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Lecturas y Liturgia del 10 de Agosto de 2016

Lecturas del San Lorenzo

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_174.mp3

Miércoles, 10 de agosto de 2016
Primera lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (9,6-10):

El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios. Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: «Reparte limosna a los pobres, su justicia es constante, sin falta.» El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 111,1-2.5-6.7-8.9

R/. Dichoso el que se apiada y presta

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R/.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo. R/.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos. R/.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (12,24-26):



En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del San Lorenzo


Miércoles, 10 de agosto de 2016
SAN LORENZO, Diácono, Mártir, Fiesta

Introducción
Como diácono, a Lorenzo le encargaron los pobres de Roma. Cuando se vio obligado a entregar los bienes de la Iglesia a los perseguidores, los distribuyó entre los pobres. Cuando le preguntaron dónde estaban los tesoros de la Iglesia, él les mostró a los pobres... Murió como mártir, asado vivo a la parrilla. Roma lo venera como uno de los más grandes santos. Es co-patrón de Roma juntamente con Pedro y Pablo. Ojalá aprendamos de él su servicio leal.


Oración Colecta
Oh Dios bueno y generoso:
Tú quieres que seamos para todos
ministros de tu generosidad y alegría.
Ayúdanos a expresarte nuestra gratitud a ti
y a revelar tu bondad
compartiendo lo que somos y tenemos
con alegría y con toda sinceridad
como el diácono San Lorenzo,
que imitó le entrega de sí mismo
de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que seamos discretos y prudentes, además de generosos, al ayudar a la gente en necesidad, roguemos al Señor.
Para que aprendamos a ver las silenciosas necesidades de gente tímida, sencilla y humilde, roguemos al Señor.
Para que el Señor nos haga alegres y generosos de corazón y también de manos, para ponernos a la acción, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, vida y alegría nuestra:
Tú nos das no solamente lo que necesitamos,
sino que nos das lo mejor de ti mismo
en tu Hijo Jesucristo.

Acepta de nuestras manos
estos dones humildes de pan y vino,
que hemos recibido de ti,
y que, a través de ellos,
Cristo venga a estar entre nosotros.
Que este pan y vino expresen que también nosotros
estamos dispuestos a compartir con otros
sin pedir favor alguno o recompensa.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Los dones que nos das son humildes y velados,
como la entrega de sí mismo a nosotros de tu Hijo
en los signos de pan y vino.

Oh Dios, tú que miras las profundidades de nuestro corazón,
enséñanos a compartir sin exhibicionismo,
para que nuestra mano izquierda no sepa
lo que nuestra mano derecha está dando.
Que experimentemos suficiente alegría
al saber que tú conoces
lo que hay en nuestro corazón y en nuestras manos.
Concédenos todo esto por Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: “Cuanto más siembran, más cosechan.” Aprendamos de Dios a ser generosos, porque no es tacaño con sus dones a nosotros. Dios ama al que da con alegría.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes.



Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres cmf


Hoy celebramos la fiesta de san Lorenzo. Vivió en el siglo III en Roma. Allí fue diácono de la Iglesia, especialmente encargado de la administración de los bienes de la Iglesia y de la atención y el servicio a los pobres. Hay una anécdota de su vida que puede que no sea realmente histórica pero que nos viene muy bien para expresar lo que tiene que ser la Iglesia.

Dicen las crónicas que el emperador de entonces perseguía a los cristianos pero, necesitado al mismo tiempo de dinero para financiar sus ejércitos, perseguía sobre todo a los cristianos pudientes. De paso que los eliminaba, se quedaba con sus riquezas, que pasaban a pertenecer al erario público. Es decir, al emperador. Por eso, también buscó apoderarse de los bienes de la Iglesia. Enterado de que Lorenzo era su administrador, le hizo llamar y le ordenó que en tres días le entregase todos los bienes que administraba. Lorenzo respondió afirmativamente. Y tres días más tarde se presentó ante el emperador seguido de una comitiva interminable de pobres y enfermos: todos aquellos a los que la Iglesia atendía y ayudaba, al tiempo que le decía que “estos son los tesoros de la Iglesia.”

La anécdota viene que ni pintada en estos tiempos que corren. Nos señala con claridad dónde tenemos que poner el verdadero tesoro de la Iglesia: cuanto más pobre, cuando más cercana a los pobres y marginados –independientemente de su fe, por supuesto–, cuanto más en actitud de servicio y entrega a los necesitados, más ricos somos, más auténticamente fieles al Evangelio de Jesús. Algo así es lo que quiere decirnos el papa Francisco, cuando nos pide que seamos una Iglesia en salida. No se trata sólo de abrir las puertas. No se trata sólo de acoger al que venga. Se trata de salir a buscar, de hacernos los próximos de los que sufren, de los marginados, de los pobres, de los que carecen de todo, de los que están vencidos por la injusticia.

Es lo mismo que expresa el Evangelio al decir que el cristiano tiene que ser como el grano de trigo que tiene que caer en tierra y dejarse morir, porque sólo así podrá dar fruto para la vida del mundo. Eso es lo que tiene que hacer el cristiano, como decía el Concilio Vaticano II: dar frutos en caridad para la vida del mundo. Eso no significa más que entregarse, dar la vida, ponerse al servicio del Reino. Para que todos tengan vida.

San Lorenzo entendió perfectamente dónde estaban las verdaderas riquezas de la Iglesia: en la cercanía a los pobres, trabajando codo a codo con ellos en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna, en la construcción del Reino. Los bienes materiales no son más que medios para ese fin. Nada más.
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