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Lecturas y Liturgia del 24 de Julio de 2016

Lecturas del Domingo 17º del Tiempo Ordinario - Ciclo C


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EVANGELIO

Viernes, 22 de julio de 2016
Primera lectura
Lectura del libro del Cantar de los Cantares (3,1-4a):


Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: "¿Visteis al amor de mi alma?" Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 62,2.3-4.5-6.8-9


R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1.11-18):


El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 17º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

Domingo, 24 de julio de 2016
Hablando a Nuestro Padre

Saludo (Ver Rom. 8,14-15)
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios
son hijos e hijas de Dios.
Hemos recibido un Espíritu
que nos hace hijos de Dios
y que nos permite llamar a Dios: ¡Abbá, Padre!
Que ese Espíritu esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
La primera oración larga que aprendimos de niños, y que todavía rezamos con más frecuencia, es sin duda el “Padre Nuestro”. ¿Es esa oración para nosotros más que una simple fórmula? ¿Es para nosotros, como lo fue para Jesús, una palabra de afecto y de ternura, y un grito de confianza y de relación íntima con Dios Padre? --- Estamos aquí ahora con Jesús ante nuestro Padre del cielo, y, sintiendo al Espíritu en nuestros corazones, clamamos gozosos y confiados: “¡Padre, Padre nuestro!”.
















Acto Penitencial
“Perdona nuestras ofensas
como nosotros perdonamos
a los que nos ofenden”…
ésta será hoy nuestra oración en la eucaristía.
(Pausa)

Señor Jesús, tú nos enseñaste
que Dios es nuestro Padre,
que nos ama y perdona,
con quien podemos hablar con toda confianza:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú nos has convocado hoy juntos
para dar contigo gracias y alabanza
a nuestro Padre del cielo:
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú nos otorgaste perdón
y nos anuncias que ha llegado ya
la hora de reconciliarnos
y de vivir en paz unos con otros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
y borra de nosotros todos nuestros pecados.
Haznos mensajeros de tu perdón y tu paz
y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos con toda sencillez a nuestro Padre del cielo
como Jesús mismo nos enseñó.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
Nosotros también pedimos a tu Hijo
que nos enseñe a orar
y él nos ha dicho que te hablemos con toda confianza.
Haznos suficientemente audaces
para rogarte con insistencia,
para seguir pidiendo lo que necesitamos
hasta que en tu bondad
te dignes otorgárnoslo,
y para seguir buscando hasta encontrar.
No permitas que nos olvidemos de rogar también
por las necesidades de nuestros hermanos
y, antes que nada,
por las cosas realmente importantes, como son:
tú, tu voluntad y tu reino.
Te lo pedimos en nombre de Jesús, nuestro Señor.

Primera Lectura (Gn 18,20-32): Oración Insistente y Confiada
Ante la oración insistente de Abrahán, el Dios justo está dispuesto a perdonar a las ciudades pecadoras en consideración a un puñado de gente buena y justa.

Segunda Lectura (Col 2,12-14): Cristo, Nuestro Mediador
Nos hemos salvado por la oración en acción: la muerte y resurrección de Jesucristo. Hemos llegado a ser uno con él en el bautismo.

Evangelio (Lc 11,1-13): Hijos Que Hablan a su Padre
Antes de que Jesús enseñara a sus discípulos cómo y por qué orar, se reveló a ellos como un hombre de oración.

Oración de los Fieles
Oremos a nuestro Padre del cielo tal como él nos enseñó: con plena confianza. Y digamos:
R/ Señor, escucha nuestra oración.
Oremos por el Papa, los obispos, sacerdotes, religiosos y todos los hombres y mujeres comprometidos en la Iglesia, para que oren por el Pueblo de Dios en espíritu y en verdad, y demuestren la sinceridad de su oración por lo que dicen y, sobre todo, por lo que hacen para el bien del pueblo. Y así decimos:
Oremos para que aprendamos a ser constantes en la oración, de forma que nunca se seque la fuente de nuestra fuerza y nosotros vivamos y trabajemos en la presencia de Dios. Y así decimos:
Oremos por todos los cristianos y por todos los hombres, para que la oración no resulte para ellos una alienación o una huída de la vida o de su participación activa en favor de los necesitados. Y así decimos:
Oremos por todos nosotros para que no busquemos una falsa seguridad personal acumulando y utilizando en nuestra oración palabras redundantes, y que tengamos el valor de confrontarnos con nosotros mismos con toda sinceridad ante Dios. Y así decimos:
Oremos también para que aprendamos de Cristo a pedir primero las cosas importantes, a dar prioridad a cosas fundamentales, como la venida del Reino de Dios y el bien común del Pueblo de Dios. Y así decimos:
Padre nuestro, abre nuestros ojos y oídos a ti, a nosotros mismos y a nuestros hermanos, para que sepamos qué dones pedir, y para que estemos dispuestos a acoger tu respuesta a nuestra oración, aun cuando sea diferente a nuestras propias expectaciones. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Padre nuestro del cielo:
Tú estás siempre accesible y dispuesto;
por eso te presentamos ahora este pan y este vino.
Que esta eucaristía y todas nuestras oraciones
sean para nosotros una ocasión
de profundizar nuestra relación filial contigo,
de comprenderte mejor y de amarte más profundamente,
de entendernos mejor a nosotros mismos
y de amar mucho más a los hermanos,
por mediación de la oración
de Jesucristo nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Con frecuencia olvidamos una forma de oración, quizás la más importante de todas: a saber, la de alabanza y de acción de gracias a Dios. En la Plegaria Eucarística nos unimos a Cristo mismo que da perfecta gloria y alabanza a nuestro Padre.

