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Lecturas y Liturgia del 29 de Junio de 2016

Lecturas del San Pedro y san Pablo, apóstoles

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org:81/radiopalabra/cuaresma_2007/CUARESMA_02.mp3.m3u

Miércoles, 29 de junio de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (12,1-11):

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.
La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor y se iluminó la celda.
Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate.»
Las cadenas se le cayeron de las manos y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias.»
Obedeció y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme.»
Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel.
Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 33,2-3.4-5.6-7.8-9

R/. El Señor me libró de todas mis ansias

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4,6-8.17-18):

Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-19):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del San Pedro y san Pablo, apóstoles

Miércoles, 29 de junio de 2016
SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles

Saludo (Ver Segunda Lectura)
Que el Señor esté a su lado,
les ayude y les dé su fuerza.
Que él les libere de todo mal
y les lleve salvos a su Reino.
Que él esté siempre con ustedes. R/ Y con tu espíritu.


Introducción del Celebrante
Celebramos hoy con gozo la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, apóstoles. Ellos son los dos pilares sobre los cuales el Señor construyó su Iglesia y a quienes confió la fe. Su misma fe había sido probada, cuando Pedro negó a Cristo y Pablo perseguía al mismo Cristo en la persona de sus discípulos. Después, con su fe fortalecida ya, dedicaron toda su vida a difundir el evangelio. Podemos aprender de ellos hoy cómo permitir a Cristo que tome posesión de nosotros, de tal forma que vivamos para él y para su Iglesia y estemos dispuestos a sufrir por esa misma fe. Demos gracias hoy al Señor por darnos estos grandes apóstoles.

Acto Penitencial
Nosotros acogemos la fe de los apóstoles, pero ¿vivimos realmente esa fe?
Examinémonos ante el Señor.
(Pausa)

Cuando mostramos poco interés por los afanes y luchas de la Iglesia en el mundo de hoy, Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cuando criticamos a la Iglesia con demasiada facilidad y hacemos muy poco para hacerla mejor, Cristo, ten piedad de nosotros.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor, y perdónanos todos nuestros pecados. Haznos a nosotros, tu Iglesia, una auténtica comunidad de fe y amor y llévanos a la vida eterna.
R/ Amén.

Colecta
Unidos en la fe con Pedro y Pablo, oremos al Señor pidiéndole fidelidad y celo apostólico.
(Pausa)

Señor Dios nuestro, te damos gracias hoy
por tus apóstoles Pedro y Pablo.
Danos su fe y fidelidad
para que podamos construir entre nosotros
--como una comunidad de fe y amor—
la Iglesia para la que ellos vivieron y murieron.
Otórganos sus convicciones y su valor
para que todo el mundo participe de la Buen Noticia
de tu Hijo Jesucristo, hasta que ojalá él sea todo en todos,
ahora, y por los siglos de los siglos. R/ Amén.

Primera Lectura: El Evangelio no puede ser encadenado (Hech 12:1-11)
Pedro es apresado por predicar el mensaje liberador de Cristo. Mientras la joven Iglesia ruega por Pedro, Dios libera a su apóstol fiel, porque el evangelio no puede ser encadenado.

Segunda Lectura: Un apóstol Fiel al Dios Fiel (2 Tim 4:6-8, 17-18)
Al final de su vida Pablo puede dar testimonio de que ha sido un testigo fiel del Señor, quien a su vez ha sido fiel a Pablo y le ha dado fortaleza. Ahora Pablo espera con ansia encontrarse con el Señor para siempre.

Evangelio: Pedro, la Roca (Mt 16: 13-19)
Pedro, el hombre de fe que reconoce a Cristo como el Mesías, es constituido la roca sobre la que el Señor construye su Iglesia, a la que él jamás abandonará. Pedro es para la Iglesia el centro de fe, autoridad y unidad.

Intercesiones Generales
Roguemos hoy con fervor especial por la Iglesia, Pueblo de Dios en marcha, para que nosotros seamos verdaderamente la Iglesia de Cristo. Respondamos a cada petición: R/ Señor, acuérdate de tu Iglesia y bendícela.

