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Lecturas y Liturgia del 17 de Agosto de 2016

Lecturas del Miércoles de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/19_6_TO.mp3

Miércoles, 17 de agosto de 2016
Primera lectura
Lectura de la profecía de Ezequiel (34,1-11):

Me vino esta palabra del Señor: «Hijo de Adán, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza, diciéndoles: "¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana; matáis las más gordas, y las ovejas no las apacentáis. No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; no recogéis a las descarriadas, ni buscáis las perdidas, y maltratáis brutalmente a las fuertes. Al no tener pastor, se desperdigaron y fueron pasto de las fieras del campo. Mis ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase, siguiendo su rastro. Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor: '¡Lo juro por mi vida! –oráculo del Señor–. Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras del campo, por falta de pastor; pues los pastores no las cuidaban, los pastores se apacentaban a sí mismos; por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor. Así dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas, para que dejen de apacentarse a si mismos los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar. Así dice el Señor Dios: "Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro."»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 22,1-3a.3b-4.5.6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (20,1-16):


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Miércoles, 17 de agosto de 2016
UN DIOS GENEROSO
(Ez 34:1-11; Mt 20:1-16)

Introducción
Después de la caída de Jerusalén, Ezequiel critica a los reyes que, como pésimos pastores, han conducido a su pueblo a la ruina y la miseria. Deberían haber pastoreado y apacentado al pueblo en el nombre del Señor, y no jugar a la sucia política.
Evangelio. La parábola de los trabajadores en la viña nos dice, en contra de lo que frecuentemente se oye, que Dios no es como un contador de libros. Naturalmente, él ama a los que llevan una vida ejemplar cristiana. Pero en su corazón hay también espacio para los que luchan, y para los que llegan tarde, lo mismo que para los pioneros. Dios nos ama y es generoso con nosotros, no porque nosotros seamos buenos, sino porque él es bueno.


Oración Colecta
Oh Dios, tú te elevas por encima de nosotros:
y sin embargo, estás más cercano a nosotros
de lo que estamos a nosotros mismos.
Tú odias el mal, y, sin embargo,
das una oportunidad al que cae.
Tú nos conoces como somos
y aun así todavía nos amas.
Enséñanos tus sorprendentes maneras,
para que tus pensamientos lleguen a ser nuestros
y para que compartamos generosamente
con los que nos rodean
todos los buenos dones y la vida que nos has dado
por la generosidad de tu corazón,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que los cristianos contribuyan y beneficien a nuestro mundo egoísta fomentando un sentido de donación de sí mismos, por pura generosidad y bondad, e impulsando también un sentido de celebración, roguemos al Señor.
Para que en nuestras comunidades cada uno sea aceptado como es; para que no excluyamos de nuestro amor a nadie, para que aprendamos a perdonar a todos y cada uno, roguemos al Señor.
Por los que no tienen trabajo, tristes o amargados porque piensan que son ya inútiles y nadie los necesita, para que nosotros encontremos caminos para darles oportunidades para contribuir al bien de la sociedad, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Generoso Padre:
En estos signos de pan y vino tú nos das,
aunque a veces nos sintamos débiles y cansados,
a tu Hijo como nuestro compañero.
Queremos abrirnos a su fuerza y a su amor.
Que ojalá él nos ayude en el calor sofocante del día
a portar las cargas de nuestras luchas
y a buscar tu voluntad en todo lo que hacemos.
Concédenoslo por Cristo nuestro Señor.



Oración después de la Comunión
Generoso Padre:
En esta eucaristía hemos experimentado de nuevo
que la vida y todo lo que somos
no son más que un regalo tuyo.
Que la exigente5alabra de tu Hijo
nos mueva a aceptar y a servir a nuestro prójimo
como tú nos has aceptado y amado a nosotros
sin ningún mérito de nuestra parte.
Y que el cuerpo de tu Hijo nos sustente
para poner en práctica tu palabra.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.

Bendición
Hermanos: Hemos visto hoy a Dios como un Dios increíblemente bueno. Para Dios cada persona es valiosa, también los débiles y los que consideramos inútiles. Cada uno cuenta.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.




Comentario al Evangelio del 

Fernando Torres cmf

Hace ya unos cuantos años, poco después de terminar el Concilio Vaticano II, cuando se pusieron tantos cambios en marcha en la Iglesia, me encontré publicado en un periódico un chiste gráfico. Se veía en él a dos ancianas devotas, las típicas beatas, vestidas de negro, que caminaban hacia la Iglesia que se veía al fondo. Y en el tradicional bocadillo, se podía leer lo que una decía a la otra: “Por mucho que se empeñen con estas cosas de Concilio, al cielo iremos las de siempre.”

Las viejas devotas se referían a que ellas estaban ahí, cumpliendo desde el principio. Eran de los llamados a primera hora de la parábola. Habían sufrido todo el calor del día. Habían trabajado aguantando el sol. Y ahora venía el Concilio a decir que todos estaban llamados a participar de la mesa del Señor, que todos somos hijos de Dios. Y, claro, ¡cómo es posible que los llamados a última hora tengan los mismos derechos que los que están bregando y adorando y cumpliendo desde el principio!

Me ha hecho también recordar esta parábola las clases de religión de mi infancia, cuando nos explicaban el sacramento de la reconciliación y terminábamos preguntando si se salvaría la persona que, después de toda una vida de pecado, al final, se arrepentía y se confesaba. El profesor nos decía que sí. Entonces, preguntábamos por el caso contrario: el que pasaba toda una vida de virtud y al final, casi por accidente, cometía un pecado mortal y moría sin confesarse, ¿se condenaba éste?

El planteamiento está equivocado. Porque hace de nuestra relación con Dios una especie de matemáticas o de comercio. Nosotros le ofrecemos sacrificios y él, a cambio, nos salva. ¡Error inmenso! Porque no tiene en cuenta que somos sus hijos e hijas queridos, que él es Padre de amor y misericordia. Más todavía: que es Amor y Misericordia. Y que nada ni nadie escapa a su abrazo misericordioso. Ni yo ni nadie. Todos estamos tocados por su amor. Todos somos hijos. Dios no nos pide sacrificios. Sólo nos pide que nos dejemos amar por él y que extendamos ese amor a los que nos rodean.

Me sorprenden los comentarios que algunos dejan a estas homilías, afirmando que no todos somos hijos de Dios. Hasta citas bíblicas aducen algunos para defender su postura. Lo siento por ellos. No han entendido lo más central del mensaje de Jesús. No es una doctrina. Es una realidad de la que dio testimonio con su vida y con su muerte. Dios es amor, es padre de todos y nadie escapa de ese abrazo amoroso y misericordioso. Lo reconozcamos o no.

Por eso da lo mismo que lleguemos antes o después a la viña del Señor. Sobre todo porque trabajar en su viña no es un trabajo pesado. Es un gozo. Es la mejor oportunidad de nuestra vida. Más bien, lo deberíamos sentir por los que llegan tarde. Se han perdido parte de lo mejor de esta vida: experimentar en nuestros corazones el amor de este Padre de Misericordia.
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