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Lecturas y Liturgia del 24 de Enero de 2016

Lecturas de hoy Lunes de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_28.mp3

Domingo, 24 de enero de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Nehemías (8,2-4a.5-6.8-10):

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley. Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –pues se hallaba en un puesto elevado– y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.» Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.
Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.» Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley.
Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.»

Palabra de Dios

Salmo 18,8.9.10.15

R/. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia
el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R/.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (12,12-30):

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Si el pie dijera: «No soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso. Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan. Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían. Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros. Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

Palabra de Dios

Evangelio según san Lucas (1,1-4;4,14-21), del domingo, 24 de enero de 2016
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Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,1-4;4,14-21):

Excelentísimo Teófilo: Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza de] Espiritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.
Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Palabra de Dios

Liturgia Viva de hoy Lunes de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

Domingo, 24 de enero de 2016
TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo C)
PROCLAMANDO LIBERTAD A LOS CAUTIVOS.

Saludo (Ver segunda Lectura)
Nosotros, aunque seamos muchos,
formamos un solo cuerpo en Cristo,
y a todos se nos ha dado el mismo Espíritu.
Que el Señor Jesús esté siempre con ustedes.


Introducción por el Sacerdote:
Proclamando Libertad a los Cautivos
En la Iglesia oímos con frecuencia la palabra “salvación” o “redención”. Estas palabras técnicas suenan difíciles y lejanas. Jesús, cuyo nombre significa “Dios Salva”, nos aclara hoy lo que significa esta palabra “salvar”: Vino para traernos libertad, liberación, de todo lo que nos aliena de Dios y de la gente, y vino también para hacernos capaces de liberarnos unos a otros. Ciertamente hemos sido creados y hemos nacido para ser libres. Ésta es la Buena Noticia que él nos trae. Dejemos que Jesús, que está aquí en medio de nosotros, nos haga libres, hijos e hijas de Dios.

Acto Penitencial
Estamos todavía muy lejos de ser libres, porque somos cautivos del pecado.
(Pausa)
Señor Jesús, danos la libertad prometida a los que vivimos todavía cautivos del pecado:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, haz que nos unamos profundamente a ti, para proclamar tu Buena Noticia de salvación a los pobres.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, haznos capaces de alzar y liberar a los oprimidos.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, por tu bondad, líbranos de todo pecado, para que podamos ser libres, vivos y totalmente humanos.
Y un día llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que podamos aceptar y vivir hoy
la Buena Noticia de Dios.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de Jesús
nos hablas hoy tu mensaje
de la Buena Nueva de salvación.
Te pedimos que sepamos aceptar hoy
el día de gracia que Jesús proclama.
Envíanos tu Santo Espíritu
para que nos ilumine y nos haga libres
y así podamos servirte
a ti y a nuestros hermanos.
Y, con su ayuda, ojalá sepamos
llevar tu Buena Noticia a los pobres y a los presos,
a los ciegos y a los oprimidos,
para que todos puedan disfrutar de tu felicidad.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Neh 8:2-6.8-10): La Palabra de Dios Movía e Inspiraba al Pueblo
El Pueblo de Dios se reune en unidad, por y para la Palabra de Dios. El mensaje de Dios les disgusta y contraría; y aun así, ellos se regocijan en el Señor.

Segunda Lectura (1Cor 12,12-30 ó 12,12-14.27): Cada uno tiene su papel en el Cuerpo
Por el Bautismo hemos llegado a ser partes constituyentes del Cuerpo de Cristo. Cada parte debe contribuir al bien del todo.

Evangelio (Lc 1,1-4; 4,14-21): Hoy la Buena Nueva se cumple en Jesús
Jesús presenta al pueblo, en la Sinagoga, su programa liberador de salvación. En Jesús se cumple la Buena Noticia de Dios.

