente acontecimientos extraordinarios exteriores, sino también interiores, en el corazón de las personas que tienen algún contacto con este Niño.

Hoy aparece Ana, una señora mayor, viuda, que en un momento determinado tomó la decisión de dedicar toda su vida al Señor, con ayunos y oración. No nos equivocamos si decimos que esta mujer era una de las “vírgenes prudentes” de la parábola del Señor (cf. Mt 25,1-13): siempre velando fielmente en todo aquello que le parece que es la voluntad de Dios. Y está claro: cuando llega el momento, el Señor la encuentra a punto. Todo el tiempo que ha dedicado al Señor, aquel Niño se lo recompensa con creces. —¡Preguntadle, preguntadle a Ana si ha valido la pena tanta oración y tanto ayuno, tanta generosidad!

Dice el texto que «alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (Lc 2,38). La alegría se transforma en apostolado decidido: ella es el motivo y la raíz. El Señor es inmensamente generoso con los que son generosos con Él.

Jesús, Dios Encarnado, vive la vida de familia en Nazaret, como todas las familias: crecer, trabajar, aprender, rezar, jugar... ¡“Santa cotidianeidad”, bendita rutina donde crecen y se fortalecen casi sin darse cuenta la almas de los hombres de Dios! ¡Cuán importantes son las cosas pequeñas de cada día!
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