GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO
Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA





SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger


Más en mi youtube

MANUALIDADES-SANTOS-etc
ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

Lecturas y Liturgia de Domingo de Ramos

Lecturas del Domingo de Pasión - Ciclo C

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/04_dom_cua_C-2.mp3

Domingo, 20 de marzo de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (50,4-17):

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 21,2a.8-9.17-18a.19-20.23-24

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere». R.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R.

Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios


Evangelio
Evangelio segúnsegún san Lucas (22,14–23,56):
En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo diciendo
S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos
al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilatos le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. El le responde:
+ «Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.
C. Pero ellos insitían con más fuerza, diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,
que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio
C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre si.
Pilato entregó a Jesús a su voluntad
C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos vociferaron en masa:
S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Por tercera vez les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán:

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (22,14–23,56):

En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo diciendo
S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos
al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilatos le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. El le responde:
+ «Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.
C. Pero ellos insitían con más fuerza, diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,
que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio
C. Herodes, al vera a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre si.
Pilato entregó a Jesús a su voluntad
C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos vociferaron en masa:
S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Por tercera vez les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: "Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado". Entonces empezarán a decirles a los montes: "Caed sobre nosotros", y a las colinas: "Cubridnos"; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿que harán con el seco?».
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:
+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.
Este es el rey de los judíos
C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:
S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».
Hoy estarás conmigo en el paraíso
C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».
C. Y decía:
S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
C. Y, dicho esto, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:
S. «Realmente, este hombre era justo».

Liturgia Viva del Domingo de Pasión - Ciclo C

Domingo, 20 de marzo de 2016
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (Ciclo C)

1. Jerusalén: Lugar de Sufrimiento y de Triunfo
2. Y la Pasión Continúa

Nota: Tengan en cuenta que en el Domingo de Ramos hay presente normalmente un buen número de fieles, que no suelen ir a la iglesia los domingos. Este es un incentivo para procurar que la liturgia “hable bien” de Dios, por medio de símbolos, textos sencillos, y canciones en las que el pueblo puede participar con facilidad.

I. BENDICIÓN DE LAS PALMAS Y PROCESIÓN

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)

1. Jerusalén: Lugar de Sufrimiento y de Triunfo
Sabemos, por la escuela de la vida, que no todos los días son días de alegría y embeleso: Hay también días oscuros y deprimentes, de sufrimiento, de frustraciones y fracasos. Pero hoy, Domingo de Ramos “de la Pasión del Señor”, se nos dice en términos bien claros que ésta fue la suerte libremente aceptada, nada menos que de Jesús mismo. Primero lo vemos el domingo, aclamado en un pequeño triunfo, pero enseguida escuchamos cómo le conducen a la muerte. Dentro de una semana, en la Noche de Pascua, oiremos el pregón pascual proclamando con claridad y énfasis que su muerte le condujo al triunfo de su propia resurrección; oiremos también sobre el perdón y la vida que él nos trae. Hoy nos unimos a nuestro Señor en su triunfo y en su pasión y muerte, y le pedimos que transforme nuestra vida y nuestra muerte y las haga tan aceptables y tan cargadas de sentido como la suya.

2. Y la Pasión Continúa
Hoy, y durante toda la Semana Santa, nuestra atención se concentra en los sufrimientos que nuestro Señor soportó por nosotros y cómo esos sufrimientos condujeron a su resurrección y a nuestro salir del pecado y del mal, y finalmente de la muerte. Pero tenemos también muy presente que Jesús sigue sufriendo hoy en su cuerpo, es decir, en los que son víctimas de injusticia, de pobreza y penuria, traición, persecución. Roguemos por ellos para que se alcen con el Señor, y para que nosotros les ayudemos a levantarse.

Oración de la Bendición de los Ramos


Oh Dios de toda vida:
Venimos hoy ante ti con ramos verdes,
símbolos de vida y juventud,
y símbolos de Jesús,
que se llamó a sí mismo “árbol verde”.
Bendícenos, y bendice (+) estos ramos
que portamos en nuestras manos.
Que estos pequeñas ramas y hojas
aclamen a Cristo como a nuestro Señor,
que nos trae plenitud de vida,
aun cuando tengamos que caminar con él
por el difícil camino del sufrimiento y de la muerte
hacia la victoria final.
Te lo pedimos por medio del mismo Jesucristo
nuestro Señor, que vive y reina
por los siglos de los siglos.
(El sacerdote rocía los ramos en silencio)

Evangelio de la Bendición de Ramos (Lc 19,28-40): Bendito el que viene en nombre del Señor.
El pueblo aclama a Jesús, pero a los pocos días, durante su juicio, gritarán: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”. ¿De qué lado estamos nosotros?

Se puede tener una breve homilía. Después el sacerdote o el ministro invita al pueblo a la procesión:

Y ahora, con los discípulos
y con el pueblo de Jerusalén,
aclamamos a Jesús con alegría
como nuestro Señor y Salvador.
Nosotros le seguimos,
agitando nuestros ramos.

