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Lecturas y Liturgia del 30 de Enero de 2016



Lecturas del Evangelio del 


MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_33.mp3

Sábado, 30 de enero de 2016
Primera lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (12,1-7a.10-17):
En aquellos días, el Señor envió a Natán a David
.Entró Natán ante el rey y le dijo: «Había dos hombres en un pueblo, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y bueyes; el pobre sólo tenía una corderilla que había comprado; la iba criando, y ella crecía con él y con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su vaso, durmiendo en su regazo: era como una hija. Llegó una visita a casa del rico, y no queriendo perder una oveja o un buey, para invitar a su huésped, cogió la cordera del pobre y convidó a su huésped.»
David se puso furioso contra aquel hombre y dijo a Natán: «Vive Dios, que el que ha hecho eso es reo de muerte. No quiso respetar lo del otro; pues pagará cuatro veces el valor de la cordera.»
Natán dijo a David: «¡Eres tú! Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías, el hitita, y matándolo a él con la espada amoníta. Asi dice el Señor: "Yo haré que de tu propia casa nazca tu desgracia; te arrebataré tus mujeres y ante tus ojos se las daré a otro, que se acostará con ellas a la luz del sol que nos alumbra. Tú lo hiciste a escondidas, yo lo haré ante todo Israel, en pleno día."»
David respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!»
Natán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás. Pero, por haber despreciado al Señor con lo que has hecho, el hijo que te ha nacido morirá.»
Natán marchó a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó gravemente enfermo. David pidió a Dios por el niño, prolongó su ayuno y de noche se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa intentaron levantarlo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos.

Palabra de Dios

Salmo 50,12-13.14-15.16-17

R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.

¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (4,35-41):

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.»
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!»
El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

Palabra del Señor

Liturgia viva del Evangelio del 

Sábado, 30 de enero de 2016
¿POR QUÉ TEMEN USTEDES?
(Mc 4,35-41)

Introducción
Mucha gente tiene miedo hoy. Nuestros tiempos son muy inseguros en muchos aspectos, a causa de guerras, violencia y crisis morales y económicas. La vida parece moverse demasiado aprisa, para muchos. Y la Iglesia, en sus líderes y en sus miembros, se encuentra con frecuencia disgustada, contrariada y con miedo. Dios parece estar muy lejos, como un Dios dormido, un Dios que parece indiferente a nuestros miedos e incertidumbres. Entonces, ¿dónde quedan nuestra fe y esperanza? Volvámonos a Jesús, que viaja en la barca con nosotros, y despertémosle a él que es nuestro Señor y nuestro hermano mayor, que está aquí en medio de nosotros.

Oración Colecta
Cuando clamemos a ti en las tempestades de la vida,
danos la certeza de que tú te preocupas
y de que estás con nosotros,
incluso cuando nos parece
que estás ausente y silencioso.
Que nuestra fe permanezca tranquila y firme
y que se haga más profunda en cada prueba y tribulación.
Guárdanos creyendo que las olas te obedecen
y de que bajo tu mando los poderes del mal no pueden dañarnos.
Permanece con nosotros por medio de tu Hijo,
Jesucristo, Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.

Intenciones
Por la Iglesia de Jesucristo, para que su fe y su amor no vacilen ni titubeen en las dificultades y tormentas de nuestro tiempo, roguemos al Señor.
Por todos los que tienen dudas de fe y tienen miedo de afrontar el futuro, para que Dios les dé valor , y para que nosotros podamos refrescar y renovar su esperanza, roguemos al Señor.
Por los marineros y pescadores, para que la mar les sea pacífica y generosa; y por todos los que viajan, para que lleguen sin percances a su destino, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Guarda viva en nosotros, Señor Dios nuestro,
nuestra fe y confianza en ti
por medio del pan de amor y justicia
de tu Hijo Jesucristo.
Aun cuando no sepamos
lo que el futuro nos deparará,
guárdanos caminando hacia la ciudad fuerte,
de sólidos fundamentos
cuyo diseñador y constructor eres tú,
la ciudad donde reinen firmemente
la justicia, la paz y el amor eternos.
proclamada y prometida para nosotros
por Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Por la conmovedora palabra de tu Hijo
nos has llamado a nosotros, gente de poca fe,
a remar mar adentro y dejar atrás nuestra cómoda seguridad..
Por su pan de vida -la eucaristía- has restaurado nuestra fuerza.
Cuando las olas y los vientos del temor
amenacen envolvernos
y arrastrarnos a la deriva perdiendo el rumbo
guárdanos a todos, firmes y confiados,
con la seguridad de que tu Hijo está con nosotros
y que él nunca nos abandonará,
porque él es nuestro Señor y Salvador
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Ésta ha sido una celebración de aliento y confianza. Jesús nos ha asegurado: Yo estoy con ustedes. No teman. Enfrenten la vida y los problemas como Iglesia y como personas. Confíen en mí.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.




Comentario al Evangelio del 
Conrado Bueno, cmf
Queridos hermanos:

Se apaga el eco de las parábolas, para sorprendernos con la vista de los milagros. Los milagros son las señales claras de que, con Jesús, ha llegado lo que el pueblo estaba esperando, ha llegado el Reino de Dios, la plenitud de los tiempos. Es un relato vivo. Un huracán violento se desata, en el mar de Galilea, rompen las olas contra babor y estribor de la barca, está a punto de inundarse todo. La gente está llena de miedo. Y, en este escenario, Jesús de Nazaret “estaba a popa, dormido sobre un almohadón”. Marcos, el evangelista, cuando esto escribe, tiene experiencia de una Iglesia perseguida. No sé si hay otro milagro de Jesús en el que solo los discípulos sean los testigos.

El mar, en la Biblia, es el símbolo del peligro, del mal. En el revuelo de la tempestad, los apóstoles, cargados de angustia, riñen al Maestro, mientras Jesús “dormía”. Jesús increpa al mar y calma a los discípulos. Es el poder sobre la misma naturaleza, expresión máxima, porque solo el Dios Creador es el que tiene dominio sobre todo lo que ha creado. No es extraño que cause tal admiración: “Hasta el viento y las aguas le obedecen”. Es la manifestación cumbre de la autoridad de Jesús. Y la tenía entre el pueblo por su coherencia de vida, porque predicaba y sanaba.

La tempestad es imagen de la crisis, de la dificultad, de la adversidad. Y ante las contrariedades y apuros, solo la fe es la respuesta: “¿Aún no tenéis fe?”, les recrimina el Maestro. Nuestra experiencia nos obliga a confesar que no acabamos de fiarnos de Dios. ¿Dónde está Dios, ante tanto dolor? , “Se diría que estamos dejados de las manos de Dios”, “Parece que el mal siempre vence”. Pues, no. No basta con admirarnos ante los milagros, también hemos de echar mano de la fe, cuando llega el huracán. Aunque parezca que duerme, Dios se preocupa de nosotros. Sé que esta consideración, tan elemental para un creyente, no siempre es fácil hacerla carne. La fe es un don, un regalo de Dios. Por eso, hay que pedirla. No basta nuestro esfuerzo. Fijémonos en esas personas en las que, en medio del sufrimiento, aparece el sosiego de estar en manos de Dios.
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