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Lecturas y Liturgia del 14 de Junio de 2016

Lecturas del Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario


Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/11_3_TO.mp3

Martes, 14 de junio de 2016
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes (21,17-29):

Después de la muerte de Nabot, el Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: «Anda, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que vive en Samaria. Mira, está en la vifía de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión. Dile: "Así dice el Señor: '¿Has asesinado, y encima robas?' Por eso, así dice el Señor: 'En el mismo sitio donde los perros han lamido la sangre de Nabot, a ti también los perros te lamerán la sangre.»
Ajab dijo a Elías: «¿Conque me has sorprendido, enemigo mío?»
Y Elías repuso: «¡Te he sorprendido! Por haberte vendido, haciendo lo que el Señor reprueba, aquí estoy para castigarte; te dejaré sin descendencia, te exterminaré todo israelita varón, esclavo o libre. Haré con tu casa como con la de Jeroboán, hijo de Nabat, y la de Basá, hijo de Ajías, porque me has irritado y has hecho pecar a Israel. También ha hablado el Señor contra Jezabel: "Los perros la devorarán en el campo de Yezrael." A los de Ajab que mueran en poblado los devorarán los perros, y a los que mueran en descampado los devorarán las aves del cielo.»
Y es que no hubo otro que se vendiera como Ajab para hacer lo que el Sefior reprueba, empujado por su mujer Jezabel. Procedió de manera abominable, siguiendo a los ídolos, igual que hacían los amorreos, a quienes el Señor había expulsado ante los israelitas. En cuanto Ajab oyó aquellas palabras, se rasgó las vestiduras, se vistió un sayal y ayunó; se acostaba con el sayal puesto y andaba taciturno.
El Señor dirigió la palabra a Ellas, el tesbita: «¿Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva; castigaré a su familia en tiempo de su hijo.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 50,3-4.5-6a.11.16

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,43-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

Martes, 14 de junio de 2016
DEL ENEMIGO AL PRÓJIMO
Introducción
La ingrata y arriesgada tarea del profeta es hablar claro y duro contra la injusticia, aunque sea cometida por los poderosos de esta tierra.

Evangelio:
Jesús concluye parte de este Sermón de la Montaña con las palabras “Sean perfectos, como su Padre del cielo es perfecto”. ¡Meta no fácil de conseguir! Debemos salir de nosotros mismos para amar a todos y cada uno de nuestros hermanos, incluidos también nuestros enemigos. Hemos de imitar a Dios en su amor, que manda al sol alumbrar igualmente a buenos y a malos.

Colecta
Padre nuestro que estás en el cielo,
Dios de amor:
En tu Hijo Jesucristo
nos has mostrado tu ternura
y nos has aceptado –pecadores como somos-
como tus hijos e hijas.
Comparte tu corazón con nosotros,
haznos misericordiosos y comprensivos;
que, por el modo como tú nos has tratado,
aprendamos a acoger a todos
sin condiciones ni reservas,
y a olvidar y perdonar todas las ofensas,
de forma que lleguemos pronto
a asemejarnos cada vez más a ti.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.

Intenciones

Señor, que tu Espíritu nos dé el valor para rogar sinceramente por los que nos odian o nos perjudican, y para devolverles bien por mal, te rogamos.
Señor, cambia los corazones de los que no saben perdonar y rechazan el perdón, y –para motivarles positivamente- recuérdales cómo tú les has perdonado a ellos, te rogamos.
Señor, que los encargados de organizaciones y proyectos de de caridad y solidaridad sean honestos en administrar intachablemente los bienes que se les han confiado, te rogamos.

Oración sobre las Ofrendas
Padre del cielo:
Estos son los dones de reconciliación y de paz
que hoy traemos ante ti
para celebrar la fiesta de amor de tu Hijo.
Ayúdanos a descubrir con él
lo mejor que hay en cada uno de nosotros
y a hacernos mejores unos a otros
con el mismo amor clemente y liberador
que tú nos has manifestado
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Oración antes de la Comunión
Dios, Padre nuestro:
Hemos celebrado con tu Hijo
el sacrificio que nos ha traído
paz y reconciliación
Con sus palabras y su vida nos ha enseñado
a perdonarnos unos a otros de corazón.
Que su Espíritu more en nosotros;
que sepamos perdonar sin reservas ni condiciones,
y que podamos caminar juntos
mucho más lejos de lo que se nos pide
en el camino hacia los otros y hacia ti,
que eres nuestro Dios santo y misericordioso,
ahora y por siempre.

Bendición
“Amen a sus enemigos. Hagan el bien a los que les odian, y rueguen por los que les persiguen.” Así nos ha dicho rotundamente el Señor. Difícil, muy difícil. Pero eso es lo que Jesús hizo. ¿Lo consideramos imposible para nosotros?
Que el Señor nos dé coraje y valor para cumplirlo en nuestra vida, y con todo su poder nos bendiga: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres cmf


Hay que reconocer que Jesús sabía apretar las clavijas allá donde más se necesitaba. Porque nosotros somos muchas veces, demasiadas, maestros en el arte de disimular, en el arte del cumplimiento (cumplo y miento a la vez), en decir que sí pero que hasta cierto punto, en esforzarnos pero no llegar a poner toda la carne en el asador.

Eso nos pasa con el asunto del amor. Todos sabemos que el mandamiento principal de los cristianos es amar. Sin más. Amar por encima de todas las cosas. Amar sin medida. Amar a todos. Sin excepción. Pero también sabemos que eso no es fácil, que es más fácil decirlo que hacerlo. Porque el amor es mucho más que ese sentimiento que nos hace sentirnos bien a nosotros mismos. El amor de que habla Jesús es el que hace realmente bien a los demás. Y eso conlleva muchas veces esfuerzo, compromiso, dolor. Exige vencernos a nosotros mismos. Exige darlo todo. Exige dar la vida por la vida de los otros.

Y ahí entran nuestros frenos, nuestras excusas. De todo tipo. Porque para poner excusas no tenemos precio. Nos gusta decir que perdonamos a todos pero que “no olvidamos”. Nos gusta decir que hay que ser “hermanos pero no primos.” Y muchas más frases y excusas que nos sirven para evadirnos del esfuerzo que supone amar con el que amor que Jesús nos pide: amar hasta dar la vida por los demás.

Por eso, hay que leer muchas veces este Evangelio de hoy. Jesús –me lo imagino con una cierta sonrisa irónica mientras que decía estas palabras– nos dice que ya está bien de engañarnos a nosotros mismos. Nos dice que sabemos de sobra lo que es el amor que nos pide. Y que ya está bien de poner excusas. Porque el reino sólo construye con el cemento que une a las personas hasta formar la gran familia de Dios. Y ese cemento no es otro que el amor. Y el perdón y la misericordia y la tolerancia y la comprensión, que no dejan de ser formas de amar. Sólo así lograremos que los que formamos la humanidad nos demos cuenta de que no hay nada que nos separe y que nos une lo más grande: que todos somos hijos e hijas de Dios. Sin excepción.
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