Oración de los Fieles
Oremos a nuestro Señor Jesucristo, que nos está hablando a todos y cada uno de nosotros ahora en esta eucaristía. Pidámosle que su palabra se haga vida en nuestros corazones y en nuestras obras. Y digámosle: R/ Habla, Señor, que te escuchamos.
Señor, da valor y fortaleza a todos nuestros líderes y maestros en la Iglesia, para que nos ayuden a comprender tu Palabra y proclamarla a todos como Buena Noticia de salvación. Y así te decimos: R/ Habla, Señor, que te escuchamos.
Señor, une en tu palabra y en tu persona a todos los que se llaman cristianos. Convócalos y reúnelos juntos como hermanos y hermanas para formar tu único cuerpo. Y así te decimos: R/ Habla, Señor, que te escuchamos.
Señor, inspira con tu palabra a todos los poderosos de esta tierra. Ayúdalos a unir fuerzas para llevar paz duradera, alimento necesario y dignidad humana para todos. Y así te decimos: R/ Habla, Señor, que te escuchamos.
Señor, abre nuestros ojos a las miserias de nuestros hermanos; haznos sensibles y preocupados por los que se encuentran como encarcelados en sus miedos o agarrotados por la injusticia. Haz que seamos luz para los que viven en oscuridad y tiniebla. Y así te decimos: R/ Habla, Señor, que te escuchamos.
Señor, haznos receptivos a tu palabra. Líbranos de la mediocridad y del miedo; también de nuestras certezas y autocomplacencias. Danos una nueva comprensión de tu mensaje, para que podamos vivir conforme a lo que creemos. Y así te decimos: R/ Habla, Señor, que te escuchamos.
Señor, aquí estamos reunidos en tu nombre. Permanece vivo entre nosotros; escucha nuestra oración y dirígenos tu palabra poderosa que cambie nuestras vidas, pues eres nuestro Dios y Señor por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Con pan y vino, y con palabras de alabanza,
te damos gracias por tu Hijo Jesucristo,
que es tu Palabra Viviente,
dicha y encarnada aquí en medio de nosotros.
Que su palabra de consagración
cambie estos nuestros sencillos dones
en su propio cuerpo y sangre.
Haz también, por el poder de su Espíritu,
que nuestras palabras vacías y vanas
se conviertan en carne y sangre
de bondad y servicio
para los hermanos que nos rodean y para ti,
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Con corazones agradecidos alabemos a Dios nuestro Padre por designar a su Hijo Jesús para proclamarnos su Buena Noticia de salvación, y para quedarse con nosotros en nuestra vida de cada día.

Invitación al Padre Nuestro
Que Jesús llene y reafirme nuestras palabras balbucientes
con el poder de sus propias palabras,
al rezar a nuestro Padre en el cielo: R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de palabras mentirosas
que no portan la verdad
o que no nos comprometen a lo que afirmamos.
Líbranos de toda clase de pecado
y ayúdanos a vivir más radicalmente
la Buena Noticia de tu Hijo, el Evangelio,
mientras oramos y trabajamos en esperanza y alegría
por la venida plena entre nosotros
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Porque tuyo es el Reino…


Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, Palabra viva del Padre,
que se expresó y reveló a sí mismo en lo que decía
y vivió tal como hablaba
Dichosos nosotros al recibirle ahora en comunión
para que vivamos siempre conforme a sus palabras.
R/ Señor, no soy digno…




Oración después de la Comunión
Tú has hablado tu palabra, Señor,
que se ha encarnado de nuevo
aquí en medio de nosotros.
Tú nos has fortalecido
con su palabra y con su cuerpo.
¿Podríamos acaso pedirte algo mejor
que hacer posible que nuestra conducta y nuestra vida
lleguen a ser también Buena Noticia de salvación
para quien encontremos en nuestro camino?
Haznos libres con la libertad que nos trajo Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: El mensaje de nuestro Señor Jesucristo será Buena Noticia para nosotros solamente si somos conscientes de nuestra propia pobreza y vaciedad.
Y lo haremos Buena Noticia de esperanza y alegría para todos los que nos rodean, solamente si el Espíritu de verdad habla por nuestras palabras, y si con nuestra conducta nos comprometemos a llevar a la realidad lo que decimos y proclamamos con nuestra boca.
Que el Señor les dé a ustedes ésta fuerza y compromiso, y les bendiga abundantemente: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Pueden ir en paz y vivir conforme a la palabra del Señor.