Por la Iglesia en este nuestro tiempo, que el Espíritu Santo la guíe a través de los actuales dolores de renovación, guárdala fiel al evangelio e inspírala para que proclame su mensaje en el lenguaje propio de nuestro tiempo, roguemos:
R/ Señor, acuérdate de tu Iglesia y bendícela.
Por el Papa, sucesor de Pedro, que él sea nuestra roca de fe y el signo de unidad en la Iglesia, roguemos:
R/ Señor, acuérdate de tu Iglesia y bendícela.
Por nuestros obispos, que ejerzan su autoridad como un servicio para construir comunidad; también por los sacerdotes y personas consagradas, para que, por la forma cómo viven el evangelio, den testimonio creíble de lo que predican, roguemos:
R/ Señor, acuérdate de tu Iglesia y bendícela.
Por los misioneros, para que proclamen el evangelio como Buena Noticia para todos y que ayuden a cada pueblo y cultura a encontrar a Cristo, cada uno según su propia idiosincrasia-. roguemos:
R/ Señor, acuérdate de tu Iglesia y bendícela.
Por todos los cristianos, para que tengan un corazón compasivo, abierto y sensible a todos los que sufren y viven en necesidad, para llevarles sanación y ayuda.
R/ Señor, acuérdate de tu Iglesia y bendícela.
Por todos nosotros aquí presentes y por todas las comunidades cristianas, para que sepamos construirnos unos a otros en fe y amor, roguemos:
R/ Señor, acuérdate de tu Iglesia y bendícela.

Oh Dios, Padre nuestro, tu Hijo prometió estar con su Iglesia hasta el fin de los tiempos. Haz que, cumpliendo su promesa, permanezca siempre con nosotros como nuestro Señor y Salvador por los siglos de los siglos. R/ Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro,
en esos signos de pan y vino
nos vas a dar a Jesús, tu Hijo.
Haz que cobremos conciencia
de que tú le enviaste a nosotros,
no para guardarle para nosotros mismos
como preciada posesión,
sino para llevarlo -como tus apóstoles Pedro y Pablo-
a todos los hombres y mujeres,
cercanos o lejanos.
Haz que tu Hijo sea reconocible en nosotros.
para que todo el mundo te dé gloria y alabanza.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor. R/ Amén

Introducción a la Plegaria Eucarística
Con toda la Iglesia de Pedro y Pablo, con todos los que son fortalecidos y unidos por su fe, y con todos los que son inspirados por su celo misionero, nos unimos ahora todos en el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo-

Introducción a la Oración del Señor, el Padre Nuestro
Interesados, con Pedro y Pablo,
en hacer que el Reino de Dios venga a todo el mundo,
rezamos la oración de Jesús al Padre. R/ Padre Nuestro...

Líbranos, Señor
Libra, Señor, a tu Iglesia de todo mal
y concédele libertad y paz.
Ayúdanos a construir juntos
una comunidad de fe y amor,
en la que la gente pueda reconocer
el rostro de Cristo
cuyo retorno en gloria aguardamos
con gozosa esperanza.
Él es nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. R/ Tuyo es el Reino...

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo,
el Hijo del Dios viviente,
que tiene palabras de vida eterna.
¿A qué otro podemos acudir?
Dichosos nosotros, invitados
a esta santa mesa del Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro,
en Pedro y Pablo -dos pilares de tu Iglesia-,
tú has tipificado una misma fidelidad
con doble característica:
fidelidad a las tradiciones vivas (en Pedro)
y fidelidad al dinamismo misionero (en Pablo).
Que el Espíritu de Jesús permanezca en nosotros
para que vivamos ambas fidelidades;
que en la diversidad de los dones
estemos siempre unidos y comprometidos
en una misma fe y un mismo amor,
en Cristo Jesús, nuestro Señor. R/ Amén.

Bendición
Pidamos a Dios que nos bendiga, para que seamos la Iglesia de Pedro, firme en la fe, construida sobre roca,
unida como el Cuerpo de Cristo, y a la que no se puede vencer.
Que seamos también nosotros la Iglesia de Pablo, dinámica, sin fronteras, inquieta hasta que Cristo sea conocido
y acogido por todos.
Que Dios les bendiga a ustedes y a esta única Iglesia, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. R/ Amén.
Podemos ir y ser para todo el mundo el cuerpo visible del Señor. R/ Demos gracias a Dios.