Invitación al Padre Nuestro
Con nuestro Señor Jesucristo
llamémosle Padre nuestro a Dios
y pidámosle todo lo que necesitamos.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días.
Guárdanos libres de todo pecado
y protégenos del miedo,
de la rutina y del desaliento
cuando nos dirigimos a ti en oración.
Ayúdanos a trabajar con alegría y esperanza
por tu reino y por la venida gloriosa entre nosotros
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es el Señor que nos dice:
Pidan y recibirán;
busquen y encontrarán;
llamen y la puerta se les abrirá.
Dichosos nosotros invitados
al banquete eucarístico del Señor
y a recibirle como pan de vida eterna.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Padre nuestro que estás en el cielo:
Te damos gracias por habernos dado a tu Hijo
en esta celebración eucarística.
Danos la gracia de aprender de él
no solamente a orar,
sino también a emparejar
nuestras obras con nuestras palabras.
Que nuestra oración nos impulse
a comprometernos más profundamente
a llevar a todos perdón, justicia y amor,
y así todos alaben tu nombre
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: El Señor nos ha proclamado su palabra tranquilizadora:
Pidan y recibirán.
El Padre nos dará lo que necesitemos.
Que Dios todopoderoso esté siempre con nosotros y nos bendiga con todos sus buenos dones, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,
y que su bendición nos acompañe siempre.


Comentario del Domingo 17º del Tiempo Ordinario - Ciclo C

«Dejad que ambos crezcan juntos»
Rev. D. Manuel SÁNCHEZ Sánchez
(Sevilla, España)

Hoy consideramos una parábola que es ocasión para referirse a la vida de la comunidad en la que se mezclan, continuamente, el bien y el mal, el Evangelio y el pecado. La actitud lógica sería acabar con esta situación, tal como lo pretenden los criados: «¿Quieres que vayamos a recogerla?» (Mt 13,28). Pero la paciencia de Dios es infinita, espera hasta el último momento —como un padre bueno— la posibilidad del cambio: «Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega» (Mt 13,30).

Una realidad ambigua y mediocre, pero en ella crece el Reino. Se trata de sentirnos llamados a descubrir las señales del Reino de Dios para potenciarlo. Y, por otro lado, no favorecer nada que ayude a contentarnos en la mediocridad. No obstante, el hecho de vivir en una mezcla de bien y mal no debe impedir el avanzar en nuestra vida espiritual; lo contrario sería convertir nuestro trigo en cizaña. «Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?» (Mt 13,27). Es imposible crecer de otro modo, ni podemos buscar el Reino en ningún otro lugar que en esta sociedad en la que estamos. Nuestra tarea será hacer que nazca el Reino de Dios.

El Evangelio nos llama a no dar crédito a los “puros”, a superar los aspectos de puritanismo y de intolerancia que puedan haber en la comunidad cristiana. Fácilmente se dan actitudes de este tipo en todos los colectivos, por sanos que intenten ser. Encarados a un ideal, todos tenemos la tentación de pensar que unos ya lo hemos alcanzado, y que otros están lejos. Jesús constata que todos estamos en camino, absolutamente todos.

Vigilemos para no dejar que el maligno se cuele en nuestras vidas, cosa que ocurre cuando nos acomodamos al mundo. Decía santa Ángela de la Cruz que «no hay que dar oído a las voces del mundo, de que en todas partes se hace esto o aquello; nosotras siempre lo mismo, sin inventar variaciones, y siguiendo la manera de hacer las cosas, que son un tesoro escondido; son las que nos abrirán las puertas del cielo». Que la Santísima Virgen María nos conceda acomodarnos sólo al amor.
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