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Lecturas y Liturgia del 25 de Febrero de 2016

Lecturas del Jueves de la 2ª semana de Cuaresma

MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_16_935a.mp3

Jueves, 25 de febrero de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Jeremías (17,5-10):

Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. Nada más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo entenderá? Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones.»

Palabra de Dios

Salmo 1,1-2.3.4.6

R/. Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,19-31):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle la llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas." Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán."
Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 2ª semana de Cuaresma

Jueves, 25 de febrero de 2016
EL PUEBLO SUFRE. MIRA SUS NECESIDADES
(Jer 17,5-10; Lc 16,19-31)

Introducción
Los que ponen su fe en sí mismos y en los medios o recursos materiales que poseen no están abiertos a Dios o al reino de Dios. Se erigen a sí mismos como sus propios dioses y adoran lo que han hecho con su trabajo, con sus negocios… Adoran el becerro de oro. Fallan miserablemente al no ver o ser sensibles ante las necesidades de los otros, especialmente de los pobres. Hay que aclarar que los que poseen más no son condenados precisamente porque tengan más que los demás, sino porque no ven las necesidades de los que tienen menos o no tienen nada, y porque no están dispuestos a ayudar y compartir. --- Tenemos que aprender a percibir también las necesidades “no expresadas” de los pobres, especialmente de los humildes, de los que no se atreven a “verbalizar” su pobreza, su angustia y aflicción.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Muchos de nosotros
nunca disfrutamos tanto como ahora
del bienestar y la vida,
y por eso nos hemos vuelto
engreídos y satisfechos de nosotros mismos,
felices en nuestro pequeño mundo egoísta.
Oh Dios, haz que nuestros oídos
permanezcan abiertos a tu palabra
y nuestros corazones abiertos a ti
y también a nuestros hermanos.
No permitas que, en nuestra situación de bienestar,
nos olvidemos de ti y de los hermanos,
o que pongamos nuestra esperanza solo en nosotros mismos.
Danos la sana inquietud de buscarte a ti, siempre y en todo,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Por los pobres y desposeídos, por los que viven totalmente al margen de un digno bienestar y de la sociedad, roguemos al Señor.
Por los que tienen la mente y el corazón endurecidos y ya no ven ni las necesidades ni las ansiedades de los pobres, roguemos al Señor.
Por los países pobres del tercer o del cuarto mundo, para que puedan tener el debido acceso a los recursos y riquezas de esta nuestra tierra, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú sabes lo que hay en nosotros, en nuestro corazón,
y dónde está nuestro tesoro.
Danos fe no en nosotros mismos
o en lo que nuestra creatividad y nuestras manos han hecho,
sino en lo que podemos construir
todos juntos, contigo y con tu Hijo,
para que todo lo que somos y hacemos
sea a la vez un don que procede de tu generosa bondad
y fruto de nuestro trabajo y creatividad,
y que todo contribuya a construir
un mundo más digno, más humano; un mundo mejor,
en Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Abre nuestros oídos
a las palabras que Jesús nos dirige
para que creamos en tu designio salvador
y construyamos entre todos un mundo mejor.
Abre nuestros ojos y corazones
a las necesidades de los que sufren,
para que, en tu nombre,
podamos cuidarnos fraternalmente de ellos.
Y abre definitivamente nuestros corazones a ti
para que sin cesar te amemos y alabemos
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Lo que todos grandemente necesitamos son ojos para ver las necesidades de nuestros hermanos, oídos para escuchar su estruendoso clamor que reclama justicia, misericordia y una participación equitativa de los bienes de la tierra, tanto materiales como espirituales. Que el Dios de bondad sea bueno, nos dé un corazón grande y compasivo, y lleve a cabo todo ese bello sueño en nosotros.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del 

Fernando Prado, cmf
En esta conocida parábola, Jesús nos opone, casi plásticamente, dos personajes. Es el momento del Juicio de Dios. A veces, cierto maniqueísmo descriptivo, ayuda a comprender con mayor claridad. La parábola de Jesús nos invita, sin duda, a buscar en nuestra vida una misma dignidad para todos los hijos de Dios. El cristiano no puede zafarse de esa “obligación moral”.

Si aquél rico hubiera sido más generoso, la historia habría tenido otro desenlace. Hay un abismo abierto entre unos y otros que tenemos que combatir. No cabe el escándalo de este abismo, cada vez mayor, entre los que tienen mucho y los que no tienen casi nada. No hace falta irse muy lejos para comprobarlo. La insensibilidad y la indiferencia ante las necesidades del otro no pueden dejarnos tranquilos. Los que seguimos a Jesús no podemos dejar de “denunciar proféticamente” que el sueño de Dios entraña un equilibrio mayor entre los hombres en el reparto de los bienes de la creación.

Forma parte de la ecología, como nos ha enseñado el papa Francisco en su encíclica Laudato Si`. En el mundo ha de haber una ecología integral, una ecología humana equilibrada también en lo que se refiere al reparto de la riqueza del planeta. Proteger este equilibrio, forma parte del equilibrio integral de toda la creación, del cuidado de nuestra casa común y de nuestra humanidad en particular. El desequilibrio daña la vida y pone en peligro la subsistencia.

Es un tanto difícil tomar conciencia de estas “grandes causas” que, en el fondo, asoman en lo pequeño, en ese que tenemos a veces más cerca de lo que parece y pasa necesidad. Pareciera que el cuidado de la casa común, al ser de todos, no es de nadie. También sucede que esos pobres que tenemos más cerca a veces son lejanos porque no tienen rostro concreto para nosotros. No son de los nuestros y, por ello, nos despreocupamos.

El camino de la cuaresma también es un camino de toma de conciencia, en el que se nos invita a pasar del amor etéreo al amor concreto, de la fría insensibilidad a la cálida cercanía con los hermanos más pobres y necesitados. La Iglesia, en boca de Francisco, nos invita a vivirlo en su Magisterio: ¡No nos olvidemos nunca de los pobres! “No los dejemos nunca solos” (Evangelii Gaudium, 48).

Vuestro hermano y amigo,
Fernando Prado, CMF
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