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Lecturas y Liturgia del 1 de Marzo de 2016

Lecturas del Martes de la 3ª semana de Cuaresma

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/cuaresma2008/cuaresma_21_2008.mp3

Martes, 1 de marzo de 2016
Primera lectura
Lectura de la profecia de Daniel (3,25.34-43):


En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.»

Palabra de Dios

Salmo 24,4-5ab.6.7bc.8-9

R/. Señor, recuerda tu misericordia

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):



En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 3ª semana de Cuaresma

Martes, 1 de marzo de 2016
PERDÓNANOS COMO NOSOTROS PERDONAMOS
(Dn 3,25.34-43; Mt 18,21-35)

Introducción
No nos gusta demasiado -o absolutamente nada- reconocerlo, pero se nos ha perdonado mucho. Quizás no hemos cometido pecados patentes, escandalosos, preocupantes... Probablemente no. Pero nuestros pecados son escandalosos en el sentido de que son totalmente impropios por parte del pueblo que declara ser signo de la Iglesia, de Jesucristo y de Dios… Quizás sí anotamos: antipatías, egoísmo, no compartir, animosidades, rencores alimentados durante años, viviendo codo con codo pero sin amar ni compartir… Quizás sí… Y muchos -o al menos algunos- mostramos lo opuesto a dar testimonio de lo que profesamos ser… ¿Dónde está nuestro perdonar a los otros como Dios nos ha perdonado, tal como rezamos en la oración del Señor, el Padre nuestro?

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Nos consideramos a nosotros mismos
como tu pueblo elegido,
el pueblo que afirma ser tu signo de reconciliación..
¡Oh Dios, qué pobres somos!
Con cuánta frecuencia te fallamos
al perdonar quizás sólo por un acto de condescendencia,
como si hiciéramos un gesto de gran favor
a los que buscan reconciliarse con nosotros.
Señor, enséñanos a perdonar
de la misma manera y con la misma amplitud
con que tú nos perdonas:
totalmente, sin condiciones,
desde la bondad de nuestros corazones.
Danos esta grandeza de corazón
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que sepamos ser pacientes los unos con los otros, como Dios ha sido paciente con nosotros, roguemos al Señor.
Para que sepamos perdonarnos los unos a los otros, como Dios nos ha perdonado, roguemos al Señor.
Para que sigamos amándonos los unos a los otros como Dios continúa amándonos aun cuando repetidamente hemos herido su amor, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Padre misericordioso:
Acogemos a tu Hijo Jesucristo
en estos signos de pan y vino
como al Señor del perdón,
que entregó su vida por nosotros.
Que nosotros, a quienes llamas tus elegidos,
queridos y llamados a ser santos,
estemos dispuestos a perdonar de buena gana
a pesar de antipatías y de sentimientos heridos,
para que seamos los unos para los otros
el signo de tu perdón,
como fieles seguidores de Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor:
Es hermoso pero difícil
ser el cuerpo místico de tu Hijo,
signo de perdón y vida
que él trae al mundo.
Pero danos el valor,
a pesar de y más allá de
nuestros sentimientos demasiado humanos
-simpatías y antipatías-
para llevar a todos los que nos rodean
tu mensaje de amor, tolerancia,
alegría y paz,
que tú nos dado aquí de nuevo
por medio del cuerpo y sangre
de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Somos hombres y mujeres que hemos recibido perdón del Señor, y -así lo esperamos- también de los hermanos. Nosotros deberíamos aprender también a perdonar, de modo que nuestra oración en el Padre Nuestro sea verdadera.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.


En Inglés: Claretian Publications Macau

Comentario al Evangelio del 

Carlos Latorre, cmf
¡Buenos días, amigos!

De nuevo nos encontramos juntos para reflexionar y orar con la Palabra de Dios. Hoy el texto bíblico nos sitúa ante una de las exigencias más difíciles para todo cristiano: el perdón. Todos queremos ser comprendidos en nuestra forma de actuar y que no nos interpreten mal. Y sobre todo, que nos disculpen y perdonen, si hemos cometido algún error.

Lastimosamente en el corazón humano está muy arraigado el principio: “Venganza, sí; perdón, no”. Por eso las guerras y los enfrentamientos son constantes en la sociedad.

En este año del Jubileo de la Misericordia leemos estas palabras del evangelio que nos ayudan a descubrir cómo es la “justicia” de Dios. El Papa Francisco nos enseña que la omnipotencia de Dios es su misericordia y su perdón. Con toda razón decimos que perdonar es divino.

El periodista le pregunta al Papa: ¿Recuerda cuándo tuvo, de niño, la primera experiencia de la misericordia? Y el Papa le responde: “No tengo recuerdos concretos de cuando era niño. Pero sí de muchacho. Pienso en el padre Carlos Duarte Ibarra, el confesor que vi en mi parroquia ese 21 de septiembre de 1953, el día en que la Iglesia celebra a san Mateo apóstol y evangelista. Tenía diecisiete años. Me sentí acogido por la misericordia de Dios confesándome con él. El sacerdote era originario de Corrientes, pero estaba en Buenos Aires curándose de una leucemia. Murió al año siguiente. Recuerdo aún que después de su funeral y de su entierro, al regresar a casa, me sentí como si me hubieran abandonado.

Y lloré mucho aquella noche, mucho, oculto en mi habitación. ¿Por qué? Porque había perdido a una persona que me hacía sentir la misericordia de Dios.”

Pedro pregunta a Jesús cuántas veces tiene que perdonar. Y Jesús le responde contando la historia de aquel que debía una cantidad enorme a su señor (algo así como diez mil monedas de oro), pero fue perdonado. En cambio este a su vez fue incapaz de perdonar al compañero que le debía una pequeña cantidad. Sí, la venganza era una ley sagrada en todo el Antiguo Oriente y el perdón se consideraba algo humillante. Jesús enseña a sus discípulos que el perdón debe ser ilimitado. Quien ha experimentado la misericordia del Padre en su vida, no puede andar calculando las fronteras del perdón y la acogida a los hermanos.

Vuestro hermano en la fe.
Carlos Latorre
Misionero claretiano
carloslatorre@claretianos.es
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