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Lecturas y Liturgia del 17 de Enero de 2016

Lecturas del Domingo 2º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_18.mp3

Domingo, 17 de enero de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (62,1-5):

Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

Palabra de Dios

Salmo 95,1-2a.2b-3.7-8a.9-10a.c

R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria,
contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente.»R/.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,4-11):

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Juan (2,1-11), del domingo, 17 de enero de 2016
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Lectura del santo evangelio según san Juan (2,1-11):

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»
Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»
Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra de Dios

Liturgia Viva del Domingo 2º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Domingo, 17 de enero de 2016
SEGUNDO DOMINGO (Ciclo C)
Agua Convertida en Vino
Una Boda, Fiesta Matrimonial
Saludo (Ver Segunda Lectura)
Un mismo Espíritu, el Espíritu Santo,
distribuye dones diversos a diferentes personas
tal como a él mismo le place.
Que por medio del mismo Espíritu,
Jesús, el Señor, nos dé los dones que necesitamos
para edificar su Iglesia.
Y que él esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
1. Agua Convertida en Vino
El Señor quiere decirnos hoy que la vida es una fiesta. ¿Una fiesta, la vida? ¿Con todos sus problemas y miserias? Sí, una fiesta, si aprendemos a mirarla con ojos de fe; si llegamos a percibir lo que hace bella la vida. Todos nosotros tenemos nuestras afanes y preocupaciones diarios, tenemos días de luto y muchos problemas, pero la realidad más profunda es que no estamos solos, que tenemos a Dios que nos invita a beber el vino de su amor; un Dios que nos da a Jesús para llevarnos a sí mismo.
En esta eucaristía: ¡Bebamos, y brindemos con el vino de la alegría!

2. Una Boda, Fiesta de Matrimonial
Cuando dos jóvenes comienzan juntos un viaje hacia la aventura de una vida matrimonial, están afirmando que creen el uno en el otro; que creen en el amor, en la vida, en el futuro. Éste es el mensaje que nos da Dios hoy. Él se ha entregado a sí mismo a nosotros, su pueblo, en una alianza de amor, tan hermosa y duradera como la del matrimonio, cuando su Hijo se hizo hombre en la persona de Jesús.
En él se nos ha dado a sí mismo para siempre, para lo mejor y para lo peor, aceptando que su Hijo entregara su vida por nosotros, para que tengamos vida. Él sigue transformando para nosotros el agua de nuestra rutina y de los fracasos de nuestra existencia en vino abundante de alegría. Y el mejor vino se reservará para el fin, para la felicidad eterna. En esta eucaristía Jesús transforma para nosotros el pan y el vino en alimento y bebida de vida.

Acto Penitencial
¿Dónde radica nuestra alegría como cristianos? Preguntémonos ante el Señor.
(Pausa)

Señor Jesús, por medio de tu perdón
transforma la tristeza de nuestro pecado
en alegría de reconciliación y amistad:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, Señor de vida,
álzanos desde nuestra angustia y desolación
y haznos alegres y felices:
R/ Cristo, ten piedad de nosotros

Señor Jesús, alegría de nuestra vida,
enséñanos a encontrar felicidad en compartir
y en hacer felices a los demás:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Con tu bondad, Señor, perdona nuestros pecados, haz que irradiemos tu amor a los demás y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que sepamos vivir siempre
en el amor de la alianza con Dios.
(Pausa)
Oh Dios, siempre fiel y lleno de amor:
Tu Hijo Jesús compartió con gente ordinaria
la alegría de una boda, en Caná.
Prepara la mesa para nosotros
y escáncianos el vino sabroso de tu alianza,
atráenos más cerca hacia ti
y envíanos a acercarnos más a los hermanos.
Caldea nuestros corazones con tu mismo amor.
Haz que nuestras vidas se conviertan en fiesta,
canto sin fin de alegría y alabanza
dirigido a ti, nuestro Dios vivo,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primer Lectura (Is 62,1-5): Dios, “Casado” con su Pueblo
A pesar de que su pueblo le había sido infiel, Dios le perdona su infidelidad. Porque él está “casado” con él para siempre.

Segunda Lectura (1 Cor 12,4-11): Un solo Espíritu, muchos Dones
Uno y el mismo Espíritu ofrece una diversidad infinita de dones a su Iglesia, para hacerla una en su rica variedad.

