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Lecturas y Liturgia del 7 de Febrero de 2016

Lecturas del Domingo 5º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_36.mp3

Domingo, 7 de febrero de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (6,1-2a.3-8):

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo: «¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!» Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.» Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.» Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: «Aquí estoy, mándame.»

Palabra de Dios

Salmo 137

R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios (15,1-11):


Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Lucas (5,1-11), del domingo, 7 de febrero de 2016
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Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,1-11):


En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.» Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 5º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Domingo, 7 de febrero de 2016
QUINTO DOMINGO – TIEMPO ORDINARIO (Ciclo C)
Somos Llamados y Enviados
La Rica Palabra de Dios
Saludo (Ver Segunda Lectura)
Por la gracia de Dios somos lo que somos.
Que su gracia no permanezca estéril en nosotros.
Lo que importa es que difundamos la Buena Nueva de Salvación.
Que el Señor, Jesús, esté siempre con ustedes.

1. Somos Llamados y Enviados
Si nuestra fe es verdaderamente parte integral de nuestras vidas, tendríamos que ser muy conscientes de su riqueza, que no podemos guardar solo para nosotros. Lo que vemos con ella, lo que vivimos con ella, queremos compartirlo con otros. Si la fe nos hace sentirnos felices y seguros en Dios, nos damos cuenta de que la hemos recibido no para nosotros solos. Hagamos a los otros felices y ricos en la fe: ésa es la vocación de todo cristiano. Pidamos al Señor aquí en la eucaristía que sepamos revelarle y llevarle a otros, al menos por medio de nuestra conducta auténticamente cristiana.

2. La Rica Palabra de Dios
Es una suerte que la nueva liturgia haya abierto la Biblia para nosotros. No solamente la oímos ahora en nuestra propia lengua vernácula, sino que también el número y selección de textos leídos ha mejorado inmensamente. No es de extrañar que mucha gente tenga ahora una Biblia y que la lea regularmente ¿Por qué y para qué leemos la Biblia? ¿Es solamente para buscar consuelo en ella en momentos de dolor, o es que queremos conocer mejor a Dios, especialmente encontrando a Jesús y su mensaje? Cuando conocemos a Dios mejor, ¿llevamos a otros más cerca del mismo Dios? Jesús nos pide hoy que difundamos su palabra y su mensaje. Escuchémosle, mientras él nos habla.


Acto Penitencial
Delante del Dios totalmente santo nosotros somos simplemente pecadores. Le pedimos que purifique nuestros labios y nuestros corazones y que nos envíe a anunciarlo a los otros como a nuestro Dios que cura y salva.
(Pausa)
Señor Jesús, tú entregaste tu vida por nuestros pecados según las Escrituras:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, al tercer día tú resucitaste a una nueva vida para traérnosla como don y compartirla con nosotros.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, por tu gracia tú nos llamas a ser apóstoles de tu Buena Noticia de salvación.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Por tu gran misericordia, Señor, perdónanos, y que tu gracia no sea estéril en nosotros sino que dé frutos de santidad. Llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que Dios nos haga capaces
de hacer creíble el evangelio.
(Pausa)
Oh Dios santo, origen y culmen de nuestra felicidad:
Tú confías tu Buena Nueva de vida
a personas débiles y falibles.
Guárdanos libres del desaliento
y danos la fuerza para proclamar tu mensaje
con el lenguaje de nuestra conducta y nuestra vida.
Que Jesús, tu Hijo, actúe con nosotros y en nosotros,
para que tengamos el valor de decir:
“Aquí estoy, Señor,
envíame como mensajero tuyo,
para compartir tus alegres noticias de felicidad
con todos los que estén dispuestos a escuchar”.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Is 6,1-8): Aquí Estoy, Envíame
Isaías creyó en la presencia de Dios en el Templo, pero no esperaba ver una visión del Dios santo. Movido por esta experiencia, aceptó convertirse en humilde profeta de Dios.

Segunda Lectura (1 Cor 15,1-11): Soy Apóstol por la Gracia de Dios
Pablo pensó que persiguiendo a los cristianos estaba defendiendo a Dios contra una secta peligrosa. Jesús le sorprendió y le hizo su apóstol.

Evangelio (Lc 5,1-11): Les Haré Pescadores de Hombres
Pedro y sus compañeros eran pescadores expertos. Jesús los llama para ser expertos pescadores de hombres. Ellos dejaron todo para seguirle.

Oración de los Fieles
Como pueblo elegido de Dios, presentemos a nuestro Padre del cielo las necesidades y plegarias de todos, y digámosle: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.

