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Lecturas y Liturgia del 6 de Junio de 2016

Lecturas del Domingo X del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_91.mp3

Lunes, 6 de junio de 2016
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes (17,1-6):


En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando.»
Luego el Señor le dirigió la palabra: «Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida.»
Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 120


R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R/.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R/.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,1-12):



En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Lunes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Lunes, 6 de junio de 2016
BIENAVENTURANZAS

Introducción En los próximos días leeremos algunas lecturas del gran profeta Elías y su lucha formidable contra los males de su tiempo. Él es suficientemente valiente y audaz para enfrentarse al descreído rey Ahab y a la temible reina Jezabel, porque está seguro de que es Dios quien le envía y que, por lo tanto, está en las manos de Dios.
Evangelio. Lo que Jesús propone en las bienaventuranzas es una revolución, una vuelta del revés de los valores.Pero no nos sentimos demasiado deseosos de tomarlas en serio; las bienaventuranzas son demasiado molestas y desagradables... Muchos afirman que son utópicas, pero eso mismo se puede decir de muchas partes del evangelio, a no ser que se tenga verdadera fe. Los seguidores de Cristo son soñadores: sueñan en una fraternidad universal de todos los hombres, en una tierra y un mundo mejores.

Colecta

Señor Dios nuestro, cuando tu Hijo proclamó su Buena Noticia a los pobres y ciegos, ellos le entendieron, por que sabían bien lo que significa no estar satisfechos de la vida y no poder ver. Desde el evangelio, concédenos sentirnos pobres con los hambrientos, andar a tientas con los ciegos, sentirnos impotentes con los indefensos, y pequeños con los que no cuentan, los pequeños, para que experimentemos bien ae de Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.dentro, hasta en la medula de nuestros huesos, el mensaje de tu palabra y lo compartamos como buena noticia con todos los que nos rodean, en el nombr

Intenciones
- Señor, que llamas bienaventurados a los pobres, suscita entre nosotros muchos hermanos que sepan cómo vivir sobriamente, y que encuentren alegría en las cosas modestas y en la vida sencilla, te rogamos.
- Señor, Dios de quienes son amables y sensibles, haznos pacíficos, misericordiosos y compasivos, para que, como tú nos prometes, poseamos tu Reino, te rogamos.
- Señor, fortaleza de los perseguidos, dales perseverancia a todos los que sufren persecución, te rogamos.

Oración sobre las ofrendas
Señor, Dios nuestro, desde la pobreza y el vacío de nuestros corazones colocamos sobre este altar un trozo de pan y un sorbo de vino. No es mucho, Señor, pero sabemos que tú puedes pasar con cosas sencillas y con gente consciente de su indigencia. Por eso te rogamos: Cambia este pan y este vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y cámbianos a nosotros en hombres y mujeres beneficiados con tu vida y que se enriquezcan a sí mismos entregando sin medida a los demás su tiempo, atención y amor. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. R/ Amén.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios nuestro, tú escribes derecho con líneas torcidas. Haz que las desconcertantes palabras de tu Hijo en las Bienaventuranzas nos despierten y nos permitan ver dónde podemos encontrar tu clase de felicidad, ya que es la única que dura y permanece. Y que tu Hijo, aquí ahora con nosotros, sea nuestro alimento para el camino hacia ti, Dios nuestro, por los siglos de los siglos. R/ Amén.

Bendición
A los discípulos de Jesús nos llaman “bienaventurados”, es decir dichosos y felices, si estamos tan abiertos a Dios que le permitimos llenarnos con algo de su propia felicidad. Para ello tenemos que ser pobres, vacíos de nosotros mismos. Entonces obtendremos la felicidad del Reino de Dios, como un saboreo anticipado de la felicidad celestial. Pongámonos en las manos de Dios y pidámosle que nos bendiga bondadosamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. R/ Amén.

Comentario del Lunes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Bienaventurados los pobres de espíritu»
Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch
(Salt, Girona, España)

Hoy, con la proclamación de las Bienaventuranzas, Jesús nos hace notar que a menudo somos unos desmemoriados y actuamos como los niños, pues el juego nos hace perder el recuerdo. Jesús temía que la gran cantidad de “buenas noticias” que nos ha comunicado —es decir, de palabras, gestos y silencios— se diluyera en nuestros pecados y preocupaciones. ¿Recordáis, en la parábola del sembrador, la imagen del grano de trigo ahogado en las espinas? Por eso san Mateo engarza las Bienaventuranzas como unos principios fundamentales, para que no las olvidemos nunca. Son un compendio de la Nueva Ley presentada por Jesús, como unos puntos básicos que nos ayudan a vivir cristianamente.

Las Bienaventuranzas están destinadas a todo el mundo. El Maestro no sólo enseña a los discípulos que le rodean, ni excluye a ninguna clase de personas, sino que presenta un mensaje universal. Ahora bien, puntualiza las disposiciones que debemos tener y la conducta moral que nos pide. Aunque la salvación definitiva no se da en este mundo, sino en el otro, mientras vivimos en la tierra debemos cambiar de mentalidad y transformar nuestra valoración de las cosas. Debemos acostumbrarnos a ver el rostro del Cristo que llora en los que lloran, en los que quieren vivir desprendidos de palabra y de hechos, en los mansos de corazón, en los que fomentan las ansias de santidad, en los que han tomado una “determinada determinación”, como decía santa Teresa de Jesús, para ser sembradores de paz y alegría.

Las Bienaventuranzas son el perfume del Señor participando en la historia humana. También en la tuya y en la mía. Los dos últimos versículos incorporan la presencia de la Cruz, ya que invitan a la alegría cuando las cosas se ponen feas humanamente hablando por causa de Jesús y del Evangelio. Y es que, cuando la coherencia de la vida cristiana sea firme, entonces, fácilmente vendrá la persecución de mil maneras distintas, entre dificultades y contrariedades inesperadas. El texto de san Mateo es rotundo: entonces «alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,12).
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