Comentario del San Pedro y san Pablo, apóstoles

Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

Empecemos parafraseando alguna idea de Hans Küng, sobre qué es la fe cristiana, que al fin y al cabo es el tema del evangelio de este domingo. La fe cristiana no abarca todo lo verdadero, bueno, bello y humano. Nadie puede negarlo: también fuera de la fe cristiana hay verdad, bondad, belleza y humanidad. Sin embargo, sólo es legítimo llamar fe cristiana a todo lo que, en la teoría y en la praxis, tiene una relación positiva y expresa con Jesucristo. No tiene fe cristiana todo hombre de verdadera convicción, sincera fe y buena voluntad. Nadie puede olvidarlo: también fuera de la fe cristiana hay verdadera convicción, sincera fe y buena voluntad. En cambio es legitimo llamar hombre de fe cristiana a todos aquellos cuyo vivir y morir está últimamente determinado por Cristo.

No es Iglesia cristiana todo grupo de meditación o de acción, toda comunidad de hombres comprometidos que, para salvarse, procuran llevar una vida honesta. Jamás se debería haber puesto en duda: también en otros grupos fuera de la Iglesia hay compromiso, acción, meditación, honradez de vida y salvación. En cambio, es legítimo llamar Iglesia cristiana a toda comunidad, grande o pequeña, de personas para las cuales sólo Jesucristo es el último determinante. No hay fe cristiana en todas las partes en que se combate la inhumanidad y se realiza la humanidad. Es una verdad manifiesta que fuera del cristianismo (entre judíos, musulmanes, hindúes y budistas, entre humanistas y ateos declarados…) se lucha contra la inhumanidad y se promueve la humanidad. Sin embargo, no hay fe cristiana más que donde, en la teoría y en la praxis, se activa el recuerdo de Jesucristo.

La fe cristiana y el cristiano no se distingue de los demás por las obras exteriores que realiza, pero sí por su interioridad: por la fe en Jesús de Nazaret. Eso es lo específico cristiano, lo específico de la fe. Creer en Jesús es el centro de la fe, él nos ha proclamado repetidamente que los pequeños son los predilectos del Padre, a los pobres pertenece el Reino de Dios. Lo que hacemos a los más desfavorecidos se lo estamos haciendo al mismo Dios (Mt 25,31-46). Por eso la Caridad verifica la fe, el estar al lado del Crucificado y de los crucificados de la historia, habla del Dios en el que creemos y de sí creemos en el Dios de Jesús, en la esperanza, en su resurrección: “El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser ejecutado y resucitar al tercer día”.

La fe no contrapone nada, es experiencia del seguimiento de Cristo y para Jesucristo, lo definitivo, lo decisivo es estar con los que sufren: acercarse a los enfermos, tocar la piel de los leprosos, abrazar a los niños, comer con los pecadores y excluidos, estar con la gente indeseable: prostitutas, adúlteros… La fe es amor, (caridad), descubrir en el rostro de los pobres, el rostro de Dios, no hay nada verdaderamente humano: la persona, la razón, la cultura, la ciencia, la política, la justicia, el mundo…; que no nos interese y afecte. “¿Quién dice la gente que soy yo? Pedro tomó la palabra y dijo: El Mesías de Dios. Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie”.

La fe cristiana ha estado siempre en guardia, tanto respecto de los que confiesan a un Jesús divino que juega a ser humano, como los que ven en él a un gran hombre, que sólo tiene de divino lo que nosotros le pongamos. Jesús es Mesías, pero Mesías sufriente. El camino del discipulado lleva a descubrirlo como Hijo de Dios, pero no evita entrar en la dureza de cargar con la cruz: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará”. No es cristiano quien sólo ve a Jesús como una buena persona, pero tampoco es quien busca un Jesús Mesías que pasa por el mundo de puntillas, sin mancharse en la historia. Lo demás es inventarse otra fe, otro Dios, otra Iglesia, eso existe, pero no es el seguimiento de Jesús. La fe es anuncio de la Buena Noticia, encuentro, que hace que humildemente formemos una comunidad. Nuestra fe no nos hace ni mejores ni peores, la fe es una experiencia, es revestirse de Cristo, como nos dice San Pablo en la segunda lectura. Esta es la confesión de Pedro y la nuestra.
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