II. LA EUCARISTÍA

Canción: El canto de procesión sirve también de Canto de Entrada. Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote recita inmediatamente la Oración Colecta. Solamente si no hay procesión o entrada solemne, se dice el acostumbrado Acto Penitencial y Señor Ten Piedad, según el misal.


Oración Colecta
Oremos para que sepamos seguir a Jesús
en su camino de cruz, servicio y amor.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de Jesús, tu Hijo, nos has mostrado
que el camino que conduce a la victoria
es el camino del servicio amoroso
y la disposición interior
para pagar el precio del sacrificio
por un amor fiel e inquebrantable.
Danos la mentalidad y la actitud de Jesús,
para que aprendamos a servir con él
y a amar, sin contar el precio, y sin medida.
Y que así lleguemos a ser victoriosos con él,
Jesús Resucitado, que es Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura (Is 50,4-7): Dios Vendrá en Mi Ayuda
El Siervo de Dios, Sufriente, permanece fiel a su misión incluso cuando es perseguido, ya que confía plenamente en Dios.

Segunda Lectura (Plp 2,6-11): Jesús se Humilló a Sí Mismo y así Llegó a Ser Señor Nuestro
El Hijo de Dios se humilló a sí mismo para hacerse uno de nosotros y para servirnos. Por eso Dios lo resucitó y le hizo Señor de todo.

Proclamación de la Pasión (Lc 22,14 – 23,56): Sufrimiento y Muerte de Jesús
En la pasión, Lucas presenta a Jesús como el que vino a buscar y salvar lo que estaba perdido. Ofrece la misericordia de Dios al pueblo de hoy.

Oración de los Fieles
Con Jesús rogamos y sufrimos para que todos encontremos perdón y vida. Y así decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

- Señor Jesús, Salvador nuestro, mientras nos unimos a tu agonía y sufrimos contigo, te rogamos por todos los que hoy estén agonizando en ansiedad y en dolor, y así te decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

- Señor Jesús, arrestado como un criminal, te rogamos por todos los que sufren condena en las cárceles, y así te decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

- Señor Jesús, negado y abandonado por tus mejores amigos, te rogamos por los que son ignorados y están abandonados por sus seres queridos, y así te decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

- Señor Jesús, citado ante jueces injustos e injustamente condenado, te pedimos por todos los que sufren injusticia, especialmente en tribunales corruptos, y así decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

- Señor Jesús, azotado y coronado de espinas, te pedimos por todos los que son torturados y despreciados en su dignidad humana, y así te decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

- Señor Jesús, que cargaste una pesada cruz, te rogamos por los que no saben cómo soportar las cruces y aflicciones de la vida, y así te decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

- Señor Jesús, que mueres abandonado en la cruz, te pedimos por todos los que se encuentran rechazados, abandonados y solos en la vida, y así te decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

- Señor Jesús, resucitado de entre los muertos, te pedimos que por tu resurrección nos traigas a todos vida, alegría de vivir y paz, y que un día nos resucites contigo, y así te decimos: R/ Señor, salva a tu pueblo.

Señor Jesús crucificado, escucha nuestra oración. Danos aquí ahora el pan de la resurrección y de la vida. Transforma nuestros caminos oscuros y tortuosos de cruz en amplias avenidas de luz, vida y alegría. Quédate con nosotros, por los siglos de los siglos.

Oración Sobre las Ofrendas
Oh Padre amoroso
En la víspera de su muerte,
Jesús se dio a sí mismo a sus amigos
en la forma de pan y vino,
como lo hace con frecuencia
aquí entre nosotros, en la eucaristía.
Danos un corazón agradecido por toda su bondad
y haznos lo bastante fuertes
para entregarnos generosamente, con él,
a todos los hermanos
que nos encontremos en el camino de la vida.
Que esta ofrenda nos traiga reconciliación
con nuestros hermanos y contigo.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
La cruz y muerte de Jesús nos trajo perdón y vida. Él murió para que nosotros vivamos. Con Jesús, le damos gracias ahora al Padre por su amor.

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todo pecado y de todo mal.
Por tu misericordia, da amor y esperanza
a los marginados y abandonados
y a los que están sufriendo angustiosamente
a causa de sus cruces.
Condúcenos a todos hacia adelante con esperanza
hacia la venida plena entre nosotros
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Cordero de Dios, que dijo:
”Quien quiera ser grande entre ustedes,
tiene que ser el servidor de todos,
como yo, que vine no a ser servido sino a servir,
y dar mi vida en rescate por muchos”.
Dichosos nosotros si seguimos al Señor.