Evangelio (Jn 2,1-11): Jesús el Novio
Jesús “ofrece su primer signo” (milagro) de que él es el novio, que se ha unido al pueblo en un vínculo de amor. Él les dará el vino abundante que trae vida y felicidad.

Oración de los Fieles
Jesús nos ha invitado ahora a su banquete de fiesta, la eucaristía; él se nos da a sí mismo como pan de fuerza y como el más sabroso vivo. Roguémosle por todos aquellos cuya vida ha sido mezclada con el agua del dolor, la tristeza y el sufrimiento, y digamos: R/ Señor, escucha a tu pueblo.
Señor, sirve a tu Iglesia el buen vino de tu perdón, porque nuestro amor sigue estando tibio, y no tenemos suficiente fe en ti ni confianza en los hermanos; que sepamos también perdonarnos unos a otros, de todo corazón. Y así te rogamos:
R/ Señor, escucha a tu pueblo.

Señor, sirve a nuestras familias el vino del amor, para que el padre y la madre en el hogar sean fieles y entregados el uno al otro, y para que los hijos aprendan de sus padres a preocuparse por los demás y a servirte a ti fielmente, y así te rogamos: R/ Señor, escucha a tu pueblo.
Señor, vierte el vino de tu fortaleza y tu esperanza en todos los que sufren. Y en todos los que pueden ayudarles derrama el vino de su compasión y solidaridad, y así te rogamos: R/ Señor, escucha a tu pueblo.
Señor, sirve a nuestras comunidades cristianas el vino de la unidad y la amistad, para que todos seamos uno en ti, y todos juntos lleguemos a ser tu propio cuerpo para servirnos unos a otros y también al mundo entero, por medio de nuestro espíritu de participación y de atención de los unos a los otros, y así te rogamos: R/ Señor, escucha a tu pueblo.
Señor, vierte el vino de tu alegría y de tu vida a todos nosotros que participamos en esta eucaristía, y danos el pan de ti mismo para que vivamos siempre en ti, y así te rogamos: R/ Señor, escucha a tu pueblo.
Señor Jesús, no permitas que nuestra vida se convierta en banal y superficial, como un vino aguado. Permanece cercano a nosotros y cólmanos con tu alegría, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, siempre fiel:
Tú nos permites experimentar tu amor
en este banquete de amistad de la eucaristía,
sentados a la mesa de tu Hijo Jesucristo.
Que él parta para nosotros el pan de vida
y nos sirva su vino de alegría,
para que seamos fieles a ti
y seamos de verdad hermanos los unos de los otros,
gracias a aquel que derramó por nosotros
el precioso vino de su sangre,
Jesucristo, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Demos gracias al Padre, porque se ha unido a nosotros con un vínculo inquebrantable de amistad y amor, y así nos ha hecho su pueblo santo.

Invitación al Padre Nuestro
Invitados a la mesa del Señor
y unidos por su Espíritu,
rogamos ahora a nuestro Padre bondadoso, diciendo:
R/ Padre nuestro…




Oración por la Paz
Señor Jesucristo:
Por medio de tu Santo Espíritu
enlazas a tu pueblo santo, todos juntos,
en un solo cuerpo y en un mismo amor.
Que los diversos dones que él derrama en nosotros
nos haga edificar, en la paz,
una Iglesia que sepa cómo amar y servir,
hasta que tú nos des la paz y alegría
que dura para siempre,
por los siglos de los siglos.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
que nos invita a la fiesta
de su cuerpo y de su sangre,
como promesa y anticipo
del banquete de boda eterno.
Dichosos nosotros
que hemos aceptado esta invitación
a este banquete de vida y salvación.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Te damos gracias, oh Dios, Padre nuestro,
porque tu Hijo Jesucristo
nos ha dirigido en esta eucaristía
palabras de ánimo y alegría;
y porque ha escanciado para nosotros
el vino de su nueva y eterna alianza.
Queremos que nuestra vida se convierta
en una fiesta de perdón, de mutuo servicio
y de entrega a ti, nuestro Dios vivo.
Que esta celebración sea para nosotros
un degustar anticipado
de la felicidad que nos preparas en tu casa del cielo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Una boda, una fiesta matrimonial, es siempre importante, como fiesta de amor y de amistad.
Ahora, en esta eucaristía, acabamos de celebrar
el amor de Dios para su pueblo: Dios se “casa” con nosotros, Jesús se “casa” con su Iglesia.
Dios es siempre fiel en su amor. Que todos nosotros sepamos también responderle fielmente con amor.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Vivamos en unidad y paz, como pueblo querido de Dios.
R/ Demos gracias a Dios.

