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Lecturas y Litugia del 16 de Mayo de 2016

Lecturas del Lunes de la 7ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/pascua08_lunes7.mp3

Lunes, 16 de mayo de 2016
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol Santiago (3,13-18):

¿Hay alguno entre vosotros sabio y entendido? Que lo demuestre con una buena conducta y con la amabilidad propia de la sabiduría. Pero, si tenéis el corazón amargado por la envidia y las rivalidades, no andéis gloriándoos, porque sería pura falsedad. Esa sabiduria no viene del cielo, sino que es terrena, animal, diabólica. Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz, y su fruto es la justicia.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 18,8.9.10.15

R/. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,14-29):

En aquel tiempo, cuando Jesús y los tres discípulos bajaron de la montaña, al llegar adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó: «¿De qué discutís?»
Uno le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que lo echen, y no han sido capaces.»
Él les contestó: «¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo.»
Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; cayó por tierra y se revolcaba, echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?»
Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten lástima de nosotros y ayúdanos.»
Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe.»
Entonces el padre del muchacho gritó: «Tengo fe, pero dudo; ayúdame.»
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él.»
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que la multitud decía que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?»
Él les respondió: «Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Lunes de la 7ª semana del Tiempo Ordinario

Introducción
Lunes, 16 de mayo de 2016
CURANDO Y RESUCITANDO
(Sant 3,13-18; Mc 9,14-29)
En su carta, Santiago presenta a sus fieles reglas de vida moral cristiana y una expresión de la verdadera sabiduría de la fe.
Evangelio. Jesús cura a un muchacho poseso, alzándolo, tomándolo de la mano. Jesús pide fe y oración confiada, de otro modo nos cerramos a la acción de Dios. Marcos dice que “Jesús levantó al muchacho poseso cogiéndolo de la mano”; así describe su curación en términos de resurrección, como la curación de la suegra de Pedro o la resurrección de la hija de Jairo. Con su tacto, “cogiéndolo de la mano”, Jesús cura y restaura vida.

 Oración Colecta
Oh Dios, Padre compasivo:
Por medio de tu Hijo Jesucristo
tú alzaste a los enfermos a una vida plena,
curándolos de sus enfermedades.
Tómanos a nosotros también de la mano,
tócanos y restáuranos a una humanidad más plena.
Toca nuestra mente, para que seamos más sabios
y mira al mundo y a la gente
con tus ojos compasivos.
Toca nuestro corazón,
para que sepamos amar más
y servir mejor a nuestros hermanos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Intenciones
Señor, ayúdanos a alzar de su desaliento a los descorazonados y abatidos, gracias a nuestra amistad y cercanía, y a nuestras palabras reconfortantes, así te lo pedimos:
Señor, bendice a los doctores, enfermeras, y a todos los que cuidan de los enfermos, para que logren levantar de su postración y enfermedad a los que buscan su ayuda, y así te lo pedimos:
Señor, resucita de entre los muertos a todos nuestros seres queridos difuntos que murieron con fe y esperanza en la resurrección, y así te lo pedimos:

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Aquí están sobre el altar
tus propios dones de pan y vino.
Tócalos con el poder de tu Santo Espíritu
y transformarlos en el cuerpo y sangre de Cristo,
nuestro hermano y Salvador,
para que participemos de su victoria
sobre el sufrimiento, la enfermedad y la muerte.
Te lo pedimos en el nombre
de aquél que vino a elevarnos
a una vida más alta y sublime,
Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios de misericordia y compasión:
Concédenos participar del poder sanador
de tu Hijo Jesucristo.
Danos un espíritu de penitencia y de oración
para hacernos humildes y fuertes;
y sobre todo danos un sentido de fe profunda,
para que podamos hacer grandes cosas
creyendo en tu Hijo Jesús.
Y que experimentemos,
activo y eficaz en nosotros,
su poder de levantar a la gente
de sus miserias y desamparo.
Te lo pedimos por medio del mismo Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Tocar con cariño a los hermanos, tomarles de la mano, librarlos de su aislamiento y levantarlos de su tristeza y desesperación… es también nuestra tarea, si queremos continuar el trabajo y la misión de Jesús. Para poder realizarlo, contemos con la bendición del Señor.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del 

Alejandro Carbajo, cmf
Queridos amigos, paz y bien.

Después de recibir la visita del Espíritu Santo, la vida sigue, espero que no igual. Que seamos más sabios, después de la Pascua y de Pentecostés. Y que lo demostremos en nuestra vida, porque la sabiduría se demuestra en el comportamiento, como nos recuerda la primera lectura.

La fe incrementa la sabiduría y la sabiduría aumenta nuestra fe: por este camino tenemos que ir para ser verdaderos discípulos de Cristo. El episodio que hoy nos presenta el Evangelio se enmarca en el contexto de la Transfiguración. Mucha gente, los Apóstoles no pueden curar a un muchacho, y Jesús que realiza el milagro. Varias claves se pueden percibir:

“Creo, pero dudo. Ayúdame”. Tengo fe, pero no lo veo claro. Quiero confiar, pero me fallan las fuerzas. No acabo de entender eso de que todo lo puede el que tiene fe. Y me gustaría, pero soy débil. No siento en mis carnes la dicha de los elegidos, de los que lo tienen todo claro. Soy, Señor, el último de todos.

Y aquí entra en juego la segunda clave: la oración. Mi profesor de Evangelios en el Seminario nos dijo que lo del ayuno fue un añadido posterior. No digo que el ayuno no sea bueno, pero hoy quiero poner la atención en la oración. ¿Qué podemos hacer cuando no podemos hacer nada? A veces, solo nos queda rezar. Si me siento pequeño, si no puedo expulsar a los demonios que llevo dentro o enfrentarme a los demonios que me atacan desde fuera, es el momento de orar, por mí, por las personas que tengo cerca, por los que me ayudan, por los que me provocan, por los que creen en mí, por los que no me apoyan…

Abrirnos a la acción del Espíritu supone pedir cada día al Señor que nos siga llevando. La vida cristiana no es una decisión de un día y ya está. Es una carrera de larga distancia, para toda la vida. Merece la pena, porque el premio es la eternidad. Y eso es mucho tiempo. Saber que siempre hay Alguien al otro lado de la línea es un consuelo. Y Dios siempre escucha, incluso cuando nos parece que no. ¿Estás tú dispuesto a orar siempre, sin desfallecer, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en las alegrías y en las penas? Ojalá la respuesta sea sí.

Vuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.
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