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Lecturas y Liturgia del 6 de Julio de 2016

Lecturas de hoy Miércoles de la 14ª semana del Tiempo Ordinario


Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/14_4_TO.mp3

Hoy, miércoles, 6 de julio de 2016
Primera lectura
Lectura de la profecía de Oseas (10,1-3.7-8.12):


Israel era una viña frondosa, y daba fruto: cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares; cuanto mejor era la tierra, mejores monumentos erigía. Tiene el corazón dividido, ahora lo expiará: él mismo destruirá sus altares, abatirá sus estelas. Ahora dicen: «No tenemos rey, no respetamos al Señor, ¿qué podrá hacernos el rey?» Desaparece Samaria, y su rey, como espuma sobre la superficie del agua. Son destruidos los altozanos de los ídolos, el pecado de Israel. Cardos y abrojos crecen sobre sus altares; gritan a los montes: «Cubridnos», a los collados: «Caed sobre nosotros.» Sembrad justicia y cosecharéis misericordia. Roturad un campo, que es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y llueva sobre vosotros la justicia.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 104


R/. Buscad continuamente el rostro del Señor

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,1-7):


En aquel tiempo, Jesús llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.»

Palabra de Dios

Liturgia Diaria Miércoles de la 14ª semana del Tiempo Ordinario

Hoy, miércoles, 6 de julio de 2016
PROCLAMAD LA BUENA NUEVA

Introducción:
Primera Lectura. En nombre de Dios, el profeta Oseas reprende al pueblo de Israel, que ha permitido que la prosperidad le lleve a una religión falsa e hipócrita. Oseas les llama a la conversión.

Evangelio. Jesús envía a sus apóstoles a curar las enfermedades del pueblo, y, por lo tanto, comienza ya la nueva era del reino de Dios. Ellos, y nosotros también, tenemos que ser como médicos en un mundo duro, egoísta y despiadado, y tan necesitado de curación. Que el perdón y el amor compasivo que de Dios recibimos renueve este nuestro mundo y llegue a ser mundo y reino de Dios.

 Colecta
Señor y Dios nuestro: Tú enviaste a tu Hijo Jesús para confiar su Buena Noticia de curación y liberación a gente sencilla y humilde. Haznos, Señor, mucho más conscientes de que la Buena Noticia del reino es fundamentalmente humana, accesible y fácil de entender. Que esta Buena Noticia crezca en nosotros, nos transforme profundamente y nos colme del amor sanador de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que nuestro compromiso para trabajar por la justicia, y nuestro actitud de servicio den testimonio de que el reino de Dios está vivo entre nosotros. Roguemos al Señor.
Para que el Señor llame a muchos sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos a anunciar al mundo la Buena Nueva del evangelio. Roguemos al Señor.
Para que en nuestras comunidades cristianas acojamos y vivamos la palabra de Dios con corazones dispuestos y con gran celo por la gloria de Dios. Roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Dios, Padre de bondad: Tú nos has dado gratuitamente este pan y este vino. Por el poder del Espíritu Santo transfórmalos en tu mejor regalo para nosotros: en tu Hijo Jesucristo. Disponnos a no guardarlo solo para nosotros mismos, sino a compartirlo con los que nos rodean sin otra preferencia que la del mismo Jesús: los pobres, los necesitados, los pequeños, los que no cuentan. Que éste sea el signo de que somos tu pueblo, de que tu reino está creciendo entre nosotros. y de que tú eres nuestro Dios ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
 Señor Dios nuestro: De nuevo te pedimos que nos hagas tu pueblo de la Alianza más fiel y mejor cada día. Por medio de Jesús, haznos uno en tu amor, orando y trabajando juntos para construir tu reino entre nosotros. Que ninguno de nosotros sea espectador pasivo. Que todos seamos muy conscientes de que, aunque débiles y falibles, nos necesitas, y quieres que seamos un pueblo santo, signo para todos de tu perenne bondad y amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Dios nos envía a curar a los hermanos y a proclamar con nuestra vida que el reino de Dios está aquí, creciendo en nuestro mundo. Que Dios Padre todopoderoso les bendiga por esa hermosa tarea, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio de hoy 

Fernando Torres cmf

Vamos a quedarnos con el primer párrafo del Evangelio de hoy. Ya habrá tiempo para meditar sobre el segundo. Jesús elige a los que van a ser sus seguidores más cercanos, el grupo que formará parte de su familia. El evangelista los recuerda con su nombre: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

No es baladí lo de recordar los nombres de los apóstoles. No existe el anonimato en el grupo de Jesús. Cada uno tiene su nombre. Si me apuran, hasta el apodo. De alguno se recuerda la profesión. Y, por supuesto, algunos son hermanos. Son esas pequeñas cosas que hacen de un grupo de personas una familia, una comunidad.

Se me ha ido la mente a muchas misas de domingo en nuestras parroquias por todo lo ancho y lo largo de este mundo. Cada uno entra por su cuenta. En silencio camina por entre los bancos. Busca su sitio y se sienta a esperar a que empiece la misa. Igual reza algo, igual piensa, igual deja vagar la mirada por el interior de la iglesia. Entran más personas. Se van sentando. La mayoría da la impresión de que no se conocen. Sólo algunos, porque son vecinos o por alguna razón, se saludan. A veces, incluso sale a celebrar un sacerdote nuevo al que nadie presenta. En ese caso, me gusta hablar de que es el cura “ovni” (objeto volante no identificado, como se decía antes de lo que se pensaba que eran naves de extraterrestres). ¿Me explico lo que quiero decir? Demasiadas veces, nuestras comunidades no son tales sino grupos de personas anónimas, que no se conocen, que no se saludan. No nos parecemos a la comunidad de Jesús en la que todos se conocían por el nombre y formaban una verdadera familia.

Tenemos que hacer un esfuerzo por construir comunidades de creyentes. La fe tiene que estar presente pero también la relación humana, conocernos, llamarnos por el nombre. Nuestra comunicación con Dios no es directa sino que pasa a través de los hermanos. No asistimos a la misa como algo que sucede en el altar y que nosotros observamos desde abajo. Eso no tiene nada que ver con la Eucaristía que nos regaló Jesús.

La Eucaristía es el encuentro gozoso de los hermanos y hermanas, creyentes, que se sientan a compartir la palabra y el pan, que se sienten hermanos entre sí y que desean ampliar esa fraternidad a todo el mundo, especialmente a los más necesitados y a los excluidos.

Saludarnos al entrar en la Iglesia no es una falta de respeto a la santidad del lugar. Es una forma de construir comunidad. La santidad no está en las piedras materiales sino en las piedras vivas, los hermanos y hermanas, que forman la iglesia viva de Jesús. Saludarnos es una forma de reconocer y hacer viva esa fraternidad. Por eso no es baladí que el evangelista recuerde los nombres de los apóstoles que formaban la familia de Jesús. ¿Y nosotros? ¿Conocemos el nombre de nuestros hermanos?
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