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Lecturas y Liturgia del 16 de Junio de 2016

Lecturas del Jueves de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_103.mp3

Jueves, 16 de junio de 2016
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (48,1-15):

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Tú resucitaste un muerto, sacándolo del abismo por voluntad del Señor; hiciste bajar reyes a la tumba y nobles desde sus lechos; ungiste reyes vengadores y nombraste un profeta como sucesor. Escuchaste en Sinal amenazas y sentencias vengadoras en Horeb. Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives. Elías fue arrebatado en el torbellino, y Eliseo recibió dos tercios de su espíritu. En vida hizo múltiples milagros y prodigios, con sólo decirlo; en vida no temió a ninguno, nadie pudo sujetar su espíritu; no hubo milagro que lo excediera: bajo él revivió la carne; en vida hizo maravillas y en muerte obras asombrosas.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 96,1-2.3-4.5-6.7

R/. Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 16 de junio de 2016
ORACIÓN CONFIADA

Introducción
La lectura de hoy del Libro del Eclesiástico es un himno de alabanza en honor del fogoso profeta Elías.

Evangelio:
En las palabras de Jesús, Mateo nos da hoy una catequesis sobre la oración. La razón y base de nuestra oración no habría de ser, sola y simplemente, porque necesitamos conseguir algo de Dios. - Tampoco habríamos de pensar que nuestra oración es más poderosa cuando usamos un torrente de palabras. Oramos por que Jesús nos pide que oremos, y porque tenemos confianza en nuestro Padre que conoce lo que necesitamos aun antes de pedírselo. En nuestra lista de oración de petición habríamos de poner en primera fila las cosas más importantes, como son: Dios y su Reino, que es manifestado y comunicado a nosotros por medio del pan, del perdón y protección. Las demás cosas “se nos darán por añadidura”.

Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú sabes lo que necesitamos
aun antes de pedírtelo.
Estamos seguros de esto
por la experiencia humana de Jesús tu Hijo,
que se hizo uno de nosotros.
Por eso te pedimos:
que no lo tomes a mal
cuando usamos demasiadas palabras,
quizás intentando encubrir
la vaciedad de nuestros corazones,
Por tu Espíritu que habita en nosotros,
enséñanos a pedir cosas realmente importantes:
las cosas de tu Causa y de tu Reino.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Intenciones
Por los miembros de las órdenes y congregaciones religiosas contemplativas, dedicadas totalmente a la oración, para que sean muy sensibles y atentos a las necesidades de la Iglesia y del mundo, y rueguen fervorosamente por ellas, roguemos.
Por todos nosotros, para que en nuestra oración busquemos sobre todo la voluntad de Dios, antes que la nuestra propia, oremos.
Por todos nosotros, de nuevo, para que el Señor nos otorgue un verdadero espíritu de oración, que nos lleve a una auténtica intimidad con él.

Oración sobre las Ofrendas
Dios, Padre nuestro que estás en el cielo:
Estamos seguros de que tú nos escuchas siempre,
porque tu Hijo está presente en medio de nosotros.
Con él te rogamos
que sepamos reconocerte y alabar tu nombre;
que tu Reino crezca entre nosotros
y que nosotros cumplamos lealmente tu voluntad
siguiendo a Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Antes del Padre Nuestro
Oremos como Jesús nos ha orientado hoy en el evangelio.
Y roguemos a Dios nuestro Padre
con las propias palabras de Jesús: R/ Padre nuestro...

Oración después de la Comunión
Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús, ahora vivo entre nosotros,
insiste en que nos perdonemos unos a otros.
Enséñanos a perdonar como tú perdonas,
completamente y sin reservas.
Te damos gracias porque nos has perdonado mucho
y porque no has tenido ya en cuenta
el castigo merecido por nuestros pecados
por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Para nosotros la oración no es una huída de la vida hacia las altas nubes, ni una dejación de nuestro compromiso y entrega a nuestros hermanos. Consideramos la oración como una súplica a Dios para que nos conceda el coraje y el valor para enfrentarnos a la realidad en que vivimos y para preocuparnos y compartir seriamente con los hermanos.
Que el Señor les dé a ustedes esta actitud y fuerza, y les bendiga abundantemente: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.
R/ Amén.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres cmf


En la historia del cristianismo a veces hemos caído en la tentación de hacer de la oración algo muy complicado, difícil. Algo que sólo es posible para personas muy puras y santas. Algo que precisa de mucho tiempo y dedicación. Algo, en definitiva, que no es accesible para las personas normales. Sobre todo, porque las personas normales se ven obligadas a pasar la mayor parte de su tiempo trabajando para poder sobrevivir.

La verdad es que Jesús nunca dijo a sus seguidores que tenían que pasar largas horas en oración para mantener la relación con Dios. Es cierto que en algún texto del Evangelio se dice que Jesús pasaba a veces las noches en oración. Pero nunca se lo pidió a sus discípulos. Incluso en el momento de la oración de Getsemaní, cuando tuvo que pasar por momentos muy difíciles, apenas riñó un poco a sus discípulos que se habían quedado dormidos mientras que él pensaba en lo que le esperaba.

La verdad es que, cuando sus discípulos le pidieron que les enseñase una oración, Jesús les enseñó una oración muy sencilla y breve, la que se ha dado en llamar por las palabras con que comienza: el padrenuestro. Es tan breve que por mucho que nos empeñemos en rezarla muy despacio, apenas nos durará unos segundos. Siempre menos de un minuto.

También es verdad que en esas pocas frases se dice lo más importante: que Dios es nuestro padre y que nos podemos dirigir a él con confianza. Que deseamos que venga su reino a nuestras vidas porque ésa y no otra es su voluntad para todos nosotros. Que confiamos en él para que nos dé lo que necesitamos cada día y que nos comprometemos a perdonar y amar como él nos ama. ¿Qué más nos hace falta?

Quizá lo que nos quiere decir Jesús es que le interesa mucho más vernos amándonos, perdonándonos, construyendo juntos el reino de justicia y fraternidad de donde nadie quede excluido, que dedicando larguísimas horas a la oración, en silencio y meditación. Porque a lo que él vino, y a lo que nos ha llamado a nosotros, es a construir el reino y no a evadirnos en el silencio y la paz de la eterna contemplación. Porque el amor se hace amando y no pensando en él. Así que la oración es buena en tanto en cuanto nos lleva a amar.
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