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Lecturas y Liturgia del 18 de Marzo de 2016

Lecturas del Viernes de la 5ª semana de Cuaresma

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_38_2008.mp3

Viernes, 18 de marzo de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Jeremías (20,10-13):


Oía la acusación de la gente: «"Pavor-en-torno", delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es ,i fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 17,2-3a.3bc-4.5-6.7

R/. En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza.

y quedo libre de mis enemigos. R.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (10,31-42):


En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
El les replicó:
- «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
- «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
- «¿No está escrito en vuestra ley: "Yo os digo: sois dioses"? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: "¡Blasfemas!" Porque he dicho: "Soy Hijo de Dios"? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
- «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 5ª semana de Cuaresma

Viernes, 18 de marzo de 2016
SIGNOS DE CONTRADICCIÓN (Jer 20,10-13; Jn 10,31-42)

Introducción

Jesús, el Hijo de Dios, mostró en su vida y en sus obras que él no era un ser humano ordinario, incluso frente a la contradicción. Los cristianos, hijos e hijas de Dios con “h” minúscula, aun los que tomen en serio su fe, encontrarán también contradicciones y sufrimiento. Ellos no pueden transigir en sus principios, si ello fuera equivalente a traición o deshonestidad consigo mismos, con su fe, o con otros. Pero, muy bien saben ellos que están en las manos de Dios. Y sus obras hablarán por sí mismas. Que con Jesús, Hijo de Dios, sepamos llevar a cabo el trabajo y misión que el Padre nos ha confiado.




Oración Colecta
Señor, Dios nuestro:
Tú eres un Dios leal,
siempre fiel a tus promesas.
Robustece nuestra fe,
para que, con Jesús,
sigamos siempre confiando en ti
a pesar de los prejuicios,
del ridículo y de la contradicción.
Otórganos la firme convicción
de que tú estás
irrevocablemente comprometido con nosotros
en Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
- Por los hombres y mujeres perseguidos por causa de su fe y que se sienten como abandonados, para que encuentren fortaleza en la oración, roguemos al Señor.

- Por todos los que se sienten abandonados por Dios y por los hombres, para que aprendan de nuevo, a través de gente buena que se les acerque y les acoja, que Dios les ama y ellos están en sus manos, roguemos al Señor.

- Por las personas que hayan pecado seriamente, para que en estos días de Cuaresma, se arrepientan sinceramente y vuelvan de nuevo al Dios misericordioso, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios:
El signo de tu lealtad para con nosotros
es que tu Hijo viene a nosotros,
aquí y ahora en la eucaristía.
Guárdanos también a nosotros leales a ti
cuando tengamos que afrontar contradicción
a causa de nuestra fe.
Que el Espíritu Santo nos dé el don de fortaleza;
el mismo Espíritu que inspiró y fortaleció a tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Jesús sufrió oposición
porque afirmó ser tu Hijo, el Hijo de Dios.
Que nosotros, que afirmamos también
ser tus hijos e hijas,
hagamos por amor
lo que tú quieres que hagamos,
para que la gente crea en ti y en tu Hijo,
no tanto por lo que hablamos y decimos,
sino por lo que somos y hacemos
inspirados por Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor,
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Que nuestra fe en Jesús, el Señor, sea firme e inquebrantable. Sabemos muy bien lo mucho que él ha hecho por nosotros, cómo aguantó la contradicción, cómo sufrió y murió por nosotros. Él, el Hijo amado de Dios hecho hombre, nos ha hecho hijos e hijas del Padre. Por eso, con gozo recibimos ahora la bendición.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.



Comentario al Evangelio del 

Severiano Blanco, cmf
Queridos hermanos


Hoy la prefiguración de Jesús perseguido, muerto, y glorificado por el poder del Padre es el profeta Jeremías. También él tuvo lamentos y protestas, cercanos al “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, y también él, como Jesús en el huerto, “sintió terror y angustia”; a Jeremías y a Jesús la fidelidad al Dios que los había enviado les granjeó oposición y planes homicidas: “lo violentaremos y nos vengaremos de él”. Pero la última palabra no es la de los hombres, sino la de Dios, el Dios que no abandona, que es siempre Dios de vida, y tanto Jesús como Jeremías le cantan agradecidos, porque “libró la vida del pobre de manos de los impíos”.

La discusión de Jesús con las autoridades judías nos llega, también hoy, modelada en la horma de las tensiones entre la iglesia joanea y el judaísmo del que procede. Con razón dice el Vaticano II que los evangelistas transmitieron los dichos y hechos de Jesús “adaptándolos a la situación de las diversas Iglesias” (DV 19). A los cristianos se les recuerda lo de Jesús no por curiosidad, sino para iluminar su propia situación. Entre los judíos que han creído en Jesús y los que le han rechazado, se abre un abismo insalvable. Para el segundo grupo, el primero niega lo más nuclear de la fe israelita: “escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es solamente uno” (Deuteronomio 6,4). La negación del monoteísmo llevaba aneja la pena de lapidación; y probablemente algunos cristianos de la comunidad joanea fueron apedreados bajo acusación de politeísmo. Ellos supieron que se jugaban la vida, pero no se echaron atrás en su confesión cristológica: al hombre Jesús le reconocieron como Dios. El texto evangélico evita cuidadosamente admitir más de una divinidad; Jesús es divino porque “el Padre está en mí y yo en el Padre”.

Estamos ante profundidades y sutilezas teológicas que superan nuestro entender; nos sentimos más inclinados a adorar el misterio que a especular sobre él. Pero los textos deben interpelar nuestra vida también “racionalmente”. Jesús es el hombre religioso que habla a gentes religiosas, pero no simplemente para confirmarlas en sus formulaciones de fe y en sus costumbres de siempre, sino para hacerlas progresar en el camino que conduce a Dios; y todo enriquecimiento implica alguna innovación y alguna ruptura, alguna renuncia a lo ya sabido, a las propias seguridades.

No solemos estar dispuestos a que alguien mueva los palos de nuestro sombrajo, sobre todo del sombrajo religioso. Esto explica el rechazo de Jesús, que fue cordial, bondadoso y compasivo con sus contemporáneos, pero incómodo espoleador hacia nuevas metas. Ellos eran apocalípticos: esperaban y deseaban una intervención poderosa de Dios en la historia; pero Dios la realizó de forma distinta a como se imaginaban. La encarnación de Dios y su sometimiento a sufrimiento y aparente fracaso va más allá de lo “razonable”. No lo olvidemos en la Semana Santa en que vamos a entrar: para avanzar en nuestro camino hacia Dios, dejemos que algo muera en nosotros y dé paso a algo diferente y más bello.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
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