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Lecturas y Liturgia del 26 de Julio de 2016

Lecturas del San Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_154.mp3

Martes, 26 de julio de 2016
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (44,1.10-15):


Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados. Fueron hombres de bien, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasó de hijos a nietos. Sus hijos siguen fieles a la alianza, y también sus nietos, gracias a ellos. Su recuerdo dura por siempre, su caridad no se olvidará. Sepultados sus cuerpos en paz, vive su fama por generaciones; el pueblo cuenta su sabiduría, la asamblea pregona su alabanza.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 131


R/. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.» R/.

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Esta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.» R/.

«Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.» R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,16-17):


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del San Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María

Martes, 26 de julio de 2016
LA BUENA TIERRA DE VIDA

Introducción

Primera Lectura. Jeremías afirma, en la historia de su llamado especial por parte de Dios, que es Dios mismo quien le ha dado su misión de hablar claro como profeta.
Evangelio: Dios está buscando buena tierra para sembrar sus semillas de vida. ¿Tenemos corazones de piedra en los que nada crece? ¿O corazones, abiertos a la Buena Noticia de la salvación, pero tan cubiertos por malas hierbas: como es la constante preocupación por los afanes de la vida y por cosas de poca importancia, que no nos deja tiempo para cultivar el crecimiento en nosotros de la vida y del amor de Dios. Pidamos en esta Eucaristía que sepamos dar buena y rica cosecha, como el profeta Jeremías.


Colecta
Señor Dios nuestro: Tú plantas en nuestros corazones la buena semilla de tu palabra y la riegas con tu gracia. Te pedimos que el buen terreno de nuestros corazones sea receptivo para cada palabra que tú nos diriges en el evangelio, en los acontecimientos de la vida, en cada persona buena que encontramos. Ayúdanos a dar buena y rica cosecha de integridad, compasión y amor, por el poder de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Intenciones

Por los que esparcen la semilla de la Buena Nueva de salvación: pastores y misioneros, catequistas y maestros, para que sigan con ilusión sembrando la semilla, aun cuando no vean cosecha todavía, roguemos al Señor.

Por los labradores que siembran y plantan, para que el Señor les regale buen tiempo y abundantes cosechas, y que nosotros les estemos agradecidos por su duro trabajo, roguemos al Señor.

Por todos nosotros, para que no permitamos que los afanes de la vida asfixien la palabra de Dios en nosotros, sino que nos abramos al mensaje de Dios y lo vivamos constantemente, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro: La cosecha de nuestros campos ha producido sus frutos y aquí tenemos pan y vino para traernos fuerza y alegría. Que ellos se conviertan para nosotros en el cuerpo y sangre de Jesús, tu Hijo, para que sigamos creciendo en la vida que él nos trajo con su muerte y resurrección, hasta que estemos maduros y dispuestos para tu cosecha. Concédenoslo por Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, buen sembrador: En esta eucaristía tu Hijo Jesús sembró de nuevo en nosotros la semilla de la Buena Noticia, del evangelio, No permitas que los afanes y preocupaciones de la vida cubran de malas hierbas tus buenos dones, ni que estrangulen tu vida en nosotros. Danos la gracia de que cada uno de nosotros y todos los miembros de tu Iglesia seamos buena tierra en la que crezca todo lo que tú has plantado, para que cuando camines por tu campo puedas sonreír satisfecho ante la promesa de una rica cosecha, a causa de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: El evangelio de hoy nos ha dicho: “Un sembrador salió a sembrar”. ¿En qué clase de tierra dejamos caer la semilla en nosotros? Seguramente a veces nuestra tierra es receptiva y está dispuesta, pero otras veces lo está menos. Que la palabra de Dios no permanezca nunca sin respuesta en nosotros. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes.


Comentario del San Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María

«Nada les hablaba sin parábolas»
Rev. D. Josep Mª MANRESA Lamarca
(Valldoreix, Barcelona, España)
Hoy, el Evangelio nos presenta a Jesús predicando a sus discípulos. Y lo hace, tal como en Él es habitual, en parábolas, es decir, empleando imágenes sencillas y corrientes para explicar los grandes misterios escondidos del Reino. Así podía entender todo el mundo, desde la gente más formada hasta la que tenía menos luces.

«El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza...» (Mt 13,31). Los granitos de mostaza casi no se ven, son muy pequeños, pero si tenemos de ellos buen cuidado y se riegan... acaban formando un gran árbol. «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina...» (Mt 13,33). La levadura no se ve, pero si no estuviera ahí, la pasta no subiría. Así también es la vida cristiana, la vida de la gracia: no se ve exteriormente, no hace ruido, pero... si uno deja que se introduzca en su corazón, la gracia divina va haciendo fructificar la semilla y convierte a las personas de pecadoras en santas.

Esta gracia divina se nos da por la fe, por la oración, por los sacramentos, por la caridad. Pero esta vida de la gracia es sobre todo un don que hay que esperar y desear con humildad. Un don que los sabios y entendidos de este mundo no saben apreciar, pero que Dios Nuestro Señor quiere hacer llegar a los humildes y sencillos.

Ojalá que cuando nos busque a nosotros, nos encuentre no en el grupo de los orgullosos, sino en el de los humildes, que se reconocen débiles y pecadores, pero muy agradecidos y confiados en la bondad del Señor. Así, el grano de mostaza llegará a ser un árbol grande; así la levadura de la Palabra de Dios obrará en nosotros frutos de vida eterna. Porque, «cuanto más se abaja el corazón por la humildad, más se levanta hacia la perfección» (San Agustín).
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