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Lecturas y Liturgia del 4 de Enero de 2016

Lecturas del 4 de Enero. Feria de Navidad

MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://evangeli.net/_mp3/daily/es/I_52.mp3

Lunes, 4 de enero de 2016
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3,7-10):
Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

Palabra de Dios

Salmo 97
R/. Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes. R/.

Al Señor, que llega para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (1,35-42):
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo: «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del 4 de Enero. Feria de Navidad

Lunes, 4 de enero de 2016
¡VENGAN Y VEAN! (1 Jn 3,7-10; Jn 1,35-42)

Introducción
“¡Vengan y vean!”, dice Jesús a los dos discípulos de Juan el Bautista, que tenían curiosidad sobre el mismo Jesús. Fueron y vieron a su Salvador, y le siguieron. “¡Vengan y vean!” Ojalá pudiéramos nosotros decir lo mismo hoy a nuestros hermanos -sobre todo a los “alejados”- y mostrarles a Jesús presente en medio de nosotros. ¿Lo encontrarían entre nosotros? Y nosotros mismos ¿reconocemos a Cristo que pasa entre nosotros?

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo pasa entre nosotros
como el Cordero salvador,
pero con frecuencia no nos percatamos de su presencia.
Danos ojos de fe
para que percibamos al menos un vislumbre suyo
en el amor y compasión de los hermanos que nos rodean,
en su ánimo y en su ayuda,
en su interés y compromiso por la justicia.
Porque en su bondad tú te muestras a ti mismo
a través de tu Hijo Jesucristo, que vive contigo
y con el Espíritu Santo, un solo Dios,
por los siglos de los siglos.

Intenciones
- Por los que han escuchado la llamada especial de Jesús, “Ven, sígueme”, y la han seguido: sacerdotes, religiosos y religiosas, misioneros…, para que permanezcan siempre fieles a su vocación, roguemos al Señor.

- Por los que predican el evangelio de Jesús, para que su propia vida sea una constante invitación a los hermanos para vivir conforme al evangelio, roguemos al Señor.

- Por nuestras comunidades cristianas, para que, tanto sus líderes como sus miembros, vayamos juntos como hermanos, compañeros y amigos, por el camino del Señor, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios y Padre nuestro:
Tú nos has invitado a venir y a ver
a tu Hijo Jesucristo, nuestro Salvador,
en estos signos de pan y vino.
Que él esté con nosotros no sólo aquí
en esta celebración eucarística,
sino en los diarios acontecimientos de la vida,
para que él ilumine nuestra gris monotonía
con su cercanía viva
y que él transforme en nosotros nuestra visión del mundo,
el modo de mirar a la gente y a las cosas,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor y Dios vivo:
Te damos gracias por habernos reunido hoy
en torno a nuestro hermano Jesucristo
y por restaurarnos con la fuerza
de su cuerpo y de su sangre.

Que él permanezca con nosotros
como nuestro compañero en la vida,
para que también nosotros podamos decir
a los que nos encontramos en el camino:
“Vengan y vean, Jesús está vivo entre nosotros”.

Que vengan y vean cómo tratamos de amarnos y servirnos
los unos a los otros.
Que vengan y vean cómo hay entre nosotros
justicia, confianza y esperanza.

Ayúdanos a proclamar y a vivir todo esto
con toda verdad y sinceridad
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: “Hemos encontrado al Salvador”, exclamaba el apóstoles el evangelio de hoy. Nosotros también le hemos encontrado. Que esto constituya nuestra alegría y nos impulse a compartir nuestra experiencia con nuestros hermanos. Que ojalá todos nosotros le encontremos de verdad y le proclamemos a nuestros hermanos, con la bendición del Señor.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.

Comentario del 4 de Enero. Feria de Navidad

«‘Maestro, ¿dónde vives?’. Les respondió: ‘Venid y lo veréis’»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
(Barcelona, España)


Hoy, el Evangelio nos recuerda las circunstancias de la vocación de los primeros discípulos de Jesús. Para prepararse ante la venida del Mesías, Juan y su compañero Andrés habían escuchado y seguido durante un tiempo al Bautista. Un buen día, éste señala a Jesús con el dedo, llamándolo Cordero de Dios. Inmediatamente, Juan y Andrés lo entienden: ¡el Mesías esperado es Él! Y, dejando al Bautista, empiezan a seguir a Jesús.

Jesús oye los pasos tras Él. Se gira y fija la mirada en los que le seguían. Las miradas se cruzan entre Jesús y aquellos hombres sencillos. Éstos quedan prendados. Esta mirada remueve sus corazones y sienten el deseo de estar con Él: «¿Dónde vives?» (Jn 1,38), le preguntan. «Venid y lo veréis» (Jn 1,39), les responde Jesús. Los invita a ir con Él y a mirar, contemplar.

Van, y lo contemplan escuchándolo. Y conviven con Él aquel atardecer, aquella noche. Es la hora de la intimidad y de las confidencias. La hora del amor compartido. Se quedan con Él hasta el día siguiente, cuando el sol se alza por encima del mundo.

Encendidos con la llama de aquel «Sol que viene del cielo, para iluminar a los que yacen en las tinieblas» (cf. Lc 1,78-79), marchan a irradiarlo. Enardecidos, sienten la necesidad de comunicar lo que han contemplado y vivido a los primeros que encuentran a su paso: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41). Los santos también lo han hecho así. San Francisco, herido de amor, iba por las calles y plazas, por las villas y bosques gritando: «El Amor no está siendo amado».

Lo esencial en la vida cristiana es dejarse mirar por Jesús, ir y ver dónde se aloja, estar con Él y compartir. Y, después, anunciarlo. Es el camino y el proceso que han seguido los discípulos y los santos. Es nuestro camino.
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