R/ Señor, no soy digno

Oración después de la Comunión
Oh Padre bondadoso:
En esta eucaristía del Domingo de Ramos,
tu Hijo Jesús se nos ha dado a sí mismo
como se dio un día totalmente en la cruz.
Queremos aprender de él
a guardar viva nuestra esperanza en ti,
y a continuar caminando adelante animosos
por nuestro camino en la vida
incluso desconociendo qué nos deparará el futuro
o cuándo tendremos que cargar pesadas cruces;
porque confiamos en ti,
y sabemos que un día resucitaremos,
por encima de nuestras miserias,
a una vida de alegría sin fin,
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Hemos percibido hoy en Jesús cómo el amor a Dios y el amor al prójimo van de la mano, son inseparables. El amor de Jesús al Padre le obligó a ir hasta el fin en su amor a nosotros. Murió por llevar a cabo esa misión. Y en su muerte todos hemos renacido. Que este pensamiento nos guíe durante esta Semana Santa e inspire también toda nuestra vida cristiana:
Jesús es el Maestro y el Señor, y nosotros le seguimos.
Que él nos dé fuerza para seguirle.
Para ello, la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del 

Jilio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

¿Dónde vas esta Semana Santa? ¿ A la playa, la nieve, la montaña, el pueblo, en casa, a las procesiones de Sevilla, de Málaga o las más austeras de Valladolid o Zamora, haces de costalero o perteneces a una cofradía, vas a la soledad de un monasterio, ayudar en los pueblos que no tienen sacerdote, a una Semana Santa misionera, o con tu comunidad tan comprometida…? Debe existir la Semana Santa a la carta. Nunca acabé de entender, como estas fechas no las celebramos todos juntos, en nuestra parroquia de referencia.

Si la Navidad, la Muerte y la Resurrección son el centro de nuestra vida cristiana y esta vida se vive en comunidad, no parece normal que en la cena falten apóstoles, más normal es que el viernes nos escapemos y sobre todo que en la Pascua no estemos presentes, a no ser que nos llamemos o seamos mellizos de Tomás. Puede ser, que el misterio sea sólo un misterio individual. Vayas donde vayas, (que estás en tu derecho), aunque existe la semana de pascua para descansar, intentemos todos en estos días tener los mismos sentimientos que Cristo.

Ya que la liturgia nos invita a ser breves, lo anterior tomarlo como un comentario, comencemos ahora la homilía. El himno de Filipenses puede ser un buen resumen de esta semana: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”. No es una metáfora: el jueves santo lo veremos lavando los pies a los discípulos como un esclavo. No podemos construir el Reino en el que caben todos y que se simboliza en la Última Cena, si no nos hacemos hombres, uno de tantos, sin distinciones de privilegios, títulos, dineros. Se nos invita a ser los servidores de todos, su testamento será hacer esto en memoria suya.

“Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz”. Se ofrece a la muerte por la vida de los suyos, eso es el viernes santo, se hace hombre hasta las últimas consecuencias. Hay que morir a toda forma de egoísmo, a lo viejo como hemos intentado en esta Cuaresma y hay que estar al lado de los crucificados. Cumplir las obras de misericordia y pagar el precio de atrevernos a proclamar la paz, la justicia, la dignidad y la libertad del hombre, Él murió por ello.

“Por eso (nunca mejor dicho) Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre… Jesucristo es el Señor”. El aparente triunfo de este Domingo de Ramos fue un fracaso, pues quiso adelantarse a la cruz y el fracaso de la cruz fue el auténtico triunfo y esto es la Resurrección. En esa noche de agua y luz, renovamos nuestras promesas bautismales, creemos que Dios puede hacerlo todo nuevo, que es capaz de cambiar los esquemas humanos y nos señala una forma distinta de existencia.

La lectura de la Pasión, que este día es de San Lucas, no nos debe llevar sólo a ver la altanería de Pedro, la cobardía de los discípulos, la traición de Judas, la ceguera de la gente, el cinismo de Herodes, el miedo de Pilato, la ayuda obligada de Simón de Cirene, el lloro de las mujeres, los dos ladrones, la bondad de José de Arimatea y otros personajes. Ellos somos nosotros con diversos ropajes y esperemos que no tenga que ser un centurión romano, que nada parece tener que ver con esta historia, el que proclame: “Realmente, este hombre era justo”.

Es duro, ¿pero puede existir otro modo para llegar a la Pascua, que no sea el de estar todos reunidos en la misma mesa? Vivir esta semana mayor, con aquellos con los que durante todo el año se supone que formas una comunidad, es la verdadera alternativa. En Pascua nace la comunidad y más allá de las tácticas pastorales y del necesario descanso para el cuerpo o para el espíritu, fijemos los ojos no en el Jesús que nos hemos creado nosotros, si no en el que fue vivido por las primeras comunidades cristianas.

Llenémonos de los sentimientos de Cristo, junto a los hermanos que domingo a domingo, recorren con nosotros el camino, con los crucificados, los enfermos, los de Cáritas, las abuelas, los niños… los que hacen visibles que compartimos la misma fe, el mismo bautismo. Hay otros momentos comunitarios, pero este es el central, el que da más sentido a la Semana Santa.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified