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Lecturas y Liturgia del 17 de Julio de 2016

Lecturas del Domingo 16º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_144.mp3

Domingo, 17 de julio de 2016
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (18,1-10a):

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él.
Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo: «Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.»
Contestaron: «Bien, haz lo que dices.»
Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo: «Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.»
Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.
Después le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?»
Contestó: «Aquí, en la tienda.»
Añadió uno: «Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 14,2-3ab.3cd-4ab.5

R/. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R/.

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R/.

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,24-28):

Ahora me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a sus santos. A éstos ha querido Dios dar a conocer la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria. Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Lucas (10, 38-42), del domingo, 17 de julio de 2016
0
Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 38-42):

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada Maria, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 16º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Domingo, 17 de julio de 2016
Siéntanse Como en Su Casa

Saludo (Ver Segunda Lectura)
En esta asamblea cristiana
se nos proclama el misterio de Dios.
Ese misterio es Cristo en medio de nosotros.
Él nos proclama su palabra de sabiduría.
Sepamos escuchar sus palabras
y que él, Jesús el Señor, esté con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Bienvenidos de corazón, todos ustedes, en este domingo de la hospitalidad. Es sorprendente cómo personas pobres y humildes pueden ser con frecuencia muy hospitalarias con otros. Ofrecen a sus huéspedes comida y bebida que ellos mismos no pueden permitirse. ¿Somos nosotros acogedores para el huésped, para el extraño? Abramos nuestras puertas y nuestros corazones. Es quizás Jesús mismo quien viene a nuestro hogar. San Benito aconsejaba a sus monjes: “Viene el huésped, viene Cristo; acójanle”. Seamos atentos para con él. Y recordemos lo acogedor que es Jesús para con nosotros, precisamente aquí, en la eucaristía.


Acto Penitencial
Jesús es nuestro anfitrión y nuestro huésped.
Con frecuencia dejamos de reconocerle
cuando se acerca a nosotros
como nuestro huésped
en la persona de nuestros hermanos.
Pidámosle sinceramente que nos perdone.
(Pausa)
Señor Jesús, no permitas que nos olvidemos de ti en medio del bullicio y ajetreo loco de nuestra vida: R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, danos la gracia de ver que eres tú a quien acogemos cuando recibimos a nuestros huéspedes. R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, danos también la gracia de escucharte cuando nos hablas por medio de nuestros hermanos. R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, cúranos con tu mano sanadora y perdona todos nuestros pecados. Sé nuestro huésped y compañero
y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que seamos hospitalarios y acogedores
de Dios y de los hermanos.
(Pausa)
Oh Dios nuestro y Padre amoroso,
tú nos has invitado a estar contigo en esta eucaristía,
a escuchar el mensaje de Jesús, tu Hijo,
y a aceptar de él tu paz y tu amor.
Que sepamos nosotros acogerle con entusiasmo
y aprendamos de él también a recibirle y acogerle
en los que acuden a nosotros
buscando perdón, un poco de calor humano,
paciencia, esperanza y alegría.
Que no pasen de largo ante nosotros estos hermanos necesitados.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Gn 18,1-10a): No Pases de Largo ante Tu Siervo
Abrahán acoge al extraño con exquisita hospitalidad, sin saber, al principio, que está recibiendo a Dios mismo. Dios da a Abrahán más de lo que Abrahán pudiera dar a Dios: el hijo de la promesa.

Segunda Lectura (Col 1,24-28): Háganse Perfectos en Cristo
Pablo está contento de sufrir por Cristo y de darlo a conocer a muchos otros. Quiere que Cristo habite en todos, que todos se hagan perfectos en Cristo.

Evangelio (Lc 10,38-42): María Ha Escogido la Mejor Parte
Marta y María acogen a Jesús en su casa como su huésped. María se preocupa por dar a su huésped todo lo que necesita; María está atenta a él como persona; le da su atención personal y recibe su palabra.

Oración de los Fieles
Abrahán acogió a los tres desconocidos, y Marta y María fueron hospitalarios con el Señor. Sus visitantes los cambiaron a todos ellos. Roguemos para que nosotros también seamos acogedores, y digamos: R/ Quédate con nosotros, Señor.
Para que la Iglesia de Jesús sea un hogar acogedor para todos los pueblos y culturas y se enriquezca por ellos, roguemos al Señor.
Para que aprendamos a reconocer al Señor en los rasgos de un extraño o desconocido, y le acojamos como recibiríamos al Señor mismo, roguemos al Señor.
Para que, como María, sepamos acoger con sumo interés la palabra del Señor que nos habla, y transmitir a otros su Buena Nueva de salvación, roguemos al Señor.
Para que sepamos acoger lo mejor que nos dan nuestros hermanos y hermanas, aun antes de compartir con ellos lo mejor que nosotros tenemos, roguemos al Señor.
Para que en ésta, y en todas las demás comunidades cristianas, los hermanos se sientan cómodos, unos con otros, y se sirvan mutuamente con bondad y generosidad, roguemos al Señor.
Señor Dios nuestro, danos a cada uno de nosotros un corazón atento a ti y que sepa oír lo que los hermanos necesitados intentan decirnos incluso cuando no hablen. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Queremos acoger a Jesús tu Hijo
en estas ofrendas de pan y vino.
Ábrenos a su palabra, y a su mentalidad y actitudes.
Prepáranos para acogerle en nuestros hermanos
y para encontrarle en sus personas,
aun cuando él venga en diferente tiempo
y de diferente forma a como lo esperamos
Enriquécenos al dar y al recibir los unos de los otros
tu don más valioso para todos nosotros,
Jesucristo nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
En la eucaristía Jesús es nuestro anfitrión y a nosotros, sus huéspedes, nos colma con su fortaleza y su amor. Alabemos y demos gracias al Padre por ello.

