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Lecturas y Liturgia del 19 de Agosto de 2016

Lecturas del Viernes de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Fuente: Ciudad Redonda
MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO   http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/206T0B.mp3

Viernes, 19 de agosto de 2016
Primera lectura
Lectura de la profecía de Ezequiel (37,1-14):

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.
Me preguntó: «Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?»
Yo respondí: «Señor, tú lo sabes.»
Él me dijo: «Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: "¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor."»
Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.
Entonces me dijo: «Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: "Así lo dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan."»
Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.
Y me dijo: «Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: "Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados." Por eso, profetiza y diles: "Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago."» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 106,2-3.4-5.6-7.8-9

R/. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur, oriente y occidente. R/.

Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la vida. R/.

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad habitada. R/.

Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,34-40):

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo: «"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 20ª semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 19 de agosto de 2016
EL GRAN MANDAMIENTO

(Año II. Ez 37:1-14; Mt 22:34-40)
Introducción
Año II. En un tiempo en que muchos están confusos e inciertos con respecto al futuro de la Iglesia, e incluso del mundo, la profecía de Ezequiel es alentadora. Dios puede reavivar a su pueblo, soplar su Espíritu sobre huesos secos para que vuelvan a tener vida. ¿Acaso no es la vida de Cristo y su Santo Espíritu de amor quienes pueden hacer que la Iglesia y el mundo afronten el futuro con nueva esperanza?
Evangelio. En la Última Cena Jesús dijo: “En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros.” Él está hablando no precisamente de cualquier clase de amor, sino del amor con que él mismo amó a sus discípulos, es decir, un amor que llega hasta el final, que no pone condiciones, que sacrifica todo si es necesario por los otros. Este es el amor calificado como “con todo el corazón, con toda el alma” y tan fuerte o más que el amor a sí mismo, del que habla el evangelio de hoy. Esta es una tremenda tarea para el cristiano; tarea que nunca acabará. ¿Es éste el tipo de amor que nos mueve?

Oración Colecta
Señor Dios, Padre amoroso:
Tú te has vinculado a nosotros
con lazos de amor
y, en tus misteriosos designios,
quisiste que este amor apareciera entre nosotros
en forma y figura humana
en Cristo Jesús, tu Hijo.
Por nuestra parte, queremos que nuestro amor,
aunque limitado y vacilante,
refleje un poco la grandeza
del amor con que tú nos amas
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Intenciones
- Para que la Iglesia, pueblo de Dios, no deje nunca de proclamar que el amor a Dios y al prójimo es el corazón del evangelio, y que nuestros hermanos son don valioso de Dios para nosotros, roguemos al Señor.
- Que los hombres y mujeres no pierdan sus corazones en el ambiente materialístico de hoy día con sistemas económicos de provecho, eficiencia, producción y competición, sino que sigan otorgando la máxima importancia a las relaciones humanas de amistad, respeto, justicia y solidaridad, roguemos al Señor.
- Para que en nuestras comunidades cristianas nos aupemos y apoyemos unos a otros en vez de derribarnos; que nos aceptemos mutuamente con confianza y afecto sincero, y caminemos juntos en amor y esperanza, roguemos al Señor.

Oración de la Ofrendas
Señor Dios, Padre amoroso:
Tu mismo amor se nos mostró en forma humana
en tu Hijo Jesucristo, Dios hecho hombre.
Que en esta eucaristía
eleve él nuestro amor humano a tu nivel divino,
para que entre nosotros
el amor no sea ya nunca más
un “deber u obligación”,
sino nuestra alegría y nuestra vida,
por causa de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre amoroso,
Todo amor digno de este nombre
comienza en ti, conduce a ti y acaba en ti.
Por el amor que nos has mostrado en tu Hijo Jesús,
convócanos a todos juntos
y que todo lo que hagamos
se convierta en un regalo y ofrenda
para ti y para los hermanos;
para que nuestro amor
sea más fuerte que la muerte
y así vivamos felices contigo para siempre,
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: En esta eucaristía Jesús nos ha enardecido con su amor. Que su calor irradie en todos y cada uno de los que nos rodean.
Con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio del

Fernando Torres cmf


De la teoría a la práctica hay siempre una distancia considerable. Una cosa es decir que queremos seguir a Jesús, que queremos ser como él, imitarle en sus actitudes y estilo de vida y otra ponernos realmente en camino, andar cada paso, subir las cuestas y sudar cuando el sol está alto o cuando la lluvia arrecia y el viento dificulta caminar.

En el Evangelio de hoy aparecen los fariseos. Se oponen a Jesús. Imagino que sentirían que les quitaba la parroquia de seguidores. Y le tratan de vencer a través de las ideas. Por eso, sacan a su Goliat particular: uno de ellos que era más experto que los demás en la Ley, que sabía más que todos, que tenía buena lengua, que era más listo. Estarían convencidos de que Jesús no sabría responder a su pregunta: “¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley?”

No era una cuestión baladí. Entre las normas que hay en los libros del Antiguo Testamento y los comentarios que se habían ido haciendo, las normas se habían multiplicado y ser un judío devoto era más una cuestión de manual, de cumplir fielmente una multitud de normas que de corazón. De tanto fijarse en las normas, en las leyes, en las reglas, en lo que no se podía hacer y en lo que había que hacer, se habían olvidado el por qué de todas esas normas y leyes. Y estaban cayendo en el peligro de cumplir por cumplir. Son poner el corazón en ello.

A nosotros los cristianos nos puede pasar algo parecido cuando, por ejemplo, vamos a misa los domingos porque es obligatorio. Y terminamos estando allí como palos de escoba. Porque hay que estar. Y se nos olvida que la eucaristía es la fiesta de la comunidad que escucha la Palabra, que comparte el Pan, que celebra su fe y su fraternidad abierta a todos. Y que sin esto, lo de estar presente como un pasmarote no vale para mucho.

Pero Jesús no era hombre que se callase. Además, tenía las ideas muy claras. Sabía que mandamiento no hay más que uno. Lo demás son todo comentarios accidentales. El gran mandamiento es el amor. No hay más. Dios es amor. Y, si nos queremos parecer a él, ser como él, cumplir su ley, lo que tenemos que hacer es amar. En todo momento. En todo lugar. A todos. Sin dejar a nadie fuera. Lo demás, ya digo, son corolarios. Están bien pero nunca pueden hacer que se nos olvide lo fundamental: amar.

Claro que amar no es esa especie de cuestión romántica, de sentimiento. Amar es el compromiso real y concreto por el bien de los hermanos. Amar es dar la vida. Se concreta de muchas maneras: desde preparar la comida a la familia con cuidado y cariño hasta sacar la basura cuando toca, pasando por ayudar al hermano necesitado o participar en la vida pública promoviendo la justicia para todos. Todo esto es amar. Y es lo único que tenemos que hacer.
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