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Lecturas y Liturgia del 5 de Junio de 2016

Lecturas del Domingo X del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/24_3_TO.mp3

Domingo, 5 de junio de 2016
Primera lectura
Primera lectura: 1R 17,17-24

Lectura del primer libro de los Reyes:


En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías: «¿Qué tienes tú que ver conmigo? ¿Has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo?» Elías respondió: «Dame a tu hijo.» Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor: «Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar, haciendo morir a su hijo?» Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor: «Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.» El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre, diciendo: «Mira, tu hijo está vivo.» Entonces la mujer dijo a Elías: «Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.»

Salmo
Salmo responsorial: 29

R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.

Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío,
te daré gracias por siempre.
Segunda lectura
Segunda lectura: Ga 1,11-19

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas:

Os notifico, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

Habéis oído hablar de mi conducta pasada en él judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados. Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y me quedé quince días con él.

Pero no vi a ningún otro apóstol, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

Evangelio: Lc 7,11-17
Lectura del santo evangelio según san Lucas:
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.

Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañanterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Liturgia Viva del Domingo X del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Domingo, 5 de junio de 2016
A Ti Te Digo: ¡Levántate!

Saludo (Ver Segunda Lectura)
Dios nos llamó por su mucho amor
y quiso revelarnos a su Hijo
para que anunciemos a otros
la Buena Noticia de salvación
Que su vida y su gracia esté con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Damos gracias a Dios si en momentos de angustia y aflicción hay alguien a nuestro lado que nos susurra: “¡Arriba, levántate! Hay tantas cosas por las que vale la pena vivir…” Damos también gracias a Dios, si nosotros mismos podemos decir a alguien que se siente derrotado en la vida: “¡Aúpa, arriba! ¡A vivir de nuevo!” --- Aquí está ahora Jesús con nosotros, en la eucaristía, y nos dice: “¡A ustedes se lo digo, levántense! ¡Vivan! ¡Vivan mi vida, para Dios y los unos para los otros!” --- Abramos nuestro corazón a su palabra de vida.

Acto Penitencial
Pidamos al Señor que visite a su pueblo
y que nos traiga la vida de su perdón.
(Pausa)
Señor Jesús, tú eres la resurrección y la vida.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú eres el primogénito de entre los muertos.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, las palabras que tú profieres son espíritu y vida.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
pronuncia sobre nosotros las palabras
que nos resuciten de la muerte del pecado.
Y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos a Dios nuestro Padre
para que vivamos plenamente en su Hijo.
(Pausa)
Padre de toda vida:
La muerte está actuando en nosotros
cuando nos debilita en la fe
y cuando logra cansarnos
en el amor y en el trabajo por la justicia
Que tu Hijo Jesús nos visite a nosotros, su pueblo,
nos toque con su compasión
y nos alce de nuestro desaliento.
Que él nos dé la fuerza necesaria
para animar a nuestros hermanos y hermanas
afectados por el abatimiento y dolor.
Álzanos y resucítanos un día a todos
para la vida eterna.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo Resucitado,
nuestro Señor.

Primera Lectura (1 Re 17,17-24): El Profeta Elías Resucita al Hijo de la Viuda.
Una pobre viuda había ofrecido generosamente al profeta Elías alimento y cobijo. Ahora su único hijo y su único sustento y sostén está agonizando. Elías lo devuelve a la vida.

Segunda Lectura (Gal 1,11-19): Dios me Llamó para Anunciar la Buena Noticia de Salvación
Pablo nos dice cómo él había sido un perseguidor de la joven Iglesia y cómo, en cambio, Dios le ha elegido para predicar el evangelio de Jesús a los gentiles.

Evangelio (Lc 7,11-17): Muchacho, Yo te lo Ordeno, Levántate
En Jesús, la compasión de Dios para con el pueblo se hace palpable y visible. Él restaura a la vida al hijo muerto de una viuda.

Oración de los Fieles
Todos nosotros ponemos nuestra confianza en nuestro Dios misericordioso y le pedimos que visite a su pueblo afligido y angustiado. Y así le decimos: R/ Señor de vida, tú eres nuestra esperanza.

Dios misericordioso y compasivo, conserva a tu Iglesia en actitud de perdón y paciencia hacia sus miembros que yerran o que incluso se rebelan, para que proclame auténticamente la reconciliación para todos, roguemos al Señor. R/ Señor de vida, tú eres nuestra esperanza.
Oh Dios de los tristes y afligidos, cólmanos con cristiana empatía para con los que sufren, y danos el suficiente valor para decirles en tu nombre: “No lloren. El Señor les ama”. Y así te pedimos: R/ Señor de vida, tú eres nuestra esperanza.
Oh Dios de todos los enfermos de cualquier enfermedad, hazte presente a ellos con tu poder sanador, por medio de hermanos que les visiten, les animen y les lleven alegría. Y así te pedimos: R/ Señor de vida, tú eres nuestra esperanza.
Oh Dios de los agonizantes, tú eres nuestro Dios de vida. Colma a los que están en el umbral de la muerte con la esperanza de que tú los vas a acoger con alegría en tu hogar celeste, y de que un día resucitarán de entre los muertos. Y así te pedimos: R/ Señor de vida, tú eres nuestra esperanza.

