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Lecturas y Liturgia del 17 de Marzo de 2016

Lecturas del Jueves de la 5ª semana de Cuaresma

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_37_2008.mp3

Jueves, 17 de marzo de 2016
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (17,3-9):

En aquellos días, Abrahán cayó rostro en tierra y Dios le habló así:
- «Por mi parte, esta en mi alianza contigo: serás padre de muchedumbre de pueblos.
Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré fecundo sobremanera: sacaré pueblos de ti, y reyes nacerán de ti.
Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como alianza perpetua. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios».
El Señor añadió a Abrahán:
- «Por tu parte, guarda mi alianza, tú y tus descendientes en sucesivas generaciones».

Palabra de Dios

Salmo
Sal 104,4-5.6-7.8-9

R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
- «En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
- «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: "Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre"? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó:
- «Si yo me glorificara a mi mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: "Es nuestro Dios", aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: "No lo conozco" sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron:
- «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?»
Jesús les dijo:
- «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 5ª semana de Cuaresma
Jueves, 17 de marzo de 2016
FE EN LA PALABRA DE DIOS ALIANZA
(Gn 17,3-9; Jn 8,51-59)

Introducción
Nuestra comunión con Dios, nuestra salvación, depende de la fe. Dios ofrece una Alianza; nosotros tenemos que fiarnos de la palabra de Dios. Abrahán creyó en la palabra de Dios y su fe cambió su propio destino (de ahí su nuevo nombre) y el de su pueblo. Muchos judíos no creyeron y se desconectaron de sus antepasados y del nuevo pueblo de Dios. --- Dios nos habla a nosotros por medio de su Palabra Viva, que es una persona: Jesucristo. Si creemos en él, por el bautismo nos convertimos en el nuevo pueblo de la nueva Alianza, y la Tierra Prometida será nuestra.



Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Por tu Hijo, Jesucristo,
tú nos has dado un nombre nuevo,
el nombre de tu mismo Hijo:
por eso nos llamamos ahora “cristianos”.
Haz que sepamos vivir según este nuevo nombre
hasta llegar felizmente a nuestro nuevo destino,
que es ser hombres y mujeres “para-los-demás”,
que sirvamos y nos entreguemos totalmente a los otros
juntamente con Jesús, Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Intenciones
- Señor, Jesús, te rogamos por los que no pueden o no quieren creer en ti. Que al menos sean personas que sigan los dictados de su conciencia, y así decimos:
- Señor, Jesús, danos la gracia de creer en tu palabra y de guardarla y cumplirla en nuestra vida diaria, y así te decimos:
- Señor, Jesús, te rogamos para que el pueblo judío se acerque más a nosotros, cristianos, a través de la fidelidad a la Alianza que sellaste con Abrahán, y así te decimos:

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios:
Tú hablas por medio de tu Palabra Viva en medio de nosotros,
tu Hijo, Jesucristo.
Danos fe, una fe bien fuerte,
para que creamos firmemente
en su presencia entre nosotros
y para que nosotros mismos
seamos su presencia palpable
en el mundo de hoy.
Haznos participar de su Espíritu
para que la gente lo acepte a él en nosotros,
ya que él es nuestro Salvador y Señor
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios nuestro:
En los días en que nuestra vida
parece monótona y gris,
y cuando nos impacientamos con nosotros mismos,
nos cuesta tremendamente percatarnos
de que tu Hijo está presente entre nosotros.
Danos una fe confiada
de que él está aquí para nosotros y con nosotros,
para alzarnos sobre nosotros mismos
y para darnos esperanza en tu futuro prometido.
Ayúdanos a ser profundamente conscientes,
de que tú te has vinculado fuertemente a nosotros
y que compartes nuestro destino
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Ojalá sepamos guardar la Palabra del Señor no sólo en nuestras mentes, sino también en nuestras obras, para que un día gocemos de la Tierra Prometida, la vida eterna. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.



Comentario al Evangelio del 

Queridos hermanos


Nos encontramos ante dos lecturas heterogéneas, unidas artificialmente con una grapa: la alianza sellada por Dios con Abrahán. En su cena de despedida, Jesús dará su “sangre de la alianza nueva y eterna”; en cuanto nueva, recuerda una promesa: “yo pactaré con la casa de Israel una alianza nueva” (Jr 31,31); y, en cuanto eterna, es insuperable e irrepetible: “lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose él mismo” (Hbr 7,27).

La Iglesia, desde sus orígenes, contempla la pasión de Jesús a la luz de la misteriosa figura del Siervo de Yahvé, en el cual a su vez se realizan las promesas hechas a Abrahán: “Mi siervo tendrá éxito… Verá su descendencia, prolongará sus años” (Is 53,10). La asamblea de los creyentes somos la gran descendencia de Jesús, nuevo Abrahán, mediador de la nueva alianza, sellada con un sacrificio del todo nuevo.

Ayer la pregunta dirigida a Jesús era “¿Tú quién eres?”; hoy la encontramos reformulada: “¿por quién te tienes?”. Y Jesús no vacila en la respuesta: soy el Hijo, el enviado por el Padre, el perfecto realizador de su proyecto de salvación, el que lleva a plenitud la alianza iniciada por Él con la humanidad a través de Abrahán. San Pablo nos dirá que ya la primera alianza se realizó con gloria (2Cor 3,6-7), pero una gloria ampliamente superada por la alianza definitiva acontecida en Jesús. Y acabamos de oírlo de sus labios: “el que me glorifica es mi Padre”.

Y Jesús continúa su autopresentación: él es el preexistente (“en el principio ya existía la Palabra”), anterior a Abrahán y también posterior: “deseó ver mi día”. Y todo queda remachado con la expresión “existo yo”, que hubiera sido más acertado traducir como “Yo Soy”; de nuevo aparece Jesús como portador del misterioso nombre de Yahvé.

Esto puede ser mucha, ¡y árida!, teología. Somos deudores de una terminología y una tradición conceptual que cristalizaron en otra época y otra cultura. ¿Qué traducción le daríamos para que afecte hoy a nuestra vida de fe? Ante todo se nos invita a contemplar a Dios como cercano: pactar una alianza es querer vivir con nosotros, ser “nuestro”: “seré tu Dios”. Es el Dios que quiere el éxito de la humanidad, su realización, y por ello envía a Jesús: “yo les doy vida eterna y no se perderán jamás” (Jn 10,28). Y es el Dios que quiere ser conocido, y para ello envía a su Hijo, el que le ha visto y le conoce de verdad; de los demás “salvadores” (?) se nos dice que “a Dios nadie le vio jamás” (Jn 1,18).

En Jesús se realiza el acercamiento insuperable de Dios a la humanidad; gracias a él, el Padre se hace realmente “nuestro” y se afianza una relación familiar. Pero Dios es siempre Dios, el inabarcable; y Jesús lleva su nombre de “Yo Soy”: somos llamados a una íntima y gozosa adoración.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
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