Invitación al Padre Nuestro
Con Jesús, Señor nuestro,
oremos a nuestro Padre del cielo
para que estemos siempre abiertos a su voluntad
y a los valores del Reino.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz en nuestros días.
Líbranos de todo pecado
y ayúdanos a reservar tiempo
para escuchar, atender y servir generosamente
a nuestros hermanos.
Protégenos de toda ansiedad
mientras nos preparamos con gozosa esperanza
para la venida en gloria
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión (Ap 3,20)
Éste es Jesucristo, el Señor, que nos dice:
“Mira que estoy a la puerta llamando.
Si uno escucha mi llamada
y abre la puerta,
entraré en su casa
y cenaré yo con él y él conmigo”.
R/ Señor, no soy digno…



Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú has venido a nosotros en la persona de tu Hijo
para ser nuestro huésped.
En nuestra vida cotidiana, haz que estemos siempre abiertos a cualquier hermano necesitado;
ayúdanos a reconocerte y a acogerte
como encarnado en todos los que se nos acerquen.
En cada encuentro humano
ofrécenos tu gracia y amor,
por medio de Jesucristo tu Hijo,
que vive contigo y también permanece con nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: En esta celebración eucarística hemos sido los huéspedes del Señor. Él ha sido muy acogedor escuchándonos, repitiéndonos sus cálidas palabras de amistad.
Él nos envía ahora en misión para que seamos a la vez huéspedes y anfitriones los unos de los otros.
Y reciban ustedes ahora la bendición del Señor.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.


Comentario del Domingo 16º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

«Hay necesidad (...) de una sola [cosa]»
Rev. D. Bernat GIMENO i Capín
(Barcelona, España)

Hoy vemos a un Jesús tan divino como humano: está cansado del viaje y se deja acoger por esta familia que tanto ama, en Betania. Aprovechará la ocasión para hacernos saber qué es “lo más importante”.

En la actitud de estas dos hermanas se acostumbra a ver reflejadas dos maneras de vivir la vocación cristiana: la vida activa y la vida contemplativa. María, «sentada a los pies del Señor»; Marta, atareada por muchas cosas y ocupaciones, siempre sirviendo y contenta, pero cansada (cf. Lc 10,39-40.42). —«Calma», le dice Jesús, «es importante lo que haces, pero es necesario que descanses, y más importante aun, que descanses estando conmigo, mirándome y escuchándome». Dos modelos de vida cristiana que hemos de coordinar y de integrar: vivir tanto la vida de Marta como la de María. Hemos de estar atentos a la Palabra del Señor, y vigilantes, ya que el ruido y el tráfico del día a día —frecuentemente— esconde la presencia de Dios. Porque la vida y la fuerza de un cristiano solamente se mantienen firmes y crecen si él permanece unido a la verdadera vid, de donde le viene la vida, el amor, las ganas de continuar adelante... y de no mirar atrás.

A la mayoría, Dios nos ha llamado a ser como “Marta”. Pero no hemos de olvidar que el Señor quiere que seamos cada vez más como “María”: Jesucristo también nos ha llamado a “escoger la mejor parte” y a no dejar que nadie nos la quite.

Él nos recuerda que lo más importante no es lo que podamos hacer, sino la Palabra de Dios que ilumina nuestras vidas, y, así por el Espíritu Santo nuestras obras quedan impregnadas de su amor.

Descansar en el Señor solamente es posible si gozamos de su presencia real ante la Eucaristía. ¡Oración ante el sagrario!: es el tesoro más grande que tenemos los cristianos. Recordemos el título de la última encíclica de Juan Pablo II: La Iglesia vive de la Eucaristía. El Señor tiene muchas cosas que decirnos, más de las que nos pensamos. Busquemos, pues, momentos de silencio y de paz para encontrar a Jesús y, en Él, reencontrarnos a nosotros mismos. Jesucristo nos invita hoy a hacer una opción: escoger «la parte buena» (Lc 10,42).
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