Oh Dios de los vivientes, comunica vida a nuestras comunidades, con el amor y el espíritu de servicio de Jesús, para que nos preocupemos unos de otros y nos apoyemos mutuamente en todo lo bueno. Y así te pedimos: R/ Señor de vida, tú eres nuestra esperanza.
Señor Dios nuestro, tú nos hablaste, por medio de Jesucristo tu Hijo, con palabras y obras de vida eterna. Te pedimos que, por medio de él, vivamos en tu amor ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Estos dones de pan y vino
son signos de vida y alegría.
En ellos nos colocamos nosotros,
nuestros temores y penas,
nuestros anhelos y esperanzas.
Que tu Hijo Jesucristo se apropie de ellos
y nos alce por encima de nosotros mismos,
para que comprendamos más profundamente
que tú eres un Dios que nos ama
y que se preocupas de nosotros.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Con Jesús damos gracias al Padre por el don de la vida, en nombre de todo lo que vive y alienta en el universo.

Invitación al Padre Nuestro
Con Jesús pedimos al Padre
que sustente nuestra vida
con nuestro pan cotidiano
y con el alimento de la eucaristía.
R/ Padre nuestro

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todo pecado,
ya que él destruye la vida del Espíritu en nosotros.
Líbranos de todo temor,
ya que somos tus hijos e hijas
nacidos para ser libres en Cristo Jesús.
Ayúdanos a llenarnos
de bondad y compasión
y a crecer como una comunidad
que se prepare para la venida plena entre nosotros
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…

Oración después de la Comunión
Oh Dios de los vivientes:
Tú nos has proclamado
la palabra de vida de tu Hijo
y nos lo has entregado como nuestro alimento de vida.
Haznos verdaderamente vivos por medio de él
por nuestro sentido de compasión eficaz
para con todos los que sufren,
y se sienten impedidos
de vivir una vida plenamente humana.
Visita a tu pueblo, Señor,
y haznos humildes instrumentos de tu presencia,
para que todos te alaben y te den gracias.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo el Señor.

Bendición
Hermanos: Seamos agradecidos a Dios
por el don precioso de la vida
y seamos personas rebosantes de vida
como los primeros cristianos:
Ellos se llamaban a sí mismos “Los vivientes”,
porque sabían que en la eucaristía
Jesús el Señor sustentaba su vida
y la mantenía en crecimiento.
Que el Señor haga nuestra vida
realmente rica y desbordante.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario del Domingo X del Tiempo Ordinario - Ciclo C

«No llores»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)


Hoy también nosotros quisiéramos enjugar todas las lágrimas de este mundo: «No llores» (Lc 7,13). Los medios de comunicación nos muestran —hoy más que nunca— los dolores de la humanidad. ¡Son tantos! Si pudiéramos, a tantos hombres y mujeres les diríamos «levántate» (Lc 7,14). Pero…, no podemos, ¡no podemos, Señor! Nos sale del alma decirle: —Mira, Jesús, que nos vemos desbordados por el dolor. ¡Ayúdanos!

Ante esta sensación de impotencia, procuremos reaccionar con sentido sobrenatural y con sentido común. Sentido sobrenatural, en primer lugar, para ponernos inmediatamente en manos de Dios: no estamos solos, «Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 7,16). La impotencia es nuestra, no de Él. La peor de todas las tragedias es la moderna pretensión de edificar un mundo sin Dios e, incluso, a espaldas de Dios. Desde luego es posible edificar “algo” sin Dios, pero la historia nos ha mostrado sobradamente que este “algo” es frecuentemente inhumano. Aprendámoslo de una vez por todas: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).

En segundo lugar, sentido común: el dolor no podemos eliminarlo. Todas las “revoluciones” que nos han prometido un paraíso en esta vida han acabado sembrando la muerte. Y, aun en el hipotético caso (¡un imposible!) de que algún día se pudiera eliminar “todo” dolor, no dejaríamos de ser mortales… (por cierto, un dolor al que sólo Cristo-Dios ha dado respuesta real).

El espíritu cristiano es “realista” (no esconde el dolor) y, a la vez, “optimista”: podemos “gestionar” el dolor. Más aún: el dolor es una oportunidad para manifestar amor y para crecer en amor. Jesucristo —el “Dios cercano”— ha recorrido este camino. En palabras del Papa Francisco, «conmoverse (“moverse-con”), compadecerse (“padecer-con”) del que está caído, son actitudes de quien sabe reconocer en el otro su propia imagen [de fragilidad]. Las heridas que cura en el hermano son ungüento para las propias. La compasión se convierte en comunión, en puente que acerca y estrecha lazos».
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