Comentario de hoy Lunes de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

Hace poco más de un mes tuvimos elecciones y quizás dentro de poco las tengamos que volver a repetir, si no son capaces de pactar los diversos partidos políticos. En la campaña electoral cada uno presenta sus programas y hace una serie de promesas, esto también ocurre en otros aspectos de la vida. En el Evangelio de hoy podríamos decir que Jesús presenta su programa, es muy corto, ni siquiera es de él, está tomado de Isaías y tiene sólo cinco puntos: “1-Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, 2-para anunciar a los cautivos la libertad, 3-y a los ciegos, la vista, 4- para dar libertad a los oprimidos, 5-para anunciar el año de gracia del Señor”.

Interesante si además tenemos en cuenta sus únicas palabras originales, (debe ser el sermón más breve de la historia): “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Y se cumple en él, lo veremos a los largo de sus años de predicación, con los leprosos, los enfermos, los ciegos, los marginados…, no sólo lo anuncia sino que lo vive. Su vida será anunciar la Buena Noticia a los pobres. Si ser cristiano, como decía el catecismo: es ser discípulo de Cristo, debemos seguir su programa y saber bien en lo que tenemos que comprometernos, para que se vea en nosotros que somos testigos de Jesús.

La Iglesia, que como nos expone preciosamente San Pablo en la segunda lectura: “Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo”, debe ser hoy la que cumple esto. Nuestras comunidades y parroquias, con sus diversos dones y carismas, deben ser fieles a la Palabra de Dios tal como ha sido proclamada por Jesucristo y recogida por los testigos, como recuerda Lucas, al principio del texto: “Siguiendo las tradiciones trasmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. He resuelto Teófilo, escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidad de las enseñanzas que has recibido”. Ese es el criterio que establece los límites, el alcance, el sentido y el objetivo de nuestro hacer.

El Reino de Dios y el Año de Gracia, estamos en el Año de la Misericordia, llega para los enfermos impotentes ante su enfermedad; para los leprosos aislados de la comunidad y del culto; para los extranjeros y refugiados; los cismáticos-samaritanos, (ahora que celebramos la semana de oración por la Unidad de los Cristianos); para los hombres y mujeres de mal vivir; para las mujeres, ayer ninguneadas, etc. No en vano fue acusado de comer con los pecadores, de tomar contacto con los más bajos, de simpatizar con los niños y las prostitutas o adulteras; en fin, de propiciar una autentica subversión del orden existente.

Si bien es cierto que la liberación y el Año de la Misericordia tiene un matiz de interioridad, que afecta al corazón mismo de las personas, también es cierto que jamás puede excluir el acento social que implica la caridad política. La sociedad e incluso algunos en la Iglesia, soportan muy bien que hagamos obras de misericordia y caridad, más difícil les resulta entender que pidamos el cambio de las estructuras opresoras. El Año de Gracia era esto: se perdonaban todas las deudas, las posesiones de casas y tierra volvían a los primitivos dueños cada 50 años. Parece que no se cumplía, pero la proclamación por parte de Jesús, nos da las pistas para construir el Reino. El programa de Jesús nos espera.

“Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: no estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza” dice la primera lectura de Nehemías. La proclamación de la Ley y del programa de Jesús, entendido como norma de vida, no sólo no es motivo de tristeza, sino todo lo contrario, provoca la fiesta y la alegría entre los creyentes. Que en esta Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el Señor, como rezamos en la plegaria eucarística, nos lleve a la unidad por la caridad. “Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados por un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” nos recuerda la segunda lectura. Que cada uno asuma su responsabilidad en comunión con todos los hermanos, para que el bautismo común de todas las Iglesias cristianas, sea expresión viviente del programa de Jesús: el Reino de Dios.

PD: Este domingo también es el Día de la Infancia Misionera.
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