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Lecturas y Liturgia del 9 de Julio de 2016

Lecturas del Sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://82.223.187.64:81/radiopalabra/tiempo_ordinario/14_7_TO.mp3

Sábado, 9 de julio de 2016
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (6,1-8):

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas se cernían. Y se gritaban uno a otro, diciendo: «¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!» Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.» Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.» Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: «Aquí estoy, mándame.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 92

R/. El Señor reina, vestido de majestad

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R/.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,24-33):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sábado de la 14ª semana del Tiempo Ordinario

Sábado, 9 de julio de 2016
EN LAS MANOS DE DIOS

Introducción:
Primera Lectura: Isaías (=Yahvé es salvación) experimentó la santidad de Dios y fue tan torturado por ella que ese fue el mensaje central de sus profecías --el escrito más bello y vigoroso de todos los escritos proféticos. En nombre de la santidad de Dios Isaías exigía conversión, especialmente para acabar con la injusticia social, tan extendida en su tiempo.
Evangelio:
“No tengan miedo”, dice tres veces Jesús a sus discípulos. Aun cuando, como él, sean perseguidos, y aparentemente fallen en su misión, están en las manos de Dios. Dios se preocupa y cuida de los suyos. No se puede construir el reino de Dios sin cruces y sin sacrificios, y sin ser rechazados por un mundo que quiere crear su propio futuro prescindiendo de Dios.

Colecta
Oh Dios, creíble y digno de toda confianza: Tú estás presente con nosotros en todo, incluso en nuestras miserias, y te preocupas y cuidas de los tuyos. Haz más profunda nuestra confianza en ti y haznos miedosos de una sola cosa: de llegar a ser instrumentos del mal. Al contrario, haznos mensajeros de la buena noticia de que el mal y la maldad pueden ser vencidos y de que tu justicia y bondad prevalecerán. Danos fe firme y sana confianza por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones

Por la Iglesia, para que, libre de cualquier miedo paralizante, tenga valor y audacia, nacidos de la fe, para dar testimonio de las exigencias del evangelio. Roguemos al Señor.

Por los que presiden las celebraciones litúrgicas, para que tengan un profundo sentido de la santidad de Dios y, al mismo tiempo, una conciencia clara de sus propios defectos y limitaciones. Roguemos al Señor.

Por todos nosotros, para que nunca tengamos miedo a los que nos amenazan o ridiculizan a causa de nuestra fe, mientras vivimos plenamente confiados en Dios, que nos lleva en la palma de su mano. Roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre digno de confianza: Tu Hijo Jesucristo se comprometió a luchar contra el mal a riesgo de ser perseguido, y fue víctima de su propia lucha. Mientras nos encontramos con él aquí a través de estos signos de pan y vino, que él nos ayude a entender más claramente que el discípulo no está por encima de su maestro, y, por lo tanto, que no podemos hacer realidad su reino sin ser desgarrados y rechazados por este mundo. Padre: Nosotros confiamos en ti por Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, justo y santo: Hemos participado gozosamente en la mesa de tu Hijo, y estamos dispuestos a compartir su vida y su misión. Danos la gracia de no tener nunca miedo y de ser intrépidos, como Jesús. Ayúdanos a estar plenamente convencidos de que nuestra vida y nuestra muerte están en tus manos, y de que nuestras cruces y sacrificios llevan en sí las semillas de alegría y felicidad eternas. Danos esta fe firme y esta inquebrantable fortaleza por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: No tengamos miedo de profesar y de vivir con valentía nuestra fe. Confiemos en el Señor que nos apoya con su fuerza. Que Dios todopoderoso nos fortalezca y nos bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que esta bendición permanezca para siempre.




Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres cmf


Termina la semana y en el Evangelio de hoy Jesús nos hace una última recomendación. Hasta tres veces nos repite: “No tengáis miedo”. No debemos tener miedo a nada ni a nadie porque Dios nuestro padre está a nuestro lado. Porque pueden matar nuestro cuerpo pero no podrán matar nuestro espíritu. Porque hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados y el que vela por este mundo, que es su creación, ¿no va a cuidar de nosotros que somos sus hijos queridos?

Una lectura como la de hoy la deberíamos tener siempre presente en nuestros corazones y en nuestra mente. Frente a los profetas agoreros, a los que anuncian catástrofes, a los que dicen que todo va mal y que nos dirigimos directamente al abismo o que, incluso, ya hemos dado un paso al frente, hay que recordarles que este mundo es creación de Dios, que nosotros, cada uno de nosotros, somos criaturas suyas. Y que, por eso, simplemente por eso, Dios no nos va a dejar de su mano.

Los cristianos somos radicalmente optimistas. Es nuestra actitud básica. No quiere decir que seamos unos inconscientes. No estamos ciegos. Vemos los problemas que nos rodean. Sabemos de las dificultades que nos enfrentamos en nuestra vida personal, en nuestras familias, en el trabajo, en nuestros países. Somos conscientes de que no hay soluciones fáciles. Seguir adelante implica nuestro compromiso, nuestro esfuerzo, nuestro sacrificio.

Pero estamos dispuestos a todo ello porque sabemos que a nuestro lado, compartiendo con nosotros cada uno de nuestros pasos, está Dios mismo, que nunca nos va a dejar de su mano. Por eso, somos capaces de tomar decisiones arriesgadas. Por eso, no tenemos miedo. El que cuida de los gorriones, ¿no va a cuidar de nosotros?

Llevamos este tesoro en nuestro corazón: la seguridad de que Dios está con nosotros. Nos podremos equivocar. Cometeremos errores. Pero nunca, nunca, vamos a desesperar. Nunca, nunca, nos vamos a quedar tendidos en el suelo, sin levantarnos, pensando que no vale la pena seguir intentándolo.

El reino de Dios, la fraternidad, la justicia, el perdón sin medida, el amor mutuo, la acogida a los más pobres y marginados, todo eso vale la pena. Como Jesús, queremos dar la vida para que todo eso se haga realidad, para que nadie quede fuera ni excluido ni marginado.

Queda mucho por hacer para que ese reino se haga realidad. Pero somos optimistas porque sabemos que Dios está con nosotros. El camino es duro a veces pero seguimos caminando. Nos caemos pero nos levantamos. Para amar, para perdonar, para hacer justicia, para acoger a todos. Sin miedo.
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