Comentario del Domingo 2º del Tiempo Ordinario - Ciclo C


Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

Vamos de boda y hay demasiada agua y poco vino. Boda…, vino…, todo en San Juan son símbolos, hasta a los milagros los llama signos. Desde el profeta Oseas, hasta el texto de la primera lectura de hoy: “Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyo; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo”, la relación de Dios con su pueblo se presenta en clave matrimonial. Lo mismos pasa con el vino, que es el signo mesiánico por excelencia, como nos recuerdan los Salmos: “Y vino que alegra el corazón” (104,15). Una boda sin vino es como una vida sin alegría.

No necesitamos mucha imaginación, para conectar la boda de Caná, con Jesús, que viene a desposarse con su novia, la humanidad, el pueblo de Dios, que busca el Reino, montones de veces representado por una comida. Banquete, que es eucaristía, en la que se toma el vino de la sangre derramada y en el que están presentes: la comunidad, los discípulos y María. La boda es fiesta, cosa que no siempre tenemos presente los cristianos, que a veces miramos un poco de reojo, lo que es diversión, placer y alegría. Todos están invitados, pero a la hora de brindar: “Faltó el vino”.

Es María la que se da cuenta y se adelanta a buscar una solución: “La madre de Jesús le dijo: No les queda vino. Jesús le contestó: Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. La respuesta de Jesús podemos interpretarla de diversas maneras, no la llama madre sino “mujer” y continúa con un: “Déjame, todavía no ha llegado mi hora”, que no es muy alentador. Pero eso no desanima a María que aconseja a los sirvientes ponerse a disposición de Jesús: “Haced lo que él diga”. Es la creyente que es capaz de percibir las cosas y las situaciones, más allá de lo inmediato y sobre todo es la que lleva a Jesús.

El agua debe ser convertida en vino, no se puede aguar la fiesta. Los sirvientes llenan hasta arriba de agua seis tinajas de cien litros, los invitados deben ser numerosos y aquellos novios están a punto de hacer el ridículo. La gente siguió bebiendo y disfrutando, sin darse cuenta del signo. El mayordomo se percata al probarlo, de que este vino del final es bueno y se lo comenta al novio, en caso de apuro igual se le hubiera ocurrido echar agua al vino. Seguimos con el simbolismo, es preciso ponerse al servicio de Jesús, el cuenta con nosotros para hacer sus signos, no debemos aguar la vida, ni aguar el Evangelio. El amor de Dios quiere nuestro bien y el de este matrimonio, pero no olvidemos que necesita de nuestra acción, de nuestra vida, de nuestra disponibilidad: “Y las llenaron hasta arriba”.

Intencionadamente el relato termina con estas palabras: “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él”. Jesús da la primera señal del amor de Dios, un amor tierno y delicado como el de los novios, (que nos recuerda también la primera lectura: “Te llamarán Mi favorita, Desposada…), que sabe estar en los momentos delicados, que es sensible a cuanto afecta a nuestra vida y a nuestra felicidad. Este primer signo viene a decirnos que Jesús establece un nuevo estado de vida: un matrimonio en que el novio y la novia, Dios y su pueblo, se unen en la felicidad que da el amor.

Hasta el final, nuestra tarea será intentar seguir cambiando el agua en vino, hacer de la vida una fiesta, que al fin y al cabo es el gran objetivo del Evangelio. El cristianismo no es depresión, negativismo, ni pesimismo, hemos sido llamados a crear una comunidad que sea una auténtica fiesta: una fiesta en la que nadie se sienta marginado, aislado u olvidado. Se nos convoca a participar de un banquete de bodas en el que el vino será dado en abundancia. Vivir la Eucaristía, es poner alegría donde hay tristeza, amor donde hay odio, unidad donde hay división. Este es el signo de la presencia de Jesús en nuestra vida. ¡Venid a la boda!, que no nos falte la alegría en la vida y el entusiasmo en la Iglesia.

PD: Hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, hospitalidad y dignidad es el lema, sin comentarios, en este año de las obras de Misericordia.
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