Por el Papa y por todos los Obispos, llamados por el Señor para ser “pescadores de hombres”, para que afronten con valor y esperanza las olas tempestuosas de nuestro tiempo de renovación y continúen predicando sin miedo el evangelio de Cristo, roguemos al Señor. R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Por los misioneros, y por todos los que difunden el evangelio, para que por su propia vida evangélica y por su apertura a todos den testimonio de la universalidad y belleza del mensaje de Cristo, roguemos al Señor. R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Por los llamados por el Señor a un servicio especial en la Iglesia, como sacerdotes o religiosos consagrados, para que su propia experiencia de Cristo sea la fuente de su fuerza para permanecer fieles a la llamada de Dios, roguemos al Señor. R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Por todos los cristianos, para que tengan el coraje de arriesgar su bienestar, su confort y su paz personal para ayudar a presos y refugiados, ancianos, enfermos y extranjeros, roguemos al Señor. R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Por nuestras comunidades cristianas, para que la celebración de la eucaristía nos comprometa cada vez más a cuidarnos los unos de los otros, y nos dé fortaleza para trabajar juntos para hacer nuestras comunidades vivas en Cristo Jesús, roguemos al Señor. R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Señor Dios nuestro, no somos más que gente débil. Haznos aptos para cumplir fielmente cualquier tarea que tú deseas que llevemos a cabo, con la fuerza de Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
En estos signos de pan y vino
celebramos el acontecimiento central
que resume nuestra fe
y da sentido a lo que somos y hacemos:
la muerte y resurrección de tu Hijo.
Purifica nuestros labios y corazones
con su cuerpo y su sangre
y envíanos a proclamar con nuestras vidas
que Jesús es nuestro Señor,
que vive y nos ama,
y que tú eres nuestro Padre bondadoso,
ahora y por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Alabamos a Dios por los apóstoles, testigos privilegiados de Jesús, que se convirtieron en pescadores de hombres, y con ellos estamos dispuestos a difundir la Buena Nueva de salvación. En el “Santo, santo” hacemos eco de las palabras de los ángeles, a quienes (según la Primera Lectura) Isaías oyó cantar la alabanza de Dios.

Introducción al Padre Nuestro
Con las palabras de Jesús, que nos salvó,
oremos al Padre que nos convoca y nos ama
por medio del Espíritu, que nos guía.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y ven a nuestro encuentro
en la humildad de nuestra condición humana pecadora.
Elimina lejos de nosotros el miedo
de que somos demasiado incapaces
para ser mensajeros e instrumentos
de tu perdón y de tu amor,
ya que eres tú mismo quien nos llama.
Envíanos a preparar con alegre esperanza
la venida gloriosa entre su pueblo
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Porque tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Este es el Cordero de Dios
que nos salvó del pecado
por su muerte y resurrección.
No somos dignos de recibirle,
pero él nos purifica y nos envía
a proclamar su amor.
R/ Señor, no soy digno…



Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Por amor tú nos has llamado
a cada uno de nosotros
para una tarea de vida, una misión,
y para un papel intransferible en tu plan,
que ningún otro puede cumplir por nosotros;
tú has elegido a tu Iglesia
para ser la testigo y el signo irremplazable
de la muerte y resurrección de tu Hijo.
Haznos a todos y cada uno de nosotros
capaces de realizar nuestra misión
y envíanos “mar adentro”
con la fuerza del cuerpo y sangre
de nuestro único Salvador,
Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: El Señor nos confía su palabra y su cuerpo eucarístico. Marchemos a proclamar su palabra y a ser su cuerpo visible para el mundo. --- Que el Señor nos bendiga para que nosotros, a nuestra vez, seamos una bendición para todos.
Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.



Comentario del Domingo 5º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Ningún profeta es bien recibido en su patria»
P. Pere SUÑER i Puig SJ
(Barcelona, España)


Hoy, en este domingo cuarto del tiempo ordinario, la liturgia continúa presentándonos a Jesús hablando en la sinagoga de Nazaret. Empalma con el Evangelio del domingo pasado, en el que Jesús leía en la sinagoga la profecía de Isaías: «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos (...)» (Lc 4,18-19). Jesús, al acabar la lectura, afirma sin tapujos que esta profecía se cumple en Él.

El Evangelio comenta que los de Nazaret se extrañaban que de sus labios salieran aquellas palabras de gracia. El hecho de que Jesús fuese bien conocido por los nazarenos, ya que había sido su vecino durante la infancia y juventud, no facilitaba su predisposición para aceptar que era un profeta. Recordemos la frase de Natanael: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Jn 1,46). Jesús les reprocha su incredulidad, recordando aquello: «Ningún profeta es bien recibido en su patria» (Lc 4,24). Y les pone el ejemplo de Elías y de Eliseo, que hicieron milagros para los forasteros, pero no para los conciudadanos.

Por lo demás, la reacción de los nazarenos fue violenta. Querían despeñarlo. ¡Cuántas veces pensamos que Dios tiene que realizar sus acciones salvadoras acoplándose a nuestros grandilocuentes criterios! Nos ofende que se valga de lo que nosotros consideramos poca cosa. Quisiéramos un Dios espectacular. Pero esto es propio del tentador, desde el pináculo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo» (Lc 4,9). Jesucristo se ha revelado como un Dios humilde: el Hijo del hombre «no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mc 10,45). Imitémosle. No es necesario, para salvar a las almas, ser grande como san Javier. La humilde Teresa del Niño Jesús es su compañera, como patrona de las misiones.
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